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  1. #1
    Curioso
    Guest

    Predeterminado Programa Paperclip

    Quisiera que todos puedan aportar algo si tienen conocimiento-
    Me encontre con este trabajo y quería compartirlo-
    En éstos tiempos que se habla tanto de que Argentina forma parte del eje del mal, les dejo un recordatorio sobre quien se quedo con el know-how del Eje, y para que lo usó-

    Saludos-

    no morir idiota: El Proyecto PAPERCLIP: NAZIS inter NOS

    El PROJECT PAPERCLIP, la creación de la CIA y el control de la población


    Entre 1945 y 1955, unos 1000 nazis fueron llevados a EEUU para trabajar en los lugares más punteros de la ciencia, la educación, la medicina, la industria armamentística, algunos de ellos en aviones militares. ACompañados de sus familaires, suman un total de unos 50.000 nazis. ¿Por qué no lo sabemos? ¿Por qué se ha ocultado?



    ¿Quién sabe lo que fue el Proyecto Paperclip?
    Prácticamente nadie, ni siquiera historiadores o expertos en la historia del siglo XX conocen estos hechos acontecidos hace casi 70 años y cuyas consecuencias estamos viviendo cada día. Sin embargo, la mayoría de la población conoce el Holocausto por docenas de películas y documentales así como por los libros escolares, la televisión y otros medios de comunicación. Y este gran desequilibrio entre lo mucho que se habla del Holocausto contra los judíos y la nada que se cuenta sobre las cosas que aquí estoy investigando, me hace sospechar que existe una intención de desviar nuestra atención de lo que hay realmente detrás del sionismo.




    1. Project Paperclip: recuperación de los nazis en EEUU



    “Los nazis trajeron con ellos una tecnología milagrosa, pero también trajeron su ideología.” Jim MARRS [1].



    El 12 de mayo de 1945, Herbert Wagner, creador del primer misil teleguiado nazi, aterrizaba en Washington D.C. en un avión militar de la fuerza aérea estadounidense, doce días después de la rendición de Alemania. La premura de su evacuación hacia EEUU hace pensar que esta organización ya estaba operativa mucho antes de la rendición alemana.
    En efecto, y como veremos a continuación, al menos desde principios del siglo XX, tal vez antes, ha existido una intensa y estrecha relación entre la elite financiera e industrial alemana y la elite financiera e industrial americana: el nazismo recibió de estos grupos un apoyo financiero, industrial y tecnológico que no sólo permitió su llegada al poder, sino que hizo posible la imparable maquinaria bélica que asoló Europa en la guerra más mortífera que la Humanidad haya conocido. Recientes investigaciones han aportado más pruebas de esta estrecha relación entre nazis y las grandes familias del poder en EEUU.[2]
    Ya Martin Bormann, secretario personal de Hitler, había pensado en un programa para evacuar la extraordinaria tecnología militar con el General Plan 1945, consciente de que Hans Kammler[3], ingeniero de los programas de alta tecnología en Peenemunde donde se diseñaron los misiles teledirigidos V-1 y V-2, y su Sonderkommando tenían mayor poder en el III Reich que Goering o Speer.

    La primera operación de traslado de científicos nazis a EEUU se denominó Operation Overcast. La Operation Overcast fue rebautizada con el nombre de Project Paperclip, avalada por el Presidente Truman en agosto de 1945, quien permitió la entrada de nazis, siempre y cuando no tuvieran un expediente de “ardiente colaboración” con el nazismo. Para cumplir con este requisito, muchos expedientes fueron oportunamente retocados pues muchos de ellos eran eminentes miembros de las SS o de la GESTAPO[4].

    Wagner sería el primero de casi un millar de científicos nazis[5], ingenieros aeronáuticos, físicos, químicos, médicos, psiquiatras, genetistas quienes fueron recibidos por las diferentes autoridades norteamericanas y puestos a trabajar en departamentos clave de la sociedad americana, principalmente la NASA, y en importantes Universidades[6]. En 1957 más de 60 grandes corporaciones y empresas privadas[7] habían contratado a científicos nazis, provocando incluso paro en el sector, porque los científicos alemanes trabajaban por salarios tres veces más bajos que los americanos[8].

    El más célebre científico del Proyecto Paperclip es sin duda Werner Von Braun, mayor de la SS en 19409, padre de todo el proyecto espacial de la NASA y su jefe durante décadas, y que Wikipedia presenta como un “científico americano de origen alemán”.

    En el centro de ensayos de Peenemunde, Von Braun trabajaba con prisioneros de los campos[10]. Supervivientes de Peenemunde declararon que al menos una vez, Von Braun ordenó ejecutar a trabajadores forzosos[11]. Ignorantes de esta realidad, los estadounidenses consideran a Von Braun el héroe que llevo a América a la Luna[12]
    .

    Menos conocidos son Walter Gerlach (Nobel en 1921, especializado en polarización magnética y anti-gravedad)[13], Walter Dornberger, Werner Heisenberg (Nobel en 1932, quien definió el Principio de Incertidumbre que lleva su nombre), Paul Harteck (centrifugación del uranio gaseoso), Kurt Diebner (bomba atómica) o Erich Bagge (uranio enriquecido). Y más adelante, con la Guerra Fría, en 1952, otra operación denominada Project 63 fue diseñada específicamente por la CIA para captar a más científicos alemanes y evitar que pasaran a trabajar para los soviéticos.

    Ante la fuga de cerebros provocada por el Proyecto Paperclip, el gobierno federal alemán formuló una queja formal ante el embajador estadounidense James Conant para pedir que cesara el proceso. Éste fue a pedir a John Foster Dulles, secretario de estado del Presidente Eisenhower, que detuvieran el proyecto. En lugar de detenerlo, cambiaron su nombre, ahora se llamaría el Defense Scientists Inmigration Programm (DEFSIP): el embajador no era consciente que se lo estaba pidiendo al creador de la operación[14]. John Foster Dulles era el hermano de Allen Dulles[15], que sería el primer director de la CIA y había sido abogado de la Schroeder Bank, la banca alemana que había apoyado la subida al poder de Hitler.
    Rescatar la alta tecnología nazi con fines militares sería una prioridad, la segunda sería recuperar la experiencia nazi en espionaje y control de la población.

    Allen Dulles había sido jefe de la OSS (Office of Strategic Service, servicio de inteligencia militar de los EEUU) en Berna durante la guerra y en 1945, fue encargado de controlar el Proyecto Paperclip en Berlin, donde su traductor era Henry Kissinger, joven oficial de 22 años del servicio de inteligencia americano. Reinhard Gehlen[16], jefe del espionaje del III Reich especializado en el contraespionaje en la Unión Soviética, se entrevistó con Dulles en 1945 y le propuso su extensa red de espionaje a cambio de eliminar su pasado nazi. La OSS americana desconocía casi todo acerca de la Unión Soviética y los países del Este de Europa, así Gehlen era de gran utilidad operativa para los servicios secretos estadounidenses, por el acopio de material que había realizado durante la ocupación alemana del territorio soviético: todo esto le sirvió para ocupar un puesto clave en la CIA durante buena parte de la Guerra fría.

    Así, gracias a las conversaciones entre Allen Dulles, el abogado americano del Schroeder Bank alemán que había financiado a Hitler, y el jefe de espionaje nazi Reinhard Gehlen17, traducidas por el joven judío alemán Henry Kissinger[18] y con la colaboración de otro peligroso nazi con expediente retocado, Skorzeny[19], nació en 1947 la CIA, un verdadero poder dentro del poder que diseñaría buena parte de la política tanto interior como exterior, de los EEUU, hasta límites insospechados, como veremos a continuación. Esta combinación de americanos, nazis y judíos trabajando juntos en el gran proyecto de control global que será la CIA, nos puede parecer chocante, pues hemos sido educados en un maniqueísmo simplista: nazis malos contra judíos y americanos buenos. Pero de la misma manera que la historia oficial ha querido borrar la íntima relación entre eugenistas anglosajones y nazis, tampoco ha llegado a la opinión pública las intensas relaciones entre los servicios secretos estadounidenses, importantes miembros de la elite industrial y financiera estadounidense y el régimen nazi, antes, durante y después de la guerra. Henry Ford, dueño de la industria de automóviles Ford fue el autor del libro antisemita “El judío internacional” que le valió una condecoración del Führer en 1938[20]; la familia Du Pont, propietaria de la legendaria General Motors y el multimillonario Rockefeller nunca escondieron su afinidad con la política del III Reich y colaboraron activamente con él, como veremos más adelante.
    Es difícil entender que banqueros americanos y británicos colaboraran con Hitler, o que judíos alemanes refugiados en EEUU (Kissinger) trabajaran mano a mano con nazis confesos durante años, pero la lectura aclaradora sería entender que no se trata en absoluto de ideologías de derechas e izquierdas enfrentadas ni de judíos contra antisemitas, sino que, detrás de esa fachada, se encuentra un mismo poder formado por banqueros e industriales nazis, judíos, estadounidenses, británicos o antisemitas, que busca el control y uso de la población para sus propios intereses, el poder financiero que hoy en día sigue siendo el que domina y dirige el mundo, por encima de los gobiernos títeres de turno aparentemente elegidos de manera democrática. Más adelante veremos cómo la CIA, mucho más que un asunto de espías elegantes con zapatos-teléfono y chicas espectaculares, se convirtió, gracias a los técnicos nazis en control mental, en un gran sistema de control ideológico hasta hoy en día.
    2. El poder del dinero por encima de los gobiernos
    Cuando en mayo de 1945 llegaron las tropas americanas a la ciudad chequa de Pilsen, el nazi Wilhem Voss informó de su intención de entregarles un cargamento de documentos de alto valor armamentístico pertenecientes al equipo de trabajo de Kammler en Peenemunde, pero el oficial americano le contestó que debía entregárselo a los rusos[21]. La decisión de compartir con los rusos la inteligencia aeronáutica nazi parece, pues, haber estado planificada desde el final de la guerra y por encima del presidente Truman.

    Si recordamos cuál era la tecnología aeronáutica rusa durante la II Guerra Mundial, es evidente que la Unión Soviética no pudo haber desarrollado su propio programa de conquista del Espacio en tan poco tiempo si ayuda exterior: unos 350 nazis fueron llevados a la Unión Soviética, entre ellos se encontraban varios de los más brillantes ingenieros aeronáuticos nazis que llevaron a Rusia sus conocimientos de tecnología espacial más puntera.

    Es sabido que, independientemente del bando en el que trabajaban, los nazis emigrados estaban en estrecho contacto pues comunicaban fácilmente a través de una dirección postal situada en el sector americano de la Alemania occidental[22]. El paralelismo de conocimientos y logros en la carrera espacial entre rusos y americanos y la llamativa libertad de movimientos de los especialistas nazis del Proyecto Paperclip, quienes podían ausentarse y viajar sin dar explicaciones, hace pensar que existió, por encima del gobierno de los EEUU, una voluntad de aparentar un competición espacial cuando en realidad había colaboración[23]. Esta guerra espacial sería, en realidad, una construcción ideologíca para mantener viva en la mente de la población la idea de la guerra continua, así en 1945 nacía la siguiente guerra entre el Occidente del capitalismo, la democracia y la libertad y la Unión Soviética del comunismo, del trabajo forzado, la represión y la censura. De la misma manera que el Tratado de Versalles plantó la semilla para la II Guerra Mundial, el reparto de científicos nazis entre rusos y americanos permitió crear la guerra espacial y la Guerra Fría, que consistió principalmente, como vamos a ver, en la destrucción de la esperanza de la población europea en un posible sistema político de izquierda con mayor reparto de la propiedad y de los bienes de producción. La consecución de esta destrucción de toda alternativa al capitalismo se expresaría simbólicamente con la Caída del Muro de Berlín en 1989.
    3. El apoyo americano al III Reich y los bancos que financiaron a Hitler

    Cuando a la muerte de Hindenburg en 1934, Hitler subió al poder, se encontró con una industria militar inmensa y poderosa, apoyada tecnológicamente por grandes corporaciones norteamericanas, financiadas desde Wall Street[24], y a la espera de sus órdenes. Por poner un ejemplo, la Standard Oil de New Jersey, propiedad de Rockefeller, transfirió su tecnología de hidrogenación al monstruo alemán de la petroquímica I.G. Farben[25], que pasó de producir 300 mil toneladas de productos de petróleo y gasolina sintética en 1934 a producir 6,5 milllones de toneladas en 1944[26]. Y es que el dueño de la poderosísima I.G. Farben, Hermann Schmitz, tenía una gran parte de las acciones de la Standard Oil cuyo presidente, Walter C. Teagle, era también presidente de I.G Farben en Estados Unidos, bajo el nombre más discreto de General Aniline and Film (GAF) y en cuya dirección también se encontraba el hijo de Ford, Edsel Ford. La compañía Ford también fabricó los camiones de cinco toneladas que fueron la columna vertebral del transporte del ejército alemán. Albert Speer reconocería que sin el apoyo del combustible provisto por la General Motors, Hitler jamás hubiera podido invadir Polonia[27].

    En 1938, el combustible de los aviones necesitaba una aditivo indispensable, llamado plomo tetraetílico. Pero dicha sustancia sólo era fabricada por Standard Oil, Du Pont y General Motors. Fue en Londres, a través de la Standard Oil británica, donde Teagle vendió 500 toneladas de la preciosa sustancia a Schmitz para el gobierno nazi. Así, los londinenses serían bombardeados por los aviones nazis gracias a la americana Standard Oil. El mismo proceso se repitió cuando Teagle vendió a la aviación japonesa la sustancia que permitiría bombardear, esta vez, a sus conciudadanos, los soldados americanos en Pearl Harbour. [28]
    En cuanto a los medios informáticos para registrar y procesar los datos de la persecución de los judíos y la organización de su explotación como mano de obra esclava, fueron provistos por la compañía de Thomas J. Watson, la International Bussiness Machines o IBM, cuya empresa tenía una delegación en Varsovia que informaba a la central en EEUU. Watson nunca vendió sus sistemas informáticos a los alemanes, sino que los alquilaba, por lo que tenía pleno conocimiento del uso de sus máquinas inteligentes, acceso a las bases de datos y logró, durante toda la guerra, pingües beneficios que cobraba desde su delegación en la neutral Suiza[29].

    La Standard Oil de Rockefeller, la General Motors de Ford e IBM fueron pues las principales corporaciones estadounidenses que financiaron y aportaron la tecnología que permitió la creación de la poderosa maquinaria bélica alemana que destruiría Europa y Rusia. Veamos ahora cuáles fueron los bancos que apoyaron a Hitler.

    Los archivos de inmigración estadounidenses reflejan que, entre 1903 y 1913, el banquero que creó la Reserva Federal en 1913, Paul Warburg, desembarcó siete veces viniendo de Alemania. En alguna declaración de aduanas afirma ser ciudadano americano, en otras ser alemán y haber nacido en Hamburgo, llegando incluso a decir en 1906 que nunca había estado en los EEUU cuando era ya la tercera vez que desembarcaba y, en 1903, se había declarado americano residente en Nueva York en la 3 E. 82nd St. [30]. Estas mentiras y contradicciones dejan clara su voluntad de engañar a las autoridades sobre su verdadera nacionalidad y lugar de residencia. En aquel mismo barco de 1903, Paul Warburg viajaba con otros dos banqueros alemanes: Henry Sachs (de la banca Goldman Sachs) y James Loeb[31] (de la banca Kuhn, Loeb & Company). Su hermano Max Warburg era el presidente del Deutsche Bank, un casi monopolio de la banca en Alemania, y uno de los directivos de la línea alemana de transporte marítimo Hamburg-Amerika Steamship Line, junto con Prescott Bush, el padre del presidente G.H.W. Bush[32] (este dato confirmaría el origen alemán de la familia Bush, cuyo verdadero apellido sería Scherff). Es decir que la Reserva Federal americana y algunos de los principales bancos americanos fueron la obra de banqueros alemanes que llegaron a EEUU intentando esconder su verdadera nacionalidad, en los albores del siglo XX.

    Por otro lado fue el Baron Von Schroeder, el dueño de la Banca Schroeder, el que actuó como agente financiero de Hitler ante Gran Bretaña y EEUU. Su abogado fue John Foster Dulles, que le sería impuesto al Presidente Eisenhower como Secretario de Estado entre 1953 y 1959, y como Dulles era socio de Rockefeller, ayudó a crear la compañía de inversiones Schroeder-Rockefeller Investment[33]. J.F. Dulles también formaba parte del ejecutivo de la General Anilin and Film (la I.G.Farben estadounidense). El Warburg Bank of Manhattan, se convertiría en el Rockefeller Chase Manhattan Bank, que conocemos ahora como JP Morgan Chase Bank. La banca Rockefeller era la propietaria de la Standard Oil que, como hemos visto, financiaba y proveía de tecnología a la industria petroquímica y militar nazi, la I.G. Farben.

    En Inglaterra, mientras Lord Rothschild controlaba el Bank of England, su hermano menor Nathan Rothschild apoyaba la creación de Israel con el Baron Edmond de Rothschild, fundador del Israel National Bank. Esto no era óbice para que en 1934, Montagu Norman, gobernador de la Bank of England, favoreciera el apoyo a Hitler entre los grupos financieros de la City[34]. Cuando en 1939 los nazis estaban entrando en Checoslovaquia, el Banco Nacional Checo entregó 48 millones de dólares en oro de la reserva nacional a la Bank of England, para que los custodiara, pero, bajo la presión de los alemanes, Montagu Norman aceptó depositar el tesoro nacional chequo en cuentas nazis abiertas en la neutral Suiza[35].

    En pocas palabras, las más importantes empresas y bancos estadounidenses pertenecían a banqueros alemanes o a americanos abiertamente pro-nazis, y el banco central británico también colaboró intensamente con Hitler cuando estaba, al mismo tiempo, estrechamente vinculado, a través de los Rothschild, a la creación del estado de Israel.

    4. Paperclip, eugenesia oculta y control de la población

    La familia Rockefeller vuelve a aparecer cuando comenzamos a investigar los medios de control de la población: en una época muy temprana, los Rockefeller comprendieron que el control de la población ser realiza principalmente a través de la salud, es decir los medicamentos y servicios médicos, y a través de la educación. Por este motivo, John D. Rockefeller padre y John D. Rockefeller hijo, crearon en 1889 la Universidad de Chicago, el Rockefeller Institute for Medical Research en 1901, más adelante convertido en la Rockefeller University, el General Education Board en 1903[36], la Rockefeller Foundation en 1913, el Lincoln School en 1917, así como el Rockefeller Sanitary Commission. Una empresa subsidiaria de la Standard Oil de los Rockefeller creó un medicamento derivado del petróleo llamado primero Rock Oil, y después Nujol, que se presentaba como excelente laxante, diurético y que curaba el cáncer[

    Ya dijimos anteriormente que en 1910, Rockefeller junto con Harriman había apoyado la creación de la primera oficina eugenésica en Cold Spring Harbor, N.Y. con una aportación de más de 11 millones de dólares[38].
    De este modo, en los albores del siglo XX, los Rockefeller ya preparaban su entrada en los campos de la medicina, la farmacéutica y la educación.


    Fluorización del agua potable

    En cuanto decimos flúor pensamos prevención de las caries, sin embargo su uso sistémico es actualmente desaconsejado por muchos autores y, cuando menos, controvertido[39]. Para empezar, es necesario precisar que el fluoruro de sodio es el principal ingrediente de todos los mataratas.

    En 1954, el químico estadounidense Charles Eliot Perkins escribía a la Lee Foundation for Nutritional Research, la siguiente carta desde Alemania, donde había sido enviado por el gobierno americano para ayudar en la tarea de reconstrucción de las fábricas de la I.G. Farben:

    “Los químicos alemanes crearon un plan de control de la población de lo más ingenioso y de amplias consecuencias, que fue propuesto y aceptado por las autoridades gubernamentales. Dicho plan era el de controlar a la población en un área definida a través de la medicalización del agua potable (…) en este esquema de control masivo, el fluorido de sodio tenía un lugar preeminente (…) Sin embargo, quiero ser muy definitivo y claro sobre este punto: la fluorización del agua no buscaba la mejora de la dentición infantil (…) El verdadero propósito de la fluorización del agua era reducir la resistencia de las masas a la dominación y al control y la pérdida de la libertad (…) Repetidas dosis infinitesimales de fluor reducirá gradualmente el poder individual para resistirse a la dominación por un lento envenenamiento, narcotizando la parte del cerebro que provoca la sumisión a los que desean gobernarlos. (…) Fui informado de esto con toda precisión y sinceridad por un científico que ha pasado casi 20 años investigando en la química, bioquímica, fisiología y patología del fluor (…). Cualquier persona que beba agua artificialmente fluorada por un periodo de un año o más nunca volverá a ser la misma persona, mental o físicamente”.[40]


    Esta toxicidad no es óbice para que el principal ingrediente del anunciado como fluoxetine en el popular antidepresivo Prozac sea en un 94% fluorido de sodio. El Prozac es uno de los medicamentos recetados para los niños hiperactivos en la actualidad, puesto que provocan sumisión.

    En aquellos mismos años 50, las autoridades norteamericanas intentaron imponer la costumbre de fluorar el agua potable esgrimiendo la protección dental infantil. Pero en 1954, 79 premios Nobel de química rehusaron apoyar la medida, por lo que no fue implantada. Hoy en día, los 2/3 de las aguas municipales de EEUU están fluoradas[41]. Por el contrario, Suecia, Holanda y Alemania han prohibido la fluorización del agua potable.

    Con toda la razón nos podemos preguntar: ¿Está siendo fluorada el agua potable en España? ¿Por qué motivo? ¿Quién lo ha decidido y quién lo ha autorizado? Nos podemos imaginar las gravísimas consecuencias sobre nuestra salud que puede acarrear la privatización del servicio municipal del agua de la Comunidad de Madrid.
    Con el ejemplo de la fluorización del agua se va evidenciando que, por un lado, resulta extremadamente sencillo controlar a la población por envenenamiento cotidiano e infinitesimal y, por otro, que existe una continuidad del proyecto eugenésico nazi en EEUU, y que intenta expandirse en Europa. Pero esta no es la única sustancia utilizada en este proceso.

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    Aspartamo y benzoato de sodio

    El aspartamo es un endulzante químico que se encuentra en Canderel, Nutrasweet, Metamucil, todos los refrescos light y numerosos alimentos y medicamentos. Hasta 1980, había sido prohibido por el FDA (Food &Drug Administration). El toxicólogo Adrian Gross testificó ante el Congreso de los EEUU que, según sus experimentos en laboratorio con animales, el aspartamo era causa de tumores y cáncer cerebral. También dicha sustancia ha sido denunciada como causante y agravante de diabetes, retinopatías y neuropatías, problemas en los fetos, alteración de la conducta en niños por ser un depresor de la serotonina, llegando a provocar convulsiones al ser incompatible con la insulina. Donald Rumsfeld es el presidente de la SEARLE, fabricante de dicho endulzante. Tras entrar en el equipo del presidente Reagan, el aspartamo fue aceptado por las autoridades sanitarias estadounidenses, el FDA, en 1981, a pesar de las innumerables quejas y denuncias de los ciudadanos. La doctora J. Hull fue diagnosticada en 1991 con el síndrome de Graves, una enfermedad sin cura provocada por envenenamiento por aspartamo. Declaró que muchos científicos quieren investigar sobre esta sustancia pero las instituciones en las que trabajan no se lo permiten. En Europa, el Dr. M. Soffritti de la fundación Ramazzini de Boloña presentó su investigación en 2007, tras un estudio de tres años llegó a la conclusión que el aspartamo es una sustancia cancerígena multipotencial. Y en la Universidad de Barcelona, el departamento de Biología confirmaba también que el aspartamo era altamente cancerígeno.

    Por si esto no fuera suficiente, otra sustancia cancerígena se encuentra en la mayoría de los refrescos como Coca Cola o Pepsi Cola, el benzoato de sodio que provoca además de cáncer, Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas, incluso alteraciones en el ADN [42].

    Sin embargo, nuestros supermercados estás llenos de productos que contienen estas sustancias peligrosas con las que nuestros hijos meriendan y celebran sus cumpleaños[43].

    Tal vez lo más sorprendente de la investigación para este capítulo haya sido descubrir que el nacionalsocialismo desarrolló una lucha contra el cáncer, defendía la comida sana, favorecía la alimentación vegetariana, rechazaba los aditivos químicos en los alimentos y condenaba el tabaco, ridiculizando abiertamente a Churchill, Mussolini y Stalin por ser grandes fumadores. Este punto positivo del nazismo es completamente desconocido, pues el maniqueísmo simplificador imperante no permite hablar de aspectos positivos en lo que se demoniza.

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    LSD, Marihuana… Drogas de la CIA para el control mental

    La obsesión de los nazis por conocer y controlar los mecanismos de la psique humana no es ninguna novedad. Aparte de la investigación química aplicada a la psiquiatría, los nazis tenían auténtica fascinación por el esoterismo, el ocultismo y la parapsicología[44].

    El uso por la cúpula nazi de la magia negra, los ritos iniciáticos, la práctica de la visualización remota, la hipnosis, su profunda creencia en los poderes no racionales de la mente y su convicción de la existencia de una inteligencia no humana han sido borrados de la historiografía oficial del III Reich. Según Walter Stein, asesor de Churchill, el Primer Ministro inglés decidió que este punto no trascendiera a la opinión pública porque creía que ésta no estaba preparada para dicha información; además podría haber sido utilizada en los juicios de Nuremberg para eximirlos de culpa por enajenación mental[45]. Entre los adeptos a los grupos espiritistas de la cúpula nazi, el que ostentaba el rango de maestro espiritual fue Dietrich Eckart, llamado por Hitler el fundador espiritual del nacionalsocialismo.

    Para investigar las capacidades parapsicológicas del ser humano, los nazis crearon una unidad psíquica especializada en la investigación de los poderes psíquicos, denominada Doktor Gruenbaum, no por ningún médico en particular sino porque Gruenbaum significa árbol verde, un símbolo cabalístico de sabiduría y alusivo al bíblico Árbol de la Vida o Árbol del Conocimiento del Jardín del Edén. Los psiquiatras nazis de la unidad psíquica Doktor Gruenbaum no interesaron, en un principio, a los americanos, así, fueron llevados a la Unión Soviética para trabajar en los servicios de inteligencia en el control mental. Sin embargo, más adelante la CIA comprendió la utilidad del control mental, y se interesó por los conocimientos del nazi Fritz Kaufmann sobre el uso de electrochoques como terapia para lograr el consentimiento; éstos serían utilizados no sólo por los servicios secretos del ejército americano, sino también por los servicios médicos estadounidenses que trataban a criminales y disidentes en los años del Macartismo. En una entrevista concedida en 2007, Lynn Buchanan declaraba conocer la existencia de la unidad Doktor Gruenbaum, y haber entrenado ella misma a miembros del ejército americano en la práctica de la visualizacion remota (remote viewing)[46].

    Es importante recordar que el pensamiento eugenésico, no el de la mejora de la vida sino el del control de la población, es absolutamente troncal en el nazismo; así podemos comprender por qué el control mental del individuo y de la población concentraría tantísima energía y materia gris en las investigaciones nazis. Los métodos eugenistas de Galton y Darwin midiendo antebrazos, cabezas y guisantes, quedan absolutamente ridículos y trasnochados cuando nos internamos en los planes de control mental de la población a partir de distintas sustancias y técnicas diseñadas por los nazis y continuadas a partir de 1947 por la CIA en EEUU y Europa.

    Fue también durante la II Guerra Mundial, en 1943, cuando un químico suizo, el doctor Albert Hofmann que trabajaba para los laboratorios Sandoz en Basilea, descubrió por casualidad el ácido lisérgico o LSD. Este alucinógeno sintético fue rápidamente utilizado por la CIA para conseguir confesiones de los espías capturados, gracias a la colaboración de científicos nazis que habían experimentado los efectos de sustancias químicas con los presos en los campos de concentración. Numerosos experimentos fueron realizados por la CIA con cobayas humanos, con o sin su conocimiento, para conocer el alcance de las consecuencias de las drogas como la marihuana o el LSD, y el campus universitario de Harvard fue uno de los escenarios en los que se inició lo que se ha llamada la Revolución de las drogas en los años 60. El doctor Timothy Leary y Richard Alpert, director de investigación clínica y psicológica del hospital Kaiser Foundation de Oakland, California, dirigieron varios experimentos con sustancias utilizando al alumnado de dicha universidad. Ambos fueron finalmente despedidos en 1963.

    Cómo no, las drogas sintéticas también fueron de gran interés para el espionaje militar: MK-Ultra fue, o tal vez sigue siendo[47], un conjunto de proyectos de experimentación de control mental con drogas, creado en 1953 por Richard Helms, un oficial de la CIA, en colaboración con el psiquiatra Sidney Gottlieb. Este proyecto fue instigado por el director de la CIA, Allen Dulles, interesado por las técnicas de control mental utilizadas con los prisioneros americanos por soviéticos, chinos y coreanos durante la guerra de Corea[48]. La experimentación sobre soldados americanos se desarrolló en el Edgewood Arsenal cerca de Chesapeake Bay, donde 6720 jóvenes, entre 1955 y 1975 fueron utilizados como cobayas, con el pretexto de participar en proyectos militares. El centro fue cerrado tras una investigación del Congreso en 1975. En 1986, el sargento J. Stanley llegó con su denuncia hasta la Corte Suprema, pero el asunto no trascendió a la opinión pública, como era de esperar.

    En 1977, tras una comisión de investigación del Senado sobre la experimentación sobre humanos, el senador Ted Kennedy declaró:

    “El director de la CIA reveló que más de 30 universidades e instituciones estaban implicadas en un extenso programa de experimentación que incluían tests con drogas sobre ciudadanos no voluntarios, de todos los niveles sociales, americanos o extranjeros (…) Los programas de la CIA de experimentación sobre humanos de los años 50 y 60 violaron la confianza del pueblo americano (...) y la violaron otra vez cuando la gran cantidad de sus informes fueron destruidos en 1973.”

    Fue Richard Helms, creador del MK-Ultra, el que había ordenado la destrucción de todos esos archivos.

    Con la revolución de las drogas de los años 60, el consumo de drogas se convertiría en un auténtico movimiento social de la juventud que asociaba el consumo de estupefacientes con la idea de libertad y modernidad, y su rechazo con la represión mental y la anticuada castidad puritana[49]. A pesar de aparentar ser un movimiento social espontáneo, juvenil y libertario, muchos investigadores han señalado que pudiera ser parte de un plan para debilitar estructuralmente la sociedad americana. Y como la juventud europea busca a sus ídolos en EEUU, la apología de las drogas llevada a cabo por la industria del Pop también ha repercutido en la mentalidad y comportamiento de los jóvenes en Europa hasta la actualidad.

    Electromagnetismo para curar el Cáncer o para controlar y destruir la mente

    Todo organismo es energía, y como tal, es un campo electromagnético. A su vez, todo proceso químico sobre las células se realiza a través de frecuencias electromagnéticas. Este conocimiento de los efectos de ondas electromagnéticas sobre el organismo humano ya era conocido en los años 30. Los nazis habían descubierto la posibilidad de manipular la mente a través de ondas electromagnéticas de alta o baja frecuencia. Pero en EEUU, en aquellos mismos años 30, el Dr. Royal Raymond Rife investigaba con intención de curar, no de controlar: demostró la posibilidad de alterar células bacterianas o virales con ciertas frecuencias eléctricas. En 1934, un comité de investigación de la Universidad de California del Sur confirmó que Rife estaba logrando curar en laboratorio diferentes enfermedades incluido el cáncer con su tratamiento de frecuencias eléctricas. Continuó con éxito su investigación con animales y finalmente, con los doctores Milbank Johnson y Alvin G. Foord consiguió curar a 16 pacientes con cáncer terminal que habían sido desahuciados por la medicina oficial.

    Rife describió el tratamiento con su máquina de frecuencias electromagnéticas: “Con el tratamiento de frecuencias, ningún tejido es dañado, no se siente dolor, no se oye sonido alguno, y no se siente nada. Un tubo luminoso se enciende y tres minutos después el tratamiento está terminado”[50].

    Como era de esperar, la industria farmacéutica, que no busca curar sino cronificar para seguir haciendo negocio, lo declaró enemigo nº1: Rife, que trabajaba en la Fundación Internacional contra el Cáncer fue despedido; acusado de fraude, fue perseguido ante los tribunales y desprestigiado por el mundo científico. Murió, amargado y desilusionado, en 1971. Su máquina existe, y el tratamiento se puede conseguir, pero sólo está en manos de algunos doctores que trabajan para pacientes exclusivos[51].
    Según el Dr. Nick Begich, director del Lay Institute of Technology, hay científicos que “han conseguido aislar muchos de los códigos de frecuencia que pueden curar al ser humano y, lo que es más importante, esto se está sumando a un creciente número de importantes avances en el diagnóstico y tratamiento de numerosas enfermedades” 52.
    Así, hace más de 50 años que el cáncer tiene cura. Y la máquina está disponible, para algunos privilegiados. Tenemos muchos motivos para pensar que si la verdad llega a la población y el miedo de los científicos va desapareciendo, el futuro puede ser sorprendente.

    Pero, como es lógico, de la misma manera que el electromagnetismo puede curar, también puede alterar la salud. Y los servicios secretos de control no iban a despreciar esta posibilidad.

    El sistema ECHELON es un sistema de control electromagnético via satélite de la NSA, el servicio de inteligencia del Gobierno Federal de los EEUU, que permite escuchar conversaciones telefónicas nacionales e internacionales o captar correos electrónicos por todo el mundo (esto puede explicar la insistencia de las compañías en regalarnos una Blackberry, así se puede controlar via satélite los correos electrónicos sin necesidad de entrar en la red). Hasta el 2001 el gobierno se había negado a reconocer su existencia. Según estudios de la Unión Europea, ECHELON va captando las comunicaciones electrónicas como si fuera una aspiradora utilizando palabras claves y almacenando toda esa información en gigantescos bancos de datos. Este sistema ECHELON de inteligencia a nivel planetario ha provocado quejas formales a los EEUU por parte de muchos países.

    A partir de los años 70, en el ámbito militar se sabía que el comportamiento humano puede ser modificado a través del uso de sutiles manipulaciones energéticas. En el 2006, se sabe que los servicios de inteligencia estadounidenses tienen la tecnología para poder manipular las emociones, la memoria y hasta el pensamiento de las personas con medios electromagnéticos[53]. Según lo que ha trascendido, la primera vez que esta tecnología fue utilizada como arma bélica fue durante la guerra de Irak: un helicóptero envió la carga electromagnética en dirección de un bunker iraquí, al cabo de un tiempo los soldados salieron del bunker con las manos en alto. No había nadie frente a ellos.
    No estamos en guerra, pensará el lector, sin embargo debemos asociar esta tecnología con la llegada paulatina de los microchips subcutáneos. En nuestros móviles lo que da señal es precisamente el microchip, no sólo el externo que podemos sacar, sino que hay otro interno al que no tenemos acceso, por lo que aunque apaguemos el móvil y retiremos la batería, sigue siendo posible rastrearnos si lo llevamos encima. Esa escena que ya hemos visto cien veces en las películas en las que el perseguido tira su móvil al río y, si no tiene río, lo pisotea con saña, nos da una idea de lo fácil que es encontrar y teleguiar a alguien que lleva un microchip. Y si el microchip lo llevamos debajo de la piel….difícilmente podemos tirarlo al río.

  2. #2
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    Escuche q les ofrecieron la ciudadania yanky y el perdon por los crimenes de guerra , a cambio deverian entregar todos los conocimientos q tenian ensima y trabajar con los yankys en mejorar lo que habia en casa.. saludos

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