Entre 1969 y 1994 la Fuerza Aérea recibió un total de 16 transportes Hércules en distintas versiones. De ellos 3 C-130E (luego llevados a C-130H), 5 C-130H y 2 KC-130H fueron adquiridos nuevos, mientras que el resto fue adquirido de segunda mano. De éstas 10 unidades, sólo quedan 6 se encuentran en servicio o inspección de ciclo mayor (ICM) aunque hay dudas sobre la viabilidad de recuperar a uno de los ejemplares (TC-68), con lo cual en el mejor de los casos hablaríamos de 5 unidades solamente, a las que hay que sumar un C-130B (TC-60) y el L-100-30 (TC-100).
Todo indica que por el momento esos serán los únicos ejemplares del Hércules que tendrán posibilidades operativas reales de continuar en servicio por algunos años más en la FAA aunque no todos en servicio de modo simultáneo. Durante el año pasado y éste se fueron conociendo una gran cantidad de incidentes que sufrieron prácticamente todos los ejemplares, y aunque el PAP como el programa MATE han tratado de solventar muchas deficiencias, más allá de cualquier tipo de cuestión política o económica, ninguno de los programas ha demostrado ser eficiente y mantener a la reducida flota ajena a incidentes e inconvenientes técnicos de modo permanente.

No es nuevo que años de desinversión y en algunos casos mala administración han tenido sus consecuencias, mientras tanto los aviones siguen cumpliendo una enorme variedad de funciones y hoy constituyen el único medio de transporte militar del país, además de tener que responder a compromisos internacionales para operaciones SAR que requieren la disponibilidad inmediata de una aeronave en plenas condiciones operativas. Todos sabemos el valor que significa contar con las “chanchas” por ser una herramienta ideal para una amplia variedad de funciones, es por ello que la FAA tiene intenciones de seguir operando éste modelo por muchos años más.
En la actualidad hay en servicio unos 1.500 C-130 Hércules que operan en 72 países. De ellos el 12% corresponde a la nueva versión C-130J y el 88% restante son los modelos C-130B/E/H con promedios de edad de 30 a 40 años que representan también en promedio, unas 25.000 horas de vuelo. La gran mayoría de los actuales usuarios tiene planificado seguir operando el Hércules por varios años más –tal como lo prevé la FAA- ya que no hay previsiones de su reemplazo o los reducidos presupuestos militares impiden acceder al C-130J. El principal obstáculo para seguir operando esos modelos es la fatiga de la caja o cajón alar central más conocida como CWB (Center Wing Box), ya que es una sección clave de la estructura del avión donde se transmite el esfuerzo tanto del fuselaje como de las alas.


Lockheed Martin ofrece a los usuarios del Hércules la renovación del cajón alar pero los plazos de entrega no bajan de los dos años y el costo supera los 8 a 10 millones de dólares. El kit desarrollado por el fabricante por ahora sólo ha sido solicitado por la USAF en cantidad de 51 unidades habiendo sido implementados a la fecha 13. A su vez Lockheed ofrece un kit para las versiones comerciales conocido como CWB L100 pero todavía no ha sido adquirido por ningún usuario. El tiempo de instalación ronda los 5 meses pero hay importantes demoras en las entregas de los kit’s por parte de Lockheed, el cual asegura 38.000 horas de vida útil.
Por tal motivo han surgido otras opciones a cargo de empresas habilitadas por Lockheed con montos y plazos menores de entrega, tal como TIMCO Aviation Service que ofrece la restauración de la CWB a cero horas, en un plazo de 130 días y a un costo de 5 a 6 millones de dólares. Los Hercules de la Guardia Costera de EEUU como los de Bolivia y Ecuador ya ha sido sometidos a la renovación del cajón alar por parte de ésta empresa. TIMCO asegura 20 años de vida útil adicionales con su modificación.
La opción más cara (pero la mejor…)
Es la ofrecida por Lockheed y que consiste en instalar el ala del C-130J la cual por su diseño tiene entre 2 y 3 veces más vida útil que los Hercules iniciales. El nuevo ala posee un mejor diseño estructural interno con refuerzos tanto en la parte superior como inferior que le permiten absorber con mayor tolerancia las permanentes cargas a que es sometida el ala y la transmitida por el fuselaje. Sin embargo instalar el ala del C-130J tiene un costo superior a los 15 millones de dólares ya que se deben incluir modificaciones de cableado, tuberías y conductos de combustible, trabajo valuado en unos 300.000 dólares.
Lockheed recomienda ésta opción para los Hércules que realizan operaciones especiales, con perfiles de vuelo más difíciles y que suponen un mayor estrés estructural, tal como sucede con los AC-130, MC-130 y C-130 H1 (anteriores a 1978). Por el momento la USAF ha solicitado 44 kits que le permitirán a éstos modelos seguir operando sin ningún tipo de restricción por 20 años más.

Se conoce que la FAA tiene intenciones de modernizar los Hércules tanto en su aviónica como en los distintos componentes y sistemas del avión, y en un momento no muy lejano deberá afrontar el recambio del cajón central alar en sus ejemplares con más horas para que las mismas puedan seguir operando por un par de décadas más. Dicho plan de modernización deberá ser integral, porque los años de virtual abandono han hecho estrago en las chanchas y anhelar a que sigan volando por 20 años más va a requerir un esfuerzo importante tanto de personal como económico.
Lamentablemente el mercado de los C-130H de segunda mano se ha reducido considerablemente en los últimos años a cuenta de un incremento mundial en las necesidades de transporte acompañado por una reducción general en los presupuestos militares que impiden renovar los Hércules por las nuevas versiones. Sería ideal que la FAA pudiera acceder al menos a un par de ejemplares, preferentemente de la serie C-130H2 construídos entre 1978 y 1992 que le permitirían reemplazar al veterano TC-60 como al TC-68.
Como país podemos prescindir de muchas cosas, pero no de los Hércules ya que son una herramienta vital no sólo para las FFAA’s, sino también para la sociedad ante desastres naturales, emergencias e incluso para transportar equipamiento de gran volumen destinado a otros países, tal como ha sucedido con el reactor nuclear vendido a Australia que fue transportado por el TC-100.
El lema del I Escuadrón es “podemos para que otros puedan..” y para que ellos puedan hay que darles los elementos y recursos necesarios para que puedan cumplimentar su función. Si hay dinero para comprar 30 aviones nuevos para Aerolíneas y Austral necesariaamente debe haber mayor presupuesto para mantener y operar como corresponde a una aeronave como el Hércules de mucha mayor utilidad que un Airbus o un ERJ que sólo transporta pasajeros.