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Tema: La Guerra de Malvinas y la desmalvinización

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    Predeterminado La Guerra de Malvinas y la desmalvinización

    La Guerra de Malvinas y la desmalvinización

    NdE: nótese cuantos temas que estn en debate en los distintos threads, parecieran confluir en este solo títlulo.-
    14/08/2014

    13 de junio de 1982. La suerte de la batalla de Puerto Argentino ya estaba echada, nos habíamos quedado sin exocet, los buques de la Armada no podían navegar y entrar en combate por el acecho de los submarinos atómicos, la diferencia de fuerza en el mar era abismal.

    Clic en la imagen para ver su versión completa. 

Nombre: malvi_desmalvi.jpg 
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    Las tropas apostadas en las islas, desgastadas por el largo periodo que habíamos sufrido en las posiciones sin recambio, sumado a las duras inclemencias del tiempo nos fueron quitando agresividad y fortaleza. Aislados totalmente del continente y a pesar de los actos heroicos de nuestros soldados, las probabilidades de detener a las fuerzas británicas, que estaban apoyadas y sostenidas por EEUU y la O.T.A.N., eran muy bajas; solo era cuestión de tiempo.

    Todo esto llevó a que en las mentes de los que dirigían las acciones bélicas, rondara la idea de tener al menos una retirada heroica.

    Derrotado el país en el plano militar, silenciados los cañones y cuando el humo de la pólvora en Malvinas aún no había desaparecido, comienza el proceso llamado desmalvinizaciòn. El politólogo francés Alain Rouquié fue el que años más tarde así lo nominó.

    El objetivo de la Junta Militar, asesorado por los Costa Méndez, Martínez de Hoz, Alemann, etc., era recomponer rápidamente las relaciones con los países centrales, especialmente con el Reino Unido. A nuestro regreso nos hicieron entrar por la puerta de atrás, para que el pueblo no se entere de los hechos ocurridos en Malvinas.

    En todo el país los medios masivos de comunicación tenían prohibido hacernos reportajes, excepto aquellos veteranos que solo hablasen que pasaron frio, hambre y de todas las penurias que habíamos sufrido en la guerra. Fuimos arrojados a una zona gris de marginación social, donde se fue formando la figura de que volvimos medio “loquitos”. De esta manera, mientras algunos veteranos perdían el trabajo, a otros que lo buscaban se lo negaban.

    YA EN “DEMOCRACIA” A TRAVÉS DE VOCEROS (POLÍTICOS, PERIODISTAS, ACADÉMICOS, LIBROS, PELÍCULAS Y DOCUMENTALES, ETC.) FUERON DÁNDOLE FORMA MÁS ELABORADA A LA DESMALVINIZACIÓN, PLAGADA DE MISTIFICACIONES Y FALACIAS.

    La desmalvinización es el arma principal de la guerra psicológica que los ingleses utilizaron para desarmar espiritual y materialmente a la Argentina.

    Espiritualmente, el objetivo era despojar todo acto heroico y de patriotismo ocurrido en Malvinas, para que no se transmita al pueblo ni a las futuras generaciones de las FFAA los conocimientos, ni el espíritu patriótico antiimperialista.

    Vaciada espiritualmente la Argentina, comienza el proceso en lo material: las privatizaciones, la extranjerización de la economía, la precarización laboral, colonización cultural, etc. Que nuestro enemigo principal ya no fuese el imperialismo británico, sino los militares argentinos. Provocar un sentimiento lastimoso y de dolor en el pueblo en todo lo que tenga que ver con Malvinas.

    La desmalvinización pretende que seamos hombres sin Patria, sin Nación, que seamos ciudadanos que viven en un determinado lugar, sin fe, sin cultura, sin historia y sin destino.

    Ante esta situación vimos la necesidad de crear Centros de Veteranos en todo el país para materializar nuestros reclamos (salud, vivienda, trabajo, etc.) y contener aquellos que al retornar a la vida social estaban aún con un impacto psicológico posbélico.

    Despojada la dignidad del soldado argentino a un penoso papel, el lema era llamarlos “chicos de la guerra” y demostrar que todo nuestro esfuerzo, y en algunos casos heroicos sacrificios, fueron estériles y carecieron de sentido. Esto fue agravando el estado psicológico del Veterano. Muchos de nuestros camaradas de la nostalgia pasaron a la melancolía, de la melancolía a la depresión y luego al suicidio.

    Los Centros de Veteranos por falta de experiencia política, tomaron como forma de reclamo la figura de víctima, esa figura llega hasta el día de hoy, justo lo que necesitaba el enemigo para llevar a cabo sus siniestros planes.

    Que el Veterano, en vez de exigir, mendigue; el que mendiga pierde la dignidad y al perder la dignidad solo queda el materialismo.

    Por eso, hoy escuchamos en los Centros de Veteranos hablar temas superficiales y de dinero, de Malvinas como algo que sucedió hace tiempo y que el pueblo argentino nos tiene que rendir honores por todo lo que hicimos, SIN DARNOS CUENTA QUE LA GUERRA CONTINÚA.

    Al no tener objetivos claros se produce en nuestros centros muchas dificultades de convivencia.

    Esta figura del Veterano víctima la materializaron con una nueva ley en la Provincia de Buenos Aires, que es un ensayo para luego extenderla a nivel nacional, donde ponen en igualdad de condiciones a los desaparecidos en el proceso militar y a los Veteranos de Malvinas, quedando así al descubierto la política de desmalvinización llevada acabo por nuestros gobiernos, política funcional a Inglaterra.

    O SOMOS COMBATIENTES DE MALVINAS (VETERANOS) QUE SEGUIMOS LA LUCHA Y FUIMOS A PELEAR POR DIOS, POR LA PATRIA, POR NUESTRA BANDERA SIGUIENDO UNA CONTINUIDAD HISTÓRICA CONTRA NUESTRO ANCESTRAL ENEMIGO. O SOMOS EXCOMBATIENTES, ES DECIR YA DEJAMOS DE PELEAR Y NOS ENCUADRAMOS COMO VÍCTIMAS DE LA DICTADURA MILITAR.

    Con el fondo Patriótico Nacional (anexo 40) nos hacen un test psicológico y nos dan un grado de discapacidad para una pensión de retiro, donde todos los Veteranos pasamos a ser discapacitados. Queda a las claras la política de prostituir al Veterano, degradarlo, humillarlo, para que pierda su propia identidad como sujeto activo. Nos hacen incapaces de realizar cualquier tipo de reclamo de cualquier índole ya que ¡TODOS SOMOS DISCAPACITADOS!

    El proceso desmalvinizador hizo mucho daño en la población de veteranos, muchos de nosotros hemos caído en las adicciones, alcohol, drogas, juegos, etc. Un porcentaje importante, debido a esta situación, se quedó sin familia, lo que llevó a que su necesidad económica fuese ajustada y de este modo el Anexo 40 funcionó como un anzuelo para solucionar estos flagelos, sin percibir la maniobra que había detrás.

    Esto hubiera sido muy distinto si a todos los veteranos se les hubiera hecho un examen psicológico y el Estado se hubiera hecho cargo solamente de aquellos casos que necesitaran tratamiento.

    Es prioritario unificar todas las pensiones en una sola, tener un solo beneficio a nivel nacional, pero claro, a ellos no les conviene solucionar nuestros problemas, no vaya a ser, que salgamos de la posición de mendigos y comencemos a reunir a todos los compatriotas para recuperar a nuestra querida Argentina, aprovechando la imagen positiva que tenemos en el pueblo, que nos considera héroes nacionales. Esto lo verificamos personalmente en cada charla que damos sobre Malvinas en las escuelas.

    Los viajes masivos de Veteranos a Malvinas financiados por los gobiernos municipales, provinciales y el nacional, crean una grave situación, porque al entrar como simples turistas, el sellado del pasaporte va creando antecedentes en el reconocimiento de la soberanía inglesa sobre las Islas. No es casualidad que no se requiera visa para entrar, trampa para facilitar los viajes y que entre la mayor cantidad de argentinos posible, de esta manera, nosotros mismos los argentinos, y especialmente los que guerreamos en Malvinas le estamos reconociendo su soberanía. (Cancillería nada hace al respecto).

    Aunque el proceso de desmalvinización tuvo como principal objetivo el de denigrar la dignidad de los que guerreamos en Malvinas, en rebajarnos y humillarnos hasta llevarnos a la condición de víctimas de la dictadura militar, no menos importante fue el objetivo complementario de desarticular en el seno del pueblo la idea que la Guerra de Malvinas fuera asociada a un jalón más de nuestra lucha contra el Imperio Británico y sus aliados.

    De este modo se difundió la idea de que la recuperación de Malvinas fue una aventura irresponsable y criminal de ladictadura militar, conducida por un general loco y borracho. Así fue que los servicios británicos movieron nuevamente los hilos para que, de una heroica y desigual guerra, donde por poco los derrotamos y expulsamos como en 1806 y 1807, la transformaran en un enfrentamiento entre “la dictadura militar argentina” y “la democracia británica”.

    No hay duda que una hábil y gigantesca maquinaria propagandista, sumada al apoyo de los dirigentes políticos y sociales, bendecidos desde la Embajada Británica, consiguieran imponer la postura de que el triunfo británico en Malvinas, hizo posible la recuperación de la democracia en Argentina.

    Una muestra de esos fluidos contactos, es la estrecha relación familiar entre el entonces agente de los servicios británicos Andres Federman (que en 1992 blanquea su situación como funcionario de la Embajada Británica en Bs. As.), con su cuñado Horacio Verbitsky, que durante los 70 militó como oficial de inteligencia de la organización subversiva y terrorista Montoneros. ESTE NO ES UN DATO MENOR, teniendo en cuenta la introducción ilegal de armas en buques y aviones ingleses entre el 74 y el 76 con destino a estos grupos terroristas (hoy en el poder). El enlace era justamente Andrés Federman, padre de la actual Directora Nacional de DDHH de los Ministerios de Defensa, de Seguridad y de Justicia, Natalia Federman.

    Es así que llegamos a esta situación de desorientación y confusión como antesala del caos, la disgregación y desintegración nacional, donde la desmalvinización, esta guerra psicológica del enemigo que comenzó entre nosotros, los veteranos y se extendió al conjunto del pueblo y sus organizaciones sociales y políticas, dando estos frutos amargos que están a la vista.

    Sino, cómo es posible que tengamos la ciudadana inglesa Laura Natalia Federman como jefa de DDHH en los Ministerios de Defensa, de Seguridad y de Justicia, que actúa como una verdadera comisaria política con el objetivo de denigrar y humillar a los integrantes de nuestras FFAA, como parte de un plan sistemático de aniquilamiento de las mismas. Esta inglesita es la que acusa a nuestros militares que guerrearon contra la subversión apátrida y los manda a verdaderos campos de concentración, algunos son Veteranos y verdaderos héroes de Malvinas, como es el caso del héroe de la Fuerza Aérea, Mayor Jorge Benítez.

    No es casualidad que con el desembarco de la inglesa Federman de la mano de la ministro Garré al Ministerio de Seguridad, se haya producido el descabezamiento de la plana mayor de la Gendarmería (la purga más grande de la última década), donde pasaron a retiro 19 comandantes y desplazaron de la frontera Norte al conurbano bonaerense más de 10.000 gendarmes, dejando desguarnecida la frontera, posibilitando así la entrada de droga hasta en contenedores.

    Cómo es posible que su hermana, Jimena Federman (también ciudadana inglesa) esté como asesora legal y vocera en el INADI, controlando los programas de Reingeniería Social y el fiel cumplimiento de las normas y leyes de las dictaduras de las minorías sexuales. El INADI funciona como organismo ejecutor de las políticas del CELS, fundado y presidido por el exmontonero Horacio Verbitsky y financiado por el Foreign and Conmonwealt Office (Gran Bretaña), la British Council y la propia Embajada Británica.

    Como muestra cabal del sometimiento ideológico, cultural y político a que nos denigran como personas y como nación, “REVOLCÁNDONOS EN EL FANGO DE LA HUMILLACIÓN” como lo dijo W. Churchill (nieto) en plena Guerra de Malvinas, luego del hundimiento de la Fragata Sheffield; Andrés Federman (h), otro hermano de la comisaria inglesa que sigue los pasos de su padre desde la misma embajada británica, es quien coordina y controla los tiempos y tramos de este siniestro proceso de desmalvinización.

    Cómo es posible que dejemos entrar tropas del Comando Sur de los EEUU a la Provincia del Chaco, cuyo objetivo no es la ayuda humanitaria como se dijo oficialmente, sino controlar el acuífero Guaraní.

    Cómo es posible que tengamos un aeropuerto inglés en la Patagonia, sin control alguno. La Gobernadora de Tierra del Fuego denunció vuelos desde ese aeropuerto a Malvinas y una diputada nacional le pidió explicaciones al jefe de gabinete Sr. Capitanich.

    Cómo es posible que aún esté vigente el acuerdo de Madrid, que somete nuestra nación a la fortaleza militar británica de Malvinas. Todo buque o avión militar que quiera pasar el paralelo 40 les tiene que avisar a los ingleses 20 días antes.

    Cómo es posible que nuestra mayor reserva petrolífera, como es Vaca Muerta en la Provincia de Neuquén, se haya entregado con cláusulas secretas a empresas trasnacionales, donde ya circula de buena fuente que una de las cláusulas es la instalación de una base militar de EEUU como garantía y protección de las mismas.

    No es casualidad que en Neuquén es donde está más avanzada la política separatista de los Estados Plurinacionales indigenistas con sede legal en la ciudad de Bristol, Inglaterra y que cuando estén dadas las condiciones van a apelar a la ONU, basándose en la Resolución de Libre autodeterminación de los pueblos para ser estados independientes dentro de nuestra propia Nación.


    Si estudiamos como Gran Bretaña dominó dos grandes potencias como la India y el milenario Imperio Chino, veremos cómo la acción sobre el pueblo a dominar comienza varios años antes, décadas antes del primer disparo. Comienza con una serie de medidas que permiten conocer al enemigo, desorientarlo, manipularlo, debilitarlo, aislarlo y hasta enfrentarlo con sus amigos, y cuando están dadas las condiciones, emplea la fuerza necesaria para someterlo. Se lo mina por dentro con agentes y recursos propios que fomentan la división y discordia. Para los británicos, la división incluye el fomento de la subversión y el terrorismo, la droga y la prostitución, el fomento de las minorías y las guerras internas entre grupos sociales, políticos y religiosos. En la Guerra del Opio en China, la política británica fue alternando su apoyo a uno y otro bando –rebelde y gobierno- hasta que el Imperio Chino quedó tan debilitado que no pudo oponerse a la política comercial inglesa del “Libre Comercio” de opio.

    El nudo central de la política británica de Desmalvinización está en que LOS INGLESES QUIEREN HÉROES MUERTOS Y NO VIVOS, no vaya a ser que algún veterano comience a reunir a los que aún tenemos la esperanza viva, y comencemos a “EXIGIR” la destitución de la ciudadana inglesa Laura Natalia FEDERMAN como funcionaria del estado Argentino; “EXIGIR” la nacionalización del aeropuerto inglés en Rio Negro; “EXIGIR” la derogación del humillante Acuerdo de Madrid, verdadero Tratado de Rendición incondicional; y así, de exigencia en exigencia, nos comencemos a reunir y organizar para recuperar nuestra querida Patria Argentina, tan humillada y vilipendiada.

    Por eso quieren desacreditar, difamar y humillar al gran héroe de Tumbledown, al Capitán de Navío Carlos Daniel Vázquez, quien combatió junto a sus hombres durante 8 horas contra el invasor Ingles, acatando la orden de no replegarse hasta recibir nueva orden. Se llenó de gloria, con un alto espíritu señoril. Depuso las armas solo cuando ya no había posibilidad de triunfo y para preservar a los hombres que le quedaban. Y a pesar de las torturas sufridas por parte de los ingleses mantuvo silencio para proteger al resto de los soldados del B.I.M.5.

    La difamación del Capitán Vázquez es parte de la política británica de desmalvinización (no por nada hay una comisaria política británica en el Ministerio de Defensa), porque no les conviene que tengamos héroes de ese tamaño con vida, entonces implementan campañas de desacreditación y difamación, para desprestigiar a nuestros héroes, a través de los“brithish criollos”. Es la clásica perversa y diabólica política británica de enfrentar y dividir a los pueblos, la dictadura de las minorías (indigenismo, género, etc); pero fundamentalmente dividir y enfrentar a los grupos y organizaciones que están en condiciones de liderar un movimiento nacional para recuperar la dignidad y soberanía de pueblos y naciones que pelean por su libertad.

    CAPITÁN, CUANDO SE DISIPEN LAS NIEBLAS DEL ODIO, DEL EGOÍSMO Y TODO EL PUEBLO SE ENTERE QUE HUBO UN PUÑADO DE TITANES, SOLDADOS ARGENTINOS DIGNOS DE SER IMITADOS, PASARAN A OCUPAR EL LUGAR QUE LES CORRESPONDE EN LA HISTORIA DE LOS GRANDES HOMBRES DE NUESTRA PATRIA.

    QUIERA DIOS Y LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA QUE ALGÚN DÍA VUELVA A CAMPEAR LA CELESTE Y BLANCA EN LAS TAN QUERIDAS ISLAS MALVINAS.


    Victor Eduardo Vital

    Veterano de Guerra de Malvinas B.I.M.5


    http://http://elmalvinense.com/malvinas/2014/2458.htm

  2. #2
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    Predeterminado Re: La Guerra de Malvinas y la desmalvinización

    Jalil, la foto del galpon sin techo es alegorica o es algun lugar con sentido real?

    Servi con el Capitan Vazquez, todo un honor!

  3. #3
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    Predeterminado Re: La Guerra de Malvinas y la desmalvinización

    Si es una alegoría seguramente del equipo de "El Malvinense", que tanto hacen para que Malvinas no se olvide.-

    El Capitan de Navío Vazquez sirvió como Jefe de una Sección de Tiradores en el Combate de Tumbledown.-

    Después fue imputado por el tema del espionaje en la Base Almirante ZAR, cuando digo que no están claras las cosas que podes hacer desde las FFAA, pasa esto terminas frente a un juez.-

    Te agradezco tu participación F18, y te dejo una nota de un diario de Rawson.-

    De nuevo gracias y un abrazo, Jalil.-

    Historias Mínimas
    Tumbledown, por Rolando Tobárez


    Entró a la Armada Argentina con apenas 17 años. Orgulloso, cara a cara con el juez Enrique Guanziroli le recordó que los pibes a esa edad no saben qué hacer de su vida. “Pero yo a los 5 años, desde que tengo algún recuerdo, sólo quería una cosa: ser soldado”. Se anotó en la Escuela Naval y fue cadete y se convirtió en infante de Marina. “Con mis 19 años ya veía qué hacía cada uno en una guerra y me dije que quería verla donde la pudiera sentir como persona e influir en el combate, no estar detrás de la pantalla de una computadora”.

    El 31 de diciembre de 1977, a los 20, egresó como guardiamarina. Con 25 años fue a Malvinas. Descansó 15 días y siguió su carrera naval. “Soy oficial infante de Marina, especialidad infante de Marina”. No es un error de repetición: “Infante-infante, doblemente bruto y orgulloso”, sonrió.

    El juez lo miró, callado. Hizo una pausa teatral y regresó a su juventud uniformada. En 1982 las unidades que iniciaban el combate en las islas se completaron con oficiales de todo el continente. Un lunes salió de su clase de Termodinámica, en la Escuela de Oficiales de la Armada en Puerto Belgrano y viajó derechito a Malvinas. “Me designaron jefe de una sección de tiradores como teniente de corbeta. Se me cumplió el sueño del pibe”.

    Fue jefe de 40 hombres y cubrió el extremo oeste de un monte llamado Tumbledown. “Un lugar precioso, un paraíso”, recordó. Desde la medianoche del 13 de junio y hasta las 8.10 del otro día, su sección fue atacada sin parar por el 2º Batallón de la Guardia Escocesa, completo. Y por una compañía del 7º Regimiento Gurka del Duque de Edimburgo. “Tumbledown fue el único lugar y la única circunstancia de Malvinas donde se combatió a bayoneta, todos mis hombres y yo. También a patadas, granadas, fusil, pistola y granadas antitanque contra personas”. Cuerpo a cuerpo, 8 horas y media.

    Levantó los brazos, miró al juez y se miró las palmas. “En ese combate curé soldados con estas manitos que no me lavé en dos meses”. Algunos sobrevivieron, otros no. La diferencia con el abrumador enemigo inglés era de 7 a 1. “Llegó un momento en que logré una pausa de media hora porque viéndome superado y sin posibilidades de que ninguno sobreviviera, ordené a la artillería argentina que tire sobre nosotros. No hay que ser militar para saber qué pasa”. Una masacre que eliminó argentinos y extranjeros, mezclados en el monte.

    Su comandante le dijo que podía rendirse. Eran las 1.30 del 14 de junio. “Dije que no, que ahí me quedaba. A la media hora los ingleses pasaron al asalto de nuevo y de nuevo hice que la artillería tirara contra nosotros, dos veces más, a las 3 y a las 4.30”. Los ingleses sacaban los cuerpos de los soldaditos de los pozos de zorro y los ocupaban de a uno. “Moría tanta gente nuestra como de ellos”. El último pozo cayó a las 8.10, el suyo.

    Lo interrogaron, no habló y le rompieron las costillas a patadas. Le ataron las manos en la espalda, lo acomodaron sobre una roca grande y le abrieron las piernas. “Me sacaron del punto de equilibrio, formaron un pelotón de fusilamiento y un teniente a mi izquierda ordenó abrir fuego”. Las balas picaron sobre su cabeza. Fue su bautismo de simulacro. “Y no hablé”, insistió. Regresó vivo. Murieron 14 de sus 40 soldados. Y sólo 6 hombres pudieron dejar el campo de batalla por sus propios medios.

    Un tal Mike Seear, militar inglés, fue el jefe de Operaciones de los gurkas esa larguísima noche. También volvió vivo y años después escribió “Return to Tumbledown”. En ese libro elogió a su rival argie. “Luego de que la sección que cubría sus espaldas se replegase sin darle aviso y rodeado de un enemigo numéricamente superior, cualquier oficial promedio se hubiera rendido. Pero esto nunca pasó por su cabeza. Por el contrario, él estaba determinado a hacer algo inmediato que Sun Tzu hubiera aprobado. Si actúo rápido vivo, si tardo muero. A continuación, pidió fuego de artillería sobre su propia posición”.

    Exactamente 30 años después, otro 14 de junio, el abogado del capitán de navío Carlos Daniel Vázquez hizo el alegato final para demostrar que su cliente no ejecutó inteligencia ilegal desde la Base Almirante Zar de Trelew, que está lejos pero no tanto de Malvinas. “Mire lo que es la vida, señor juez, y qué cosas distintas pasan dos 14 de junio. Desde el principio me negué a hablar en este juicio porque con franqueza, no le veo sentido. No soy soberbio, lo único que soy es un soldado dolorido que tiene que venir a explicarle a usted, un tribunal argentino, que no soy un delincuente”.

    Hace 38 años que el capitán Vázquez presta servicio a la Armada. Su orgullo más grande son una medalla por valor en combate y un hijo que se hizo teniente “aún después de ver lo que le pasó a su padre”. El 1º de agosto se retira. Un día antes escuchará una sentencia, sentado en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson. Lo que es la vida.#
    por Rolando Tobárez
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    Entró a la Armada Argentina con apenas 17 años. Orgulloso, cara a cara con el juez Enrique Guanziroli le recordó que los pibes a esa edad no saben qué hacer de su vida. “Pero yo a los 5 años, desde que tengo algún recuerdo, sólo quería una cosa: ser soldado”. Se anotó en la Escuela Naval y fue cadete y se convirtió en infante de Marina. “Con mis 19 años ya veía qué hacía cada uno en una guerra y me dije que quería verla donde la pudiera sentir como persona e influir en el combate, no estar detrás de la pantalla de una computadora”.

    El 31 de diciembre de 1977, a los 20, egresó como guardiamarina. Con 25 años fue a Malvinas. Descansó 15 días y siguió su carrera naval. “Soy oficial infante de Marina, especialidad infante de Marina”. No es un error de repetición: “Infante-infante, doblemente bruto y orgulloso”, sonrió.

    El juez lo miró, callado. Hizo una pausa teatral y regresó a su juventud uniformada. En 1982 las unidades que iniciaban el combate en las islas se completaron con oficiales de todo el continente. Un lunes salió de su clase de Termodinámica, en la Escuela de Oficiales de la Armada en Puerto Belgrano y viajó derechito a Malvinas. “Me designaron jefe de una sección de tiradores como teniente de corbeta. Se me cumplió el sueño del pibe”.

    Fue jefe de 40 hombres y cubrió el extremo oeste de un monte llamado Tumbledown. “Un lugar precioso, un paraíso”, recordó. Desde la medianoche del 13 de junio y hasta las 8.10 del otro día, su sección fue atacada sin parar por el 2º Batallón de la Guardia Escocesa, completo. Y por una compañía del 7º Regimiento Gurka del Duque de Edimburgo. “Tumbledown fue el único lugar y la única circunstancia de Malvinas donde se combatió a bayoneta, todos mis hombres y yo. También a patadas, granadas, fusil, pistola y granadas antitanque contra personas”. Cuerpo a cuerpo, 8 horas y media.

    Levantó los brazos, miró al juez y se miró las palmas. “En ese combate curé soldados con estas manitos que no me lavé en dos meses”. Algunos sobrevivieron, otros no. La diferencia con el abrumador enemigo inglés era de 7 a 1. “Llegó un momento en que logré una pausa de media hora porque viéndome superado y sin posibilidades de que ninguno sobreviviera, ordené a la artillería argentina que tire sobre nosotros. No hay que ser militar para saber qué pasa”. Una masacre que eliminó argentinos y extranjeros, mezclados en el monte.

    Su comandante le dijo que podía rendirse. Eran las 1.30 del 14 de junio. “Dije que no, que ahí me quedaba. A la media hora los ingleses pasaron al asalto de nuevo y de nuevo hice que la artillería tirara contra nosotros, dos veces más, a las 3 y a las 4.30”. Los ingleses sacaban los cuerpos de los soldaditos de los pozos de zorro y los ocupaban de a uno. “Moría tanta gente nuestra como de ellos”. El último pozo cayó a las 8.10, el suyo.

    Lo interrogaron, no habló y le rompieron las costillas a patadas. Le ataron las manos en la espalda, lo acomodaron sobre una roca grande y le abrieron las piernas. “Me sacaron del punto de equilibrio, formaron un pelotón de fusilamiento y un teniente a mi izquierda ordenó abrir fuego”. Las balas picaron sobre su cabeza. Fue su bautismo de simulacro. “Y no hablé”, insistió. Regresó vivo. Murieron 14 de sus 40 soldados. Y sólo 6 hombres pudieron dejar el campo de batalla por sus propios medios.

    Un tal Mike Seear, militar inglés, fue el jefe de Operaciones de los gurkas esa larguísima noche. También volvió vivo y años después escribió “Return to Tumbledown”. En ese libro elogió a su rival argie. “Luego de que la sección que cubría sus espaldas se replegase sin darle aviso y rodeado de un enemigo numéricamente superior, cualquier oficial promedio se hubiera rendido. Pero esto nunca pasó por su cabeza. Por el contrario, él estaba determinado a hacer algo inmediato que Sun Tzu hubiera aprobado. Si actúo rápido vivo, si tardo muero. A continuación, pidió fuego de artillería sobre su propia posición”.

    Exactamente 30 años después, otro 14 de junio, el abogado del capitán de navío Carlos Daniel Vázquez hizo el alegato final para demostrar que su cliente no ejecutó inteligencia ilegal desde la Base Almirante Zar de Trelew, que está lejos pero no tanto de Malvinas. “Mire lo que es la vida, señor juez, y qué cosas distintas pasan dos 14 de junio. Desde el principio me negué a hablar en este juicio porque con franqueza, no le veo sentido. No soy soberbio, lo único que soy es un soldado dolorido que tiene que venir a explicarle a usted, un tribunal argentino, que no soy un delincuente”.

    Hace 38 años que el capitán Vázquez presta servicio a la Armada. Su orgullo más grande son una medalla por valor en combate y un hijo que se hizo teniente “aún después de ver lo que le pasó a su padre”. El 1º de agosto se retira. Un día antes escuchará una sentencia, sentado en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson. Lo que es la vida.

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    Predeterminado Re: La Guerra de Malvinas y la desmalvinización

    El trauma de la desmalvinización
    Domingo 05 de marzo de 2006. LA NACION

    DE las guerras y sus penosas consecuencias mucho se conoce. Sin embargo, por densa que sea la información al respecto, golpea de manera diversa cuando el conflicto bélico y sus secuelas físicas o morales han afectado al país, a nuestro pueblo y, en especial, a quienes fueron nuestros combatientes. Uno de los aspectos más insidiosos del mal de la guerra es el que perdura en la posguerra como trauma de naturaleza psicológica que parece no cicatrizar aunque corra el tiempo. En esa situación se hallan quienes vivieron crueles experiencias próximas a la muerte en el frente, luego acumularon las frustraciones de la derrota y sobre todo sintieron, al regresar, decepción y olvido en vez de reconocimiento y apoyo.

    Así como la guerra reclama una especial preparación para afrontarla, la posterior desmovilización requiere otro proceso de adaptación para reinsertarse en la vida diaria. Porque el comportamiento bélico obliga a enfrentar situaciones anormales que exigen, también, conductas fuera de lo normal como respuesta. De ahí que sea indispensable atender al soldado que se prepara y al que se le da la baja con los mejores recursos de la higiene mental, la psiquiatría y la asistencia social, según demande. Los que combatieron en las islas Malvinas no contaron con auxilio suficiente y el vacío experimentado fue terrible para muchos de ellos.

    La conciencia de que no fuimos solidarios con los soldados convocados en las Malvinas se reaviva cada vez que se tienen noticias de muertes por suicidio de ex combatientes. Si bien las estadísticas a mano no son oficiales, las cifras menores alcanzan a 350 casos; las mayores agregan un centenar más. La magnitud de estos datos surge de inmediato si se tiene en cuenta que el hundimiento del crucero General Belgrano provocó 323 muertes y que otros 326 soldados argentinos fallecieron en los enfrentamientos ocurridos en el archipiélago.

    Se advierte entonces que la posguerra ha estado lejos de dar la ansiada paz para quienes volvieron, y así es como no cesan las noticias impregnadas del luto por los que han seguido atentando contra su vida pese al plazo transcurrido.

    Esta dura realidad demuestra cuánto se omitió hacer al regreso de los soldados de las Malvinas. Fallaron los poderes públicos que no dieron la atención médica adecuada ni facilitaron la reinserción laboral o la continuidad de estudios de esas personas, y fallamos nosotros también como sociedad, al no saber dispensar la contención afectiva necesaria.

    Es evidente que la guerra constituyó un grave error político y militar. La posguerra, por su parte, desnudó las debilidades de nuestra sociedad que parecería haber querido olvidar una historia penosa.

    Hace poco tiempo un film revivió recuerdos y puso fallas y culpas dolorosas a nuestra reflexión, signo elocuente de que la deuda contraída está pendiente y debe ser redimida. Si se necesitara un caso concreto más para meditar, habría que citar el caso del ex combatiente Ignacio Bazán, condecorado con medalla de honor por acto de arrojo, que luego debió empeñar su medalla por falta de recursos y concluyó suicidándose. Acaso sorprenda agregar lo ocurrido con los ex combatientes del Reino Unido, que registraban ya en 2002 tantas muertes por suicidio como por combate. Tampoco allí las cifras son oficiales y fueron dadas por una organización de veteranos.

    Podría decirse, en fin, que la desmalvinización no se ha cerrado para quienes participaron en esa guerra. No nos abandona el deber de hacer por los nuestros lo que corresponde sin más demora. Se trata de atender como se merecen a hombres que hoy tienen alrededor de 43 años y han padecido las fallas de una sociedad que, en buena medida, los ha defraudado.

    El trauma de la desmalvinización - 05.03.2006 - LA NACION

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