Resultados 1 al 2 de 2
  1. #1
    Administrador Avatar de Pisciano
    Fecha de ingreso
    03 Jun, 08
    Mensajes
    23,245

    Predeterminado Un día en el portaaviones USS George Washington

    La vida en un portaaviones


    Un equipo de periodistas de DEF visitó uno de los más poderosos navíos de la US Navy. Durante 24 horas, caminó por sus hangares, dependencias y salas de operaciones. Habló con altos jefes de la nave, pilotos y marineros de todos los rangos y especialidades. Este es el informe de una experiencia inolvidable.

    Por Lauro Noro / Fotos: Fernando Calzada / US Navy

    En alta mar, a 100 millas de Mar del Plata, a bordo del portaaviones USS George Washington.

    El enganche del Greyhound en la enorme nave, con los periodistas y fotógrafos de DEF y el camarógrafo de C5N, es alucinante (la misma que experimentaremos más tarde, al despegar empujados por una de sus cuatro catapultas). Nos sentimos como en el filme Top Gun. Y cuando se abrió la pequeña rampa trasera del estrecho bimotor donde viajamos con casco, antiparras, salvavidas, cinturones de seguridad y otras yerbas, la imagen de los caza-bombarderos Súper Hornet F-18 nos puso el corazón a mil. Lo que habíamos visto en tantos y tantos filmes de guerra, estaba ahí… al alcance de la mano.

    En las entrañas del gigante

    Las emociones del grupo argentino habían comenzado al mediodía de ese 4 de mayo. De la mano del capitán de fragata Sergio Sánchez, segundo comandante de la Base Aeronaval Espora, inició su aventura marítima. Luego de volar durante casi 40 minutos y a los 34.53 grados de latitud sur y 050.25 de longitud oeste, se produjo el descenso en el portaaviones George Washington.

    Como buenos anglosajones, los americanos nos recibieron con amabilidad y… todo cronometrado. El suboficial Daniel Sánchez (42), de origen colombiano, y dos chaperones que no se despegaron de nuestro lado, los tenientes de corbeta Frederic Martín (24) y Bill Urban (25), oficiales de Relaciones Públicas, iniciamos la caminata por interminables pasillos. Como en un hormiguero, nos topamos con infinidad de marineros que iban y venían, hombres y mujeres. En esa especie de túneles, separados por aberturas redondeadas, llamaban la atención el brillo de los pisos, la limpieza, el orden y la identificación de cada lugar con paneles blancos y azules con números muy visibles.

    Capacitación y entrenamiento


    Después de varias vueltas y de trepar por empinadas escaleras, nos recibió el almirante Philip Cullom (50), comandante del Grupo de Portaaviones de Ataque 8, formado por cruceros, fragatas y destructores que acompañan al GW, en su derrota de 800 kilómetros diarios. En una especie de sala de conferencias, con una decoración digna de un hotel cinco estrellas, explicó las tareas que realizan. Luego de destacar la calidad de los barcos y el desempeño de las tripulaciones de la Argentina, Brasil y Chile, que participaron en el ejercicio UNITAS 2008 con los Estados Unidos, se refirió a la necesidad de cooperación entre dichos países para la lucha contra el contrabando, el terrorismo y el narcotráfico en la región.


    El protocolo marcaba la visita al capitán del buque. En el puesto de mando, sentado en su poltrona de cuero, el commanding officer David Dykhoff, dueño de una batiente dentadura, develó el secreto de dirigir semejante navío. “Tenemos que buscar buenos marineros, crear el ambiente para que desarrollen todo su potencial, reconocer el buen trabajo que realizan, poner de manifiesto a los que se destacan y darles autoridad a los que tienen la responsabilidad de liderar a otros”.

    Si de marineros se trata…


    Llegamos hasta uno de los hangares. Nos esperaba una espectacular puesta de sol que se colaba por estribor. Gente por todos lados. Y aviones con sus entrañas al aire, motores en reparación, tanques suplementarios de combustible en el techo y varios sailors sacándole lustre a un helicóptero. Más allá, en uno de los enormes ascensores bajaban un F18. En ese entorno, donde trabajan chicas y chicos que no pasan de los 21 años, hablamos con Stephanie Green y Sean Finn, elegidos por sus propios compañeros, el capitán y un grupo de jefes, como los marineros del mes. Ella, una negra simpatiquísima que está en la oficina de correos, ríe a carcajadas cuando le preguntamos si la eligieron por "chupamedias". “¡No, no!”, dice. “Simplemente hice lo que debía”. El, también un muchacho de color, explica que lo distinguieron por “mantener en buena forma a los hombres bajo mi mando”.

    El puño del poder


    “¿Where is Pete Maverik Mitchell?”, decimos apenas entramos en la sala de pilotos. Con una sonrisa generalizada, los hombres en traje de vuelo y camperas tachonadas de distintivos y emblemas, que despertaron nuestra envidia, nos invitaron a pasar. Una red camuflada colgaba del techo. En una pared, un trapo negro con una enorme calavera y dos tibias cruzadas de color blanco, hacía honor al histórico escuadrón VFA-103 Jolly Roger de la Segunda Guerra Mundial, acompañado por los emblemas de los Wildcats, Rhyno Improvements, Scorpion y ChekMate. En ese momento, había 61 aviones y helicópteros embarcados, entre Hornet, Super Hornet, Prowler, Hawkeye, Viking, Hellos y Greyhound.

    Nos acomodamos y escuchamos una detallada exposición sobre lo que hacen. “Se necesita una gran determinación para pilotear estas máquinas. Lleva tres años conocerlas para volarlas. Los pilotos tienen que ser físicamente capaces de soportar varios días en combate y hacer las maniobras sin errores”, expresa su jefe, el capitán Andrew Slim Whitshon.

    En una sala de operaciones contigua, Troy Anderson dirige cada despegue y aterrizaje. “El secreto es entrenarse para lo peor”, asevera. En una de las pantallas que vigila con atención, aparece un grupo de marineros que ocupa todo la pista y la recorre a lo largo y ancho cada dos horas, para levantar cualquier desecho que haya quedado con el paso de los aviones.

    Nada de tabaco, alcohol ni sexo

    ¿Cómo hacen para pasar seis meses sin fumar ni tomar alcohol y ni qué hablar de relaciones sexuales?, es la pregunta del millón, ya en la sala de descanso de los suboficiales. Para Jeffrey Clark, el encargado de todos ellos, el tema es sencillo. “Nuestra política de a bordo es desalentar las relaciones íntimas entre los marineros. Mantenemos la disciplina dándoles la oportunidad de hacer muchas cosas. Organizamos partidos de fútbol y básquet y jugamos al bingo, a las cartas y hacemos karaoke” (hay enormes gimnasios, salas de recreación y estar, un shopping, salas de juegos y hasta un pequeño lugar para fumar). La clave está en la tarea diaria que despliegan los tripulantes, entre14 a 16 horas. Por supuesto, el cansancio puede más que todo.
    El segundo al mando, comandante David Dober, aporta su grano de arena. “No fomentamos las relaciones amorosas; a veces se dan, pero no las alentamos. Hay reglas que no pueden romperse; por ejemplo, que un subordinado salga con un superior”.

    Manjares a bordo

    La hora de la cena se nos vino encima. El comedor de oficiales estaba decorado sobriamente. Mesas con manteles y servilletas rojas. Todo era autoservice. Pasamos delante de los cocineros, tocados con el infaltable gorro y apuramos las vituallas. Había para todos los gustos. Desde langosta, pescados, carne de vaca (nos aclara una dependiente), pollo, hasta ensaladas, vegetales hervidos, postres y toda clase de bebidas sin alcohol. “Acá, como en el salón para suboficiales y marineros, siempre se puede comer. Se sirven pizzas, hotdogs, hamburguesas, papas fritas a toda hora”, aclara el chef.

    Al día siguiente, el desayuno presentó el consabido café con leche, jugos, facturas, tortas, tortillas, salchichas y las salsas a discreción. Bien a la americana. Nos acompañaba Fred, el capellán bautista, con quien entablamos una jugosa charla. “No somos combatientes. Tenemos que servir a nuestros hombres, no importa que combatan, construyan un edificio o manejen un taxi. Debemos atenderlos lo mejor que podamos. Somos oficiales navales y ministros de Dios con todo lo que eso implica y no para aprender a combatir o disparar”, expresó con convicción sobre su función.

    La visita tocaba a su fin. Como la frutilla del postre, presenciamos el ejercicio Gringo-Gaucho con la participación de los pilotos navales argentinos (ver recuadro “Entrenar...”). En la despedida, saludamos al almirante Cullom. Un marinero le alcanzó una taza de café. Lo miramos y le advertimos para que no le sucediera lo mismo que al capitán en la peli Top Gun, cuando Tom Cruise pasó rasante con el F-14 por el puente de mando y le hizo volcar el líquido caliente sobre su impecable camisa. “Ahhh, a veces sucede...”, respondió con una sonrisa en perfecto castellano.


    El Ejercicio Gringo-Gaucho

    Luego de participar en el Operativo Unitas 2008, el Grupo de Portaaviones de Ataque 8 se dirigió hacia el sur con rumbo al Cabo de Hornos y pasar al Océano Pacífico con destino al Japón. Y para aprovechar ese viaje, se diseñó el ejercicio Gringo-Gaucho con la Armada Argentina. Una oportunidad que sirvió a los pilotos argentinos para aproximarse y pasar por la cubierta del GW (“Touch and go”) con los Súper Etendard, veteranos de Malvinas y los Tracker para lucha antisubmarina. Un entrenamiento que seguimos paso a paso, desde la cubierta del enorme portaaviones americano, junto al jefe de la Armada, almirante Jorge Godoy, altos jefes militares, funcionarios del ministerio de Defensa y periodistas invitados.

    -¿Qué dijeron los pilotos argentinos sobre la experiencia?
    -El capitán de fragata Gustavo Iglesias, navegador naval y comandante de la Escuadra Naval N° 2, en la Base Aeronaval Espora, explicó las maniobras conjuntas. “A pesar de la diferencia de tecnologías, el trabajo ha sido muy enriquecedor para ambos. Todo es cuestión de adiestramiento y aprender a usar esas innovaciones”. Para el comandante de la Escuadrilla Antisubmarina, capitán de corbeta Carlos Falcone, fue una experiencia muy buena. “Si bien no tocamos la cubierta pudimos hacer todas las maniobras de aproximación y a escasos metros de hacer el toque, tomamos escape”. A su lado, el capitán de fragata Diego Suárez del Solar, jefe de Operaciones de la Base, explica cómo hacen para mantener un alto nivel de entrenamiento sin un portaviones propio. “Practicamos en un lugar donde hay una pantalla y un espejo similares al de un buque. El realismo es muy alto porque hacerlo en tierra, es más difícil por los vientos que soplan desde cualquier lado”.

    ¿Y los americanos de los argentinos?
    Capitán Slim Witshon: Son muy profesionales y muy buenos en lo que hacen. Siempre hay maniobras y trucos para aprender y enseñar.
    Eric Velásquez, jefe de operaciones: Fue un desafío, una experiencia diferente.
    Edward Burns, director de operaciones de combate: Sus técnicas de entrenamiento son distintas a las nuestras y observamos cosas nuevas. Nos aportaron un montón de aspectos diferentes”.

    A bordo del Fokker de la Fuerza Aérea Argentina que nos trajo de regreso, el almirante Benito Rótolo, subjefe de la Armada, sintetizó el esfuerzo conjunto. “Nos permite mantener la capacidad de semillero. Es un renovarse para muchos pilotos y la actividad aeronaval. La gente se ejercita muy bien y además, incrementa este concepto de interoperabilidad con las Armadas regionales y las consideradas líderes porque obviamente, es como rendir con ellas el examen más importante”.


    Ciudad flotante

    En “El Espíritu de Libertad”, como denominan al USS George Washington, de la clase Nimitz, conviven casi 6.000 personas. Fue construido por la Newport News Shipbuilding y botado el 21 de julio de 1990. Su primera misión data del 4 de julio de 1992. Desarrolla una velocidad máxima de más de 30 nudos (más de 56 k/h); el largo de su cubierta es de 332 metros y su punto más ancho es de 78.5 m; tiene 74m. de alto; el área de vuelo mide casi dos hectáreas; desplaza 97.000 toneladas; lleva cerca de 80 aviones y tiene cuatro ascensores de 360 m2 cada uno y otras tantas catapultas y hélices de 6,7m. de diámetro y dos anclas de 30 toneladas cada una. En sus comedores sirven 18.000 raciones diarias; hay 6.250 camarotes, 3.360 compartimentos y cuenta con una capacidad para destilar 1.500.000 litros de agua potable diarias y de almacenar 14 millones de litros de gasolina para los jet. Está propulsado por dos reactores nucleares que le permiten más de 20 años de autonomía sin reabastecerse.

    Lleva más de 5.000 marineros voluntarios, cuatro capellanes, médicos, dentistas, abogados, plomeros, mecánicos, artistas, químicos, pronosticadores del tiempo, controladores del tráfico aéreo, guardias de seguridad, periodistas, fotógrafos, peluqueros, cocineros y otra serie de especialistas. Tienen un coro Gospel, una pequeña banda de rock, una revista The Guardian, que circula por todo el barco y hasta una escuela, entre otras muchas cosas más

    Fuente: Revista DEF

  2. #2
    Growler
    Guest

    Predeterminado Respuesta: Un día en el portaaviones USS George Washington

    Cita Iniciado por Pisciano Ver mensaje
    En la despedida, saludamos al almirante Cullom. Un marinero le alcanzó una taza de café. Lo miramos y le advertimos para que no le sucediera lo mismo que al capitán en la peli Top Gun, cuando Tom Cruise pasó rasante con el F-14 por el puente de mando y le hizo volcar el líquido caliente sobre su impecable camisa. “Ahhh, a veces sucede...”, respondió con una sonrisa en perfecto castellano.



    Algo peor que Top Gun.. el piloto un capo total aunque luego se comió 30 días de arresto....

    Muy buena nota, gracias por subirla. No quedan muchas dudas del profesionalismo de ésa gente; y si su nivel de equipamiento y capacidad sorprenden, son más de 70/80 años de uso ininterrumpido de portaaviones. La experiencia tiene su peso.

Información de tema

Usuarios viendo este tema

Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)

Marcadores

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •  
Desarrollado por Devonix
Programador PHP Yii Framework

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30