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    Corresponsal Avatar de cordobes
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    Predeterminado El ejército argentino en la guerra del paraguay

    EJÉRCITO ARGENTINO EN LA GUERRA DEL PARAGUAY (parte I)

    Este post está dedicado a la memoria de todos los argentinos que ofrendaron su vida en esta trágica guerra que asoló a cuatro países hermanos. El paso del tiempo ha enterrado esas duras épocas y dio paso a la integración y el desarrollo en armonía de estos cuatro países, que de hecho, conviven en una gran alianza económica como el Mercosur.
    Pese a que estos tristes hechos pertenecen a la historia pasada del Siglo XIX y aún habiendo transcurrido casi 150 años de aquella guerra –la más sangrienta y larga que azotó a Sudamérica- aún existen controversias históricas que encienden apasionadas discusiones.

    No está en mi ánimo volver a discutir sobre los motivos que llevaron a la discordia en estas tierras, pero si el rendir homenaje a aquellos sufridos argentinos (los combatientes y el resto de la población del país) que debieron soportar por cinco largos años diversos pesares ocasionados por aquellos sangrientos acontecimientos.
    La población de nuestro país sufrió no solo la sangre y la locura en los campos de batalla, sino penurias económicas, sanitarias y morales en esos años, sin distinción de partidos, ni de provincias, más allá de los culpables directos o indirectos de la guerra, o si eran o no afines a las personas que ejercían el poder.

    En los últimos años pude observar como por resultado de enfrentamientos ideológicos actuales, o de revisionismos históricos muy superficiales, queda como un capítulo totalmente vergonzoso la participación argentina en dicha contienda, que más allá de su certeza, no puede de ninguna manera empañar el sacrificio patriótico de miles de argentinos. No se puede perder de vista el patriotismo fuera de toda discusión de nuestros compatriotas como así también de los paraguayos, brasileños y uruguayos, mas allá de las causas de la guerra…. Existen realmente las guerras justas ?

    El enfrentamiento de la actual administración con el diario fundado por Bartolomé Mitre (La Nación), por más razón que se pueda llegar a tener o la controversia histórica de dicho personaje, no puede dar lugar a un homenaje de un Presidente (Mariscal Francisco Solano López) que ordena la invasión del territorio nacional. Recordemos que hace unos años la Presidente Cristina Kirchner bautizó en un acto oficial a una unidad de artillería de nuestro Ejército con el nombre de Francisco Solano López, en la Prov. de Entre Ríos.
    Para mi punto de vista, un insulto a los argentinos llamados por el Estado en ese momento a defender a la Patria y a los miles que murieron en la contienda.
    Se imaginan que a unos años algún “revisionista” histórico rinda homenaje a Margaret Thatcher, por oposición ideológica-histórica al Gobierno militar responsable de dicha aventura ??
    O visto hace un tiempo en el ciclo (muy visto) de televisión “Algo habrán hecho”, donde se abordó muy superficialmente este escabroso tema diciendo que Paraguay era un país floreciente y muy rico (relativamente cierto), y que una “alianza maligna” digitada por Gran Bretaña, embarco a los otros tres países en una guerra de destrucción de la “potencia” en ciernes….(también relativamente cierto, entre otras decenas de causas ignoradas en el informe) o que los argentinos fueron llevados encadenados a la guerra (generalización injusta y peligrosa, cierta en el caso puntual de dos contingentes de presidiarios que fueron llevados al matadero…)…

    En fin, propongo el rescate histórico del patriotismo (bueno, malo, abundante o escaso) que hubo en esa lejana guerra y la VERDAD. No a los mitos repetidos por todo el mundo como loros…..

    SITUACIÓN EN 1865

    La República Argentina salía en 1865, de otra más de sus sangrientas contiendas civiles. Desde el enfrentamiento en Pavón, en 1861, se sucedieron sangrientas expediciones a las provincias de parte del Ejército de Buenos Aires, enfrentando a las fuerzas ya debilitadas de la Confederación Argentina. El Gral. Urquiza, después de aquella derrota, se retiró a su provincia y abandonó, de hecho, la dirección del Ejército Confederado. Así Mitre, encomendó estas expediciones con el objeto de someter a las provincias rebeldes, prosiguiendo con la unificación del país.
    Por cierto que fueron campañas desiguales, sangrientas y a veces, teñido de sucesos arteros.
    Para fines de 1863, la paz había vuelto, las armas habían callado, pero no sería por mucho tiempo.


    Gral. Justo José de Urquiza

    El Gobierno argentino, había decidido, una vez acabada la guerra civil, ayudar a sus aliados (liberales) del Uruguay que se encontraban emigrados en Argentina y que de hecho habían participado en la contienda civil que acababa de finalizar. También el Imperio de Brasil, que quería aumentar su influencia en el Río de la Plata, apoyó decididamente a la insurrección de los liberales uruguayos del Gral. Venancio Flores, prestando apoyo de tropas y naves de guerra, contra la autoridades constituídas del Uruguay.

    Para 1864, la campaña militar brasileña en Uruguay había decidido prácticamente la contienda civil a favor de las huestes del Gral. Flores.

    El Gobierno de Paraguay, Presidido por el Mariscal Francisco Solano López, sucediendo a su padre Don Carlos Antonio López, fallecido poco tiempo antes, también estaba deseoso de acrecentar su influencia en las cuestiones de la política rioplatense, apostando al equilibrio del poder regional, para contrapesar al creciente Imperio brasileño, maquinando alianzas con el gobierno de la Confederación Argentina, del Gral. Urquiza, y con el Gobierno “blanco” uruguayo del Presidente Berro.

    Es así como el gobierno paraguayo ofrece la mediación en la sangrienta guerra civil argentina, y posteriormente (en 1864) acude en auxilio del gobierno uruguayo, en su lucha contra los brasileños y los “colorados” de Flores, precipitando el estado de guerra total ya que para llegar al Uruguay, el Mariscal López había pedido autorización a Mitre para atravesar el territorio argentino, lo cual fue denegado naturalmente, por ser Mitre aliado al partido “colorado” de Flores.
    Los paraguayos invadieron primeramente la provincia brasileña del Matto Grosso a fines de 1864, mientras que a principios de 1865, es atacada la Provincia de Corrientes, ocupando toda la ribera del Río Uruguay, del lado argentino y la ciudad de Uruguayana en Brasil.


    Gral. Bartolomé Mitre

    También es cierto que detrás de esto, la astuta diplomacia británica, tejía también sus redes, alentando al intervencionismo brasileño, a sabiendas de que Paraguay iba a intervenir en la cuestión, desatando una guerra que ellos deseaban, con el fin de penetrar y/ o someter al Paraguay, que era el único estado rioplatense que había puesto en pie una incipiente industria textil y de fundiciones, con lo cual no era un mercado abierto a los productos británicos.
    Todos estos actores nunca imaginaron, que estaban construyendo la hoguera más espantosa de la historia sudamericana.


    Portada del Museo de la Guerra de la Triple Alianza. Las figuras corresponden a los Jefes de Estado de los cuatro países beligerantes

    EL EJÉRCITO ARGENTINO EN 1865

    Apaciguado el territorio nacional desde 1863, el Ejército Argentino, nuevamente pasaba a sus asientos de paz, es decir a guarniciones de las unidades de línea, en algunas ciudades principales y mayormente sobre las fronteras contra el indio. Cabe acotar que el sistema militar argentino constaba de un pequeño ejército regular del cual estamos hablando y, en caso de conflicto armado, este se veía reforzado por las milicias provinciales o Guardias Nacionales, como se los empezó a denominar después de 1852.

    Los efectivos regulares de este Ejército eran en ese entonces, aproximadamente unos 6500 hombres dispersos a lo largo y a lo ancho del país. Constaba de los batallones de Infantería de línea, los denominados regimientos de Caballería y una sola unidad del arma de Artillería.
    Los efectivos eran muy variables según la zona de asiento de c/ u de las unidades y por lo general, todas estaban pobremente equipadas ya sea de armamentos y de vestuarios, miserias que se acentuaban en la sanidad y la alimentación, producto de partidas presupuestarias miserables o a veces, inexistentes.

    El Ejército se estructuraba, dependiente del Ministerio de Guerra, situado obviamente en Buenos Aires, con una Comandancia General. Esta a su vez tenía otras seis Comandancias en Jefe :
    - Frontera Norte (Rojas, Prov. Buenos Aires)
    - Frontera Oeste (9 de Julio, Prov. Buenos Aires)
    - Frontera Sur (Tapalqué, Prov. Buenos Aires)
    - Frontera Costa Sur (Tres Arroyos, Prov. de Buenos Aires)
    - Frontera Norte de Santa Fé (Cayastacito, Prov. de Santa Fé)
    - Frontera San Luis-Mendoza (ciudad de Mendoza)

    De menor rango, existían Comandancias militares sueltas en : isla Martín García, Bahía Blanca, Fuerte Patagones, San Nicolás, Frontera Norte de Salta y Frontera de Santiago del Estero sobre el Chaco.

    Unos 3000 hombres formaban las unidades de Infantería :
    - 1° de Infantería en 9 de Julio.
    - 2° de Infantería en Buenos Aires.
    - 3° de Infantería en Tapalqué.
    - 4° de Infantería en Junín.
    - 5° de Infantería en La Rioja.
    - 6° de Infantería en Diamante (Mendoza).
    - Legión Militar en Buenos Aires.
    - Legión de Voluntarios en Tapalqué.
    - Once compañías sueltas distribuídas a lo largo de toda la línea de fortines en el Desierto y sobre el Chaco.

    La Caballería tenía unos 2850 efectivos, aproximadamente :
    - 1° de Caballería en Diamante (Mendoza).
    - 2° de Caballería en Las Tunas (Córdoba).
    - 3° de Caballería en Junín.
    - 4° de Caballería en Villa Mercedes.
    - 5° de Caballería en 9 de Julio.
    - 6° de Caballería en Cayastacito (Santa Fé)
    - 7° de Caballería en San Bernardo-Río Cuarto.
    - 8° de Caballería en Morteros.
    - Dragones de Buenos Aires en Tres Arroyos.
    - Compañías y escuadrones sueltos en la línea de fortines en el Desierto y sobre el Chaco.

    Los efectivos de la Artillería eran casi de 600 hombres :
    - Regimiento de Artillería Ligera en Buenos Aires.
    - Cinco compañías sueltas; una en la isla Martín García y cuatro en la línea de fortines en el Desierto.

    El Ejército de aquel tiempo, carecía de unidades de Apoyo al combate tales como Ingenieros o zapadores, Sanidad militar, Comunicaciones o Abastecimientos. Estas unidades se formaban “ad hoc” cuando algún Jefe las implementaba en algún conflicto, debido a su imperiosa necesidad, si se quería hacer una campaña exitosa.


    Pintura del Sr. Cándido López. Retrato de tropas argentinas desembarcando en el campamento aliado de Curuzú a fines de 1866.

    COMPOSICIÓN DE LAS TROPAS Y LA OFICIALIDAD

    La gran mayoría de los oficiales o militares de carrera del Ejército de aquel tiempo (recordemos que no existía un Colegio o Academia militar) estaban formados en la escuela de la práctica del servicio, en cualquiera de los cuerpos o armas o bien, eran provenientes de las milicias provinciales (llamadas ahora Guardias Nacionales).
    La gran mayoría, si no todos, ya estaban fogueados en las anteriores guerras civiles argentinas ya sea en el Ejército de la Confederación Argentina o en el Ejército de Buenos Aires. Otros habían prestado servicios o lo estaban haciendo, en los fortines de la frontera, guerreando contra los indios.

    Al Paraguay fueron tropas y oficiales veteranos, que ya habían peleado en las sangrientas campañas al interior (1861/ 1863), Pavón (1861), Cepeda (1859), Caseros (1852) y hasta de las guerras del período rosista (1828/ 1852).
    Hay que decir que la mayoría de estos eran los que habían prestado servicios en el Ejército de Buenos Aires, al mando de Mitre, que habían triunfado en la última guerra civil, contra las tropas de las provincias. He aquí una de las causas al rechazo de las tropas reclutadas en las provincias, para marchar a una guerra impopular, bajo el mando de oficiales del ejército porteño. Aún estaban frescos los recuerdos de las campañas de Paunero, Arredondo, Rivas, Sandes, Flores y otros no menos sanguinarios, a lo largo y a lo ancho de la República.


    Pintura del Sr. Cándido López. Retrato de tropas argentinas en el campamento de Itapirú. Por el color de su uniforme serían tropas de la Guardia Nacional santafesina, que a comienzos de la guerra llevaban uniforme color cáñamo.

    En cuanto al grueso de las tropas del Ejército de línea, al igual que los oficiales, estaban extremadamente fogueados en las distintas guerras civiles anteriores y en la aspereza del servicio en las fronteras con el Indio.
    Debemos decir que su procedencia era, en su mayor parte, de la categoría de “vagos y mal entretenidos”, calificación dada por las autoridades civiles, a todos aquellos gauchos que no tenían ocupación fija o conocida en la sociedad, que vagaban en los pueblos de frontera, en las pulperías, o bien a aquellos que vivían del tráfico de ganados u otros productos mal habidos o también a todos aquellos que vivían fugitivos o fuera de la ley en la inmensidad de las pampas.
    También integraban las filas de las unidades de línea, aquellos individuos que habían cometido delitos menores en el ámbito civil, no tan graves o pesados para una condena en la cárcel, pero no tan leves como para permanecer en libertad. Claro que esto le pasaba a aquellos que no tenían medios económicos para pagar la fianza reclamada por el tribunal o Juez de paz correspondiente, es decir, a aquellos carentes de medios y por lo general, sin familia a cargo.

    Estas eran las “categorías” de personas más aptas, para terminar prestando servicios (forzosos) en las unidades del Ejército en los fortines o cuarteles. Eran los menos aquellos que ingresaban por simple amor al servicio subalterno de las armas, y nulos aquellos que elegían esta profesión buscando un medio de subsistencia, ya que era conocido, que la paga era malísima en tiempo y forma, cuando no atrasada o inexistente.
    En muchos casos, al “encontrar” en el fortín o en el Ejército un núcleo de “pertenencia” a la naciente sociabilidad argentina, o al ser el único lugar “civilizado” en el medio del desierto indio, muchas veces terminaban “enganchados” en el servicio militar, recurriendo a diferentes “sistemas no oficiales”, perpetuandose así en el Ejército hasta el fin de sus días.

    El soldado argentino de aquel tiempo, era en definitiva, un ciudadano pobre, sin ocupación u oficio fijo, la mayoría de ellos gauchos de las pampas, habituados a una vida áspera, sin medios de comodidad (ya sea en el ámbito civil, como en el militar), habituado a dirimir cuestiones a punta de cuchillo y acostumbrado a la guerra constante (ya sea contra el Indio o contra el gobierno). En contrapartida, conocía muy bien “su” suelo, y en todos los casos, eran jinetes diestros; características estas, que juntas, hicieron del arma de la caballería argentina una de las más eficaces de América del Sur y que tantas glorias dieron a las armas argentinas en jornadas célebres como Tucumán, Salta, Chacabuco, Maipú, San Lorenzo, Pasco, Ituzaingó o en la guerra gaucha……


    Bibliografía :

    - La Guerra del Paraguay (M.A. De Marco)
    - La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas (J.M. Rosa)
    - Maldita Guerra (F. Doratioto)

    autor : cordobés
    Aviación Argentina.net
    Última edición por cordobes; 03/07/2012 a las 12:18 Razón: corrección

  2. #2
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    150 años después, las potencias mundiales siguen metiendo pua para separar a sudamerica.
    Contra el hambre y la usurpación, fueron hombres con sentido común
    Murieron en la peor miseria, asesinados y desterrados

  3. #3
    Curioso
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    quisiera agregar un detalle del artista (Candido Lopez)-
    Lopez fue soldado y perdio una mano en la guerra- Una vez vuelto a su pago, y al no tener posibilidades de progreso economico alguno, Mitre le dió un lugar y un subsidio a cambio de que le hiciera unos cuadros que retrataran la guerra-

    Candido pintaba a los soldados "con vida" como hombres sin rostro...rostro que ponia al hombre cuando este moría en combate-
    Es como que le daba identidad cuando moria, el tipo recobraba su individualidad-

    No lo dice en ningun lado, pero creo que Candido tuvo su pequeña venganza a traves de sus pinturas; las masas de soldados sin identidad, sin rostro, que iban a hacer su faena, no representaban el pensamiento de cada cual.... y recobraban su identidad cuando se morian-

    Paraguay perdio el 50% de la poblacion masculina en esta guerra-

    Y por eso hoy, detesto a los ingleses y a los imbeciles que la hicieron (tanto Brasileños como Argentinos) y condenaron al pueblo paraguayo al ostracismo durante casi 100 años.

    Saludos
    Última edición por Curioso; 19/12/2011 a las 20:58

  4. #4
    Curioso
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    Ayer la predisente hizo mencion de la guerra del Paraguay contra Solano Lopez-

    Dijo algo asi: "cuando en Brasil andaban en tarlipes, y en Argentina también, Solano Lopez construía un pais civilizado, una potencia...blablabla-"

    Justo cuando dijo lo de Brasil, la enfocaron a Dilma- LA CARA DE DILMA!!!

    Despues la arreglo, pero no le gusto nada-

    Se vienen reivindicaciones?

    Saludos

  5. #5
    Corresponsal Avatar de cordobes
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    Hola Curioso. Como estás ?

    Justamente la finalidad de este tópico es rescatar a los combatientes, a los simples soldados, a las personas que fueron a esa guerra y sufrieron las penurias de la misma, cumpliendo órdenes o cumpliendo con el deber que en ese momento les imponía el Estado, más allá de que si estaban o no de acuerdo con ella. O si el político de turno les simpatizaba o no. Allá fueron a poner el cuerpo a las balas y muchísimos de ellos no volvieron a su patria.

    Intentaré también desmistificar ciertas leyendas o me conformo con debatirlas con los compañeros del foro.

    Sobre Cándido López, te comento, que no se si habrá simpatizado o no con Mitre, pero fue combatiente de la guerra. Se alistó en el Batallón "San Nicolás" de la Guardia Nacional de Buenos Aires. La gran mayoría de los combatientes argentinos pertenecientes a las unidades de Buenos Aires, era adicta a la política de Mitre.
    Muchos historiadores aseveran que, por lo menos en los primeros meses del Conflicto, la juventud de Buenos Aires (ciudad y Provincia), acudió con "entusiasmo patriótico" al llamado a la Guerra contra el Paraguay.

    Saludos

  6. #6
    Corresponsal Avatar de cordobes
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    Con respecto al Mariscal Francisco Solano López, parece que antes era el Diablo y ahora parece que es Dios.

    Como siempre, analizando la Historia en su contexto y en su tiempo, no es ni una cosa ni otra.

    Se equivoca la Presidente, no estábamos en tarlipes, ni en Argentina, ni en Brasil.
    Paraguay evolucionaba, si, bajo la dinastía de los López (primero el padre y luego el hijo), tenía una incipiente Industria y también ferrocarriles.
    (Nosotros también teníamos ferrocarriles, desde 1857; y también incipientes industrias primarias).
    Paraguay evolucionaba en paz, no sin dejar de inmiscuirse en asuntos argentinos tratando de conseguir sus obvios beneficios. Cuales ?

    Conseguir, por ejemplo, el debilitamiento de la Argentina de Rosas.
    Aquel Rosas que luchó contra el bloqueo británico-francés, y que en ese marco se produjo la Batalla de Vuelta del Obligado en 1845, todo un símbolo de la lucha por la defensa de la soberanía argentina.
    En aquellos momentos la Prov. de Corrientes gobernada por el Sr. Pedro Ferré, obrando de acuerdo con los unitarios argentinos en Montevideo (aliados con británicos y franceses), se rebela ante el Gobierno de Rosas. Recordemos que los ríos argentinos se hallaban bloqueados por las escuadras imperialistas y nuestra pequeña escuadra fue apresada por ellos y entregada a los uruguayos de Fructuoso Rivera (aliado a los unitarios y en guerra contra la Argentina).
    El Paraguay de Don Carlos Antonio López, ofrece al Gobernador Ferré un Ejército Auxiliar de 5.000 hombres comandado por su hijo, el joven Capitán Francisco S. López, que cruzan el Paraná y ocupan todo el norte correntino hasta La Candelaria (cerca de la actual Posadas). Operación que el mismo repetiría 20 años después con otras excusas.

    Respecto de Gran Bretaña es innegable que siempre estuvo detrás de la política rioplatense, obrando para conseguir beneficios mayores, a costa de estos países. Pero también, hay que decirlo, la falta de visión política y estratégica de los paraguayos, hizo que su modo de actuar resultara funcional a los intereses británicos en la zona.

    ¿ Que pensó el Mariscal López, al abrir simultáneamente dos frentes de guerra ?
    ¿ Pensó que el Paraguay, solo, podía derrotar a las dos naciones más grandes de América del Sur ?
    ¿ Pensó que Urquiza volvería a levantar a la Confederación ? No se había enterado que éste 4 años antes había ya pactado con Mitre en Pavón ?
    ¿ No sabía que los brasileños, siempre fueron aliados de Urquiza ?
    ¿ Cuando Argentina enfrentó a las potencias, por la cuestión de soberanía de los ríos interiores (de lo cual Paraguay saldría beneficiado) por que eligieron apoyar a los opositores a Rosas (que eran sus enemigos) ?
    ¿ Era un inocente o estaba loco ?

    Saludos

  7. #7
    Curioso
    Guest

    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    Los brasileños no eran aliados, eran los patrones de Urquiza- 100.000 patacones era el precio de Urquiza usualmente-
    Actualmente estoy leyendo La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, por JOsé Maria Rosa- 2008-

    Si queres podemos intercambiar detalles-

    Saludos

  8. #8
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    Cita Iniciado por Curioso Ver mensaje
    Los brasileños no eran aliados, eran los patrones de Urquiza- 100.000 patacones era el precio de Urquiza usualmente-
    Actualmente estoy leyendo La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, por JOsé Maria Rosa- 2008-

    Si queres podemos intercambiar detalles-

    Saludos
    ese es el mejor libro que lei!! ni tapas ya tenia pero que libro!!!
    Saludos
    Bicho
    "Confiar en que en cualquier momento podriamos contar con materiales de otra procedencia que no sea la propia, significa conspirar contra la seguridad de la Patria"

    General D Manuel N. Savio

    la verdad es que nunca es facil ganar una guerra... sabias palabras

  9. #9
    Corresponsal Avatar de cordobes
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    Predeterminado Respuesta: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    Muy buen libro. Hay que tener en cuenta que está escrito por un historiador de mucho prestigio, revisionista en su tiempo y con una mirada anti-mitrista del tema.

    Aún así, en la parte final, creo que condena veladamente la conducta del mandatario paraguayo cuando estaba todo perdido. Y en el episodio de Curupayty no deja de conmoverse por la sangre argentina vertida a raudales.

    Urquiza era aliado (comprado) por los brasileños desde 1852, 13 años antes de la guerra. No andaba bien informado el mandatario paraguayo.

    Un dato más. Lean sobre el "auxilio" paraguayo a la rebelión correntina contra Rosas.

    Saludos

  10. #10
    Corresponsal Avatar de cordobes
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    Predeterminado Re: El ejército argentino en la guerra del paraguay

    EL EJERCITO ARGENTINO EN LA GUERRA DEL PARAGUAY (parte II)

    LOS GUARDIAS NACIONALES

    Este Ejército “de línea” argentino, sería reforzado, por tropas provenientes de las diferentes provincias del país, las conocidas milicias provinciales (protagonistas auxiliares en todas nuestras guerras civiles), ahora conocidas como Guardia Nacional.
    Entraban en esta categoría todos los hombres comprendidos entre los 17 y 45 o 50 años, según fuesen casados o solteros. Se estimaba que el número en toda la República era de unos 185000 hombres aprox. .
    Por diferentes motivos (operacionales, económicos y políticos), solo llegarían a movilizarse unos 25000 guardias nacionales, pero sólo unos 15000 llegarían a prestar servicio efectivo en el frente de combate.
    Como no podía ser de otra manera, la Provincia que más Guardias Nacionales aportó a la guerra fue Buenos Aires. Eran las tropas que Mitre había comandado en la última guerra civil, de la cual había salido victorioso.
    Buenos Aires llegó a aportar dos divisiones completas de hombres que se sumaron al Ejército que marchaba a la guerra. Hay que decir que la mayoría de la juventud de Buenos Aires, acudió a la guerra con un “entusiasmo romántico” contra el “tirano paraguayo”. No hubo problemas para llenar las plantillas de los batallones que marcharían al frente y de aquí también salieron muchas plazas para engrosar las unidades del Ejército regular. La mayoría liberal, que gobernaba la opinión pública en Buenos Aires, iba convencida a vengar el honor nacional contra un tirano invasor.
    En el interior del país, aún frescos los recuerdos de las matanzas de los ejércitos comandados por los lugartenientes de Mitre (Rivas, Sandes, Paunero, Arredondo o Flores), la situación de las levas tanto para el Ejército Nacional, como para los batallones de Guardias Nacionales, sería muy complicado.
    En los círculos del Gobierno, en la Prensa oficialista y en gran parte de la opinión pública de la Capital, todos confiaban en la proclama del Gral. Bartolomé Mitre : “en 24 horas a los cuarteles, en 15 días en el frente, en 3 meses en Asunción”. La realidad se encargaría de demostrar lo errado del vaticinio del General argentino.

    Clic en la imagen para ver su versión completa. 

Nombre: Gral. Wenceslao Paunero.jpg 
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ID: 6939
    El Gral. Wenceslao Paunero. Comandó el I Cuerpo de Ejército Argentino en la guerra hasta 1867, cuando fue enviado a reprimir la rebelión en Cuyo contra el Gobierno del Gral. Mitre.

    EL APORTE DE BUENOS AIRES

    En la provincia de Buenos Aires, la noticia de la invasión de Corrientes y el consecuente estado de guerra con la República del Paraguay, caló hondo en los ánimos patrióticos de esta provincia. A diferencia de las otras Provincias argentinas, aquí no hubo demasiadas resistencias a la recluta general, para marchar a la guerra. Inclusive, se podría decir, que la juventud porteña y liberal, se prestó con entusiasmo guerrero, a vengar esta afrenta al territorio y al honor Nacional. No hubo mayores dificultades en la formación de los Batallones provinciales de la Guardia Nacional.
    Muchas de sus unidades eran veteranas de las campañas de las últimas guerras civiles, habiendo combatido en Cepeda y en Pavón.
    La Guardia Nacional de Buenos Aires aportó la 1° División de Infantería compuesta por el 1° Batallón del 1° Regimiento, el 1° Batallón del 3° Regimiento y los batallones 2° y 3° del 4° Regimiento. Su Comandante era el Gral. José M. Bustillos. La 2° División de Infantería al mando del Gral. Emilio Conesa, se componía de los “nuevos” batallones 2°, 3°, 4° y 5°, sacados de diferentes unidades de la Guardia Nacional de Buenos Aires, en el interior de la Provincia. Cada batallón iba al completo con las 500 plazas, con lo cual cada División alcanzaba los 2000 hombres.

    Había otra famosa unidad de la Guardia Nacional de Buenos Aires, con una foja de servicios gloriosa, que era orgullo de la localidad que le había dado vida. Se trataba del Batallón “San Nicolás”. Unidad veterana de las batallas de Cepeda y Pavón, que traía su enseña ennegrecida por las acciones de guerra en las que había intervenido, marchó representando a la localidad, con orgullo inflamado, uniformes y armas impecables, como toda unidad escogida, y como si fuera poco, contaba con la plantilla más numerosa de los batallones de la Guardia Nacional de Buenos Aires. Eran aprox. 600 hombres. Esta unidad fue incorporada al Primer Cuerpo de Ejército Argentino, durante Mayo de 1865. Las dos Divisiones marcharon hacia Concordia (Entre Ríos), durante Junio y Julio de ese año.
    Al igual que este último Batallón, agregado como reserva a una de las mencionadas Divisiones, se sumó el 3° Batallón del 3° Regimiento, el llamado “3 de Oro”, también veterano de las campañas de la Guerra Civil. Así cada una de las Divisiones de Infantería de la Guardia Nacional de Buenos Aires contaba con 4 batallones más uno de reserva, totalizando unos 2500 hombres cada una de ellas.

    No terminó allí el aporte bonaerense a la guerra. La Guardia Nacional de Buenos Aires, formó y envió a la guerra dos Regimientos de Caballería. Con aguerridos milicianos provenientes del centro-sur de la Provincia, se formó primeramente el Regimiento de Caballería “Gral. San Martín”, fuerte de poco más de 600 hombres y un plantel de 60 oficiales. Su Comandante fue el Coronel Esteban García, veterano de las guerras civiles argentinas.
    En Junio de 1865, las tropas fueron embarcadas hacia la concentración argentina en Concordia.
    Un mes después partía el Regimiento de Caballería “General Lavalle”, compuesto por dos escuadrones (igual que el “San Martín”), pero de menor tamaño. Era un Regimiento de poco más de 400 hombres.


    LAS PROVINCIAS MESOPOTÁMICAS (ENTRE RÍOS Y CORRIENTES)


    Implicadas casi directamente en la recién estallada conflagación, las Provincias de Corrientes y Entre Ríos debieron sortear diferentes situaciones que hicieron difícil la llegada de sus fuerzas al Ejército Argentino.
    Corrientes, invadida por el Ejército Paraguayo el 13 de Abril de 1865, tuvo que movilizar lógicamente, las unidades de Guardias Nacionales para defenderse, ya que no había allí unidades del Ejército de Línea. Mientras los paraguayos ponían a un Triunvirato de gobernantes correntinos adictos, como Gobierno de ocupación, las tropas guaraníes al mando del Gral. Robles seguían ocupando el resto de la Provincia, tropezando sólo con la débil resistencia de las Milicias Correntinas.

    En el apuro de la situación, el Gobernador Lagraña, se había dado a la tarea de organizar la resistencia, y con las milicias que había logrado reunir formó “La Vanguardia Correntina”. Todas eran fuerzas de Caballería, con una organización y armamentos precarios, pero que sin embargo, consiguieron molestar a las fuerzas de Robles en la Provincia, hasta la llegada de las fuerzas del Ejército Argentino.
    Esta Vanguardia de Caballería, se componía de dos agrupaciones (o Divisiones) de Caballería, cuyo número efectivo de tropas era fluctuante, dado que los escuadrones de milicianos se formaban y se desintegraban con rapidez, para volver a formarse en otro punto de Provincia para golpear al invasor y volver a desaparecer.
    Actuaron bravamente en la breve Reconquista de Corrientes en Mayo de 1865, en Pehuajó y en la Batalla de Yatay.
    Cuando los paraguayos comenzaron la retirada en Octubre de 1865, las milicias Correntinas redoblaron sus esfuerzos de hostilizar al enemigo.
    Cuando el Ejército Aliado ya había desalojado a los Paraguayos de la Provincia, la Guardia Nacional Correntina se organizó más formalmente para la guerra que continuaría en suelo guaraní; formando dos grandes Divisiones de Caballería de unos 1000 hombres cada una. Una de ellas estaba comandada por el Gral. Hornos (reconocido jefe de la Caballería porteña en la última Guerra Civil), mientras que la otra era capitaneada por el Caudillo local Nicanor Cáceres (el temido “Gaucho malo” como lo nombraban sus rivales provincianos, los Madariaga).
    De más está decir que cuando se impuso el orden y la rígida disciplina militar, comenzó la deserción en estas unidades de bravos gauchos, que si bien habían combatido al invasor paraguayo, tenían poco interés de pelear en otra tierra que no era la suya y menos con y bajo el mando de oficiales del viejo Ejército de Buenos Aires. Después de durísimas medidas disciplinarias, para contener y cortar el ejemplo de la deserción, las dos Divisiones (con casi 1800 hombres, en conjunto), formaron el “Cuerpo de Vanguardia” del Ejército Argentino.
    Se organizó también a fines de 1865, el Batallón 1° de Corrientes, compuesto por soldados de Infantería. Con unos 400 hombres y al mando del Coronel Desiderio Sosa, se incorporó al Ejército Argentino, en la costa del Río Batel a fines de ese año.

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    Acuarela que muestra diferentes uniformes utilizados por las tropas argentinas en la Guerra del Paraguay (1865-1870)


    La Provincia de Entre Ríos, hubiera sido, junto con Buenos Aires, la que más tropas aportara al Ejército Argentino en la guerra. Esta Provincia tenía una Guardia Nacional fogueada en las últimas guerras civiles argentinas, saliendo victoriosas en muchos bravos combates, como Cepeda (1859). El grueso del Ejército confederado argentino, comandado por el Gral. Urquiza, en la última guerra civil, era compuesto por unidades entrerrianas. Su arma de Caballería se contaba entre las mejores tropas militares de Argentina.
    Inmediatamente de estallada la guerra (luego de la invasión paraguaya, en Abril de 1865) y la posterior firma del tratado de la Triple Alianza; el Gobernador de la Provincia el Dr. José María Domínguez y el Gral. Urquiza, el viejo caudillo del Ejército de la Confederación, se abocaron a la tarea de reunir las tropas destinadas a engrosar las unidades del Ejército de línea y a formar las unidades de la Guardia Nacional de Entre Ríos, que iban a marchar a la guerra.

    A principios de Julio de ese año, ya se había conseguido juntar un respetable contingente de casi 8.000 hombres de Infantería, Caballería y Artillería, destinado a incorporarse al Ejército Nacional que se concentraba en Concordia.
    Los lugartenientes de Urquiza, ya le habían manifestado a su Jefe, las resistencias que encontraron en diversos pueblos, para enrolar los hombres destinados a la contienda.
    Los paisanos “no querían marchar a la guerra contra los paraguayos, sino contra los porteños….”, le escribía un teniente suyo, un tal…López Jordán…. Muchos Jefes tuvieron que decir que el reclutamiento era con el objeto de enfrentar a las fuerzas del Gral. Mitre, para poder sacarlos de la localidad…….
    La noche del 3 de Julio, viaja Urquiza hacia Concordia, a reunirse con Mitre, ya que aquel había sido nombrado Jefe del Ejército de Vanguardia, compuesto por los entrerrianos, el 1° Cuerpo de Ejército al mando de el Gral. Wenceslao Paunero y las milicias correntinas del Gobernador Lagraña. Esa ausencia desencadena las primeras deserciones de los desganados entrerrianos, acampados en la localidad de Basualdo….No querían ir a la guerra con los porteños.
    Las Divisiones “Nogoyá” y “Victoria” se desbandan. Urquiza vuelve inmediatamente para contener la deserción generalizada.
    Unos 3.000 hombres se han marchado ya del campamento y Urquiza ordena fusilamientos y medidas durísimas para frenar el desbande. Sin embargo, en las noches subsiguientes, éste continúa, hasta que el 7 de Julio, para tratar de mantener su vacilante autoridad, Urquiza ordena el licenciamiento de todos los hombres de la Guardia Nacional de Entre Ríos.
    En Octubre, el Gobernador Domínguez había logrado reunir unos 800 hombres en Concepción del Uruguay. Eran el 2° Batallón de Infantería (al mando del Coronel José Caraza, fiel lugarteniente de Urquiza) y el 3° Batallón de Infantería (comandado por un veterano del Ejército Nacional, el Coronel Pedro García, luego reemplazado durante la guerra por el Mayor Lucio Salvadores –muerto en Curupayty-) y un escuadrón de Artillería. Estas, finalmente serían las únicas unidades de la Guardia Nacional de Entre Ríos incorporadas al Ejército Argentino, en Ensenaditas, Corrientes, en Noviembre de 1865.
    Es conocida y muy difundida la anécdota del embarque de las tropas entrerrianas en Concepción del Uruguay. Estacionados en el puerto fluvial, dos vapores de la Armada Argentina, esperaban por los entrerrianos. Tuvo que hacerse presente el Gral. Urquiza, para asegurar el embarque del contingente.
    Sin embargo, después de un breve discurso y pasar revista a las tropas, cuando el Coronel Caraza dio orden de embarcar, las filas titubearon….la masa de hombres parecía negarse. Urquiza, montado en su caballo y blandiendo su espada, gritó enérgicamente “Coronel Caraza ! ordeno el embarque y hágale volar la cabeza al que se resista”…
    Testigo de esto fue el señor Julio Victorica, Secretario del Gobierno entrerriano y cercano al Gral. Urquiza.
    Durante fines de Septiembre y Octubre de 1865, Urquiza y sus lugartenientes logran reunir otros 5.000 hombres en Yuquerí y finalmente consigue marchar hacia el frente. Sus establecimientos han vendido toda la caballada al Ejército Brasileño, así que los entrerrianos se encuentran marchando como simple Infantería.
    El la noche del 8 de Noviembre, en Toledo, la División “Gualeguaychú” inicia el desbande en masa, seguida inmediatamente por las otras unidades. Urquiza actúa con energía, más desertores son fusilados; pero la rebelión de sus hombres es abierta ya contra él. La deserción termina siendo casi completa esta vez. Nuevamente son licenciados los pocos que quedaron y el Gral. Urquiza, se retira a su Palacio de San José, ya que no ha podido cumplir con su rol militar en esta guerra.


    LOS RECLUTAMIENTOS EN SANTA FE Y CÓRDOBA

    La Provincia de Santa Fé no tuvo tantos problemas como otras, debido principalmente, a la actividad y energía desplegada por su Gobernador, el Dr. Nicasio Oroño.
    En Mayo de 1865, se designa Jefe del Batallón 1° de Santa Fé, al Coronel José María Avalos. La mayor parte de sus oficiales eran hijos de la ciudad de Rosario. Pronto los 500 hombres del Batallón estuvieron prontos a partir al frente, pero tropezaron con la falta de elementos de vestimenta que debía proveer el Gobierno Nacional.
    Paralelamente en la ciudad de Rosario se alistó otra unidad. Se trataba del Batallón “Libertad”, fuerte de 500 hombres, al mando del Coronel José Ramón Esquivel, que sufrió las mismas demoras del 1° de Santa Fé.
    Mientras el Estado enviaba (con atraso) algo de la vestimenta necesaria y el armamento, las damas de la Sociedad santafesina y rosarina, costearon y bordaron las banderas de guerra de las unidades que marcharían al frente de batalla. En Julio de 1865, los dos Batallones santafesinos, marchaban a la concentración del Ejército Nacional en Concordia.
    Sin embargo, no fueron estas las primeras tropas de la Provincia en marchar a la guerra. El Escuadrón de Artillería, una pequeña unidad con unos pocos y viejos cañones y una plantilla que no llegaba a los 100 hombres, al mando del Coronel Leopoldo Nelson marchó y se unió al I Cuerpo de Ejército Argentino del Gral. Paunero y a los Correntinos de Lagraña, logrando tomar parte de la Batalla de Yatay, en Corrientes, en Agosto de 1865.
    No terminó allí la contribución de la Provincia, al esfuerzo de guerra Argentino.

    Algunos días antes de la partida del Batallón 1° de Santa Fé y del Batallón “Libertad”, el Coronel José A. Fernández comenzaba la formación del “Escuadrón de Voluntarios Santafesinos” de caballería, que para el mes siguiente, se presentaron en el Campamento de Ayuí con un total de 53 hombres entre oficiales, suboficiales y soldados.
    Pero la unidad, quizás mas particular de toda la Guardia Nacional del Ejército Argentino, era el Regimiento de Caballería “Blandengues de Belgrano” con casi 700 plazas, formado por indios Mocovíes, reclutados en el Norte de la Provincia y comandado por el veterano Coronel Faustino Arambulo, que había combatido en la Guerra contra el Brasil (1825 – 1828) y en las sucesivas guerras civiles argentinas.
    La unidad se embarco a fines de Julio de 1865 con destino al frente.
    En el libro del Dr. Miguel Angel De Marco (por cierto, muy recomendable), cita este pintoresco discurso del Gobernador Oroño, al despedir estas tropas de Caballería santafesina :
    “ En todo tiempo y cada vez que se los ha sacado de sus hogares para servir a alguna causa, ha sido con la promesa del robo………Hoy no van a hacer otra cosa que pelear por una causa santa y justa. Aunque vean oro en el suelo y los animales sueltos por el campo no hay que tomar nada. Si necesitaran algo, lo pedirán al Gobierno, que, como ahora, les ha de dar cuanto necesiten para comer y vestirse. El Gobierno de Santa Fé quiere que todos los hijos de ésta descuellen en el Ejército por su honradez, ante todo. ¡ Cuidado, pues, con ir a robar ! ”.
    Una vez aportadas las unidades de Infantería, Caballería y Artillería y enviadas al frente, el Dr. Oroño, se entregó a la tarea de formar otro Batallón más.
    En Rosario y alrededores se reclutaron otros 400 hombres, formando el Batallón “Gral. Paz”, puesto al mando del Coronel José Fidel de Paz. Sin embargo, aquí los contingentes santafesinos sufrieron las sublevaciones que habían ocurrido en las reclutas de otros batallones provinciales. En Noviembre, poco antes de partir, este Batallón de reserva, se sublevó. Hubo juicios sumarios y fusilamientos para frenar la deserción. Disminuído, el Batallón parte hacia Corrientes en Enero de 1866, a las órdenes del Coronel Daniel Villafañe, uniéndose al Campamento Argentino en Ensenaditas.
    Al poco tiempo, por disposición del Alto Mando Argentino, los Batallones “Libertad” y “Gral. Paz”, se fusionan para formar el Regimiento “Rosario”, al mando del Coronel Esquivel, destacándose en numerosas acciones de guerra.

    En la Provincia de Córdoba, se sucitaron numerosas dificultades para cumplir las pautas del Gobierno Nacional. Después de un primer momento de “shock” y posterior euforia patriótica, al conocerse la noticia de la invasión paraguaya de Corrientes, la opinión pública mediterránea, volvió a tomar distancia de las disposiciones del Gobierno del Gral. Mitre.
    Al igual que Santa Fe, la Provincia de Córdoba, debía aportar dos Batallones de Guardias Nacionales, más una cantidad a determinar de plazas para las unidades de línea.
    Para colaborar con el arduo reclutamiento, se instaló un delegación del Comando del Ejército en Río Cuarto, bajo las órdenes del General Emilio Mitre, (hermano del Presidente de la República) con el fin de coordinar las levas y el envío de dichas tropas desde Córdoba y Cuyo hacia el Teatro de Operaciones.

    Para Julio de 1865, el Batallón “de la Campaña” (tropas reclutadas en el interior de la provincia), de 500 hombres, marchaba hacia Rosario al mando del Coronel Cesáreo Domínguez. Se sublevaron estas tropas en el camino, de manera que sólo 300, se embarcaron en Rosario, para ir a la concentración del Ejército Nacional en Concordia.
    Hacia fines de Agosto, marchaba el Batallón reclutado en la capital de la provincia. 500 hombres más, con una magnífica bandera bordada por las damas de la ciudad y con tambores, salió de la capital hacia la posta de Toledo (cerca de Río Segundo) al mando del joven Teniente Coronel Agustín Olmedo.
    Al igual que el primer Batallón, las tropas se comenzaron a desbandar al amparo de la noche. Su Jefe, pese a su juventud (tenía sólo 23 años) demostró que ya estaba bien curtido en el mando. Demostró firmeza y reprimió fuertemente el alzamiento.
    En Diciembre se reunen ya, los dos Batallones de Guardias Nacionales de Córdoba en el Campamento de Ensenaditas, en Corrientes. El Alto mando Argentino, decide fusionar los dos batallones, en el nuevo Regimiento “Córdoba”, que actuaría a lo largo de casi toda la guerra, siendo de las últimas tropas de Guardias Nacionales en regresar a la Patria y ser desmovilizadas.


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    Gral. Gelly y Obes, Jefe de Estado Mayor del Ejército Argentino. Comandó las fuerzas argentinas en Paraguay, cuando Mitre retornó al país (fines de 1867), hasta 1869, a poco de finalizar la contienda.



    LOS GUARDIAS NACIONALES CUYANOS (MENDOZA, SAN JUAN, SAN LUIS)


    Desde el Cuartel en Río Cuarto, el General Emilio Mitre, designa al Coronel Rómulo Giuffra (italiano de origen), comandante de las tropas nacionales en la Provincia de San Juan, para coordinar con el Gobernador local (El Dr. Camilo Rojo), el envío de los sanjuaninos al frente de batalla. La base fue el Batallón de “Rifleros de San Juan”, reclutados en las provincias de Cuyo, con el objeto de reprimir el alzamiento de las tropas del “Chacho” Peñaloza; por lo cual, el grueso eran tropas veteranas en la última guerra civil argentina (1861 – 1863).
    El Gobernador quiso evitar los problemas de otros contingentes en lo referente a las deserciones, por lo que se suministraron carros y carretas, para el traslado de las tropas. Vale consignar, que en algunos casos, los contingentes provincianos, debieron recorrer larguísimas distancias (todos conocemos nuestro país), a pie !!!!! . Sólo el parque y los suministros logísticos eran transportados en carretas o carros.
    Gracias a estas previsiones y a las gestiones de los organizadores, el Batallón de “Rifleros de San Juan”, con 350 hombres estuvo listo para marchar a Concordia en Junio de 1865.

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    Gral. Emilio Mitre. Hermano del General en Jefe aliado, comandó el II Cuerpo de Ejército Argentino, luego formó parte del Estado Mayor y terminó como Jefe de fuerzas argentinas en el Paraguay en la última fase de la guerra (1869-1870).



    En la Provincia de Mendoza, el Gobernador interino, el General Pascual Segura, remitió con rapidez el Batallón “Mendoza” con 250 hombres aprox., también usando una flota de carros y carretas contratados por el Gobierno Provincial. Este contingente partió de la Provincia durante el mes de Junio. El Batallón salió a las órdenes del mayor Julián Aguirre, luego reemplazado, a su llegada a Rosario, por el Teniente Coronel Manuel Morillo. Posteriormente, el Gobernador mendocino, envió otros 100 hombres para aumentar el número del Batallón “Mendoza”.

    Los contingentes de San Juan y de Mendoza, llegaron a Rosario, a fines de Julio y acamparon a una legua de la ciudad. Las tropas fueron recibidas por el Coronel Emilio Mitre. Cuando se pasó revista a los batallones cuyanos, el “Rifleros de San Juan”, presentó algunos claros, es decir, sufrió algunas deserciones en el largo camino hacia el Paraná, a pesar de tener medios de transporte mas adecuados y rápidos que el resto.
    Ambos Batallones tuvieron nuevas altas antes de partir hacia el frente, pero en ninguno de los dos casos alcanzaban los 400 hombres por unidad.

    En San Luis, la recluta de hombres para el Batallón de Guardias Nacionales fue dificultosa, pese a la actitud de energía y de ardua colaboración que demostró el Gobierno de la Provincia, presidido por el Gobernador, Dr. Justo Daract.
    Fue necesario echar mano de la fuerza para reclutar las tropas de la provincia. Al mando del Mayor Juan A. Ortiz Estada, se formó el Batallón “Gral. Pringles”, prontos a partir hacia el puerto de Rosario.
    Para fines de Junio, hubo un intento de motín comprobado. Como en los demás casos, se aplicaron medidas durísimas como represión de estos movimientos. Se apresaron a los cabecillas, y una vez comprobados los hechos, mediante sumario militar, se ordenó el fusilamiento de tres promotores principales. Pese a los pedidos de clemencia de varias instituciones provinciales, intercediendo hasta la Sociedad de Beneficiencia, el Gobernador se mantuvo firme en su enérgica resolución.
    Así, a fines de Julio de 1865, el Batallón “Gral. Pringles”, partió hacia Rosario. En Septiembre, asume el mando de la unidad el Coronel José María Cabot en reemplazo del Mayor Ortiz Estrada. Aquel era veterano de las últimas guerras civiles argentinas, revistando en el antiguo Ejército de Buenos Aires. Tuvo a su cargo la conducción del Batallón puntano a la concentración del Ejército Nacional en Concordia.

    SITUACIÓN EN CATAMARCA, LA RIOJA Y SANTIAGO DEL ESTERO

    La Provincia de La Rioja, había sido hasta hace poco tiempo, escenarios de sangrientas batallas entre los caudillos de la Confederación, contra las tropas Nacionales de Mitre. Silenciadas (momentáneamente) las armas del Coronel Ángel Vicente Peñaloza (“El Chacho”) y de Aurelio Zalazar, se habían acantonado allí las tropas del 5° Batallón de Infantería de línea del Ejército. Gobernaba la Provincia (interinamente) el Coronel Julio Campos.
    Inmediatamente comenzó la tarea de la remonta del Batallón de Guardias Nacionales Riojanos y de la recluta de hombres para el Ejército de Línea. La hasta hace poco Provincia rebelde, sufrió de procedimientos compulsivos, para la recluta de hombres en todos los rincones de su territorio.
    Estos procedimientos no hicieron otra cosa que volver a encender la llama de la insurgencia en las masas rurales de la Provincia.
    A fines de Junio, se logró reunir trabajosamente, un contingente de 250 hombres, prontos a marchar “escoltados” por algunas tropas del Ejército de Línea. Sin embargo, fueron atacados por partidas montoneras comandadas por el Caudillo Aurelio Zalazar. El ataque se ejecutó por sorpresa, en el campamento de la localidad de Catuna, venciendo la resistencia de los hombres del Ejército y logrando dispersar fácilmente al contingente de reclutas.
    Los rebeldes engrosaron sus fuerzas con estos hombres dispersos y ganaron los llanos que circundan la Capital.
    El Gral. Campos, tuvo que salir a campaña con las tropas regulares a combatir a los rebeldes y a efectuar una nueva recluta en la Provincia.
    Luego de algunos encuentros parciales, se produjo el choque decisivo. Tuvo lugar en las afueras de la ciudad de La Rioja, y allí las tropas regulares infligieron una dura derrota a la montonera. Aurelio Zalazar fue hecho prisionero. Su tropa fue deshecha y dispersada, sin embargo, muchos otros cayeron prisioneros como su Jefe.
    Sobre la base de una compañía del Batallón 5°, más los prisioneros y nuevos reclutas, se efectuó la concentración en Olta, y se formó allí el Batallón de “Cazadores de La Rioja”, con 500 hombres, bajo el mando del mismo Coronel Campos, que resolvió partir a marchas forzadas hacia Córdoba y luego hacia Rosario, en Diciembre de 1865.
    Aún así solo 400 hombres se embarcaron en Rosario hacia el campamento argentino de Ensenaditas, en Corrientes, uniéndose al resto de las tropas del Ejército Argentino en Febrero de 1866.
    Su nuevo Jefe ahora, era el Coronel Gaspar Campos, ex ayudante del Gral. Bartolomé Mitre durante las jornadas de Cepeda y Pavón.
    Era el hermano mayor del esforzado Gobernador que condujo las tropas hacia el Teatro de Operaciones.

    En la Provincia de Santiago del Estero, los hombres del Partido Liberal tenían desde hace tiempo, las riendas del poder. Gobernaba el Sr. Absalón Ibarra y en la tarea de la remonta de tropas santiagueñas para el frente de guerra estaría firmemente secundado por el Gral. Antonio Taboada, otro fiel partidario mitrista. Este último ostentaba el cargo de Inspector de armas en Santiago del Estero y La Rioja, y por lo tanto, encargado de remitir al frente los Batallones correspondientes a ambas Provincias.
    En Junio, el Gobernador Ibarra escribía al Vice-Presidente Dr. Marcos Paz, en Buenos Aires, que el Batallón Santiagueño se encontraba listo para marchar, pero que aún no lo había hecho, porque estaba “a la espera” del Contingente tucumano, y también por la escasez de medios de transporte, para llegar a Santa Fé a través del Chaco…
    Subsanadas en parte, las dificultades relativas al transporte, se ordena al contingente santiagueño, marchar hacia Córdoba, donde le serían provistos medios para el transporte hasta Rosario.
    Comienzan pues, a marchar los hombres de Santiago del Estero, estimándose su llegada a Rosario en la primera quincena de Septiembre. Pero, a fines de Agosto, estando el contingente cerca de un Fortin, que guarnecía la frontera contra los Indios, sabiendo que la mayoría de ellos serían incorporados a las tropas que llegaban, desertaban de este Fortín, dispersándose en el monte unos 30 hombres.
    Posteriormente, en la Posta de La Viuda, un 9 de Septiembre a la madrugada, el contigente ya ganado por la rebelión, se desbanda masivamente. Los Jefes no pudieron evitarlo.
    Posteriormente, se supo con los hombres que se pudieron apresar, antes de ser sometidos a juicio, que la sedición tenía incluso, como finalidad, matar a todos los Jefes, incluído el Comandante Gaspar Taboada.

    Quizás, para evitar males mayores, en una Provincia donde gobernaban políticos aliados sinceros de Mitre, el Ministro de Guerra de la Nación, le comunicó al Gobernador Ibarra, que “por estar completos los cuadros del Ejército”, no iban a ser necesarios los hombres de la Guardia Nacional de Santiago del Estero, lo cual, como venimos relatando aquí, no era cierto, en absoluto.
    Simplemente el Gobierno Santiagueño, juzgó y pasó por las armas a los cabecillas. No se remitió el Batallón de Guardias Nacionales de la provincia a esta guerra. Solo algunos hombres (presidiarios y gauchos vagos sin ocupación), fueron incorporados a las unidades del Ejército de Línea en el frente.

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    Soldado de Infantería de línea del Ejército Argentino (1865).


    En la Provincia de Catamarca, el Gobernador Víctor Maubecín, se decidió a actuar con premura y energía, para tratar de evitar los problemas graves que afrontaban las provincias vecinas, en lo referente a la formación del Batallón de Guardias Nacionales que les correspondían suministrar al Ejército Argentino en el frente.
    Hacia fines del mes de Julio, parecía que el Batallón había completado ya su plantel, y el Gobernador Maubecín, exultante, le daba cuenta al Gobierno Nacional, de que “cada día que pasa crece el entusiasmo de las tropas y su deseo de partir hacia el teatro de guerra para compartir sus alternativas con todos aquellos que defienden esta causa nacional en las batallas”….
    Sin embargo, la realidad era muy distinta. Las penurias económicas de la provincia, la falta de asistencia del Gobierno Nacional, la casi total carencia de medios de transporte y de la pobreza del vestuario era notoria. El ánimo de los Guardias Nacionales catamarqueños, no era para nada del mejor. Todos estos escollos hicieron que se retrasara la partida de los hombres hasta la primera quincena de Octubre de 1865. Pero poco antes estalló el temido motín.
    Cuando ya era evidente la marcha hacia el matadero, se sublevaron algunos hombres de uno de los escuadrones.
    Los oficiales actuaron con rapidez, y el movimiento fue conjurado. Se apresaron todos los cabecillas, y fueron sometidos a un Consejo de guerra. A los menos comprometidos les correspondieron penas menores, pero a los tres cabecillas les cupo la sentencia de fusilamiento.
    Sin embargo se acordó, que para tratar de atemperar la pena y evitar la conmoción de la pequeña sociedad –y por que no, reconocer que no se quería despertar el odio y la posterior rebeldía en masa- se decidió que uno de los tres cabecillas sería pasado por las armas…..en algo insólito en los anales de la Historia militar argentina, se procedió a un sorteo……la suerte de los dados, sería la que decidiría quién muere y quien no.
    Javier Carrizo fue el joven catamarqueño que sacó el menor puntaje. El cuatro de sus dados fue el menor puntaje de los tres condenados. Minutos después caería bajo las balas del pelotón de fusilamiento.

    Finalmente, todavía después de producidas otras deserciones y con la amenaza de un ataque de las montoneras, el Gobernador se decide a salir rumbo a Rosario. El, personalmente, marcha a la cabeza del Batallón “Libertad”, con casi 400 hombres. A fines de Diciembre, aún se encontraba dicho Batallón en Rosario, junto al contingente salteño a la espera del embarque hacia el frente. Ambos contingentes se hallaban fuertemente custodiados por tropas regulares en previsión de desbandes…..
    En Enero de 1866, hacia fines de ese mes llegan los catamarqueños al campamento del Ejército en Ensenaditas, Corrientes. El Batallón “Libertad” tiene ahora un efectivo de 350 soldados y se le asigna como Jefe al Coronel Maximino Matoso.


    LAS HEROICAS PROVINCIAS DEL NORTE (JUJUY, SALTA Y TUCUMÁN)


    Las Provincias más alejadas del Teatro de Operaciones de la Mesopotamia y del Paraguay, en aquel “lejano” Noroeste Argentino, continuaron con su vieja tradición heroica, poniendo brazos en armas de la Nación desde el nacimiento de la Patria en 1810, conteniendo la reacción realista; luego representadas por la mejor Caballería en la guerra contra el Imperio del Brasil, o en tiempos de la Confederación Rosista, sobrellevando solas el peso de la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana del Mariscal Andrés Santa Cruz.
    En esta contienda tampoco estuvieron ajenas, pero sufrieron igual que sus hermanas, con el levantamiento (y el traslado) de sus Batallones de Guardias Nacionales.

    En Tucumán, gobernaba por aquel entonces el Sr. José Posse, ferviente partidario del Mitrismo, e íntimo amigo también del Vice-Presidente Marcos Paz y de Domingo Faustino Sarmiento. Por otra parte, estaba allí el asiento del General Rojo, Inspector del Ejército encargado de los Contingentes de Tucumán y Catamarca. Así que en la Provincia, se procedió inmediatamente, una vez desatadas las hostilidades, a reclutar hombres con el fin de engrosar las tropas del Ejército Argentino. Sin embargo, pese a la formas expeditivas –y compulsivas- de los procedimientos ordenados por estos hombres, pronto surgieron los problemas derivados de la falta de fondos (pocos recursos para medios de transporte y escasa y pobre vestimenta), y la repulsión –como en todo el Interior de la República- de marchar a “esa” guerra. Encima de todo esto, los Gobernadores norteños, recibieron la “sugerencia” de los Comandantes militares en la Mesopotamia, de que las tropas norteñas acudieran al Teatro atravesando el Desierto del Chaco……no reparando tal vez, en la falta absoluta de medios de transporte…..

    Tanto fue así, que se refleja en esta carta enviada por el Sr. Posse a su amigo el Vice-Presidente Marcos Paz: “…..El Chaco es el desierto, no hay agua, ni víveres. Un Ejército llegaría derrotado sin más enemigo que el desierto mismo….Ahora, para que marchen estos Contingentes (hablo siempre de la Guardia Nacional) por el camino carretero, no sé como se pueden vencer las dificultades de todo género que salen al encuentro. No hay carretas, porque no es tiempo de que anden tropas; no hay caballos porque no es estación de que los haya gordos, ni hay donde comprarlos, porque en esta Provincia no hay cría de la especie, así es que en los establecimientos de campo, solo tienen los muy precisos. El día que se los declarase artículos de guerra, sería peor porque los esconderían todos…..No te he apuntado los inconvenientes prácticos sin decirte nada de la deserción, imposible de evitar en los Guardias Nacionales; y debo agregarte el más poderoso de todos: la falta de recursos……”
    Pese a todo, a mediados de Julio de 1865, el Batallón Tucumán, estaba listo para partir a las órdenes del Comandante Taboada, hasta Santiago del Estero, donde se comprarían caballos…… Aún así hubo algunos retrasos motivados por deserciones y falta de medios, así que finalmente partieron el 8 de Agosto.
    En Santiago del Estero, se hizo cargo del Batallón el anciano Coronel José Segundo Roca, veterano de la Guerra de la Independencia, donde luchó en el Ejército de los Andes, bajo el mando del Gral. José de San Martín, y de la guerra contra el Imperio del Brasil (1825-1828). Era un Oficial respetado, y querido por su experiencia y por su valor, y que a pesar de su avanzada edad y de sus achaques, no vaciló en aceptar el mando de la unidad norteña.
    Como dice el Sr. De Marco, fue una larga y penosa marcha a través del desierto, plagada de sacrificios e inconvenientes. La deserción se hizo presente también, y el Batallón llegó muy reducido a Santa Fé. El Batallón de Guardias Nacionales “Tucumán” contaba con una plantilla de un poco menos de 320 hombres, además de otros 135 voluntarios para el Ejército de Línea. El Batallón tucumano llegó al Campamento de Ensenaditas en Corrientes, el 31 de Diciembre de 1865. Poco tiempo después, el veterano Coronel Roca, era ascendido al comando de la 4° División del Ejército, así que asumió la Comandancia del Batallón “Tucumán” el Coronel José Casanova.





    El veterano Gral. Rudecindo Alvarado, otro veterano de la Guerra de la Independencia, asumió el cargo de Inspector de armas de las Provincias de Salta y Jujuy.
    En Salta, el Gobernador Cleto Aguirre, puso manos a la obra inmediatamente, tratando de cumplir las disposiciones del Gobierno Nacional, en el afán de llevar hombres reclutados en Salta, hacia el Teatro de Operaciones.
    Con motivo del desbande de las fuerzas entrerrianas en Basualdo, el Gobernador Aguirre, le escribía a Marcos Paz: “……se ha despertado el sentimiento de conservación, amagado por el peligro general…” y agregaba: “…..se ha empezado a comprender la necesidad del esfuerzo de todos los argentinos en esta lucha común.....” expresaba también que “….desde ese día se han presentado numerosos ciudadanos voluntarios, ya para oficiales, o para soldados del Batallón que debe marchar……” Pero, al igual que el Gobernador tucumano, remarcaba : “……Lo que acobarda señor, no es la guerra; es la distancia. Caminar cerca de quinientas leguas a pie es la gran dificultad. Sin este inconveniente y el de los recursos pecuniarios que nos faltan, dos mil soldados sería el número con que sin esfuerzo alguno podría concurrir esta provincia…..”

    Dado que las milicias salteñas, se hallaban bien regularizadas, la orden de marcha se dio prontamente. El Batallón “Salta” de unos 500 hombres, fue puesto a las órdenes del Coronel Aniceto Latorre y comenzó su marcha hacia Santiago del Estero, donde sería provisto de caballos, para continuar hacia Córdoba y luego a Rosario. Allí hubo un intento de deserción de parte de las tropas, que fue castigado duramente. Embarcados y transportados en buques argentinos, llegaron a Corrientes el 21 de Octubre de 1865 y marcharon al campamento de Ensenaditas. En los primeros meses de 1866 y ya en territorio paraguayo, se hace cargo de la comandancia del Batallón “Salta” el Coronel Julio A. Roca, futuro Presidente de Argentina, durante dos períodos.

    El Dr. Pedro Portal, Gobernador de la Provincia de Jujuy, tropezó de manera inmediata, con la renuencia popular a marchar a una guerra en la lejanía, la falta absoluta de recursos (lisa y llana pobreza absoluta, para formar, sostener y transportar un batallón).
    Tener que atravesar todo el país, con un Batallón puesto en pie sola, por una de las provincias más pobres del país y el espíritu de rebelión contra los mandos porteños, conspiraron para que el Gobernador, aún con la ayuda del Gral. Alvarado, no pudieran remitir el Batallón de Guardias Nacionales de Jujuy. El Gobierno Nacional, también lo entendió de la misma manera, así que no se insistió demasiado. Al igual que en el caso de Santiago del Estero, la provincia estuvo representada solo en el Ejército de Línea, con los pocos voluntarios que envió el Gral. Alvarado.


    Bibliografía :
    - La Guerra del Paraguay (Miguel A. De Marco)
    - La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas (José M. Rosa)
    - Maldita Guerra (Francisco Doratioto)
    - La Guerra del Paraguay (Juan Beverina)
    - Urquiza y Mitre (Julio Victorica)

    autor : cordobés
    Aviacion Argentina.net
    Última edición por cordobes; 04/07/2012 a las 13:15

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