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Tema: Desmontando el ‘Mein Kampf’

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    Predeterminado Desmontando el ‘Mein Kampf’

    Desmontando el ‘Mein Kampf’ (sin silenciarlo)


    Portada de la nueva edición crítica de 'Mein Kampf'

    Una edición crítica a cargo de historiadores alemanes y una novela recuperan el libro de Hitler al expirar sus derechos. Para rebatir cada una de sus mentiras y mensajes de odio.

    EL PAÍS / Cultura - RICARDO DE QUEROL / LUIS DONCEL 14 DIC 2015 - 19:48 CET
    Nadie que hubiera leído con detenimiento Mein Kampf, de Adolf Hitler, tras su publicación (el primer volumen en 1925, el segundo en 1928) podía sorprenderse de todo lo que vino después: ahí estaba, negro sobre blanco, su propósito genocida, su apuesta por un expansionismo militar, su obsesión por la pureza racial, su deseo de apartar primero y exterminar después a judíos y discapacitados, su desprecio a la democracia, el humanismo o el pacifismo. La idea central es explícita: el fuerte tiene la obligación de aplastar al débil.

    Todo eso estaba ahí escrito y, sin embargo, fueron muchos los que no vieron venir la tiranía, la guerra o el Holocausto. Por ejemplo, The New York Times publicó en 1933 una crítica nada desfavorable del libro de este “hombre extraordinario”, que “hace mucho por Alemania”, patriota, unificador del país y defensor del derecho a la propiedad, según escribía James W. Gerard, exembajador en Alemania, quien solo se desmarcaba del Führer por su feroz antisemitismo. Algunos años después, en 1940, estuvo más fino George Orwell en New En*glish Weekly al reseñar una nueva edición en inglés. Hitler, avisaba Orwell, estaba anunciando “un horrible imperio descerebrado” que se extendería de forma violenta hasta Afganistán. El luego autor de 1984 se preguntaba perplejo cómo el jefe nazi había sido capaz de imponer a sus compatriotas “esa visión monstruosa”.

    Quitando su evidente valor como documento histórico, Mein Kampf hoy resulta un plomizo y reiterativo ensayo repleto de argumentos pseudocientíficos o pseudohistóricos que no resisten un análisis serio. Que solo convencerá al predispuesto a convencerse. A punto de cumplirse el plazo de 70 años para que expiren los derechos de autor, hasta ahora en manos del Estado de Baviera, un grupo de historiadores publicará el próximo enero una edición crítica con más de 3.500 notas que desmenuzan y contextualizan las tesis del libro del que hasta 1945 se imprimieron más de 12 millones de ejemplares.

    Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition —del que por ahora no hay planes de ser traducido al español— ofrece “información objetiva, explica los conceptos ideológicos, revela las fuentes materiales y contrasta las valoraciones o medias verdades de Hitler con los hechos históricos”, explica Magnus Brechtken, subdirector del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich-Berlín, que ha impulsado la obra. Coincidiendo con esta ambiciosa publicación, muchos se preguntan estos días si el libro-fetiche de la ideología que destruyó gran parte de Europa da aún miedo. Disponible a pocos clics para cualquier internauta, el mensaje de odio de Hitler es jaleado en páginas web, incluidas algunas yihadistas, y goza de una chocante popularidad en países como India.

    Pero en Alemania el halo de peligro de Mein Kampf parece haberse evaporado. Un reciente informe de los servicios secretos señalaba que en los últimos 20 años el interés de los ultras por las tesis hitlerianas ha disminuido. Los neonazis, señalaban las autoridades alemanas, encuentran en estas páginas pocos elementos con los que identificarse, exceptuando algunas ideas clave como el antisemitismo. Y los populismos de derechas que crecen con fuerza en media Europa se esfuerzan por distanciarse del nacionalsocialismo y apuntan a la inmigración musulmana como el enemigo, en lugar de a los judíos. “La obra de Hitler triunfó porque ofrecía respuestas fáciles a los problemas de principios del siglo XX. Pero esas respuestas no funcionan para el mundo actual”, resume Marc Buggeln, historiador de la Universidad Humboldt especializado en el nacionalsocialismo.

    En contra de una creencia muy extendida, Mein Kampf no estaba prohibido hasta ahora en Alemania, como es el caso de otros símbolos nazis. Simplemente, el Estado de Baviera, poseedor de los derechos, se negaba a editarlo de nuevo. Pero el libro podía encontrarse sin demasiadas dificultades en ediciones antiguas o en la Red. Por eso, los historiadores consultados coinciden en que la estrategia de silenciarlo no tiene sentido. Antony Beevor, autor de libros de referencia sobre la Segunda Guerra Mundial, es uno de ellos. “El intento de ocultarlo, ya sea a través del tabú social o de la legislación, solo sirve para aumentar el atractivo de lo prohibido. Los neonazis o los yihadistas podrán citarlo, pero esa es una razón de más para disponer de ejemplares que demuestren la deshonestidad intelectual y falsedades que impregnan cada página”, señala.

    Christian Hartmann, jefe del equipo de investigación responsable de la nueva edición, define a Hitler como el perfecto demagogo que mezcla mentiras, medias verdades y hechos reales. Y precisamente contra esta confusión se dirige su proyecto. Las notas que acompañan al texto original no solo matizan o desmienten las tesis de Mi lucha, también sirven para ridiculizar al autor en sus encendidos momentos de exaltación patriótica. Un ejemplo es la narración de los días iniciales de la Primera Guerra Mundial. “Entonces comenzó lo que para mí, como supongo que para cualquier alemán, fue el más grande e inolvidable momento de mi vida terrenal. (…) Con orgullosa melancolía pienso ahora en esos días de los que ahora se conmemora el décimo aniversario; en esas semanas en las que comenzó la batalla heroica de nuestro pueblo que me permitió participar en el noble destino de nuestra patria”, escribía Hitler en 1924 con afectada intensidad.

    Pero las notas que acompañan este pasaje restan heroísmo y añaden un involuntario toque cómico. Los investigadores de Múnich recogen los recuerdos de Rudolf Hess sobre la gestación de estas páginas. “Oigo su voz en la habitación de al lado. Parece que está en pleno proceso de revivir sus experiencias de la guerra, imitando los ruidos de granadas y de ametralladoras, salta de forma salvaje en medio de la habitación, arrastrado por su fantasía”, escribe el hombre que más tarde sería el número dos en la jerarquía nazi. A los pocos días, Hess retomaría el episodio al contar que Hitler le leyó en voz alta el relato de su bautismo de fuego en la Gran Guerra preso de la emoción sin contener las lágrimas.

    La nueva edición sirve también para saber hasta qué punto Hitler idealizó sus andanzas. Así, el hombre que dos décadas más tarde destruiría gran parte de Europa explicaba su salida de Austria en mayo de 1913 exclusivamente por motivos políticos. “No quería luchar por el Estado de los Habsburgo, pero sí estaba preparado para morir en cualquier momento por mi pueblo y por el imperio que lo encarnaba”, escribe enfático. Los historiadores explican que su traslado a Múnich se debió principalmente a motivos económicos; y que un año más tarde, un examen en Salzburgo lo declaró no apto para las armas.

    La llegada a las librerías del ideario nazi no es el único síntoma de que, 70 años después del suicidio del tirano, Alemania ha normalizado su relación con Hitler, objeto incluso del humor. Hace dos meses, medio Berlín apareció empapelado con carteles en los que se reconocía su inconfundible flequillo y bigotito. “Ha vuelto”, alertaban los anuncios. En realidad, se trataba de la campaña de promoción de una comedia que imagina qué pasaría si Hitler apareciera en la Alemania actual. En cinco semanas, más de dos millones de espectadores han visto esta película basada en la novela homónima que también batió récords de ventas. “Me parece muy bien que se puedan hacer bromas sobre él, porque, además de un asesino en masa, también era una figura ridícula. Las generaciones anteriores no podían reírse de él, pero ahora es posible, en parte, porque ha perdido su halo de peligro”, asegura Buggeln.

    El del Instituto de Historia Contemporánea no es el único trabajo que trata de poner contexto a Mein Kampf. El historiador y periodista Sven Feliz Kellerhoff publica Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX un ensayo en el que aborda cómo Hitler falsificó su propia biografía y se profundiza en la procedencia de su ideario. Una de las conclusiones de libro, lanzado en septiembre en Alemania y que Crítica publica en español este próximo enero, es que Hitler se enriqueció gracias a la difusión masiva del libro cuando los nazis se instalaron en el poder. Kellerhoff critica que el Estado de Baviera haya obstaculizado hasta ahora el conocimiento y el debate entre los expertos sobre esta obra que califica de "espantosa".

    Otro acercamiento interesante a Mein Kampf recién llegado a las librerías tiene forma de novela. Su lucha, del argentino Patricio Lenard, es un ficticio diario de Rudolf Hess que este habría escrito mientras Hitler le dictaba el primer volumen en la cárcel militar de Landsberg, donde ambos cumplían pena por el intento de golpe de Estado o Putsch. Es una excusa para el making of, para narrar cómo se ideó el libro en una prisión donde los cabecillas nazis recibían un trato privilegiado. También para contextualizar sus capítulos principales, que se reproducen en parte. “Es un periodo del que no hay demasiada información. La forma de diario me obligó a investigar qué ocurrió en aquellos meses de 1924. Fue útil para mí obrar como historiador en mi rol de novelista”, explica Lenard, para quien esta es la primera incursión en el terreno de la ficción.

    Su lucha tiene como gran atractivo una profusión de detalles sobre la personalidad, costumbres y manías del que luego fue dictador alemán. Un puritano que se niega a fumar, beber alcohol o comer carne, lo que Lenard relaciona con la muerte de su padre de un derrame cerebral sobre su vaso de vino matutino. “El complicado trasfondo familiar de Hitler, con un padre alcohólico y maltratador, queda fuera de Mein Kampf, como tantas otras cosas que se contradecían con la imagen que él pretendía dar”. Esos elementos sí se recogen en el supuesto diario de Hess, quien “anota las confidencias de su líder escrupulosamente”. El otro pilar de la novela es ese foco puesto en Hess, un personaje desconcertante que sentía devoción por Hitler y fue su escribiente; que en 1941 protagonizó un rocambolesco viaje a Escocia para negociar un acuerdo sin conseguirlo; que en 1987 fue el último jefe del Reich en morir en prisión. “De los jerarcas nazis, Hess fue el más enigmático de todos. Desde un punto de vista literario, funciona como el comparsa que provee la distancia mínima necesaria para abordar un personaje inabarcable como Hitler”, explica el autor.

    Pero, entonces, ¿sigue siendo peligroso Mein Kampf? “Es una fuente histórica”, responde Magnus Brechtken. “Contiene visiones ideológicas de los años veinte que reflejan un discurso de ese tiempo, especialmente en racismo, antisemitismo y militarismo en la política exterior. Está escrito en un estilo que suena extraño a los lectores de hoy. El racismo y el antisemitismo no han desaparecido desde entonces. Pero tienen que ser combatidos al margen de que los racistas y antisemitas lean este texto histórico”.

    Para Lenard, “con el paso del tiempo, el panfleto de Hitler ha pasado a ser un documento histórico más que un vehículo de propaganda y, mal que nos pese, uno de los libros más importantes del siglo XX. Que los neonazis y los negacionistas de la Shoah no se dediquen a la glorificación de los crímenes de los nazis, sino a su minimización o banalización, habla a las claras de que nadie podría hoy planificar el advenimiento de un Cuarto Reich inspirándose en sus páginas. La necesidad de releerlo no solo debería servir para empezar a levantar un tabú que no ha hecho más que acrecentar la leyenda negra que pesa sobre el libro, sino para generar anticuerpos frente al peligro de la extrema derecha y el fascismo, hoy cada vez más presente”.

    En el epílogo de La zona de interés (Anagrama), su novela sobre el Holocausto, el británico Martin Amis se pregunta si es posible meterse en la mente de Hitler. Y encuentra la respuesta en La tregua, del superviviente de los campos Primo Levi, para quien resulta un “alivio” sentirse incapaz de entender al líder nazi. “Quizás sea deseable que sus palabras (y también, por desdicha, sus actos) no sean susceptibles de comprensión por nuestra parte”.

    Costará entender al personaje, pero se podía entender lo que iba a traer. La escritora Alice Hamilton lo vio claro en 1933, cuando escribió en su reseña para Atlantic Monthly que el líder nazi “no es un enigma: no hay ningún misterio sobre él”, ya que no disimula su “brutalidad naif”. Porque el autor del Mein Kampf, concluía, “no está pensando en persuadir: está proclamando principios que deben ser aceptados porque hay fuerza, fuerza física, detrás de ellos”.

    PD: Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition. Christian Hartmann, Thomas Vordermayer, Othmar Plöckinger y Roman Töppel. Instituts für Zeitgeschichte München-Berlin. Múnich, enero de 2016. Cerca de 2.000 páginas. 59 euros.

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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    ALEMANIA
    La reedición de 'Mein Kampf'
    La biblia nazi se reedita 70 años después
    Vuelve 'Mein Kampf', obra germen del nacionalsocialismo alemán.


    'Mein Kampf' se reedita en Múnich 70 años después de la muerte de Hitler


    Carmen Valero
    Berlín
    @carmenvalero20

    Actualizado 11/12/201501:12

    Ya hay fecha, lugar y hora para el lanzamiento de la primera reedición de 'Mein Kampf' [Mi Lucha], de Adolf Hitler, que verá la luz en Alemania desde 1945. Será el 8 de enero a las 11:00 en Múnich, ocho días después de que el estado federado de Baviera, al cumplirse 70 años de la muerte del dictador, libere los derechos de autor que los Aliados le entregaron en custodia tras la Segunda Guerra Mundial, una vez clausurada la editorial del partido nazi, Franz Eher, con sede en la ciudad donde Hitler tenía fijada su residencia.

    La reaparición de Mein Kampf en las librerías del país donde germinó y se propagó una ideología que llevó la muerte a millones de personas crea desasosiego y no sólo a algunos sectores de la comunidad judía, sino también a quienes observan con preocupación el resurgir de la ultraderecha, si bien el único partido político de corte neonazi que existe en el país, el NPD, es residual y apenas logró un 1% de votos en las últimas elecciones parlamentarias.

    "Parte de los ingresos por ventas deberían destinarse a la ayuda de los refugiados. Así, los neonazis que lo compren, al menos indirectamente, podrán hacer algo bueno", sugiere lacónico Karl-Georg Wellmann, de la Unión Cristianodemócrata (CDU).

    El objetivo de la primera reedición legal de Mein Kampf no es baladí y tampoco está dirigido a lectores fascinados por el nacionalsocialismo. Esta edición pretende acabar con el mito que rodea la obra de Hitler rompiendo el tabú y demostrando que la llamada "biblia del nacionalsocialismo" es un panfleto de 800 páginas impregnadas odio, racismo, violencia, patrañas y medias verdades. La obra, en dos tomos, como en el original, llevará por título Mein Kampf: Eine Kritische Edition. Autor y editor: Instituto de Historia Contemporánea de Múnich (IfZ).

    "Teníamos una responsabilidad nacional como alemanes y una obligación como historiadores que no podíamos obviar, de ahí esta edición crítica de Mein Kampf, un trabajo de investigación de tres años resumido en más de 3.700 anotaciones que contextualizan y desmontan las mentiras y la demagogia nociva que Hitler encadena, página a página, en esa mezcla de memorias, ideario político y furia antisemita", declaró a este diario el director del IfZ, Andreas Wirsching.

    Charlotte Knobloch, 83 años, testigo en 1938 de los asesinatos y persecución de judíos en Múnich, no lo ve así. La presidenta del centro cultural judío en esa ciudad cree que "Mein Kampfes una incitación deleznable al odio y la base del Holocausto. El texto original no merece reconocimiento ni discusión". El presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Josef Schuster, va más allá y pide mantener la prohibición del libro y que las autoridades procedan con todas las consecuencias contra la difusión y venta.

    También el estado de Baviera, que en inicialmente contribuyó al proyecto con 500.000 euros, se ha distanciado del mismo, una "decisión política" que el IfZ no comenta y que tiene sus orígenes en la visita que el primer ministro bávaro, Horst Seehoffer hizo a Israel.

    El equipo dirigido por Christian Hartmann, experto en historia militar con 20 años de experiencia en la investigación del nacionalsocialismo, ha contado, sin embargo, con el apoyo de historiadores judíos que también consideraban que la mejor forma de acabar con el mitoMein Kampf era "no dejarlo vagar" por el mundo tal cual se escribió. Entre esos historiadores y documentalistas judíos hubo miembros del centro Yad Vashem para la memoria del Holocausto en Israel.

    "Entendemos que es un tema es sensible, que esto es Alemania, el país donde empezó todo, y que aún hay supervivientes del Holocausto. Aún así, Mein Kampf necesitaba una lectura científica crítica y no ahora que queda libre de fueros, sino desde hace muchos años", sostuvo Wirsching.

    Fue absurdo que Baviera no dejara hacerlo. Los derechos sólo eran aplicables a la edición y difusión de Mein Kampf y no a su compra o descarga en internet, lectura, tenencia o adquisición de ediciones antiguas y por las que llegan a pagarse en anticuarios hasta 800 euros.

    "Mein Kampf se edita en numerosos países y en Alemania siempre estuvo al alcance de la mano, puede incluso que muchos abuelos lo guarden en casa, pues se llegaron a imprimir 12 millones de ejemplares. Todo el mundo tenía el libro. Se regalaba hasta en cumpleaños y bodas", relató Wirsching.

    Fue un best seller traducido a 18 idiomas que proporcionó importantes sumas de dinero al partido y a Hitler, pero tan farragoso y mal escrito que Mein Kampf se ha convertido en el libro no leído más famoso del mundo. "Hay que hacer esfuerzos para pasar de las primeras 20 páginas", sostiene Hertmann y aventura que la edición del IfZ tampoco será más leída, pues, pese a la expectación generada, su interés es académico y científico. Hasta el momento sólo hay 300 encargos de una edición de 3.500 ejemplares. El precio de los dos tomos será 59 euros y los ingresos revertirán en el IfZ para paliar los gastos de edición.

    No se prevé una segunda edición, ninguna en formato e-book, no hay acuerdos con editoriales extranjeras y tampoco habrá ediciones especiales para colegios. Apenas hay párrafos sin comentarios, de ahí que esta edición crítica tenga 2.000 páginas, según Harrmann, "la obra de un fracasado".

    http://http://www.elmundo.es/interna...d1f8b45d9.html
    Y ahora solo un camino he de caminar, cualquier camino que tenga corazon.
    Atravezando todo su largo sin aliento dejando atraz mil razones en el tiempo.
    Morir queriendo ser libre, encontrar mi lado salvaje, ponerle alas a mi destino,romper los dientes de este engranaje.

  3. #3
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    En Argentina está prohibido, pero igual se consiguen algunas versiones que los propios libreros no las tienen en los estantes.

    Es un libro, no muerde, no se que daño puede hacer. Además no es una recopilación, ES UNA FUENTE, que es justamente lo que necesitan quienes deseen investigar el nacional socialismo alemán de primera mano.

    Yo lo leí el libro, me pareció muy bueno, se entienden muchas cosas del pensamiento particular de Hitler y llama a investigar a otros autores del nacional socialismo, incluso a ver la dicotomía entre Derecho alemán y Derecho romano. OJO, siempre hay que tener una lectura crítica, en muchos aspectos va directo al fango cuando habla, en bastantes, pero tiene partes muy interesantes. Además es de lectura llevadera, no es denso ni utiliza términos extraños o complicados.

    Saludos,

  4. #4
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    Lean "Derrota Mundial" de Salvador Borrego y escuchen la "otra" campana previa a la 2º Guerra:

    http://vho.org/aaargh/fran/livres9/BORREGOdermund.pdf

  5. #5
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    Cita Iniciado por speka Ver mensaje
    En Argentina está prohibido, pero igual se consiguen algunas versiones que los propios libreros no las tienen en los estantes.

    Es un libro, no muerde, no se que daño puede hacer. Además no es una recopilación, ES UNA FUENTE, que es justamente lo que necesitan quienes deseen investigar el nacional socialismo alemán de primera mano.

    Yo lo leí el libro, me pareció muy bueno, se entienden muchas cosas del pensamiento particular de Hitler y llama a investigar a otros autores del nacional socialismo, incluso a ver la dicotomía entre Derecho alemán y Derecho romano. OJO, siempre hay que tener una lectura crítica, en muchos aspectos va directo al fango cuando habla, en bastantes, pero tiene partes muy interesantes. Además es de lectura llevadera, no es denso ni utiliza términos extraños o complicados.

    Saludos,
    tal cual, yo me lo baje digital para leerlo con la tablet (aunque le he visto alguna que otra vez en la vidriera de alguna librería)... justamente para comprender mas como pensaba y por que hizo lo que hizo, y coincido totalmente con usted.

  6. #6
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    Si acá no lo vi nunca en una vidriera pero una amiga lo consiguió impreso nuevo.

  7. #7
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    Durante años se vendia en las librerias, de la Costa, me canse de verlo en Mar del tuyu , Santa Teresita y Gesell, no parecia prohibido, hablo de hace unos 8 o 10 años.
    Saludos.-

  8. #8
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    ¿Hay libros prohibidos en américa del sur? Y pensaba que no existían. ¿El caso de Argentina es seguro?

    ***************

    Sobre los europeos y sus libros, pues muy mal que lso prohiban. Ahora el mein Kampf se les scapa y dciden sacar una versión con explicaciones. Sea. Pero yo recomiendo a los alemanes leer el libro primero, y luego las explicaciones, no todo junto.

  9. #9
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    Igual queda aclarado en la primera nota, que no es la reedición del libro de Hitler, sino de un nuevo libro con una visión profunda y crítica del Mein Kampf, un trabajo que según los autores les llevó 3 años de investigación…
    En este libro se critican y dejan al descubierto las mentiras y la demagogia “disfrazadas de verdades” que Hitler intentó crear como un ideario ideológico, una especie de Biblia, para un futuro pueblo alemán “puro” y alejado de toda la “contaminación” del mundo.
    Porque aún hoy y a 70 años, de aquellos sucesos, no se entiende muy bien, como ya no solo gente poco preparada y con necesidades básicas destruidas por la miseria y ruina a que fue sometida la Alemania en los años 20 y principios del 30, sino gente altamente capacitada, con formación intelectual altísima, profesores, científicos y hasta parte de la Iglesia cristiana, cayó en tal confusión y lavado de cerebros… porque fueron millones de personas que adoraron a este siniestro personaje y sus ideas sobre un mundo ideal y puro…

  10. #10
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    Predeterminado Re: Desmontando el ‘Mein Kampf’

    A raiz de la publicación de este libro el diario “EL PAÍS” publica:

    Adolf Hitler en 15 ideas perversas

    El País - Ricardo de Querol
    Alemania rompe uno de sus tabúes y vuelve a editarMein Kampf. El libro que escribió Adolf Hitler, del que durante el nazismo se imprimieron 12 millones de ejemplares, reaparece en una edición crítica con más de 3.500 comentarios a cargo de expertos del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich-Berlín, que pretenden poner de manifiesto las mentiras y manipulaciones del líder nazi. El Mein Kampf original se publicó en dos volúmenes en 1925 y 1928. En sus 700 páginas en alemán (las ediciones en español no ocupan más de 400) se incluye una autobiografía de Hitler, un análisis de la situación de Alemania tras la Primera Guerra Mundial y una detallada -a menudo tediosa- exposición del ideario nazi. El hombre que destruyó Europa trata en el libro de dar un barniz histórico o científico a sus mensajes de odio. Esos son 15 puntos esenciales de esta obra:

    La conspiración judía.
    El judaísmo, según afirma Adolf Hitler en Mein Kampf, no es una religión sino un intento de imponer una “dictadura mundial” a través del marxismo y del capitalismo, que ve como una misma cosa. El judaísmo “azuza al obrero contra el burgués” para destruir la economía y que sobre sus ruinas “triunfe la Bolsa”. Cita como prueba el Protocolo de los Sabios de Sion, una burda falsificación aparecida en Rusia a principios de siglo. “Si los judíos fueran los habitantes exclusivos del mundo, no solo morirían ahogados en suciedad y porquería sino que intentarían exterminarse mutuamente, teniendo en cuenta su indiscutible falta de espíritu de sacrificio, reflejado en su cobardía”. Añade que no serían capaces de gestionar un territorio. “Su inteligencia nunca construirá ninguna cosa”.

    La raza.
    “Es un deber para con lo más  sagrado velar por la pureza racial”, proclama. Confunde raza y especie al explicar que en la naturaleza “todo animal se apareja con un congénere: la abeja con la abeja, el pinzón con el pinzón...”. Y en su obsesión por la superioridad aria llega a decir: “Seguramente la primera etapa de la cultura humana se basó menos en el empleo del animal que en los servicios prestados por hombres de raza inferior”. A los negros los llama “medio-monos”, “hotentotes” y “cafres”. Darles educación es una pérdida de recursos en “un adiestramiento como el del perro”. Francia, “presa de la bastardizacion negroide”, es una “amenaza para la raza blanca”. Los hijos mestizos son “monstruos, mitad hombre, mitad mono”. Alerta: “Millares de nuestros conciudadanos se hallan ciegos ante el envenenamiento de nuestra raza, sistemáticamente practicado por el judío”. Y se plantea crear comunidades de “elite racial”, colonias con los individuos de sangre mas pura y mejor capacidad. “Será el más preciado tesoro de la nación”, dice.

    Primera Guerra Mundial.
    Hitler dedica muchas páginas a explicar que el Ejército alemán no fue derrotado en el frente sino por la “puñalada en la espalda” de la revolución “judía-bolchevique” de noviembre de 1918 en Alemania (“el más miserable y vil acto de la Historia alemana, la más baja traición a la Patria”). Para el historiador Antony Beevor, es una falsedad manifiesta: la derrota alemana se precipitó tras la batalla de Amiens (el 8 de agosto) y la Ofensiva de los Cien Días. Al narrar su participación en la guerra, Hitler da a entender que combatía en primera línea, cuando sirvió de correo.

    Expansión territorial.
    Hitler cree prioritario expandir el suelo alemán hacia el Este. “Solo un territorio suficientemente amplio puede garantizar a un pueblo la libertad y su vida”. La idea de una conquista económica, en vez de militar, le parece “ridícula”. Ignora deliberadamente el potencial de mejora de la productividad agraria, como subrayó el historiador Timothy Snyder, para justificar las invasiones de otros países. Dice el Mein Kampf: “La política exterior del Estado racista tiene que asegurarle a la raza que constituye ese Estado los medios de subsistencia sobre este planeta, estableciendo una relación natural, vital y sana entre la densidad y el aumento de la población por un lado, y la extensión y la calidad del suelo en que se habita por otro”. Como escribe Martin Amis, es “un anacronismo ridículo” cuya argumentación es “preindustrial”. Y plantearse la ganancia territorial a costa de Rusia era una insensatez desde el punto de vista geográfico y demográfico.

    Alianzas.
    Dos descartes y una preferencia: “El enemigo mortal inexorable del pueblo alemán es y será siempre Francia”. “Rusia no puede ser aliado. No puede haber dos potencias continentales en Europa”. “Solo nos queda un entendimiento posible y ese es con Inglaterra”. Hitler imagina un pacto que permita a Alemania expandirse en el Continente dejando a los británicos el dominio marítimo y colonial (que aparentemente no le interesan). Años después, Rudolf Hess, trascriptor del libro, viajó a Reino Unido buscando un acuerdo antes de la invasión de Rusia. Fracasó y fue detenido.

    Ciudadanía.
    Hitler plantea clasificar a los habitantes en ciudadanos, súbditos y extranjeros. Por nacer en Alemania solo se es súbdito. Para obtener la carta de ciudadanía —”el título más valioso de su vida terrenal”— se exigiría pureza racial y cumplir el servicio militar; las mujeres accederían con el matrimonio o en función del “ejercicio autorizado de una profesión”.

    Discapacidad.
    Lamenta el coste de la asistencia a enfermos o discapacitados, a quienes ve como un peligro para la raza. Considera un deber del Estado evitar “un oprobio único: engendrar estando enfermo o siendo defectuoso”. Así que apuesta por la esterilización forzosa. “Sólo una prohibición, durante seis siglos, de procreación de los degenerados físicos y mentales no sólo liberaría a la Humanidad de esa inmensa desgracia sino que produciría una situación de higiene y de salubridad que hoy parece casi imposible”.

    Educación.
    En su empeño por mejorar la raza aria, Hitler quiere aumentar a un mínimo dos horas diarias la educación física de los escolares. Quiere además promover el boxeo: “No existe deporte alguno que fomente como éste el espíritu de ataque y la facultad de rápida decisión”. Y las demás materias, salvo el adoctrinamiento ideológico, le interesan poco. Apuesta textualmente por “sintetizar la enseñanza intelectual reduciéndola a lo esencial”.

    Cultura.
    Detesta las tendencias artísticas de principios de siglo: cubismo, dadaísmo y futurismo. “Es un deber de las autoridades prohibir que el pueblo caiga bajo la influencia de tales locuras. Un tan deplorable estado de cosas debería un día recibir un golpe fatal, decisivo”. Así que fija como objetivo perseguir “todas las tendencias artísticas y literarias pertenecientes a un género capaz de contribuir a la disgregación de nuestra vida como nación”.

    Sexualidad.
    Alarmado por la sífilis, y para evitar el “oprobio” de la prostitución, Hitler apuesta por facilitar las bodas a edad temprana. De esta forma, los jóvenes dejarían de acudir a burdeles. “Nos referimos sobre todo a los hombres, pues en esos asuntos la mujer es siempre pasiva”.

    Religión.
    Hitler hace abundantes menciones a Dios, a menudo como “el creador”, “la divinidad” o “la “providencia”. Y dice que “solo los locos o los crimínales podrían atreverse a demoler la existencia de la religión”. Apuesta por un “cristianismo positivo” del que no da detalles. Promete libertad para practicar las religiones mientras no perjudiquen los intereses nacionales, por supuesto no para el “materialismo judío”. Algunos historiadores, como Alan Bullock, sostienen que Hitler expresó más adelante su desprecio por los valores del cristianismo, una religión “apta para esclavos”, pero al escribir el Mein Kampf se cuida mucho de no ofender a los católicos ni a los protestantes.

    Darwin.
    Hitler no cita a este científico por su nombre pero utiliza las ideas de evolución y de selección natural para dar un barniz científico a sus teorías racistas. Beevor cree que Hitler está más influido por Herbert Spencer y el llamado darwinismo social cuando escribe que “el exterminio del más débil representa la vida del más fuerte” o que "las leyes eternas de la vida en este mundo son y serán siempre una lucha a muerte por la misma vida".

    Marx.
    Hitler admite que ha leído a fondo El capital de Karl Marx: “Llegué a penetrar el contenido de la obra del judío Karl Marx. Su libro El capital empezó a hacérseme comprensible y, asimismo, la lucha de la socialdemocracia contra la economía nacional, lucha que no persigue otro objetivo que preparar el terreno para la hegemonía del capitalismo internacional”. Y concluye: “Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que con visión de profeta descubriera en el fango de una Humanidad paulatinamente envilecida, los gérmenes del veneno social, agrupándolos, cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada, para poder destruir así, con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe. Y todo esto sólo al servicio de su propia raza”. Eso sí, considera al pensador socialista un ejemplo de uso de la propaganda: “Lo que al marxismo le dio el asombroso poder sobre las muchedumbres no fue de ningún modo la obra escrita, de carácter judío, sino más bien la enorme avalancha de propaganda oratoria que en el transcurso de los años se apoderó de las masas”. Una conclusión chocante: “El mundo burgués es ‘marxístico”.

    Democracia.
    Rechaza el parlamentarismo, que hace del Gobierno “mendigo de la mayoría ocasional”. En ese régimen “la responsabilidad prácticamente deja de existir”. “Es insensato imaginar que, con los recursos de la democracia liberal, es posible resistir a la conquista judaica del mundo”.

    Genocidio.
    Uno de los 25 puntos del programa nazi: “Exigimos la persecución despiadada de aquellos cuyas actividades sean perjudiciales para el interés común”. Otro objetivo explícito en el libro: “que el Estado aniquile tanto al judío como su obra”. Y apunta cómo hacerlo: “Si en el comienzo y durante la guerra se hubiera sometido a la prueba de los gases asfixiantes a unos 12.000 o 15.000 de esos judíos (…), no se habría cumplido el sacrificio de millones de nuestros compatriotas en las líneas del frente”.
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