Por Marcelo Cantelmi
Con geografías difusas (desde Occidente hasta zonas del Asia profunda) y roles de poder que se disputan EE.UU., Irán y China, entre otros, el escenario encadena amenazas.

Es otra Guerra Fría, pero sus contornos parecen más difusos que en la anterior como, por momentos, también lo es el universo de quienes la libran. La olla que se calienta en el Golfo Pérsico es uno de los rostros de ese conflicto sonámbulo, pero no es el único ni el más grande.

La contienda va desde Occidente hasta lo más profundo de Asia resollando batallas y amenazas.

El asesinato hace horas de un científico del equipo encargado de dotar de poderío nuclear a Irán forma parte de esa disputa sorda. Fue el cuarto especialista que cae de ese modo: un golpe sofisticado y quirúrgico que tanto mata como hace evidente, casi con una firma, sobre de qué van las cosas.

Los asesinatos selectivos son la parte más dramática de esta ofensiva que incluye sabotajes a las plantas nucleares para retrasar o frenar el plan iraní que en gran parte del resto del mundo se sospecha que tiene un destino de arsenal atómico.

La crisis en el Golfo con ese trasfondo no ha dejado de escalar en las últimas semanas corporizando el temor a una guerra.

La siguiente estación del tren fantasma es un embargo que incluirá a Europa y que ya puso en marcha EE.UU . con el apoyo no tan distante de las potencias asiáticas, que suspendería en masa las compras de petróleo persa. La medida es un lazo de hierro en el cuello de Irán que obtiene 80% de sus ingresos del comercio de crudo. La reacción de los Ayatollahs ha sido amenazar con cerrar el Estrecho de Ormuz, un canal estratégico por el que circula un quinto del petróleo que se transa en el mundo. Son 17 millones de barriles diarios que pasan por ese espacio, cuya profundidad única permite el movimiento de buques de 150 mil toneladas. Es improbable que los iraníes cumplan la advertencia, pero lograron agregar inestabilidad al mercado del petróleo que subió generando un lastre adicional a las economías del norte mundial atrapadas en la crisis económica.

Este malestar fue buscado por el presidente Mahmoud Ahmanidejad como galvanizador de un compromiso nacional que sirva para diluir las presiones internas por la inflación, la desocupación y un futuro cada vez más duro.

Ha sido ese turbulento frente doméstico el que motivó la gira que el mandatario iraní realizó por algunos de os países bolivarianos de Sudamérica pero que, al no incluir a Brasil, mostró menos de lo que se quería exhibir.

La estrategia de Ahmadinejad es hoy más que antes multiplicar el desafío a Occidente, un extremo en el cual este halcón devaluado puede reconstruir los puentes que se han roto entre su mandato y los Ayatollahs. Es por eso que antes de finalizar diciembre el régimen estacionó en cercanías de Ormuz 23 submarinos, un centenar de patrulleras y decenas de barcos de combate en un exuberante ejercicio militar. La apuesta seguirá ahora desde el otro bando cuando, en unas semanas, EE.UU. e Israel inauguren en esas aguas las gigantescas maniobras Austere Challenge 12. Un contingente de 9.000 soldados norteamericanos está llegando en estas horas a Israel para sumarse a esa operación que el subsecretario de Estado para asuntos políticos y militares, Andrew Shapiro, describió como “el más enorme y significativo ejercicio” que ha envuelto en la historia a ambas naciones. No se trata apenas de maniobras militares, sino de un acto de poder para mostrar de qué modo se garantizará el libre paso por Ormuz.

Hay, además, otro significado más soterrado para esos movimientos. Las mutaciones que provoca la crisis económica, incluyendo el estrechamiento del presupuesto militar norteamericano, están develando una partición asimétrica del mundo árabe entre Turquía e Irán. Es un fenómeno que el historiador de Cambridge Jason Pack describe en las huellas del que se produjo en 1919 tras el derrumbe del Imperio Otomano en beneficio entonces de otros dos países, Francia y Gran Bretaña, con Londres como socio principal. “La posición de EE.UU. como hegemón regional se ha diluido -explica Pack-. Hoy sólo las monarquías árabes o Israel visualizan a EE.UU. como el patrón”.

El historiador afirma que la visión del potencial atómico de Irán como herramienta expansionista choca con el hecho de que “tanto Washington como Teherán están atrapados en dificultades políticas y económicas y sobrepasados por una ascendente potencia turca”. A los observadores se les escapa que en la cresta de la Primavera Arabe, Turquía e Irán se dividieron la influencia sobre los ganadores de ese movimiento . “Los turcos, con los moderados desde Túnez a Egipto. Irán, con los salafistas, aun si son sunnitas”. La impronta turca en la región se advierte, además, en el norte de Irak, en la agenda sobre la cuestión palestina, en el castigo de Ankara a Israel y en la ofensiva sin tapujos para que caiga la dictadura siria.

La Casa Blanca va sobre Irán, pero también sobre ese borrador de poder alternativo y conecta la estrategia con una urgencia por desembarazarse de Oriente Medio. Es una idea compleja pero se hace nítida si se observa cuáles son los otros areneros que agita Washington. El reciente informe del Pentágono sobre las prioridades estratégicas para el siglo (“ Sustaining US Global Leadership: Priorities for 21 Century Defense” ) desplaza con el eje desde el cercano oriente a Asia. En Asia está China que, dice ese papel, creció mientras EE.UU. se empantanaba en Irak y Afganistán. Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Internacionales, demandó que su país su país se asegure de evitar que “China se tiente con usar su creciente poder coercitivamente”, es decir, que se imponga como antes lo hizo Norteamérica.

Es en esa línea que la Casa Blanca acaba de declarar “de (su) interés nacional” el mar de la China, enfureciendo al gigante que habita frente a esas aguas. Esa visión nace no de la fortaleza sino del reconocimiento de la pérdida relativa de capacidades que la crisis causó a EE.UU . y que habilitó espacios antes improbables a la nueva potencia para que le rivalice en toda la línea. El riesgo en ese aspecto, como en el que se amplifica en el Golfo, es que la crisis, al profundizarse, escale tensiones que disparen una guerra limitada o catastrófica que sea la que defina una oscura mañana esas competencias.

Copyright Clarín, 2012.