Buenos días:

Pongo en conocimiento de ustedes un correo recibido el día de ayer. Según mi opinión, sería un grave error dañar la aviación agrícola, pero escucho otras sugerencias. La transcripción es textual:

"...Un potencial daño para la AVIACION, la Argentina y el mundo


Toda persona vinculada a la aviación debería saber que, aunque no hay estadísticas fehacientes, un 60% de la actividad aeronáutica la realiza la aviación agrícola. Esa actividad, que genera trabajo, desarrollo y es vital para la aviación, es fundamental también para la productividad agropecuaria del país y para la alimentación del mundo.

Nuestros políticos, no todos, pero una buena parte de ellos, están empecinados en restringir la actividad de los aeroaplicadores a su mínima expresión.

Pino Solanas, Miguel Bonasso, Ariel Basteiro, Victoria Donda y Lisandro Viale, entre otros, le están apuntando a esta actividad desde el Congreso Nacional; el doctor Carrasco, lo hace desde la pseudociencia en los medios y foros; mientras que en los municipios y provincias, los legisladores son presa de la presión de grupos ambientalistas que sin fundamentos buscan convencer que los agroquímicos son culpables de problemas en la salud de la población sin ninguna evidencia científica, es decir, basándose en “casos” aislados.

Desde que el “yuyo” –la soja– irrumpió en la boca de ciertos políticos hasta el día de hoy, se ha recorrido un largo camino signado por ataques constantes a la utilización de tecnología agropecuaria, y en especial al uso del medio aéreo como apoyo eficaz a la producción de alimentos.

Sin aviación agrícola caerá inexorablemente la producción nacional. Tal vez, muchos diputados de la izquierda progresista –que paradójicamente frena el progreso de base científica– apunten a un deterioro económico estructural con el objeto de que el caos se apodere de todos los niveles de la sociedad; esa parece ser la única explicación posible a la arremetida contra la aeroaplicación y la tecnología agropecuaria que, por otra parte, es permitida en todos los países productores de alimentos, incluido el gobierno de izquierda laborista que se formó recientemente con apoyo de los “verdes”.

La Argentina es el tercer productor de granos del mundo. La cadena agroindustrial aporta casi la quinta parte (20%) del PBI. Entre 2002 y 2009 se produjeron más de 525 millones de toneladas de granos por un valor de alrededor de 125.000 millones de dólares. El aporte al fisco –vía derechos de exportación– de toda la actividad económica vinculada con el campo durante ese período, fue de alrededor de 36.000 millones de la misma moneda; mientras que un 47% de los recursos del Estado provienen del sector agropecuario –e industrial vinculado al campo– si se consideran la totalidad de los impuestos. Cada guarismo expresado sufrirá una dramática merma si la ecuación aviación agrícola-agroquímicos, es restringida.

Recientemente se llevó a cabo una audiencia pública en el Congreso Nacional, la inscripción a los que queríamos exponer en defensa de la producción, nos fue vedada porque “el cupo estaba completo”; eso sí, pudieron exponer contra los agroquímicos y los aviones el 97% de quienes tuvieron la oportunidad de hacer uso de la palabra. Allí se vertieron conceptos tales como “no es la prueba científica la que cierra esta discusión, es la realidad ...”; enfrente de posturas de ese calibre en boca del doctor Carrasco, cientos de argumentos científicos silenciados hubieran esgrimido un contundente mentís a cada unos de los expositores del prohibicionismo. En ese entorno, la Federación Argentina de Cámaras Aeroagrícolas, con el doctor Orlando Martínez a la cabeza, lograron hacerse presentes, así como también los pilotos aeroaplicadores Günter Shuster, Raúl Monferrer y Diego Ortega, los dos últimos integrantes de la Cámara de Aeroplicadores de la Provincia de Buenos Aires (CAPBA).

Si bien la gravedad de la situación afecta a la aviación –talleres, proveedores de repuestos, insumos y servicios a la actividad agroaérea–, también generará perjuicio para el país y para el mundo todo. No exageramos nada: en 2017 la población mundial llegará a los 7.500 millones de seres humanos, contra los 6.750 de 2009. En los último diez años la Argentina duplicó su producción agrícola gracias a la tecnología y, muy especialmente, al glifosato. Utilizamos unas 38 millones de hectáreas, de un potencial de 180 millones –excluidos 50 millones para bosques y otras tantas destinadas a otros vitales menesteres–, para la actividad agropecuaria. El mundo observa nuestro potencial y su administración en un contexto que se tornará de desesperante necesidad.

En el reciente Congreso de Siembra Directa de AAPRESID, el doctor Manfred Kern, galardonado con el Premio Internacional de la Paz y la Medalla de Honor Americana por sus aportes en el campo de la innovación en la agricultura, aseguró que en materia de producción sostenible de alimentos, forraje, fibra y energía, la agricultura será la “nueva mega tendencia mundial”. Por un lado, por la mayor demanda de alimentos, ya que los requisitos mundiales actuales se duplicarán en 30 años. Y por otro, por la mayor incidencia que tendrá la producción como generadora de energía renovable. Kern citó pronósticos que enuncian que en 2025 entre un 20 y 30% de la tierra cultivable se utilizará para la producción de biomasa, principalmente bioetanol y biodisel. Además, el especialista consideró que las mejoras en adaptabilidad, la aptitud fisiológica y la capacidad fotosintética de los cultivos son factores clave para atenuar el denominado cambio climático. “Deben desarrollarse plantas tolerantes a la salinidad, las sequías y las inundaciones…” dijo, acentuando cuánto se deberá aplicar el conocimiento científico y progresar para satisfacer la demanda humana.

En ese contexto: ¿optará la Argentina por poner trabas a los cambios que nos podrían beneficiar en lo concreto, argumentando que se CREE –¡SE CREE!– que el glifosato o los agroquímicos causarían daños? ¿Se sacrificará la evidencia científica en el altar de la suposición? ¿dejaremos que la ignorancia se imponga una vez más a la razón? Además, cobra interés preguntarle a los embanderados del PROHIBICIONISMO: ¿cuál es la propuesta que nos permitirá –como integrantes de la comunidad de naciones– alimentar a 10.000 millones de seres humanos para 2050? ¿Será la ración propia de los sistemas totalitarios de izquierda y derecha de escasez?

Si usted, amigo aeronauta, cree que esta ALERTA de Aeromarket no es a favor de la aviación civil, le rogamos que medite, verá que difundir una advertencia en defensa de los aeroaplicadores es un acto en favor de la alimentación de cientos de millones de niños, mujeres y hombres entre los que estarán, sin dudas, sus hijos… y los hijos de sus hijos..."


Luis Alberto Franco
Director de Aeromarket