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    Predeterminado La peor derrota de los gurkas

    Castigo divino?
    TERREMOTO EN NEPAL
    La peor derrota de los míticos guerreros Gurkas

    El terremoto destruyó Barpak, como el resto de aldeas en la región... El terremoto destruyó Barpak, como el resto de aldeas en la región nepalí de Gorja, epicentro del seísmo. JAVIER ESPINOSA
    JAVIER ESPINOSAEnviado especial Barpak (Nepal) Actualizado: 03/05/2015 03:31 horas
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    A Kahs Bahadur Gurung se le llenan los ojos de lágrimas al recordar la pérdida de su vivienda. "La construí con el dinero que gané en el ejército británico. Me costó 2.000 dólares. Perdí otros 2.000 que tenía dentro de la casa. No los pude encontrar entre los escombros. Todos mis ahorros", recuerda el antiguo sargento de 82 años. La morada, como el resto de la decena de casas que la rodeaban, son ahora puro escombro. Su nueva 'residencia' es una precaria tienda de campaña que han erigido con palos, una lona de plástico y pajas como 'superficie'.

    La conversación se interrumpe cuando una enésima réplica sacude la aldea de Balaua. Los pequeños movimientos telúricos -recuerdos del gran seísmo del sábado 25 de abril- son una constante en el distrito de Gorja. Los atemorizados nepalíes los acogen con gritos de ansiedad.

    "¡Otro!", clamó Bahadur. Su chillido fue coreado por los de los niños y mujeres del entorno.

    Pese a que sirvió durante 18 años en las famosas unidades Gurkas del ejército británico y luchó en la selva de Borneo y Malasia contra las fuerzas indonesias que reclamaban ese territorio, Bahadur reconoce sentirse "aterrado" por los seísmos.

    'Nunca sentí tanto miedo'

    "En la guerra disponías de un fusil para defenderte. Aquí me sentí como un muñeco al que meneaban. Acabé en el suelo. Nunca había sentido tanto miedo", le secunda Sunder Ghela, de 80 años de edad, nativo del poblado de Barpak y otro veterano que sirvió con los militares ingleses.

    En las filas de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, nombres como Barpak, Laprak o Balaua se asocian con las regiones nepalíes que sirvieron como centro reclutamiento durante décadas a los Regimientos Gurkas, que en ese país se han rodeado de toda una aureola casi mítica tras su participación en incontables conflictos.

    Pero desde el pasado 25 de abril, cuando la región de Gorja -que da nombre a esas unidades militares inglesas- se convirtió en el epicentro del terremoto, esos mismos poblados son un reflejo de la devastación que ha azotado a este país.


    Aislados del resto del país

    Encaramada en una montaña de 2.000 metros de altura, Barpak ha quedado aislada del resto del país. El camino usado en el pasado por los jeeps que conducían a los turistas hasta esta pintoresca población de unos 12.000 habitantes aparece ahora cortado por decenas de avalanchas.

    El colapso de las colinas lo cubrió con toneladas de piedras y tierra, rocas del tamaño de camiones y enormes arboles de decenas de metros de altura. La propia vía que conducía al villorrio está marcada por espectaculares grietas y desniveles generados por el movimiento telúrico.

    Ahora, el acceso desde Balaua -la residencia de Kahs Bahadur- hasta lo que resta de Barpak requiere o bien un periplo en helicóptero o una durísima ascensión de más de tres horas a través de desfiladeros poco propicios para los que sufren de vértigo o ríos que se deben atravesar por precarios puentes de madera colgante que se balancean a cientos de metros de altura.

    El desafío ha probado una vez más la dureza de clanes como los Gurung o los Ghela, el principal vivero humano de los Regimientos Gurka, y explica por qué en 1815 los mismos soldados británicos que les habían derrotado quedaron tan impresionados por sus cualidades físicas y combativas que decidieron alistarlos en su ejército.

    'Nos eligen porque somos muy duros'

    Los habitantes de Barpak y los puebluchos colindantes han organizado desde hace días un suerte de cadena humana en la que porteadores de todas las edades -incluidos ancianos o mujeres que alternan los bultos con el niño que llevan atado a la espalda- son capaces de subir estos riscos sin despeñarse con decenas de kilos a la espalda.

    "Nos eligen porque somos muy duros. Gente directa. Por estas montañas sólo pueden andar las cabras. Y nosotros", asevera Sunder Ghela en Barpak, acompañando sus palabras con una amplia sonrisa. Justo al iniciar el periplo hacia Barpak un grupo de soldados nepalíes llega hasta Balaua acarreando el último cadáver que habían rescatado en ese enclave. "Era una mujer. Se llamaba Sabita Gurung. Barpak es un desastre. Todo está destruido", explicó un uniformado.

    Desde Balaua, el camino ascendente hacia Barpak te conduce a Mandri tras dos horas de marcha exhaustiva. El último tramo requiere arrastrarse casi a gatas sobre los restos de una avalancha y concluye caminando literalmente sobre los pedruscos y despojos que hace días eran las viviendas de este poblacho de 300 habitantes.

    Tan sólo quedan tres casas en pie del centenar largo que conformaban este lugar. El seísmo mató a siete personas en un minúsculo enclave que desde las alturas semeja haber sido aplastado por un gigantesco martillo. Sólo se divisan pilas de cascotes y las planchas de metal que usaban como tejados.Dhan Bhadur Gurung se salvó porque consiguió "saltar fuera de la casa" justo antes de que se derrumbara por completo. "Todo se vino abajo", añadió.



    ¡Aquí vienen los Gurkas!

    El padre de Dhan, Tuka Ram Gurung, también sirvió en las unidades Gurkas de Inglaterra durante 15 años. "Estuvo desplegado en Hong Kong", refiere. "Esta región es conocida porque muchos nepalíes se enrolan en el ejército británico o indio", aclara. Las tropas Gurkas se dividieron entre Inglaterra e India tras la independencia de ese país en 1947. Antes se ganaron su fama combatiendo en la I y II Guerra Mundial. La historia militar les recuerda como temibles guerreros, hábiles en el manejo de su temido cuchillo curvo, el kukri, con el que se lanzaban al asalto de las posiciones enemigas al grito de "¡Aayo Gorkhali!" (¡Aquí vienen los Gurkas!).

    Sus méritos fueron reconocidos por las autoridades británicas, que hasta ahora les ha concedido 26 cruces de Victoria, la mayor distinción militar del Reino Unido. Uno de los que consiguió esa medalla fue el capitán Gaje Ghale, nativo de Barpak, que peleó en Burma durante la II Guerra Mundial. Los vecinos de este reducto montañoso le recuerdan como su "héroe" más prominente.

    Esa aureola de soldados invencibles es la que ha quebrado la naturaleza. A sus 82 años, Del Bahadur Ghela, admite su impotencia ante la catástrofe. Sobrevivió entre otras a la atroz campaña de Burma en la II Guerra Mundial y sirvió durante 45 años en los Regimientos Gurkas. Ahora malvive bajo otra lona de plástico levantada a metros de los desechos de su morada.

    "Nos costó 6.000 dólares. Todos los ahorros que consiguió mientras estaba en el ejército británico. La construimos después de perder otra casa en un deslizamiento. Esto nos ha roto el corazón», precisa su esposa, Man Maya Ghela.

    Fue ella quien salvó a Del, que reducido por la vejez, apenas puede moverse. "La casa se caía. Lo saqué a gritos, arrastrándole", rememora la señora.

    La imagen de este veterano de los campos de batalla resume la fragilidad del ser humano. El anciano resultó herido levemente en la mano. Decenas de moscas se acumulan en torno a las llagas, que tan sólo cubre con un simple pañuelo. El viejo ex soldado viste las mismas chancletas con calcetines y chaqueta roída con la que fue rescatado de su domicilio. "No pudimos salvar ni sus fotos vestido de militar", asevera Man Maya.

    En Barpak, Sunder Ghela también se queja del severo perjuicio que ha causado la naturaleza a su vivienda. Aunque él tuvo suerte. El techo se hundió y parte de los muros. Pero el edificio continúa erguido. "Pagué 7.000 dólares. Sí, era el dinero que gané como soldado. Calculo que tardaré un año en reconstruirla", dice.

    Su hijo, Nair Bhadur Ghela, estaba durmiendo en el pequeño negocio de copia de películas y distribución de televisión vía satélite que esta familia tenía instalado al costado de la edificación."El terremoto me hizo saltar de golpe cinco escalones", recuerda.

    El seísmo ha devastado un 60% de Barpak, una villa a la que la prensa local se refiere como la zona cero del terremoto. «Han muerto 62 personas. Hay barrios enteros como Dunguetara o la zona adyacente al templo donde todo se ha caído», relata Min Gurung, de 30 años de edad.


    Destrucción sistémica

    El poblado tiene el aspecto de encontrarse sumido en un conflicto bélico. La llegada de los helicópteros militares es una constante. El ejército indio y nepalés mantienen un campamento en una de las escuelas, que usan también como pista de aterrizaje. Min Gurung se adentra por el suburbio de Donguetara. A partir de aquí, todo es ruina. Una destrucción sistemática.

    Decenas y decenas de viviendas derruidas. Los habitantes se afanan en recuperar los maderos y planchas de hojalata que usaran en la reconstrucción. Otro signo de la determinación de este pueblo. No esperan la ayuda externa. Ellos mismos han comenzado a rehabilitar su pueblo, aunque el propio Min admite que "sin ayuda externa podemos pasar 10 años hasta que consigamos volver a como estábamos antes del terremoto".

    Varios de los hoteles que servían como centro de acogida para los foráneos que visitaban el lugar -Barpak formaba parte de una ruta de trekking muy popular entre los asiduos de esta práctica- han resistido el embate. Lugares como el New Barpak Hotel o la Casa de Huéspedes Ruping La.

    Una imagen muy distinta de los habitáculos que rodean el templo local, reducidos a montañas de piedras y desechos. Parte de los despojos siguen humeando días después de la tragedia. "La gente había preparado muchos litros de aceite para una ceremonia y el terremoto provocó un enorme incendio. Ardieron tres casas", menciona Min.

    'Solo encontramos la mitad del cuerpo'

    Una familia entera -madre, abuela y dos hijas- quedó sepultada en esta zona. "Cuando rescatamos el cadáver de la madre, Ramea Gurung, tan sólo encontramos la mitad del cuerpo. No sabemos que pasó con el resto. A lo mejor lo consumió el fuego", declaró el joven.

    La triste suerte de la tierra natal de los Gurkas ha generado un enorme impacto entre los nepalíes instalados en el Reino Unido. En la actualidad, unos 3.400 gurkas permanecen alistados en el ejército inglés y otros 30.000 en el indio.

    Esta semana, con motivo de los festejos del segundo bicentenario de su incorporación a las fuerzas armadas del Reino Unido cientos de ellos desfilaron por el centro de Londres, rindiendo al mismo tiempo un homenaje a las víctimas de su país natal. En un simbólico gesto, Londres ha enviado a un pequeño contingente de estas tropas a Katmandú para asistir a las víctimas del temblor.

    En Barpak, las viviendas de ex soldados siempre se distinguieron por su empaque. Pese a su condición humilde, también entre los pobres hay categorías. Los antiguos gurkas como Sunder Ghela podrán beneficiarse al menos de la pensión de unos 300 dólares que reciben del Reino Unido.

    "Ellos tienen una ayuda, pero ¿qué pasará con los que vivían del turismo? ¿Quién va a venir a ver estas ruinas? Barpak está muerto, a menos que algún país nos ayude", concluye Min Gurung.
    FUENTE
    Última edición por EDMUNDO; 03/05/2015 a las 13:57

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