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    Predeterminado Época dorada de la aviación misionera

    DE 17 HISTÓRICOS AEROCLUBES EN LA ACTUALIDAD SÓLO FUNCIONAN CINCO
    Época dorada de la aviación misionera




    POSADAS. La capacidad de las aves para elevarse y planear en los aires, representó para la humanidad una gran limitación y por ello, la búsqueda incesante a fin de encontrar la forma de llegar a las alturas y desplazarse allí con libertad. En Misiones, la selva impenetrable, los arroyos inundados y las huellas blandas en tierras coloradas, impedían el avance a los vehículos terrestres en los días de mucha lluvia. Esto llevaba a los habitantes, a un aislamiento temporal, sin medicina ni asistencia médica, sin alimentos. Allí aparecían las aves salvadoras comandadas por intrépidos pilotos. Lo mismo sucedía, para trasladarse a centros urbanos más importantes del país.
    Surgieron pilotos como Luis Francisco Quaranta, quien comandó el primer avión sanitario de uso civil del país y hasta tuvo la fortuna de conocer y volar con el rememorado Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito. “Quedó inaugurada la Estación Aeropostal”, informaba El Territorio el 11 de julio de 1929.
    Por entonces, el doctor Luis Quaranta ya realizaba evacuaciones sanitarias en una improvisada pista en el sector este, del Hospital Ramón Madariaga. Comenzaba la historia de la aviación local.
    Quaranta, al ser precursor de las alas misioneras lleva como homenaje el nombre de una de las avenidas de Posadas. Él, como muchos pilotos misioneros, superaron desde el aire las dificultades de no contar con calles asfaltadas e infraestructura adecuada para llevar por aire, a enfermos y ayudar a salvar vidas en los hospitales de Buenos Aires.
    Surgían los taxis aéreos y desde ese momento, como decía Leonardo da Vinci (1452-1519), “una vez que hayas probado el vuelo, siempre caminarás por la tierra con la vista mirando al cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver”.
    Da Vinci, sabía de qué hablaba. Sus inspirados diseños permitieron la creación de la hélice, el helicóptero, el planeador y el paracaídas. Y, desde el cielo también llegaban noticias a los misioneros a través del correo aéreo y hasta actuaban como transportadores de caudales.
    En este informe se relata que al empresario Jacques Papillón, se le cayeron bolsas con dinero que volaron por los aires y estaban destinadas a pagar al millar de empleados a su cargo. Uno de los pilotos que realizó el transporte caudales, Alejandro Pisonero, también recordó similares historias.
    En Aristóbulo del Valle, cuentan otra anécdota de cómo solían propalar los eventos sociales desde un avión.
    También en el proceso de crecimiento de la aviación misionera, como la vida misma, estuvo signada por varias tragedias y por diversas crisis, de 17 sólo quedan en actividad cinco aeroclubes.

    A puro instinto
    Con esfuerzo y tesón estos misioneros, lograban acortar distancias, sin instrumentales como un GPS que cualquier teléfono celular posee en la actualidad. El mayor desafío de los primeros pilotos de aquella época era remontar vuelo, sin conocer el parte meteorológico; al no existir torre de control, comunicaciones radiofónicas, ni radio en los aviones.
    A puro instinto lograban sortear dificultades. “En días de mucha lluvia, nos orientábamos por el río Paraná para llegar a Eldorado desde Posadas”, contó Pisonero uno de los últimos referentes de aquella época de la aviación en la zona Norte de Misiones.
    Las compañías comerciales modernas en la actualidad, “inclusive monitorean desde tierra todo lo que va aconteciendo durante el vuelo, motores, consumo de combustible, etc”, indicó al diario El Territorio el comandante Javier Maluf.
    Este piloto, oriundo de Posadas, vuela en la actualidad el Qatar Airways, elegida en 2013 como la mejor aerolínea del mundo, según los expertos. “En mi opinión, en aviación comercial, se avanzó mucho con los nuevos motores Turbofan que pasaron a ser más económicos y seguros que los anteriores, se aumentó mucho la seguridad usando todos lo recursos humanos disponibles o CRM”, añadió Maluf.
    En una comunicación a través de las redes sociales y en un alto de su vuelo de Hanoi, para prepararse de nuevo y partir a Qatar (Arabia Saudita), destacó que con el nacimiento de la navegación por GPS aumentó la seguridad.
    Con lo que explicado por Maluf, resulta aún más importante el mérito de aquellos primeros pilotos de haber logrado el sueño de conquistar las alturas.

    Por Antonio Villalba
    avillalba@elterritorio.com.ar

    Época dorada de la aviación misionera

  2. #2
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    Predeterminado Re: Época dorada de la aviación misionera

    Qué ocurrió el 9 de julio de 1929

    POSADAS. Cuando la Societe Generale Aeropostale francesa, pionera de los vuelos postales, decide volar cielos australes, Antoine de Saint Exupery ya trabajaba en ella. La empresa recala en Buenos Aires y abre las rutas aéreas hacia el Sur, al Oeste hacia Chile, volando sobre la Cordillera, y hacia el Norte, hacia Paraguay.
    El 9 de julio de 1929 se inaugura en Posadas, que era escala en los vuelos a Asunción, la filial misionera de la Aeroposta Argentina que ya dirige Saint Exupery. La filial tendrá su local en el centro posadeño, en la calle San Martín 339, al lado de la Catedral.
    Los vuelos desde Buenos Aires en los frágiles Laté 25 se suceden con puntualidad, haciendo escala en Concordia, Monte Caseros, Posadas. Y de aquí a Asunción. “Quedó inaugurada la Estación Aeropostal”, dice El Territorio del 11 de julio de 1929. Menciona la pista situada a dos leguas (casi diez kilómetros) de Posadas.
    En nombre de la Comisión de Festejos hizo uso de la palabra Jerónimo Coutuné. Había llegado desde Buenos Aires el primer piloto de la línea en pisar suelo misionero, Vachet, que traía como primer pasajero, al reconocido vecino Luis Quaranta, precursor de las alas misioneras y del avión sanitario.
    Se anunciaba también que el avión partiría al mediodía en un vuelo sin escalas a las Cataratas de Iguazú con el pasajero Croissient para hacer un prolijo estudio y exploración de las costas del Iguazú y de las inmediaciones de las imponentes aguas. El sábado 13 de julio de ese año se publicó en El Territorio el primer aviso de la Aeroposta. El primer vuelo, del martes 16 de julio, proveniente de Asunción, piloteado por Selvetti asistido por el mecánico Gutiérrez, había despegado de la capital paraguaya a las 6 de la mañana, arribando a Posadas a las ocho. Quince minutos después, partía a Buenos Aires, adonde arribó a las 12:50.
    En adelante se publica en el diario el movimiento aéreo de arribos y partidas. Se sabe por esa información que eran pilotos de la línea, Ficarelli Gross, Lartigany el segundo mecánico Queirolo.
    A fines de julio de ese año se constituyó el Aeroclub Posadas tras una reunión celebrada en el Palace Hotel, patrocinada por la Comisión Pro Base Aérea con el objeto de dejar constituida la primera asociación aeronáutica misionera.

    Al mes una tragedia
    Al mes siguiente el épico emprendimiento se cobraría su primera víctima. El 16 de agosto de 1929, habiendo partido desde Asunción a las cinco de la mañana el avión postal se vio envuelto en una cerrada niebla cuando sobrevolaba el paraje Caballero, a cien kilómetros de la ciudad.
    El Laté 25 había despegado de Campo Grande piloteado por Ficarelli. Viajaban con él, Luis Quierolo, mecánico y Ramón Carter, empleado de la compañía yerbatera Pedro Núñez, como pasajero. La falta de visibilidad obligó al piloto a volar a baja altura para no perder la ruta, impactando contra un cerro, en el paraje Mbocayá, frente al kilómetro 97 de la vía férrea paraguaya. El diario La Razón de Buenos Aires publicó una breve semblanza del piloto fallecido en el accidente. Ficarelli era oriundo de Rosario, nacido en 1895.
    Era instructor de la Escuela Civil de Aviación. Había ingresado a la Aeropostale francesa en 1928, y transferido a la Aeroposta Argentina en 1929.
    Se inauguraba en esos días la conexión Francia-España con Argentina. Los aviones partían de Toulusse y hacían escala en Barcelona, Alicante, Málaga y llegaban a Buenos Aires ocho días después.

    Por Javier Arguindegui
    javierarguindegui@hotmail.com

    Qué ocurrió el 9 de julio de 1929

  3. #3
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    Predeterminado Re: Época dorada de la aviación misionera

    Quaranta, el samaritano del aire

    Don Luis fue el primer aviador en Misiones. Promovió una colecta pública para comprar un avión sanitario



    POSADAS. Su nombre jerarquiza el asfalto. Hasta podría parecer una ironía dado que trascendió como un samaritano del aire. Don Luis Francisco Quaranta fue el primer aviador en Misiones, en tanto su reconocimiento público se debe más a un hecho histórico: promovió una colecta para comprar el primer avión sanitario del país de uso civil siendo el único medio aeronáutico que aterrizó en el Hospital Madariaga entre las décadas del 30 y 40.
    Quaranta era doctor bioquímico farmacéutico, egresado de la Universidad de La Plata. Nacido en Entre Ríos e hijo de inmigrantes italianos, echó raíces con María de las Mercedes Pavón (oriunda de Santa Ana). La señora, debe decirse, este mes celebra su cumpleaños 101.
    Tuvieron cuatro hijos, de los cuales es Ana (67) quien toma la posta y lleva adelante la reconstrucción de la aviación en la tierra colorada. Es un trabajo de archivo que demanda mucho tiempo pero ella cuenta con la voluntad y las herramientas académicas para cumplir con esa asignatura pendiente.
    Ana Quaranta es profesora de Historia y está jubilada. Casada, tiene dos hijos varones, cuatro nietos y conserva sin recelo un valioso anecdotario. Con amabilidad y de impecable presencia, abrió las puertas de su casa a El Territorio para revivir el legado de su progenitor.
    Don Luis murió a los 60 años, consecuencia de un infarto; por entonces Ana transitaba sus quince primaveras. Para referirse a él una palabra se impone: solidaridad. “Era un tipo sumamente trabajador y muy solidario. Inculcó la solidaridad y la convicción de que hay que servir a la comunidad”, será su primera frase.
    Cuando Misiones no había alcanzado el rango de provincia y la aviación enfrentaba las dificultades propias de una actividad que sólo dos décadas atrás había comenzado en el país, el bioquímico devenido en piloto, trabajó incansablemente para promover la actividad aeronáutica en el rojizo terruño, por entonces aislado, distante por su geografía, por la falta de caminos y medios para acercar distancias.
    “Estando recibido le hacen una oferta para venir a trabajar al Hospital Regional de Posadas, lo que es hoy el Hospital Madariaga. Le ofrecen venir en la década del 20 y acá se hace cargo de la Dirección del Laboratorio. Al mismo tiempo hacía cursos de aviación en el Aeroclub Posadas que él funda junto a otros misioneros. La única forma en la que se trasladaba la correspondencia al sur del país y a Asunción, pasando por el nordeste argentino, era con una empresa francesa que se llamaba Aeroposta. La Aeroposta era el correo aéreo que había a principios de siglo pasado en Argentina. Llegó a ser director del correo aéreo Aeroposta Antoine de Saint-Exúpery, que también estuvo en Misiones e hizo vuelos de bautismo, mi papá y mamá volaron con él. Como necesitaban una escala que permitiera buscar combustible entre Curuzú Cuatiá y Asunción, eligieron Posadas. Hacen contacto con papá y le piden que creara el Aeroclub; así surge en 1929 el Aeroclub Posadas que prestó un servicio maravilloso porque fue el único club aéreo del país que tuvo el primer avión sanitario comprado con colecta pública en 1936”, relata la hija de Quaranta. Se trató de un biplano denominado Waco, modelo ZQC-6 – matrícula LV-JDA.


    El Territorio lo bautizó el samaritano del aire, y esa etiqueta quedó impresa en la conciencia colectiva. Es que Don Luis tuvo un mérito que pocos podrían atribuirse. Jamás cobró un peso de su sueldo como instructor de piloto. “Mi papá le pide al director del hospital cortar los eucaliptus porque en ese entonces no había pista de aterrizaje, después de analizarlo López Torres le dice ‘las vidas primero que los árboles’. Del hospital bajaba a los enfermos o los llevaba al interior. Llegó a hacer dos vuelos diarios a Buenos Aires, cuatro horas le ponía al avioncito, y aclaro que en Aeroclub no había iluminación entonces papá daba vueltas con el avión y entonces el mecánico salía y prendía los tambores”, describe Ana. ¿Y cómo se tomaba Doña Mercedes la labor de su marido?. “Mi mamá lo acompañó muchísimo, siempre cuenta que ella lloraba cuando venían de noche o de madrugada a buscarlo a papá y le golpeaban la puerta (vivíamos por 3 de Febrero) y le pedían que los llevara en el avión sanitario, ya sea porque tenían un hijo agonizando o alguien se había quemado. Mamá le rogaba: ‘no vayas, es de noche, esperá mañana’ y entonces él le decía ‘salí vos y decíle a esa señora que no voy a ir, si vos le decís yo me quedo’”. Y ahí terminaba la discusión.
    Anécdotas hay por docenas. De las buenas y de las otras. Claro que las primeras ganan por goleada. “Para fin de año compraba helados y golosinas y llevaba a todas las nenas del Hogar Santa Teresita con sus hijos al campo de aviación. Hacía vuelos de bautismo con los chicos. Y después hacía que nosotros – los hijos – tiráramos las golosinas desde el avión. Ese recuerdo lo tengo muy presente”, comenta Ana e inevitablemente se le dibuja una sonrisa en honor, tal vez, a aquellos momentos, aquella infancia.
    Con Don Luis Quaranta todo era aprendizaje. Aún en los momentos más tensos, podía reflexionar sobre el valor de la vida. Eso le sucedió cuando Agapito Pajes, el hombre más rico de Posadas, murió a su lado, debajo de un árbol en un campo de Entre Ríos.
    “El dueño del Hotel España, se llamaba Agapito Pajes. Era un español adinerado. Se enfermó y entonces pidió que lo llevara el avión sanitario a Buenos Aires. Cuando papá lo está llevando se desata una terrible tormenta entonces no le dan pista y le ordenan desde la torre volver y buscar pista en Entre Ríos, saliendo del foco de tormenta. Regresa a Entre Ríos y la tormenta no le permitía bajar. Finalmente como se le acababa el combustible decide aterrizar en un campo privado. Una vez que aterrizaron, papá le administra una medicación para calmarlo y lo pone debajo de un árbol. Y ahí muere el hombre más rico de Posadas”, cuenta Ana. Se toma unos minutos para ser fiel a las palabras que sobreviven en su memoria: “Papá siempre decía: ‘que ironía cuando uno tiene una necesidad de salud, no vale toda la plata del mundo’”.


    Su vida y las múltiples actividades
    Luis Quaranta nació en Paraná, provincia de Entre Ríos, el 9 de marzo de 1900 y falleció en Buenos Aires el 1º de noviembre de 1960. Hijo de inmigrantes italianos llegados hacia el 1890 desde de la región de Piamonte, más precisamente de la ciudad de Torino, a la provincia mesopotámica, donde se dedicaron a la actividad agrícola y ganadera. En la ciudad de Paraná cursó sus estudios primarios y secundarios y en la Universidad Nacional de La Plata obtuvo el título de Doctor en Bioquímica y Farmacia.
    Por su actividad profesional se radicó en Misiones donde por muchos años fue Jefe del Laboratorio del Hospital Regional de Posadas. Por ello en la década del 60 se impuso su nombre a dicho laboratorio y posiblemente desde ese lugar de servicio, encontró la manera y oportunidad de consagrarse a la entrega generosa de transitar los cielos en vuelos sanitarios hacia el Hospital e interior de la provincia y cuando era necesario a la Capital Federal y otros centros del país.
    Contrajo matrimonio con María de las Mercedes Pavón, oriunda de Santa Ana, con la que tuvo cuatro hijos. De firmes convicciones morales dejó el sello de un proceder honesto y una recta actuación en cada una de las expresiones de su vida privada y pública. Supo desempeñar múltiples y disímiles actividades. Fue docente, profesor de Física y Química en el Colegio Nacional Martín de Moussy y en la actividad privada y a nivel empresarial se dedicó al transporte fluvial, tanto comercial como turístico. Fue socio fundador de la empresa “Blumenau” dedicada a la exportación de té y productos regionales. Integró la Logia Roque Pérez; socio activo de la Biblioteca Popular de Posadas con el número de orden 24, socio fundador del Club de Pesca y Náutica Pirá Pytá y Club Social de Posadas, donde recibiera el reconocimiento a sus diez primeros años de labor aeronáutica y fuera declarado “Propulsor de la Aviación en Misiones”.
    En 1929 fundó junto a otros posadeños el Aeroclub Posadas, Institución que presidió por varios períodos en tiempos que todo estaba por hacerse y desde la que trabajó incansablemente fomentando la actividad y colaborando en la fundación de aeroclubes en el interior de Misiones.
    El 24 de junio de 1931 obtuvo el brevet de piloto bajo la instrucción del Sargento Secundino Vargas de la Escuela de Aviación del Ejército, institución de la que dependía toda la actividad aérea en el país. Posteriormente en Buenos Aires hizo el curso de piloto instructor.

    Por Griselda Acuña
    gsacuna@gmail.com


    Quaranta, el samaritano del aire

  4. #4
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    Predeterminado Re: Época dorada de la aviación misionera

    LA ESPECIALISTA EN ENTELADO DE AVIÓN
    Rosa entre los pilotos

    Aunque le dijeron que con sus uñas largas no duraría, fue piloto, mecánica, lavaba las naves. Hacía todos los servicios



    POSADAS (POR EUGENIA LAURA ROSSANO). Rosa Zacowski, Ernesto Grimm y Carlos Deperini son tres pilotos que ejercieron distintas funciones dentro del club, y que hoy con mucho amor y humildad trasmiten sus conocimientos, anécdotas y experiencias a los más jóvenes
    Quienes se acerquen a las instalaciones del Aeroclub podrán conocer y compartir con tres personajes históricos, nostálgicos e imborrables de las páginas de la historia institucional. Ellos son Rosa Zacowski, Ernesto Grimm (Ver: Un grito...) y Carlos Deperini.
    Los tres comenzaron desde muy jóvenes a frecuentar el ambiente aeronáutico, compartieron gran parte de la historia del club y actualmente alientan al nuevo semillero de la Escuela de Vuelo.
    Rosa empezó a los 14 años como mecánica y luego como piloto. Le pidió a sus padres que la llevarán al aeroclub y allí “yo sola empecé”, frente a personas que no tenían fe en su decisión. Ella comenta: “me dijeron que como tenía uñas largas no iba a durar acá. Y después cuando vieron que la Fuerza Aérea me autorizó a ejercer no tuvieron otra que dejarme participar. Después de aeroclub entré en la Dirección Aeronáutica. Trabajaba a la mañana en la dirección y a la tarde en el aeroclub. Y acá también hacía de mecánica y los vuelos al área de frontera”.
    El apasionante relato de Rosa continúa: “era la única mujer en ese entonces. Hacía todos los servicios que el avión necesitaba. En especial el entelado del avión. En eso me convertí en especialista. Fui piloto, mecánica y hasta la que lavaba los aviones”.
    “Yo lo único que quería era volar. A veces me subía al avión y me iba hasta donde la fuerza del mismo me dejaba, el instructor se enojaba porque decía que seguro algún día me mataba”, sentencia emocionada.


    Un grito desde el cielo
    Carlos Deperini empezó a volar en la década del 50. “Ernesto Grimm fue mi primer pasajero y teníamos que ir a Iguazú, con escala en Eldorado para recargar combustible. Los instructores me dijeron que la reconocería porque es una localidad que tiene una calle larga. Pero la mayoría de las localidades eran así. Al verme perdido, le pedí a Grimm que sacara la cabeza por la ventana y preguntara a los gritos ¿dónde está la pista?” comenta Deperini.
    Luego agrega “paramos en Larrague y le preguntamos a un paisano ¿esto qué es? Es Larrague, contestó. A bueno, eso no más queríamos saber”.

    Rosa entre los pilotos

  5. #5
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    Predeterminado Re: Época dorada de la aviación misionera

    EL POSADEÑO TRAJO UNA AVIONETA DESDE TEXAS A MISIONES EN EL 2011
    “Nos guiábamos por las vías del tren cuando nos perdíamos”

    Ernesto Grimm tiene 75 años y sigue demostrando su amor por las aeronaves. Rememoró viejas épocas donde las avionetas eran parte del paisaje cotidiano


    Tradición. | Grimm (izquierda) acompañado por Carlos Enrique De Perini. | Foto: Marcos Otaño

    POSADAS. Ernesto Grimm (75), fue quien hace más de tres décadas trajo a Misiones, desde la fábrica de Estados Unidos, el Cesna 172 que fuera sustraído en septiembre del 2011 en Eldorado. Ello representó una gran pérdida, tanto en lo sentimental, como por su costo que ronda los 150.000 dólares. Reconoce que la aeronave era una de las mejores que tenía el aeroclub en cuanto a capacidad y velocidad. Se utilizaba para vuelos de bautismo y para trabajos de fotografía aérea.
    Grimm en la actualidad sigue siendo un entusiasta concurrente del aeroclub de Posadas. Su pasión por la aviación comenzó cuando tenía quince años. “Un día me llevaron a volar y ahí me entró la locura”, recordó.
    Dos años más tarde, a los 17 años, ingresó como alumno en 1955, con dos instructores. “Nos recibimos en total nueve pilotos. Los cursos se hacían con un Piper PA 11.Una vez cumplidas las 100 horas de vuelo, hacíamos los traslados de pasajeros, a veces dos o tres vuelos por día a Eldorado; a Iguazú y a muchas estancias o por ejemplo, a San Pedro llevando a madereros, por la falta de caminos en ese tiempo”, rememoró. Todo se hacía sin paracaídas. En ese momento estaba subvencionado tanto el combustible, como los instructores pagados para formar aviadores civiles. Especialmente por el beneficio que representaba el servicio aéreo.
    Como los demás pilotos, recuerda que la aviación era vital para sortear la falta de caminos y sortear el aislamiento. Esto sucedía, al concretar los destinos a Corrientes, además de vuelos a Buenos Aires que demandaban hasta trece horas. “La orientación era en base a brújula y la carta, mirando los caminos. Cuando nos perdíamos, nos guiábamos por las vías del tren y bajábamos hasta ver los carteles donde indicaban las localidades”. Recordó una anécdota en oportunidad de trasladar a Buenos Aires una pasajera que se llevó una gran valija en el regazo, porque no cabía en el baúl. “Cuando vio el humo de un tren y lo cruzamos, dijo: Qué rápido que viajamos”. Claro, Grimm riendo aclaró, “si el tren iba a 60 kilómetros por hora, nosotros lo hacíamos no más a 120 kilómetros por hora aproximadamente”.

    La historia del cuatriplazas
    Con el Cesna 172 que fuera robado en Eldorado, se hicieron muchos vuelos sanitarios. “Lo traje en vuelo desde Estados Unidos. Fue una experiencia muy hermosa. Lo traje desde la fábrica de Texas”, recordó junto a Carlos Enrique De Perini.
    La particularidad es que se iban autoabasteciendo en el aire, al improvisar un tanque de combustible de 200 litros, al tener 12 horas de autonomía. “Vinimos todo por la costa del Pacífico atravesando la cordillera, en un total de 9 días. Justo llegué un 29 de julio en pleno aniversario del Aeroclub Posadas y realizamos una gran fiesta”.


    “Nos guiábamos por las vÃ*as del tren cuando nos perdÃ*amos”

  6. #6
    LAM
    Guest

    Predeterminado Re: Época dorada de la aviación misionera

    Muy bueno!

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