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Tema: América Latina - Epidemia de terror urbano

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    Predeterminado América Latina - Epidemia de terror urbano

    Epidemia de terror urbano

    La tasa de criminalidad crece en las ciudades de América Latina, pese al dinamismo que ha experimentado la región. Drogas, armas y falta de expectativas forman parte de la ecuación

    EL PAÍS - JAN MARTÍNEZ AHRENS - 04/12/2016
    El culatazo dio en la ventanilla del Jeep Cherokee gris. “¡Abre o mueres!”. Dos ojos rojos le miraban. El conductor tenía que decidir. Estaba en el corazón burgués de la Ciudad de México. Había peatones a menos de dos metros, coches por delante y por detrás, y un atracador de 26 años a pocos centímetros de su cara empuñando una pistola. La duda duró menos que el miedo. El conductor bajó la ventanilla e inmediatamente pasó a formar parte de un variopinto grupo al que ese día también pertenecían un padre desvalijado cuando paseaba con sus hijos, una extranjera de pelo dorado raptada y violada, cuatro estudiantes torturados y una decena de campesinos baleados. Un día como tantos otros en México en que se denunciaron 45.000 delitos y quedaron en la sombra otros 400.000. Un día en que, una vez más, creció esa masa informe y terrible que igual roba, viola o mata y a la que se define como inseguridad.

    El concepto es débil y difuso. Se sabe que la inseguridad prolifera en las ciudades y que se dispara con el tráfico de drogas. A partir de ahí, es imprevisible. Muta rápidamente y se adapta a casi cualquier ambiente. Hubo un tiempo en que se vinculó a la pobreza. Hace mucho que esta teoría quedó alicorta. Demasiado lineal. La miseria no es causa suficiente. Y a veces ni siquiera necesaria. América Latina es un buen ejemplo para entenderlo.

    El área registra una de las mayores tasas delictivas del mundo. Más de un millón de asesinatos entre 2000 y 2010. En 11 de sus 18 países, los homicidios tienen estatus de epidemia, es decir, superan los 10 casos por cada 100.000 habitantes. Hay ciudades como Caracas, Acapulco, San Pedro Sula o San Salvador donde este índice es 10 veces mayor. Ahí no se trata de una epidemia, sino de puro terror.

    Pero en este territorio no todo ha ido mal. Por el contrario, Latinoamérica experimentó en la década pasada uno de los mayores desarrollos económicos de su historia. El desempleo descendió de forma sostenida, 70 millones de ciudadanos salieron de la pobreza y el crecimiento agregado fue del 4,2% anual. Un sueño para cualquier economista. No para un policía. Con la bonanza, la criminalidad también aumentó. Homicidios y robos alcanzaron tasas delirantes. La bienintencionada correlación (menos pobreza-menos delito) encalló. La inseguridad demostró tener una genética más compleja. Detrás del delito latían fuerzas poco estudiadas.

    La paradoja, devastadora para las charlas de café centroeuropeas, ha sido analizada con detenimiento por el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD). En un informe referencial, publicado en 2014, se constató que la singularidad se mueve en aguas profundas. Ni siquiera hay una relación estrecha entre ingreso y crimen. Honduras y El Salvador presentan las tasas de homicidio más altas, pero sufren la misma pobreza que Bolivia y Paraguay, con los menores índices de homicidios de la región.

    Otro tanto sucede con la desigualdad y el desempleo. Su reducción en la década prodigiosa no trajo consigo, según los expertos de la ONU, un descenso de las muertes y los robos. “Tomadas por separado, la pobreza, la desigualdad de ingresos y el desempleo no parecen explicar satisfactoriamente los niveles de inseguridad en la región. Por el contrario, el crimen ha aumentado en un contexto regional de crecimiento dinámico y de mejoras notables en indicadores sociales. Entender esta particularidad requiere aceptar que la violencia y el crimen no tienen explicaciones simples”, señala el informe del PNUD.

    Derribados los tópicos, emerge como posible factor causal algo profundamente enraizado en América: las grandes organizaciones criminales, especialmente las dedicadas al narcotráfico. Su capacidad de corrupción, su penetración en los aparatos estatales y su letalidad las convierten en un candidato explicativo de primer orden. Pero nuevamente la inseguridad se escapa a reduccionismos. “El narcotráfico dinamiza el delito, pero no es el origen, su desaparición no cambiaría radicalmente el panorama, siempre habría mercados ilícitos, negocios sucios, diversificación criminal. Legalizar la droga no es la varita mágica”, afirma Gema Santamaría Balmaceda, profesora del Instituto Tecnológico Autónomo de México y asesora principal del informe del PNUD.

    Visto así, el narco es más una consecuencia que una causa. Hay un caldo de cultivo previo, cuyo origen es multifactorial y, por tanto, difuso. Como cualquier concepto débil, la inseguridad vive en continua transformación y es poroso al cambio social. Influyen factores como las expectativas sociales, la calidad del empleo, los entornos urbanos masificados y, desde luego, las drogas y las armas.

    “No hay una evidencia fuerte de correlación entre la pobreza y la desigualdad con el delito, pero sí que hemos advertido la importancia cardinal que tiene el crecimiento de la sociedad de consumo. Se forman enormes mercados ilegales de coches, teléfonos, comida, animales… sostenidos por altísimas demandas que paradójicamente responden a una mejora de los ingresos de las clases medias bajas”, explica Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad Tres de Febrero, en Argentina.

    Estas nuevas tipologías, agrupadas en el denominado “delito aspiracional”, representan uno de los fenómenos más disruptivos. Y su explicación no es sencilla. Los estudios muestran que la franja social rescatada de la pobreza durante la década áurea no ha entrado directamente en la clase media, sino que tiene un pie dentro y otro fuera. Al menor vendaval puede volver al pozo. Forma el llamado “grupo vulnerable” y es la clase más numerosa de Latinoamérica: un 38% de población. Sus empleos son de escasa calidad, viven expuestos a la informalidad económica y su movilidad social es mínima. El desarrollo económico, por tanto, no ha creado una barrera fuerte frente al delito. Justo al revés. Las ansias de consumo se han disparado, pero no los medios para satisfacerlas. El problema no es la pobreza, sino la falta de expectativas. “Las personas en situación de pobreza no son necesariamente las que delinquen, sino que lo hacen quienes muestran aspiraciones para alcanzar las metas prescritas por la sociedad (ropa de marca o celulares de última generación), pero que tienen desventajas para materializarlas con malos empleos y sueldos bajos”, señala el informe del PNUD.

    Junto a la insatisfacción social, otro detonante silencioso es el entorno. No hay zona más urbanizada del mundo que Latinoamérica. El 80% de la población vive en ciudades. Y no son paraísos. Un paseo por la periferia de la capital de México, una megaurbe de 23 millones habitantes, lo explica. En colonias como Desarrollo Urbano Quetzalcóatl (68.000 habitantes) no hay una sola biblioteca, pero sí 450 establecimientos de venta de alcohol. El barrio, con el 70% de desempleo juvenil, ostenta el dudoso honor de ser el que más presos aporta a las cárceles del Distrito Federal.

    Es en espacios así donde bulle la sopa prebiótica de la violencia. Mundos sin memoria de mejoras, con empleos de ínfima calidad y derrotas por doquier. Todo listo para el último ingrediente: el tráfico de drogas. “El narcotráfico exacerba hasta la caricatura los ideales consumistas de la sociedad en que vivimos: coches, mujeres y armas”, explica Andreas Schedler, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y autor de En la niebla de la guerra: Los ciudadanos ante la violencia criminal organizada.

    En los arrabales, el narco actúa como ascensor social. Ofrece lo que el sistema niega. Pero exige el uso de armas. Y a nadie se le escapa el impacto que tiene un balazo. Un solo asalto con revólver causa miedo; decenas de miles, terror social. En América Latina, entre un tercio y la mitad de los robos son perpetrados con armas de fuego. Una media que sube al 78% en el caso de los homicidios. En Brasil, Chile o Argentina más del 60% de los presos reconocen que tuvieron su primera arma de fuego antes de los 18 años. Eso es la inseguridad.

    Frente a esta marea, las barreras de contención son pocas. A veces, esto no se entiende en Europa y EE UU. La policía, las fiscalías, el Estado son en grandes zonas de América Latina entes ineficaces, inexistentes o están penetrados por el narco. No totalmente, pero sí lo suficiente como para que no tengan efectos disuasorios.

    La solución requerirá tiempo. A su alrededor se acumulan grandes palabras: educación, redistribución, enfoques integrales. “No hay bala de plata y depende de si los países tienen una tasa alta o baja de criminalidad, pero desde luego la inversión social y reducir la impunidad ayudan”, indica el profesor Marcelo Bergman. “Hay que cuidarse del populismo penal, la mano dura y la tolerancia cero. Quien promete remedios a corto plazo no es creíble. Pero tampoco hay que resignarse: el esfuerzo social colectivo puede lograr resultados drásticos en 5 o 10 años”, explica Schedler.

    Y mientras se avanza, el crimen sigue ahí. Lo saben bien los más ricos. En Latinoamérica ya hay un 50% más de vigilantes privados que agentes de policía. La vida tranquila sólo existe dentro de la burbuja. El lobo anda por las calles. Cualquiera puede ser la próxima víctima. Da igual ir en un buen coche o por una calle respetable. La violencia puede llamar a su ventana. Un culatazo, dos ojos enrojecidos y usted tendrá que decidir. Bajar o no bajar el cristal.

    Inseguridad urbana: Epidemia de terror urbano | Internacional | EL PAÍS
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  2. #2
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    Predeterminado Re: América Latina - Epidemia de terror urbano

    Muy bueno el artículo.

    Hace 10 años, con las materias primas en auge, podía un clase media de américa del sur decirle a un europeo que no envidiaba gran cosa de su continente. Pero siempre la discusión estaba perdida en cuanto entraba la delincuencia a ruedo.

    Desde el inicio vi que la pobreza no era causa. En la isla donde vivo ahora hay dos países, Haití y Rep. Dom. Haití es el país más pobre del continente, sin embargo en Rep. Dom hay más muertos por arma de fuego. Por iguales motivos, puede descartarse la educación. Claro, como causas únicas y directas. Influyen de seguro de forma indirecta.

    Estoy de acuerdo con el artículo en que se trata de un consumismo enfermizo que ha arraigado en la región. "Delito aspiracional". Quieren lo que la tele les muestra, lo que sus "artistas" muestran, y lo quieren ya. Se les ha metido que la vida es eso, y lo demás es sufrimiento. Un celular vale una vida.

    En Cuba no hay ese problema pues sus medios nunca enseñaron tal cosa, y hoy es el país de américa con menor tasa de asesinatos.

    También creo que hay un fenómeno sicológico que viene de una educación familiar y social pésima. Una especie de machismo general, de ansias de poder. Nietzche le llamaba voluntad de dominar. Los delincuentes sienten que su voluntad solo importa al imponerse a sus semejantes, igual que un machista quiere dominar a una mujer. Y como no tienen nada que hacer, deciden obtener adrenalina siendo delincuentes.

  3. #3
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    Predeterminado Re: América Latina - Epidemia de terror urbano

    Finalmente, la raíz es la falta de educación...Una palabra mágica que no solo tiene que ver con las enseñanzas y la formación que se dan en los colegios, sino con toda una raiz cultural. Como el perro que se muerde la cola...familias desestructuradas nacidas de otras familias desestructuradas, con hijos sin destino ni horizontes, con padres que fueron producto de ese desamparo y la cadena sigue...En donde las drogas son el único motivo de vivir y lo único que les produce felicidad...En esas "zonas" humanas, es imposible hablar de valores, de principios o de horizontes...
    Pero también es cierto que a medida que aumenta la desigualdad y las diferencias sociales se hacen mas profundas e injustas entre las clases ricas y pobres, se incuba mas facilmente ese germen del resentimiento y que la delincuencia y lo ilegal es el único camino para conseguir lo que necesitan...El problema es como se rompe ese eslabón o esa cadena...
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  4. #4
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    Predeterminado Re: América Latina - Epidemia de terror urbano

    No puedo subir el video, pero recomiendo que lo vean:

    “Hay lentitud al castigar los falsos positivos en Colombia”

    Ver el video: VÃ*deo: “Hay lentitud al castigar los falsos positivos en Colombia” | Actualidad | EL PAÍS

  5. #5
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    Predeterminado Re: América Latina - Epidemia de terror urbano

    Asaltan centro del Banco Popular en Plaza Lama
    ...
    Testigos

    Testigos afirmaron que el centro comercial vivió un momento de “película”, donde los asaltantes sembraron el terror, haciendo una entrada espectacular por una de las puertas delanteras. De inmediato lanzaron dos bombas lacrimógenas para dispersar a los clientes y empezaron a disparar con armas largas, mientras avanzaban hacia la sucursal bancaria.

    Rafael Cabrera, narró que al menos dos de los delincuentes fueron vistos disparando, mientras otros dos esperaban afuera a bordo de motocicletas en el parqueo. Dijo que se marcharon disparando por la puerta delantera y corrieron hacia la parte de atrás de la tienda.

    Asaltos perpetrados en plazas comerciales

    El 5 de agosto pasado cuatro personas resultaron heridas durante un asalto perpetrado a un mensajero en el interior de la tienda La Sirena ubicada en la Charles de Gaulle en Villa Mella, mientras, que el pasado miércoles 14 de septiembre fue abatido a tiros el vigilante de seguridad Bienvenido García y resultó herido Yeuri Eduardo Cuevas en un hecho similar ocurrido en Bella Vista Mall, cuando ambos custodiaban un camión de envío de valores.
    - See more at: El Caribe » Asaltan centro del Banco Popular en Plaza Lama
    Es "solamente" un asalto a un banco, cosa que ya no es nueva por acá. Y no es nuevo que se realice en una plaza comercial llena de gente. Ni que usen armas militares, ni que sean militares o policías los delincuentes, que es lo más común del mundo por acá. Ni que fueran a cara descubierta, y que se sepa quienes son, y que su líder fuera un excapitán hijo de un general del ejército y que este siga libre.

    Lo raro fue las bombas lacrimógenas. Esas no las habían usado hasta ahora. La plaza es grande, con parqueo vigilado, con entrada limitada. Pero los guardias, como ya se sabe, son los primeros en esconderse (al menos por acá).

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