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    Predeterminado Reagan a Thatcher: “No seremos neutrales si Argentina usa la fuerza”.-

    El Presidente de EE.UU. se lo dijo a la líder británica horas antes de la recuperación argentina de las islas. Es una de las revelaciones de la edición definitiva de “Malvinas, La Trama Secreta”, un libro fundamental sobre la guerra. Clarín adelanta aquí sus fragmentos más novedosos.
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    guerra de Malvinas
    01/04/12 - 01:45
    Estados Unidos nunca fue neutral frente a Malvinas y Ronald Reagan estableció un fuerte compromiso con Margaret Thatcher horas antes de la invasión argentina a las islas; la Unión Soviética, en especial su aparato militar, prestó ayuda satelital a la Argentina que fue usada para hundir naves británicas; en los ámbitos militar y político de la Argentina la guerra se dio por perdida antes de que empezara y en plena negociación diplomática, con la task force del Reino Unido en camino a Malvinas, ya sonaban nombres de militares dispuestos a reemplazar a Galtieri al frente de la dictadura; el miembro de la junta militar de la Armada, almirante Isaac Anaya, fue el impulsor ideológico de la guerra y quien obstaculizó toda posibilidad de acuerdo con Gran Bretaña ante un Galtieri acorralado por su soberbia, indeciso frente a un conflicto que se le escapaba de las manos y obnubilado por sus sueños de eternizarse en el poder y los vahos del alcohol; hubo al menos una posibilidad de que la guerra no estallara, y se frustró: la realidad de Malvinas sería hoy muy diferente.


    Estas son algunas, sólo algunas, de las revelaciones de la nueva edición de “Malvinas, La Trama Secreta”, enriquecida con doscientas páginas de documentos y transcripción de los cables que cruzaron antes y después del conflicto el embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Harry Shlaudeman, con el Departamento de Estado, y el “mediador” enviado por Reagan, el general Alexander Haig, con la administración de su país.


    Desde hace casi treinta años, “Malvinas, La Trama…” es una especie de biblia del conflicto que estalló en 1982 y duró setenta y cuatro días. Escrito por Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo van der Kooy, fue un libro pionero del periodismo de investigación, cuando al periodismo liso y llano no se le había agregado ese sonsonete redundante y pretencioso. El libro, que vio la luz en 1983, nació y fue escrito durante la dictadura que, si bien estaba en retirada, mantenía intactos sus acerados resortes de censura y de silencio. Nada se sabía de Malvinas cuando “La Trama…” vio la luz. Y esa luz iluminó un camino que luego siguieron muchos periodistas.


    La nueva edición es también un homenaje de los autores a Oscar Cardoso, que murió en julio de 2009. Cardoso fue un periodista de enorme talento, cronista implacable de algunos de los hechos más trascendentes de la Argentina y del mundo, de esos profesionales irrepetibles que regalaba a los más jóvenes fe y conocimiento sin pedir nada a cambio, con un humor y una ironía filosos y entrañables. El “Gordo” fue símbolo de una época y de un estilo de hacer periodismo que hoy miramos por lo menos con nostalgia.


    La nueva edición de Sudamericana no sólo reafirma y revalida lo que sus autores escribieron hace casi tres décadas, sino que hace todavía más clara y amplia la urdimbre de un conflicto que todavía no ha sido desentrañada del todo y cuyas consecuencias se extienden hasta hoy como una sombra ominosa y amenazante. Es un libro revelador sobre hechos que piden a gritos ser revelados. Sus autores juran que es la edición definitiva. Probablemente lo sea, hasta que aparezcan nuevos secretos develados. El periodismo es un oficio a largo plazo. Y nunca termina. Aquí, los fragmentos clave:

    Una llamada crucial

    “Reagan colgó el teléfono con la sensación de haber dicho algo que no había sido comprendido por su interlocutor. El mensaje -pensó- no llegó a destino. Galtieri, por su parte, concluyó el diálogo convencido de que había sido un buen gesto de Reagan, pero sin poder asir el verdadero significado de su llamada.


    Después de cortar la comunicación con Galtieri, el presidente norteamericano dirigió un mensaje a la primer ministro Thatcher en el que definió la política que seguiría Estados Unidos si Argentina invadía Malvinas. El tono afectuoso y cálido usado por Reagan, (encabeza su mensaje “Dear Margaret” y se despide con “Warmest wishes, Ron”) permite presumir el tuteo entre ambos mandatarios. El texto del mensaje, revelado en un documento del Departamento de Estado enviado a la Embajada en Buenos Aires, lleva fecha del 1° de abril.

    “Querida Margaret:


    Acabo de hablar largamente con el general Galtieri sobre la situación en las Falklands. Le transmití mi personal preocupación sobre la posibilidad de una invasión argentina. Le dije que iniciar operaciones militares contra las islas Falklands comprometería seriamente las relaciones entre los Estados Unidos y Argentina y lo urgí a abstenerse de una acción ofensiva. Le ofrecí nuestros buenos oficios y mi buena voluntad de enviar a un representante personal para ayudar a resolver esta cuestión entre Argentina y el Reino Unido.
    El general escuchó mi mensaje, pero no se comprometió a cumplirlo. En cambio, habló en términos de ultimátum y me dejó la clara impresión de que estaba embarcado en un curso de conflicto armado. Vamos a seguir cooperando con tu gobierno en el esfuerzo por resolver esta disputa, ya sea intentando evitar las hostilidades o detenerlas si estallan. Mientras tenemos una política de neutralidad sobre el tema de la soberanía, no seremos neutrales si Argentina usa la fuerza militar”.


    De esa forma, horas antes de la invasión a Malvinas, Gran Bretaña tuvo el incondicional apoyo estadounidense.”

    La ayuda soviética

    En los días de abril, previos al inicio de la guerra de Malvinas, el gobierno argentino presionó a Haig, enviado personal de Reagan, sobre el ofrecimiento, y la posible aceptación, de una eventual ayuda “de otros países”, si estallaban las hostilidades. Era una clara referencia a la Unión Soviética. Para el gobierno de Reagan, embarcado en una guerra total contra el comunismo, en especial en América Central donde contaba con la ayuda de militares argentinos, la sola mención de una ayuda soviética al país en Malvinas sembraba poco menos que el pánico y el resquemor. Lejos de condicionar el rol que Estados Unidos ya había elegido en el conflicto, la amenaza de un auxilio militar o logístico a la Argentina por parte de la URSS reafirmaba el apoyo de Reagan a la Thatcher y su insistencia de poner fin a “la aventura de Malvinas”: Estados Unidos veía la recuperación de las islas como una excusa de la Junta Militar argentina de eternizarse en el poder.


    ¿Existió en realidad una ayuda soviética a la Argentina durante la guerra? La nueva edición de “Malvinas, La Trama Secreta”, revela:


    “Gran Bretaña desarrollaba su propio sistema informativo enriquecido invalorablemente por la asistencia abierta de los Estados Unidos. Los autores de este libro sostuvimos que la Argentina, en cambio, no había contado con apoyo informativo y satelital de la Unión Soviética. O que, al menos, no se habían podido detectar indicios de esa colaboración. Con los años y la indagación en documentos y bibliografía en torno a la guerra de Malvinas, aquella aseveración dejó de tener la consistencia que entonces tenía. Aunque, más allá de haberse verificado la ayuda soviética a la dictadura, las dimensiones jamás fueron equivalentes: Washington actuó en todos los frentes acorde a los intereses de Londres en el conflicto; Moscú brindó información fragmentada, sobre todo en el plano militar, que habría servido para éxitos bélicos circunstanciales de los militares argentinos.


    Sergey Brilev es uno de los presentadores y analistas más conocidos de la televisión rusa. Su origen tiene llamativas particularidades: es moscovita pero nació en La Habana. Pasó gran parte de su vida en Ecuador y Uruguay y, de casado, también vivió en Londres. Brilev aporta información de la ayuda soviética a la dictadura.


    Esa información está basada en dos testimonios. La del general Nikolai Leonov, primer vice del servicio analítico de la KGB, durante el conflicto de Malvinas. Y del general Valentín Varennikov, en ese tiempo primer vicejefe del Cuartel General de las FFAA soviéticas. Un tercer testimonio relativizaría las certezas de Leonov y Varennikov. El periodista soviético llegó a consultar a Mikhail Gorbachov, el último presidente de la URSS, que durante la guerra de Malvinas era miembro del Buró Politico del Partido Comunista, el órgano por el cual pasaban todas las grandes decisiones estratégicas de esa multinación. Gorbachov negó cualquier decisión política de colaboración con la dictadura argentina.
    Pero Brilev tiene, al respecto, su propia conclusión. Sostiene que ya en esa época el esquema de poder de la URSS se estaba resquebrajando y que la ayuda brindada a la Argentina fue asumida a nivel de generales del mando militar, entusiasmados con la idea de poder dañar a enemigos históricos, como Estados Unidos y Gran Bretaña.


    Brilev sostiene que el 15 de mayo de 1982 los soviéticos lanzaron específicamente el satélite Kosmos-1365 para ubicarlo en una órbita desde la cual pudiera proveer información estratégica a las fuerzas argentinas en el Atlántico Sur. Pero que aún antes de esa fecha otros satélites soviéticos en órbita ya estaban suministrando información. Deduce que, a raíz de esa información, los misiles argentinos impactaron y hundieron al Sheffield. Asegura que gracias al satélite Kosmos-1365 los aviadores de nuestro país pudieron hundir hacia finales de mayo el HMS Coventry y el Atlantic Conveyor.


    Según el investigador, la ayuda soviética habría ido más allá de la simple información satelital. Se habrían utilizado aviones TU-95, modificados con sistemas de inteligencia, para sobrevolar a las fuerzas británicas que se dirigían a la zona de combate en el Atlántico Sur. Esa información, afirma, era transmitida a los argentinos.


    Otro investigador, el periodista argentino Isidoro Gilbert, por entonces director de la corresponsalía de la agencia soviética TASS en Buenos Aires, también confirma la asistencia soviética a la dictadura argentina, aunque sin la densidad, al parecer, que le atribuye Brilev. Relata un pedido formal del brigadier general Basilio Lami Dozo, en tal sentido, al agregado militar en la embajada soviética en Buenos Aires, coronel de tanques Valentin Livtonchicov. Pero Gilbert pone en duda que los soviéticos hayan lanzado algún satélite especial para ayudar con información anticipada a las tropas argentinas. “Pregunté si la URSS -cuenta- había puesto en órbita algo nuevo y me contestaron que no era necesario, que existían suficientes satélites vigilando América del Sur”.


    Gilbert asegura que la información soviética era entregada por télex y con extrema rapidez. “La información la entregamos en cifras coordenadas”, revela que le dijeron en una consulta a Moscú.


    Pese a las evidencias, el almirante Anaya le hizo a Gilbert una declaración entre negativa y resbaladiza: “Jamás tuve información oficial de que la embajada soviética entregara información satelital. En ninguna reunión de la Junta se habló de eso. Pero yo escuché algo. De todos modos, no debió ser muy útil ya que un cincuenta por ciento de las operaciones aéreas fracasaron precisamente por falta de información. El material de la Fuerza Aérea carecía de radares, no así los Super Etendard de la aviación naval”.


    Las palabras de Anaya trasuntaban la tensión constante que existió entre las tres fuerzas durante el conflicto. El posible acercamiento a la URSS dio pábulo a infinidad de conjeturas. Muchas en sentido opuesto. Brilev, por ejemplo, arriesga que Noruega habría captado fotos satelitales rusas que habrían sido clave para el hundimiento del crucero General Belgrano. Un cable de la embajada de EE.UU. en Buenos Aires enviado a Haig considera esa hipótesis pero la resta seriedad”.


    Última carta para evitar la guerra

    En las últimas cuarenta y ocho horas de abril de 1982, la guerra con Gran Bretaña era inevitable. La diplomacia había fracasado. Inglaterra, que según las “Memorias” de Alexander Haig jamás estuvo dispuesta a devolver las islas a la Argentina, había hecho prevalecer su intención de respetar “los deseos” de los kelpers. La diplomacia argentina a cargo de Nicanor Costa Méndez insistió hasta el final en que lo que había que respetar eran “los puntos de vista” de los isleños, para respetar el fallo 2065 del Comité de Descolonización de la ONU, de 1965.


    Cuando todas las cartas estaban echadas, Harry Shlaudeman, embajador de Reagan en Buenos Aires, hizo una última, dramática gestión ante Galtieri, de la que da cuenta un documento histórico que reproduce “Malvinas, La Trama Secreta”:


    “(…) El segundo acto fue un último intento negociador de Estados Unidos, una última carta jugada casi al filo de la guerra, cuando los aviones británicos ya cargaban sus bombas para atacar el 1º de mayo la pista de Puerto Argentino. Siguiendo instrucciones del Departamento de Estado, el embajador Shlaudeman pidió una urgente entrevista con Galtieri que le fue concedida en la medianoche del 29 al 30 de abril. Todo terminó en un diálogo dramático en el que asoman apenas los disensos en la Junta, en especial con Anaya, y en el que, por propia iniciativa, Shlaudeman termina por pedir a Galtieri que retire las tropas de Malvinas. Galtieri parece pensarlo, o eso le parece a Shlaudeman, y el embajador, entonces, recomienda a su gobierno que no anuncie el viernes las sanciones contra la Argentina, que todavía, tal vez, algo pueda salvarse.
    El documento histórico que Shlaudeman dejó de su encuentro con Galtieri es el siguiente:


    “Siguiendo la fórmula expuesta en la llamada telefónica, pedí ver al presidente Galtieri y fui recibido a medianoche. ARMA (sigla que identifica al “Army Attache”, agregado militar del Ejército norteamericano en la Embajada) me acompañó como ha hecho a través de estos críticos encuentros.


    Dije a Galtieri que venía sin instrucciones, con el solo propósito de ver qué podíamos hacer para evitar una fatal confrontación. Puntualicé al Presidente que no habíamos recibido una adecuada respuesta a nuestra propuesta y que anunciaríamos mañana severas medidas contra Argentina. Durante más de una hora de conversación, él no se manifestó en absoluto sobre la propuesta.


    Repetidamente le pregunté qué camino veía él para salir de esta impasse. Su respuesta fue, como era de esperarse, que debería haber algo que diera una oportunidad a las negociaciones. Yo simplemente, como muchas veces se lo señalé, le dije que sólo una retirada (de las tropas) le daría a la Argentina la victoria que buscaba.


    Al final de nuestra conversación, y por propia iniciativa, sugerí a Galtieri que el Gobierno argentino anunciara unilateralmente una retirada de sus tropas de Malvinas como un primer paso hacia una solución pacífica y como un gesto de buena fe. Pareció tomar esta sugerencia muy en serio, la escribió, pero dijo de nuevo, como hizo muchas veces antes, que él era sólo uno de los tres que tomaban las decisiones.


    Recomiendo fuertemente que no anunciemos las medidas contempladas hasta que yo haya tenido una chance de seguir hablando con Galtieri mañana en la mañana. Creo que todavía hay una chance, aunque muy delgada, de que podamos detener a esta gente.


    Ambos, ARMA y yo presionamos muy fuerte sobre la necesidad para Argentina de no, repito, no llevar a cabo la primera acción ofensiva. Galtieri dijo que él ya había parado tres veces ese tipo de acciones en los últimos días, pero indicó que no podría hacerlo por mucho más tiempo. Puso en claro, como sabemos, que la Armada está hambrienta de acción. También dijo que el plan argentino es reaprovisionar las islas mañana, (abril 30), por aire, escoltados por aviones militares.


    Galtieri me pareció, y también a ARMA, ansioso por encontrar una salida dentro de los muy estrechos límites en los que se maneja. Dijo de nuevo que Argentina no sería el primero en abrir el fuego y nos enfatizó que había gastado un considerable capital político en impedir que las Fuerzas Armadas argentinas tomaran la ofensiva. Cerró la conversación prometiendo seguir en estrecho contacto conmigo, particularmente sobre la idea de una retirada unilateral de Malvinas. Pienso que le hemos llegado. Y si somos capaces de ofrecerle un poco más de tiempo, podríamos ser capaces de avanzar. Shlaudeman.


    Pero las “plegarias” de Shlaudeman no fueron atendidas. Galtieri no retiró las tropas y, el viernes 30, Estados Unidos se retiró de la negociación, apoyó a Gran Bretaña y sancionó a Argentina.

    Ahora sí, el telón sobre el drama de Malvinas estaba a punto de levantarse.

    Fuente: Reagan a Thatcher:

  2. #2
    LAM
    Guest

    Predeterminado Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK

    Ayuda satelital Norteamericana a UK durante Malvinas

    Malvinas - Historias desde el espacio y el fondo del mar

    Por Mariano Sciaroni

    El satélite acababa de cumplir su misión sobre Puerto Argentino y sus alrededores, pero, con una velocidad aproximada de 27.500 km/h, tenía menos de cinco minutos para tomar las imágenes requeridas de la Base Naval Puerto Belgrano, la principal de la Armada Argentina. Algo que se había complicado los días anteriores, ya que un techo de nubes impedía discernir que había amarrado “allí abajo”.
    Desde los 400 km. de altura de su órbita baja, enfocó sus cámaras de alta resolución a las coordenadas 38º 53`33``S y 62º06`16``O y procedió a tomar las imágenes pedidas. Misión cumplida.
    Nadie lo había visto venir, menos lo habían visto marcharse.



    Poco tiempo después, las imágenes se encontraban en el National Photographic Interpretation Center (o Centro Nacional de Interpretación Fotográfica), un departamento de la CIA que dependía de la poderosa Dirección de Ciencia y Tecnología y que se encontraba integrado por analistas civiles y militares de todas las fuerzas.

    No era la primera vez que se tomaban imágenes satelitales de la base naval. La CIA mantenía (y mantiene) una constante vigilancia sobre los enemigos, en ese tiempo los países del Pacto de Varsovia, pero a los aliados o afines, mejor también controlarlos. A finales de la década del `70, había aumentado, por alguna razón, el reconocimiento satelital sobre la base y sobre otros puntos de interés militar en Argentina y, en general, en el Atlántico Sur.



    (1) y (2) Dos imágenes satelitales de Bahía Blanca y la Base Naval Puerto Belgrano, obtenidas por la cámara de mapeo de un satélite espía norteamericano KH-9. La de la izquierda fue obtenida el 4.1.1979 por el KH-9 misión 1214-5 y la de la derecha el 30.3.1979 por la misión 1215-5.

    Imágenes de la cámara panorámica son complementadas, en misiones de reconocimiento militar, por imágenes de alta resolución de la cámara principal. Fuente: U.S. Geological Services – desclasificación año 2002

    No había habido demasiada suerte, sin embargo, en los últimos días. Nubes. Complicaban todo. Pero este 28 de mayo la meteorología resultaba más favorable y las imágenes revelaban las siluetas de los buques. Y allí estaban casi todos los buques de la Armada Argentina.

    “BUQUES CAPITALES DE LA FLOTA ARGENTINA SE ENCUENTRAN EN LA BASE NAVAL PUERTO BELGRANO...BUQUES PRESENTES INCLUYEN AL PORTAAVIONES 25 DE MAYO (CV) SIN AVIONES EN LA CUBIERTA DE VUELO…UN SUBMARINO DE ATAQUE CLASE GUPPY (SS)…UN SUBMARINO DE ATAQUE CLASE 209 (SS) EN DIQUE SECO…UN DESTRUCTOR MISILISTICO-HELICOPTERO TIPO 42 (DDGH), UN DESTRUCTOR MISILISTICO CLASE GEARING FRAM II (DDG), UN DESTRUCTOR CLASE SUMNER (DD), UNA FRAGATA LIVIANA FRANCESA TIPO A-69 (FFG), CINCO BARREMINAS COSTEROS CLASE TON (MSC), Y NUMEROSOS AUXILIARES.”


    La Armada Argentina se encontraba mayormente en puerto: el portaaviones, uno de los destructores tipo 42 y dos viejos destructores norteamericanos, uno de los avisos franceses y otras tantas embarcaciones.
    Lo más interesante, sin embargo, eran los submarinos. Había un Tipo 209 en dique seco y un “Guppy” (genéricamente, un submarino de la Segunda Guerra Mundial con mejoras hidrodinámicas y en ciertos sistemas de a bordo) amarrado.

    El “Guppy” no podía ser otro que el ARA Santiago del Estero, que la inteligencia había perdido a fines de abril, cuando desapareció subrepticiamente de su amarradero habitual de la Base Naval Mar del Plata. Realmente un misterio, ya que el submarino se consideraba inactivo desde el año anterior, sin posibilidades de sumergirse y menos de ir a una guerra.
    Nadie sabía, entonces, el estado operacional del Santiago del Estero. Y, sabiendo que sería preguntado sobre ello, el analista no tuvo más que agregar en su memo que:

    “NO SE PUEDE DETERMINAR EL ESTADO OPERACIONAL DEL SUBMARINO GUPPY”

    Desde el 30 de abril que Estados Unidos no tenía mayores problemas en pasar la información satelital recibida al Reino Unido.


    La vital información recogida no fue la excepción y, con alguna lógica demora, cruzaba el Atlántico y llegaba al Cuartel General de la flota británica en Northwood.

    Buena información para las dos Fuerzas de Tareas coloniales en el sur. Especialmente útil para los submarinos del Almirante Peter Herbert, la Fuerza de Tareas 324. El oficial responsable comenzó a preparar un informe de inteligencia actualizado y, apenas terminado y aprobado, se subió al satélite.

    Había tres satélites espías estadounidenses (de reconocimiento por imágenes) en órbita. Los británicos no tenían esa capacidad, así que necesitaban apoyarse en su aliado.
    Un HEXAGON/KH-9, lanzado el 11 de mayo de ese año, que tenía el problema de que el film debía ser eyectado hacia tierra, donde era recuperado en vuelo cerca de Hawai y, desde allí transportado en avión hacia el continente.

    Los dos KENNAN/KH-11 eran los más modernos del mundo. La información era pasada encriptada y en tiempo real a una estación en tierra, y estaba en condiciones de ser analizada en cuestión de minutos. El KH-11/4 había sido desviado de su órbita sobre la Unión Soviética a principios de abril y estaba haciendo casi todo el trabajo.


    Gráfico de la órbita baja del KH-11/4, modificada a principios de abril de 1982 para cubrir Malvinas y áreas de interés en Argentina. Había sido lanzado el 3 de septiembre de 1981 desde la Base Aérea Vandenberg en California


    Los satélites de reconocimiento eran complementados con la información obtenida de la violación a las comunicaciones “seguras” de la Armada Argentina.


    Había habido algunos problemas a mediados de abril, cuando los argentinos cambiaron el código, pero ello fue rápidamente solucionado (pareciera que alguien en Argentina se puso nervioso al leer un artículo del 15 de abril del New York Times que dejaba entrever que las comunicaciones eran interceptadas)

    Es que las máquinas Crypto AG de dotación de la fuerza no eran mayor traba para la CIA. Es más, se decía que la NSA (National Security Agency o Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU.) tenía “acciones” en esa empresa y, por tanto, la llave para leer los mensajes en clave. Una copia de esa llave estaba en poder de la CIA.

    Algunos funcionarios norteamericanos pareciera que se jactaron demasiado de ello, y el 9 de junio, William J. Casey, Director de la CIA, tuvo que amenazar con acciones penales para los involucrados en difundir “el secreto”. El código fue nuevamente cambiado por los argentinos, y nuevamente roto por la CIA.

    Obviamente, ayudaban al panorama también los amigos de por acá cerca y los que estaban demasiado cerca, más aún.

    Sin embargo aún con todos esos recursos, el Joint Intelligence Committee (JIC), el comité conjunto del Reino Unido que organiza a todas las agencias de inteligencia, tenía un panorama confuso acerca de los buques que se consideraban más importantes (y peligrosos) de la Armada Argentina: el portaaviones ARA 25 de Mayo y los submarinos.

    Al portaaviones Northwood lo situaba, en las primeras horas del 28 de mayo, en las cercanías del Cabo Blanco, al sur del Golfo San Jorge.

    El submarino HMS Spartan estaba cerca de allí, tratando de ubicarlo, pero no lo había logrado. El comandante del buque, James Taylor, así como Chris Wreford-Brown, en el HMS Conqueror (a 320 millas náuticas al Este del Cabo Blanco y sirviendo de zaguero para cualquier intento de rompimiento) se preguntaban si la información de inteligencia, generalmente buena, estaba acertando esta vez.


    Portaaviones ARA 25 de Mayo en la Base Naval Puerto Belgrano. Fotografía tomada en junio de 1979, durante el Operativo Unitas XX. Fuente: Department of Defense, EE.UU.

    Con los submarinos argentinos la situación era peor aún.

    El 21 de abril el ARA Santiago del Estero había salido de su apostadero. Pocos días después, el espionaje británico (gracias a los norteamericanos) se había percatado de esta situación y buscaba desesperadamente conseguir información acerca del estado operativo de la unidad. Algo que no se había logrado ¿Estaría camino a la Isla Ascensión, listo para atacar a las unidades logísticas?
    Asimismo, inteligencia informaba el 26 de mayo por la tarde que el ARA Salta tenía problemas en sus tubos de torpedos. Nadie sabía si estaba en el mar o no el 28.

    El ARA San Luis, se afirmaba para el mismo 26, estaba definitivamente en patrulla, posiblemente en camino hacia el norte del Estrecho San Carlos. El 28 se dudaba de su posición, o en Puerto Belgrano o en el mar, no quedaba a nadie claro ello.

    Las piezas faltaban en el rompecabezas.

    Casi a las 9 de la noche del 29 de mayo, a unas 300 millas al Este de Isla de los Pingüinos, en medio de un clima horrendo y un mar agitado, surgió de las profundidades del mar un artefacto que podría describirse como un florero de lata diseñado por un artista kitsch.

    El mástil AYH, si bien tenía algunos cristales defectuosos, no captó señal electrónica con grado de peligro alguno, lo que pudo ser corroborado por el operador en el equipo MAE UA4 del HMS Conqueror.

    Con el reaseguro que no había nadie emitiendo en el área, pronto emergieron otros apéndices, entre los que destacaban un periscopio y una antena de comunicaciones.

    Durante 7 horas se mantuvo en plano periscopio y con los apéndices extendidos. El submarino tenía, desde hace más de un mes, problemas para recibid comunicaciones, algo que se había exacerbado luego de dañar el mástil con hielo cerca de Georgias del Sur. Sin embargo, esta vez la culpa no era de la antena o del satélite (también norteamericano) sino del equipo de clave, que tenía un mal día.


    Submarino HMS Conqueror regresando a su base, luego de Malvinas. Fuente: Ministry of Defense, Reino Unido

    Seis reportes recibidos. Entre ellos COR 430 informaba a la Fuerza de Tareas 324 (los submarinos) que la Armada Argentina se encontraba en Puerto Belgrano o en las cercanías de Bahía Blanca. La información de inteligencia se hacía más clara.
    El HMS Spartan repitió para la misma hora el procedimiento y recibió también la señal COR 430. Sus equipos electrónicos UAB eran más modernos y sensibles, pero tuvo más cuidado de exponer apéndices, ya que solo estaba a 90 millas náuticas del continente. El radar AN/APS-128 de un EMB-111 Bandeirante Patrulha (de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina) que había detectado hacía unas horas le recordaba el peligro de ser demasiado indiscreto. Apenas bajada la información del satélite, volvió a las profundidades.
    Los restantes submarinos británicos formalmente asignados a la FT 324 estaban desperdigados en el Atlántico Sur. El HMS Onyx y el HMS Courageous recién estaban penetrando latitud 35º S y arribando a la “Grilla CORPORATE”, el HMS Splendid estaba saliendo de ella (por problemas insuperables en uno de sus Turbogeneradores) y el HMS Valiant ya tenía bastantes preocupaciones operando dentro del Estrecho de Le Maire.

    Northwood movió las áreas de patrulla y de responsabilidad de las unidades submarinas para adecuarse al nuevo escenario proporcionado por inteligencia: el portaaviones estaba en puerto y, sin Grupo Aéreo Embarcado en cubierta, era dudosa una pronta zarpada. El ARA Santiago del Estero estaba amarrado, así como uno de los Tipo 209 (se estimó era el ARA Salta – quizá por los problemas en los tubos de torpedos anunciados), en dique seco
    Las contingencias a enfrentar eran menores ahora para los submarinos. La certidumbre ampliaba la libertad de acción. Buena información, en el momento justo. Un satélite que hizo la diferencia.

    Ni KENNAN ni HEXAGON fueron decisivos. Tampoco lo fue el quiebre de las comunicaciones cifradas argentinas. Pero la guerra es un partido de póquer, y si el contrincante puede mirar nuestras cartas, no importa la buena mano que tengamos, el otro siempre podrá jugar en sus términos.

    A 30 años del conflicto, vale la pena recordar las ventajas ajenas y las falencias propias. De esa forma, resaltan aún más el coraje y la entrega de nuestros marinos, soldados y aviadores.

    Agreguemos un par de datos más.

    El ARA Santiago del Estero, que no tenía sonar ni posibilidades de sumergirse desde 1981 (es decir, no podía combatir en forma alguna), había sido trasladado desde la base de submarinos en Mar del Plata hacia Puerto Belgrano, donde fue camuflado entre dos cargueros. Se hicieron algunas operaciones de “velo y engaño” para intentar confundir respecto el estado operativo del submarino, lo que parcialmente se logró.

    EL ARA San Luis estaba en Puerto Belgrano desde el 19 de mayo, habiendo arribado luego de una patrulla de 39 días, en la cual debió permanecer 864 horas en inmersión. Los diversos problemas mecánicos que se fueron suscitando durante el combate (ya que atacó y fue atacado) hicieron que debiera ingresar a dique seco, donde fue observado por el satélite.


    ARA San Luis a poco de arribar a la Base Naval Puerto Belgrano, luego de su patrulla de guerra. Detrás, se aprecia el portaaviones.

    El ARA Salta estaba en el mar desde el 21 de mayo, haciendo pruebas de torpedos y evaluando ciertas falencias del buque. Pero, principalmente, generando incertidumbre en la flota británica. Efectivamente, desde el día 23 tenía problemas con los tubos lanzadores. Recién tomó puerto el 29 de mayo.

    El ARA 25 de Mayo no salió de Puerto Belgrano después de ingresar allí el 10 de mayo. Su Grupo Aéreo Embarcado operaba desde bases en tierra. Hubo algunas maquinaciones argentinas para despistar a la inteligencia británica acerca de su paradero, lo que pareciera dio resultado parcialmente.

    Pareciera que el ojo del satélite no se equivocaba demasiado.


    Documento, “Argentine Naval Combatants”


    Documento, “Increased defensive measures”



    Bibliografía:
    Casey, William J (Director CIA), Memo en “Unauthorized Disclosures on the Falklands Situation”, 9 de junio de 1982.
    Freedman, Sir Lawrence “The official history of the Falklands campaign”, Tomos I & II, Routledge, Londres, 2005.
    National Photographic Interpretation Center (CIA – USA), Memo respecto “Argentine Naval Combatants”, 28 de mayo de 1982.
    National Photographic Interpretation Center (CIA – USA), Memo respecto “Military Forces, Argentina”, mayo de 1982.
    National Security Council Meeting (Casa Blanca – USA), Minutas de análisis, “South Atlantic Crisis”, 30 de abril de 1982,
    Taylor, James (RN) - HMS Spartan – “Report of Proceedings”
    Wreford-Brown, Christopher (RN) - HMS Conqueror – “Report of Proceedings”

    elsnorkel.com
    Última edición por LAM; 15/04/2012 a las 18:25

  3. #3
    LAM
    Guest

    Predeterminado re: Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK


    Submarinos Argentinos en Malvinas







  4. #4
    Curioso
    Guest

    Predeterminado Re: Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK

    que buen documento LAM-
    Gracias y saludos

  5. #5
    Banned
    Fecha de ingreso
    16 Oct, 08
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    Predeterminado Re: Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK

    EXCELENTE INFORME, cuanto costara un quincho para tapar los submarinos en puerto digo yo?....
    saludos!!!

  6. #6
    RA-Rosario
    Guest

    Predeterminado Re: Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK

    - Que bueno el informe. Buen trabajo. Otros "amigos" que participaron en Malvinas.-

  7. #7
    Usuario registrado Avatar de CoronelChe
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    Predeterminado Re: Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK

    Lindo tema LAM excelente, que falta nos haces tener más Subs operativos, con solo 4 de estos en condiciones de operar normalmente tendríamos el poder de disuasión que tanto mencionamos, y no los localizas con satélites, estos más una serie de vectores con alcance suficiente y estamos hablando en otros términos.

    Saludos
    "El supremo arte de la guerra consiste en doblegar a tu enemigo, sin luchar".

    Sun Tzu

  8. #8
    LAM
    Guest

    Predeterminado Re: Malvinas: Ayuda Satelital de EEUU a UK

    Es my interesante este articulo.
    No solamente contar mas subs, sino tambien para enteder contra quien peleabamos, y darnos cuenta de quienes dicen ser nuestros amigos!

    Slds

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