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Tema: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

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    Predeterminado El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    En 1879 20.000 armas tradicionales derrotaron al mejor ejercito del mundo en la batalla de Isandlwana

    El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    Los zulúes propinaron en Isandlwana una aplastante y embarazosa derrota al ejército británico, la mayor sufrida por un contingente moderno ante guerreros tradicionales

    EL PAÍS - JACINTO ANTÓN - Barcelona 22 AGO 2015 - 23:30 CEST


    Recreación de la batalla de Isandlwana, entre británicos y zulúes.

    Hay dos momentos de la batalla de Isandlwana que nunca dejan de ponerme los pelos de punta. Una es cuando la patrulla de reconocimiento del teniente Raw se asoma a un barranco y descubre sentados y en silencio a los 20.000 guerreros del principal ejército zulú. Al ver a los británicos, los zulúes se ponen en pie como un solo hombre y echan a correr hacia ellos lanzando su temido grito de guerra “¡Usuthu!”. El otro momento es la de la delgada línea roja de los tiradores del 24º regimiento desbordada por los zulúes que han avanzado desde el horizonte como una marea oscura, incontables como una marabunta, ruidosos como un enjambre furioso, ansiosos de lavar sus lanzas en la sangre del enemigo.

    Isandlwana, el 22 de enero de 1879, es la Gran Hora Zulú, la mayor derrota de un ejército moderno profesional –el británico– dotado de armas de fuego ante un contingente de guerreros tradicionales –los zulúes– que prácticamente no disponían de nada más que de primitivas armas blancas y que ganaron a base de movilidad, coraje y mucha mala leche (además de porque los mandos contrarios, como veremos, lo hicieron rematadamente mal, de juzgado de guardia, vamos). Como una extraordinaria metáfora de la batalla, en el cénit de la misma tuvo lugar un eclipse de sol. “En medio del combate el sol se volvió negro como la noche”, explicó un guerrero zulú.

    He de confesar que en un alarde de impresentable etnocentrismo me identifico más con los soldados británicos masacrados en Isandlwana que con los zulúes victoriosos –y que también sufrieron de lo lindo ante las descargas cerradas de los fusiles Martini Henry, capaces de frenar la carga de un elefante–. He pasado largos ratos en el National Army Museum de Londres, que es como mi segunda casa, conmovido ante el cuadro original de Charles Edwin Fripp que reproduce con mucha épica el last stand de las tropas imperiales a punto de ser exterminadas. La última vez lo hice cubierto con una réplica del mismo salacot que portaban, adquirida en la tienda del museo –desgraciadamente el uniforme que vestía Peter O’Toole en Amanecer zulú se vendió en subasta en 2008–. Pese a que mi casco era del blanco reglamentario –ellos lo teñían en campaña con té o café para que no se viera tanto, aunque con sus guerreras rojas la verdad es que destacaban igual en el austero paisaje de Zululandia– me sentía plenamente integrado en la violenta escena (Fripp fue testigo de la guerra). Involuntariamente tragaba saliva y encogía el vientre recordando que los guerreros zulúes destripaban ritualmente a los enemigos con las lanzas cortas que eran su arma predilecta y que recibían el onomatopéyico nombre de iklwa, por el sonido de succión de la hoja al entrar y salir del cuerpo. Ensimismado en la pintura –en la que aparece el tamborilero de 12 años con el que hicieron cosas horribles– y con el salacot puesto me encontró Saul David, gran historiador de las guerras victorianas y especialmente de la zulú, con el que había quedado. David (autor de la imprescindible Zulu, 2004) ha desmontado algunos de los mitos que rodean la batalla de Isandlwana y ha comparado la invasión supuestamente preventiva del reino zulú en 1879 con la de Irak de 2003.

    Para mí, Isandlwana tiene un algo de Little Big Horn africano. También allí, en las praderas de Montana, tres años antes (1876), un ejército moderno fue vencido por nativos que empleaban un método de combate tradicional y de manera similar la causa de la derrota fue que se obró arrogante y negligentemente y se subestimó la capacidad de lucha de los guerreros. En consecuencia, buena parte del 7º de caballería de los EE UU (unos 250 hombres) fue masacrada por los sioux y cheyennes como lo fueron –además de otros efectivos– seis compañías completas del también célebre (estuvieron en Saratoga, entre diversos fregados) 24º regimiento de a pie británico por los zulúes.

    Menos famosa que la batalla de Rorke’s Drift –la del popular filme de 1964 Zulú–, que se desarrolló horas después y en la que un puñado de soldados británicos (139) atrincherados en un pequeño recinto fortificado resistieron a millares de zulúes, la de Isandlwana (que también tiene filme, de 1979, Amanecer zulú) tuvo lugar a los 11 días de que las fuerzas del imperio británico invadieran avec un coeur léger Zululandia, con vagos pretextos que ocultaban un propósito de anexión colonial. Bajo el mando del altivo lord Chelmsford, que despreciaba la capacidad militar de los zulúes –un poderoso reino sostenido por 40.000 guerreros adiestrados en una estricta disciplina guerrera iniciada por el implacable Shaka–, el ejército británico buscó al zulú para destruirlo.


    'The battle of Isandlwana' ,de Charles Edwin Fripp, expuesto en el National Army Museum de Londres.

    El 20 de enero la columna principal acampó en la meseta de Nqutu junto a la gran protuberancia rocosa en forma de esfinge llamada Isandlwana, “pequeña casa”. Chelmsford cometió entonces dos errores clave: decidió no fortificar el campamento y dividió sus fuerzas, partiendo el día 22 de madrugada a la cabeza de 2.500 hombres –incluida la mitad del 24º– para seguir buscando al enemigo. Pero el principal impi (ejército) de éste estaba oculto cerca –esperando a que pasara la luna nueva, “luna muerta”, juzgada nefasta– y hacia mediodía se lanzó contra la posición británica adoptando su clásica formación de cuernos de búfalo (izimpondo zankomo) que había convertido a los zulúes en el terror del África austral: mientras el centro, la frente de la cornamenta, avanzaba directo hacia el enemigo, los flancos formaban dos columnas, los cuernos, que, avanzándose, lo rodeaban para aniquilarlo despiadadamente.

    Pese a todo, el teniente coronel Henry Pulleine al mando del campamento tenía fuerzas suficientes para defenderlo: las seis compañías restantes del 24º, dos cañones, voluntarios de la colonia de Natal y tropas nativas (incluido el contingente semiindependiente del coronel Durnford, un carácter tipo Custer), en total cerca de un millar de blancos y 850 soldados negros (pobremente armados y motivados ni te digo). Pero Pulleine dispersó mucho sus efectivos, trató de cubrir un perímetro demasiado grande y no supo reaccionar adecuadamente al ataque zulú.


    Recreación de la fatídica batalla para el ejército británico.

    Aunque inicialmente el devastador fuego de la veterana infantería británica ralentizó y hasta llegó a detener un momento a los guerreros –el salvaje poder Zulú inmolándose a sí mismo en las hirvientes descargas imperiales, como escribe inspiradamente Donald R. Morris en la canónica y monumental The washing of the spears (1966)–, estos, echándole pundonor y arrestos (hay que tenerlos para cargar contra una fila de fusileros parapetados tras un escudo de piel de búfalo; las pesadas balas calibre 45 abrían grotescos boquetes en los cuerpos de los zulúes), lograron desbordar a los soldados, sobre todo al desbandarse unidades nativas aterradas que dejaron brecha en el frágil sistema defensivo. Contribuyó a la debacle que varias compañías se quedaran sin municiones y que la rigidez de algunos responsables de suministrarlas y la dificultad de abrir las cajas complicaran la reposición de cartuchos a tiempo.

    Lo que siguió fue una matanza: atomizada en pequeñas bolsas sin suficiente capacidad de fuego, la resistencia fue colapsando ante el empuje de los zulúes, que ignoraban la civilizada costumbre de tomar prisioneros, rajaban a los caídos para que volaran sus espíritus y los mutilaban a fin de usar los trozos como talismanes. Vamos, para salir corriendo. Se produjo un terrorífico cuerpo a cuerpo: bayonetas y revólveres contra lanzas y mazas. El ejército acampado tuvo más de 1.300 muertos, incluida la práctica totalidad de las tropas regulares británicas (581 soldados y 21 de sus oficiales). En total perecieron 52 oficiales blancos; se salvaron solo cinco, todos con chaquetas azules, lo que despistaba a los zulúes. Un sastre londinense sintetizaría el duelo imperial por Isandlwana: “Triste asunto, muy triste; hemos perdido varios buenos clientes allí”.

    Los atacantes tuvieron un millar y medio de muertos aunque muchos más murieron luego a causa de las heridas. “Una lanza ha golpeado el vientre de la nación”, se exclamaría el rey zulú Cetshwayo, un tipo realista, y por tanto muy pesimista, al conocer las pérdidas.
    El final de la batalla fue un desesperado sauve qui peut con los miserables restos del ejército tratando de llegar individualmente al río Buffalo que marcaba la frontera con Natal mientras los zulúes los cazaban como a conejos. En 2009 aún se hallaron los restos de un soldado, el sargento M. C. Keane, al que se reconoció por un botón del uniforme que lo identificaba como oficinista del Estado Mayor; de poco le sirvió el enchufe. El campo de batalla quedó sembrado de cadáveres desfigurados –a los oficiales Pope y Godwin-Austen se les identificó por los monóculos– y de algunas cosas que los zulúes no se llevaron porque no sabían qué hacer con ellas, como las palas de cricket.

  2. #2
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    Predeterminado Re: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    muchas gracias por la nota, hoy se la contare a mi niño para que sepa que en otras partes del mundo también les hicieron morder el polvo a los piratas coloniales.

  3. #3
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    Predeterminado Re: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    Y si no se duerme le podés leer esta:


    EL DESASTRE BRITÁNICO DE GANDAMASH

    Las instrucciones del general británico William Elphinstone eran claras: "Si cualquier cosa ocurriese, por Dios Santo despejen rápidamente el paso de Kabul-Jalalabad para que pueda escapar".

    El comandante de la guarnición de Kabul había liderado exitosamente la invasión inglesa a Afganistán, cumpliendo con la estrategia de la Corona de crear un "colchón" que amortiguara el avance de Rusia hacia el océano Índico. "La gloriosa victoria acobardará a toda Asia y hará todo más fácil para nosotros", escribió en 1839 el Secretario de Exteriores del Imperio Británico, Lord Palmerstone.


    Sin embargo, aquel invierno de 1841 las cosas se veían bastante feas para los 16 mil soldados ingleses instalados en Afganistán. Violentas revueltas populares sacudían las calles de Kabul.

    Cuando el oficial Sir Alexander Burnes fue linchado y cortado en pedazos por una muchedumbre enfurecida, el general Elphinstone tomó una decisión trágica: evacuar Kabul y cruzar la cordillera Hindu Kush -que se ubica sobre los 7.000 metros- y volver a la tranquilidad de la India británica: Fue el inicio del peor desastre militar en los anales de la historia británica.

    Historias de sangre y conquistas


    Desde tiempos ancestrales, la región que hoy conforma Afganistán ha estado en la mira de conquistadores, comerciantes y grandes imperios. La cordillera Hindu Kush era la única puerta de entrada que Occidente y el Medio Oriente tenían hacia los ricos valles de India y China.

    Tierra de criadores de cabras y ovejas, Afganistán nunca conoció un período prolongado de prosperidad. Tal vez los tiempos de mayor bonanza para las tribus afganas -emparentadas con los persas- se remontan a la Edad Media, cuando cobraban peajes o asaltaban a los comerciantes que transitaban la llamada Ruta de la Seda.

    Por estar en el centro de Asia, el país también ha tenido la mala suerte de quedar en el camino de imperios en expansión. En el siglo VII, los musulmanes árabes invadieron el país. Su gran pero único legado fue la religión, ya que el progreso urbano que llevaron consigo quedó en nada cuando, en el siglo XIII, Genghis Khan arrasó con todas las ciudades afganas rumbo a sus conquistas europeas. Tres siglos más tarde, los mongoles volvieron a invadir y devastar el país.

    El primero en unificar a las tribus y etnias del país fue Ahmad Durrani, quien en 1747 se coronó rey de Afganistán y para consolidar su poder invade reiteradas veces a la India, lo que sirvió para enriquecer las arcas de la naciente monarquía afgana.

    Pero el reino de Afganistán nunca fue unido, y las distintas tribus combatían ferozmente entre sí. Cuando el general inglés Elphinstone cruzó el Hindu Kush para apoderarse de Kabul, el rey Dost Muhammed Khan no controlaba más que la capital y sus alrededores. Por ello, Afganistán pareció ser una presa fácil para los británicos.

    Fue precisamente esa ocupación la que sacó a relucir varios de los pocos rasgos que las tribus afganas comparten: odio al invasor extranjero, unirse para derrotar y expulsarlo, y emplear tácticas guerrilleras para conseguirlo.

    La batalla de Gandamak fue la destrucción por tropas afganas comandadas por Akbar Khan, hijo del derrocado emir Dost Mohammed Khan (o Dost Muhammad Khan), de una fuerza anglo-india de la Compañía Británica de las Indias Orientales (Honourable East India Company o HEIC) al mando del mayor general William Elphinstone en enero de 1842.

    Después de que las tropas británicas capturaron Kabul en 1839 un levantamiento de afganos obligó a la guarnición a salir de la ciudad. La HEIC organizó un ejército de 4.500 soldados y 12.000 trabajadores y seguidores civiles e iniciaron la retirada el 6 de enero hacia la ciudad de Jalalabad donde había una guarnición británica importante, a 140 km de distancia. Pero fueron acosados duramente su marcha hasta su aniquilamiento cerca de Gandamak el 13 de enero.3

    Aparte de unas decenas de prisioneros, incluyendo a Elphinstone, solo un asistente de cirujano, William Brydon, sobrevivió a la retirada y llegó a Jalalabad


    La Rebelión Afgana:

    El 2 de noviembre de 1841, Akbar Khan proclamó una revuelta general y los ciudadanos de Kabul siguieron su ejemplo. Elphinstone y McNaghten fueron tomados por sorpresa. La Compañía de las Indias Orientales tenía solo 4.500 tropas en Kabul y sus alrededores, de los cuales 690 eran europeos. Los afganos irrumpieron en la casa de Sir Alexander Burnes, uno de los altos funcionarios políticos británicos, y le asesinaron con todo su personal. Elphinstone no tomó ninguna medida en respuesta al incidente, lo que alentó aún más la revuelta. La situación británica pronto se deterioró cuando los afganos irrumpieron en la mal defendida fortaleza donde se guardaban los suministros dentro de Kabul el 9 de noviembre. Las tropas británicas se retiraron a una fortaleza a más de dos kilómetros de la ciudad donde no podrían permanecer el invierno que se avecinaba.

    El 23 de noviembre, los afganos ocuparon una colina con vista al campo militar y empezaron a bombardear el campamento con dos piezas de artillería. Los británicos enviaron hombres a acabar con la artillería pero al salir del campamento general fueron atacados sin piedad por tiradores afganos armados con jezailes capaces de dar a objetivos a largas distancias, teniendo que retirarse dejando 300 heridos a su suerte. Con la baja moral de sus hombres Elphinstone pidio refuerzos al mayor general William Nott en Kandahar pero este al encontrar los pasos bloqueados por la nieve regresó.

    McNaghten se dio cuenta de su situación desesperada y trató de negociar una retirada libre para las tropas y los 12.000 civiles británicos e indios que todavía habían en Kabul. Los negociadores afganos invitaron a tomar el té a McNaghten y el 23 de diciembre al producirse el encuentro los británicos fueron emboscados y masacrados, el cuerpo de McNaghten fue arrastrado por las calles de Kabul, Elphinstone vio así su autoridad muy dañada, para horror de sus oficiales éste terminó por firmar la capitulación el 1 de enero de 1842 entregando sus reservas de pólvora, sus mosquetes más recientes y la mayoría de sus cañones. Sin embargo, se les prometió un refugio seguro a las tropas y los civiles, entre ellos niños, mujeres y ancianos, que comenzaron a salir el 6 de enero de la ciudad. Se planeaba retirarse a Jalalabad por 140 km de montañas cubiertas de nieve.

    En ese momento las tropas británicas consistían de el regimiento 44º de infantería, los regimientos regulares 5º, 37º y 54º de Infantería Nativa de Bengala (BNI), un regimiento de Levy Shah Shujah (una fuerza subsidiada por un aliado de los británicos en la India),B la caballería irregular de Anderson, el 5º de Caballería Ligera de Bengala y 4 cañones de los artilleros de Bengala. En total 700 británicos y 3.800 indios junto a los 12 mil civiles.

    LA MASACRE BRITÁNICA

    Los heridos fueron dejados atrás porque Akbar Khan garantizó su seguridad, pero en cuanto los últimos soldados se alejaron fueron masacrados. El primer paso peligroso para las tropas de Elphinstone fue el paso Khord-Kabul, a 24 km de Kabul. En lugar de apresurarse y asegurar el paso, Elphinstone ordenó un descanso después de cubrir sólo 9,7 km.

    Cualquier esfuerzo por mantener la organización militar en el retiro no se realizó. Era tan lento el avance que eran las dos de la mañana antes cuando la última unidad alcanzó el lugar de descanso. Esto dio a los afganos la oportunidad de preparar una emboscada.

    Cuando los británicos continuaron su lenta marcha hasta el paso se les disparó desde todos los lados por ghilzais armados con los fusiles capturados a los británicos y sus jezails tradicionales.

    Por la tarde del 9 de enero, alrededor de 3.000 personas de la columna de Elphinstone habían muerto debido a la acción del enemigo, el tiempo de congelación, o incluso el suicidio.

    La columna solo avanzó otros 16 kilómetros cuando algunos cientos de soldados desertaron e intentaron volver a Kabul pero todos fueron masacrados.

    Elphinstone dejó de dar ordenes e iba silenciosamente sentado en su caballo. Sus hombres se hallaban constantemente marchando por el fondo de desfiladeros estrechos a 20 grados bajo cero mientras que desde las montañas eran constantemente hostigados por los afganos (armados con armas de fuego, espadas, cuchillos, flechas o piedras lanzadas desde arriba) sobre todo en la retaguardia. En la tarde del 11 de enero las mujeres inglesas aceptaron ser tomadas prisioneras prometiendo que podrían pedir rescate por ellas, mientras que los sirvientes indios y las esposas de los cipayos fueron masacrados por no valer ningún rescate.

    El mismo día Akbar Khan convenció a Elphinstone y su segundo al mando, el brigadier Shelton, de convertirse también en rehenes. Fue un acto degradante único en la historia militar británica, que oficiales de alto rango se entregaran a salvar sus vidas, mientras que sus soldados tuvieron que luchar y afrontar una muerte casi segura. Elphinstone murió el 23 de abril como un cautivo.

    El día siguiente las tropas restantes, ahora dirigidas por el general de brigada John Thomas Anquetil, llegaron a la cresta de Jugdulluk, sólo para descubrir que bloqueada por guerreros afganos.

    Solo unos pocos soldados del 44º regimiento lograron pasar el bloqueo, el resto fueron asesinados, llegando los cerca de cuarenta sobrevivientes al pueblo de Gandamak donde fueron emboscados y rodeados. Se les ofreció la rendición pero los británicos se negaron a seguir creyendo en los afganos y decidieron resistir. Todos murieron, excepto el capitán James Souter, el sargento Fair y siete soldados que fueron hechos prisioneros.

    En cuanto a una docena de jinetes que también escaparon fueron cazados hasta que solo quedó uno vivo, William Brydon, aunque posteriormente se informó que algunos cipayos lograron también escapar, Brydon llego a Jalalabad herido en la cabeza por una espada cuyo golpe fue amortiguado por que en su sombrero llevaba un pequeño libro, un pastor afgano le dio refugio durante la batalla y le cedió su caballo que también fue herido y terminó por caer muerto en cuanto pasó la puerta de la ciudad.

    Se dice que se le preguntó a su llegada lo que pasó con el ejército, y Brydon respondió "Yo soy el ejército". Brydon más tarde publicó un libro de memorias de la marcha.
    Última edición por BND; 24/08/2015 a las 22:20

  4. #4
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    Predeterminado Re: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    Muy buenas historias la de los Zulus ya la conocia pero fue bueno poder refrescar la memoria la de los afganos no la conocia tan a fondo.
    Slds.
    San Martin: "Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados"
    "Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas."
    Por algo siempre San Martin tendra mi respeto y el sentirme orgulloso de este gran hombre.
    General S. Patton: “El objetivo de la guerra no es morir por tu país. Sino asegurarse de que el otro bastardo muera por el suyo”
    V de Vendetta: "El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo".

  5. #5
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    Predeterminado Re: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    No olvidemos esta!

    Batalla de Singapur


    El Teniente General Arthur Percival y sus oficiales momentos antes de rendir sus tropas en Singapur a los japoneses.

    La batalla de Singapur tuvo lugar en el teatro del Sudeste Asiático de la Segunda Guerra Mundial cuando el Imperio de Japón invadió la fortaleza británica de Singapur. Los enfrentamientos en Singapur duraron del 7 al 15 de febrero de 1942.

    Esta causó la caída de Singapur —la principal base militar británica en el Sudeste de Asia— ante los japoneses y fue la rendición más grande de los militares británicos de la historia. Aproximadamente 80 000 tropas australianas, británicas y del Imperio Indio fueron capturadas, uniéndose a 50 000 soldados más tomados por los japoneses en la campaña de Malasia.

    Los chinos, que eran la población predominante en Singapur, habían proporcionado por mucho tiempo apoyo material a China con su guerra con Japón. Este fue una de los motivos para la invasión japonesa de Singapur, y de las posteriores atrocidades infligidas por la ocupación japonesa a los chinos.

    Antecedentes

    Japón invadió Malasia porque, como otras naciones en Sudeste Asiático, ésta tenía recursos naturales valiosos que podrían ser empleados con su guerra con los Aliados. Singapur, que está al sur de la península de Malaca, está comunicada con Malasia por la carretera de Johor-Singapur. Los japoneses lo vieron como un puerto estratégico que podría ser usado como base para el lanzamiento de otras ofensivas contra otros intereses Aliados en el área, para así consolidar su control sobre las colonias británicas capturadas.

    Mi ataque en Singapur fue un engaño - un engaño que funcionó. Tenía 30,000 hombres y era superado por mas de tres a uno. Sabía que si tenía que pelear por un largo período por Singapur, pudía haber sido derrotado. Es por eso que la rendición debía ser rápida. Estuve temeroso todo el tiempo de que los británicos pudieran descubrir nuestra debilidad numérica y nuestra falta de suministros y me forzaran a entrar en una desastrosa pelea callejera.
    Tomoyuki YamashitaShores 1992, p. 383.
    Los japoneses también procuraron eliminar las fuentes de ayuda caritativa y de filantropía que los chinos de Singapur brindaba a China en la Segunda Guerra Sino-Japonesa. Los chinos étnicos Han en Malasia y Singapur habían ayudado por medios financieros y económicos a la resistencia china contra los japoneses, aunque luego la ayuda fue dividida entre los lados contrarios de la Guerra Civil China, contemporánea a la guerra con Japón. Aunque, oficialmente, el incidente de Xi'an había unido a ambos bandos, el partido del Kuomintang y el Partido Comunista de China contra los japoneses, los enfrentamientos entre ellos eran todavía corrientes. La ayuda había recolectado fondos y comida para aliviar las penurias de la población civil china, así como para el apoyo de las fuerzas militares del Kuomintang y/o el Partido Comunista de China. Tal ayuda había contribuido algo a detener el avance japonés en China. Tan Kah Kee era un filántropo prominente dentro de la comunidad china de Singapur, y era un donante financiero principal con muchas ayudas organizadas en su nombre. La ayuda a China de la población de Singapur en sus variadas formas fue en parte de la motivación de Japón Imperial para atacar Singapur por Malaya.

    Preparaciones

    El comandante Aliado, el Teniente General Arthur Percival tenía a 85.000 soldados, en cuatro divisiones. Había aproximadamente 70.000 tropas de primera línea en 38 batallones de infantería - 17 indios, 13 británicos, 6 australianos, dos malayos - y tres batallones de ametralladoras. La 18ª División de Infantería británica, recién llegada bajo el mando del General Mayor Merton Beckwith-Smith, estaba completa, pero carecía de experiencia y formación; la mayor parte de las otras unidades no contaban con suficientes efectivos a consecuencia de la campaña del continente. Los batallones locales tampoco poseían experiencia y en algunos casos ninguna formación en combate.

    Percival encomendó a las dos brigadas del Mayor General Gordon Bennett, de la 8ª División australiana, la responsabilidad del sector occidental de la isla, incluyendo los puntos de invasión principales al noroeste de la misma. Este era un pantano de manglar rodeado por la selva, interrumpida por ríos y arroyos. A la 22ª Brigada se tuvo que hacer cargo de la defensa de un amplio sector de 16 kilómetros de ancho en el oeste, y la 27ª Brigada tuvo la responsabilidad de una zona de 3,650 metros de ancho en el norte. Las posiciones de infantería fueron reforzadas por el 2/4º Regimiento de Ametralladoras australiano, recientemente llegado. También bajo la orden de Bennett estaba la 44ª Brigada de Infantería india.

    El teniente general del III Cuerpo indio (Sir Lewis Heath), la 11º División de Infantería india, (bajo el Mayor General B. W. Key), la 18º División británica y la 15º Brigada de Infantería india fueron destinadas al sector norte. La Fortaleza de Singapur, incluso las áreas urbanas principales en el sudeste, fue controlada por el General Frank Keith Simmons, quien controló aproximadamente 18 batallones, incluyendo la 1a Brigada de Infantería malaya, la Brigada de Fuerza de Voluntarios de Establecimientos de Estrechos y 12º Brigada de Infantería india.

    Gracias a las elevadas tierras, el reconocimiento aéreo, los exploradores, los infiltrados como el Sultán del palacio de Johore, el comandante japonés, el General Tomoyuki Yamashita y su personal obtuvieron todas las posiciones Aliadas. A partir del 3 de febrero, los Aliados fueron descascarados por la artillería japonesa. Un refuerzo aéreo fue proporcionado por elementos de varios escuadrones de luchador Aliados - ascendiendo a principios de febrero a aproximadamente 48 Hurricane Falcon y aproximadamente 10 Brewster Buffalo - con base en Palembang, Sumatra. Esta fuerza a veces funcionaba bien, pero fue superada en número por los Zero japoneses que le infligieron pérdidas severas, tanto en el aire como en la tierra en febrero. Los ataques aéreos japoneses en Singapur se intensificaron a lo largo de los cinco días siguientes. El aire y el bombardeo de artillería se intensificaron. Este con severidad interrumpió comunicaciones entre unidades Aliadas y sus comandantes y afectó preparaciones para la defensa de la isla.

    Las famosas armas costeras de alto calibre de Singapur - que incluían una batería de tres armas de 15 pulgadas y un con dos armas de 15 pulgadas - fueron suministradas de pocos proyectiles explosivos convencionales (EA) y sobre todo de proyectiles antiblindaje. Los proyectiles de AP fueron diseñadas para penetrar los cascos de buques de guerra y eran ineficaces contra la infantería japonesa que venía por tierra. Aunque colocadas para defender contra barcos enemigos en los estrechos, la mayor parte de las armas podrían girar hacia el norte y fueron utilizadas contra los invasores. Incluso si a estas baterías antiaéreas se le hubieran proporcionado de suficientes municiones EA, los analistas militares estimaron que mientras los atacantes japoneses habrían sufrido grandes bajas, no habrían detenido la invasión.

    Yamashita tenía sólo a más de 30,000 hombres, de tres divisiones: la División de Guardias Imperiales bajo el teniente general Takuma Nishimura, la 5º División, bajo el teniente general Takuro Matsui y la 18º División, bajo el teniente general Renya Mutaguchi. Las unidades de Guardias Imperiales de la elite incluyeron una brigada de tanques ligeros.

    Los desembarcos japoneses

    La destrucción de la carretera elevada había retrasado el ataque japonés durante más de una semana. En 8.30pm el 8 de febrero, los artilleros de máquina australianos abrieron fuego sobre los buques que llevaban una primera ronda de 4,000 tropas de las 5º y 18º Divisiones hacia la isla de Singapur. Los japoneses asaltaron la Playa Sarimbun, en el sector controlado por la 22º Brigada australiana, bajo el General de brigada Harold Taylor.

    Los enfrentamientos feroces duraron todo el día pero finalmente los números japoneses crecientes - así como su superioridad en artillería, aviones e inteligencia militar - comenzaron a tener efecto. En el noroeste de la isla, ellos explotaron huecos en la escasamente extensión de las líneas Aliadas, como ríos y calas. Antes de la medianoche, las dos brigadas australianas habían perdido comunicaciones la una con la otra y la 22º Brigada fue obligada a retirarse. A las 1 am, las tropas japonesas adicionales fueron desembarcadas en el noroeste de la isla y las últimas reservas australianas se retiraron. Hacia el alba el 9 de febrero, los elementos de la 22º Brigada fueron invadidos o rodeados, y el 2/18º Batallón de Infantería australiano había perdido a más de la mitad de su personal.

    Combate aéreo

    El 8 de febrero también vio un gran número de combates aéreos que ocurrieron sobre la Playa Sarimbun y otras áreas occidentales de la isla. En el primer encuentro, diez Hurricane fueron enviados del Campo de aviación Kallang para interceptar una formación japonesa de aproximadamente 84 aviones, volando de Johore para proporcionar la tapa de aire para su fuerza de invasión. En dos vuelos de combate, los Hurricane derribaron seis aviones japoneses por la pérdida de uno de sus propios - ellos volaron de vuelta a Kallang a mitad de la batalla, apresuradamente para reponerse de combustible, y luego de devueltos al combate

    Los combates aéreos continuaron sobre la isla el resto del día y antes del anochecer los escuadrones Aliados habían sufrido las pérdidas principales, y Kallang, fue intensamente bombardeado por avión y artillería, ya no podía ser usado como una base aérea. Los Hurricane restantes y Buffaloes fueron retirados a Palembang, Sumatra. Ningún avión aliado fue visto otra vez sobre Singapur, y los japoneses ahora tenían el control completo de los cielos.

    El segundo día Percival mantuvo una creencia que los aterrizajes adicionales ocurrirían en el nordeste y no reforzaron a la 22º Brigada. Durante el 9 de febrero, aterrizajes japoneses fueron cambiados al sudoeste, donde encontraron la 44º Brigada india. Se obligó que unidades aliadas que se retiraran al este. Bennett decidió formar una línea defensiva secundaria.

    La 27º Brigada australiana del general de brigada Duncan Maxwell, al norte, no afrontó asaltos japoneses hasta que los Guardias Imperiales desembarcaron a las 10 pm el 9 de febrero. Esta operación fue desastrosa para los japoneses, que sufrieron bajas severas por los morteros australianos y ametralladoras, y la quema del petróleo que había sido regado en el agua. Un pequeño número de Guardias alcanzó la orilla y mantuvo a una cabeza de playa tenue.

    El orden y los problemas de control causaron grietas en la defensa Aliada. Maxwell era consciente que la 22º Brigada estaba bajo una presión creciente, pero era incapaz de ponerse en contacto con Taylor y tuvo cuidado con el envolvimiento. A pesar del éxito de su brigada - y en contravención de órdenes de Bennett - Maxwell ordenó que se retirara de Kranji en el norte central. Los Aliados así perdieron el control de Kranji-Jurong crucial para la defensa, traspasando el lado occidental de la isla, así como las playas que lindan con la Carretera elevada.

    La caída de Singapur

    Antes de la mañana del Año Nuevo Chino, el 15 de febrero, los japoneses se habían abierto camino a través de la última línea de la defensa y los Aliados comenzaron a escasear de comida y algunas clases de municiones. Los cañones antiaéreos también se habían quedado sin municiones y eran incapaces de repeler los ataques aéreos japoneses que amenazaban causando bajas en el centro de la ciudad. Después de reunirse con sus comandantes de unidad, Percival se puso en contacto con los japoneses y formalmente rindió las fuerzas Aliadas a Yamashita en la fábrica de la Ford Motor, poco después de las 5:15 pm. Bennett, junto con algunos de sus oficiales del estado mayor, causó una controversia cuando él dio la orden a la 8º División a un general de brigada y requisó una barca. Finalmente hicieron su camino de vuelta a Australia.

    La ocupación japonesa de Singapur había comenzado. La ciudad fue renombrada Syonan-to (japonés: 昭南島 Shōnan-tō, literal Luz-de-la-Isla del Sur). Los japoneses buscaron venganza contra los chinos y eliminaron a cualquiera que sostuviese el sentimiento antijaponés. A causa de la Segunda Guerra Sino-japonesa, las autoridades imperiales recelaron de los chinos. Muchos fueron muertos en la masacre de Sook Ching. Las otras razas de Singapur, como lo malayos y los indios no se salvaron. Los residentes sufrirían grandes privaciones conforme a la regla japonesa durante los tres años y medio siguientes.

    Muchos de los soldados británicos y australianos hechos prisioneros permanecieron en Singapur, en la Prisión de Changi. Otros fueron transportados en los conocidos "Barcos del Infierno" a otras partes de Asia, incluso Japón, ser utilizados como mano de obra para trabajo forzados tales como el proyecto del Ferrocarril de Siam-Birmania y el campo de aviación Sandakan en el norte de Borneo. Muchos de aquellos prsioneros a bordo de los barcos fallecieron.

    Los japoneses estuvieron muy acertados en el reclutamiento de los soldados del Imperio Indio tomados prisioneros. De un total de aproximadamente 40,000 soldados indios en Singapur en febrero de 1942, aproximadamente 30,000 se aliaron al Ejército Nacional Indio pro japonés, que luchó contra fuerzas Aliadas en la Campaña de Birmania. Los otros se hicieron guardias de campo de prisioneros de guerra en Changi. Sin embargo, el resto del personal de Ejército indio resistió al reclutamiento y permaneció en campos de prisioneros. Un número desconocido fue llevado a áreas ocupadas por los japoneses en el Océano Pacífico del Sur para trabajos forzados. Muchos de estos hombres sufrieron privaciones severas y brutalidad, lo mismo experimentaron los otros prisioneros en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Aproximadamente 6,000 de ellos sobrevivieron hasta que fueron liberados por fuerzas australianas o estadounidenses, en 1943-45.

    Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Singapur

    Saludos.
    Guille.
    Última edición por Super 6-4; 25/08/2015 a las 00:00
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    "Para que triunfe el mal, solo es necesario que los buenos no hagan nada..."

  6. #6
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    Predeterminado Re: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    Me pregunto que tienen que ver estos tema con "Aviación Argentina"...creo que nos estamos desvirtuando -aunque sea interesante-. Saludos

  7. #7
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    Predeterminado Re: El día que la lanza zulú venció al rifle del imperio británico

    Cita Iniciado por STUKA Ver mensaje
    Me pregunto que tienen que ver estos tema con "Aviación Argentina"...creo que nos estamos desvirtuando -aunque sea interesante-. Saludos

    Bueno, pero, está dentro del rubro: Historia de Conflictos Mundiales. Así que no es un OT y está permitido.
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