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Creación de un Cuartel General de Operaciones Conjuntas

Propuesta de creación de un Cuartel General de Operaciones Conjuntas

 

Por el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Abogado – Mg en Defensa Nacional. Escritor.

 

En innumerables artículos se habla hasta el cansancio de los errores en la Guerra de 1982, de la necesidad de potenciar el concepto de “conjunto”, pero observamos que no hay un análisis o por lo menos propuestas para modernizar y mejorar el Comando y Control de las Fuerzas Armadas, especialmente en el plano estratégico

 

Introducción

 

En 1987 fue aprobada la Ley 23.554 de Defensa Nacional que determinó un modelo de conducción de la defensa. La norma creó el llamado Sistema de Defensa Nacional y los mecanismos para conducirlo, como el rol de cada uno de sus componentes. En lo referente a la conducción de las Fuerzas Armadas (FFAA), establece una doble estructura, según se trate del planeamiento y adiestramiento o de la conducción efectiva de las operaciones de guerra. En este último caso la ley prevé la creación de un Comité de Crisis, donde los jefes de estado mayor de las FFAA actúan como asesores del mismo.  En cierto modo el Comité de Crisis recuerda a la llamada “Autoridad Nacional de Comando” existente en los Estados Unidos, formada por el Presidente, el Secretario de Defensa.

 

El decreto 1739/1992 creó el Comité de Jefes de Estado Mayor, como instancia de supervisión del planeamiento conjunto, pero tenemos entendido que este organismo nunca funcionó.  En lo que respecta al Jefe del Estado Mayor Conjunto sus responsabilidades como dice la ley de defensa, es asistir y asesorar en materia militar al Ministro de Defensa, entender en lo atinente a doctrina, planeamiento y adiestramiento militar conjunto, y en el control del planeamiento operacional y la eficacia del accionar conjunto. Las responsabilidades siempre han sido de difícil cumplimiento en atención no existen bases reglamentarias adecuadas, solo una Directiva de Política de Defensa, el Decreto del Ciclo de Planeamiento, pero no existen los documentos rectores para pensar en el tipo de Instrumento Militar que requiere la Nación, ante la ausencia de una Directiva Estratégica Nacional.  En el marco de estas ausencias legales, vinieron los decretos 1691/2006 (organización de las Fuerzas Armadas) y 727/2006 (reglamentación de la ley de Defensa Nacional).

 

El modelo vigente. Decreto 727/2006

 

El decreto 727/2006 establece entre las “nuevas responsabilidades” del JEMCO (Jefe del Estado Mayor Conjunto) será el responsable del empleo de los medios militares en tiempos de paz. A tal efecto, tendrá el control funcional sobre las Fuerzas Armadas, con autoridad para impartir órdenes, pudiendo disponer de tales medios para el cumplimiento de las misiones encomendadas en el marco del planeamiento estratégico militar. A los fines de la acción militar conjunta mantendrá relación funcional con los Jefes de los ESTADOS MAYORES GENERALES DE LAS FUERZAS ARMADAS, quienes lo asesorarán en el planeamiento militar conjunto. La redacción del decreto, modifica lo que dice la ley, por ende es inconstitucional, a ello se agrega una serie de elementos que deben ser revisados. Asimismo, dota al JEMCO de la facultad de la conducción operacional de las FFAA, creando al efecto el Comando Operacional. Esto confunde niveles de conducción prevista por la ley, vulnerándola. El JEMCO le caben funciones de asistencia y asesoramiento al nivel estratégico. El nivel operacional recae en el Comandante del Teatro de Operaciones, que depende directamente del Presidente de la Nación en calidad de Comandante en Jefe de las FFAA.  En tiempos pasados estas confusiones trajeron serios contratiempos al país, destacándose el caso Malvinas.

 

Los cambios realizados, no ha significado mejora alguna para las FFAA, en atención que los elementos necesarios para saber que tipo de Instrumento Militar precisa el país, no han sido dados. Por ejemplo, el Consejo de Defensa Nacional o CODENA, nunca se ha reunido, y por ende no existe una Directiva Estratégica Nacional, que sirva de base para el planeamiento. A esta falla, se une el sistema de conducción adoptado, que confunde niveles, dota al Ministerio de Defensa de facultades que le son propias del Poder Ejecutivo o el Congreso (especialmente en relación a la organización, despliegue de las FFAA, etc.) y algo sumamente importante, recursos para sostener la estructura militar.

 

En declaraciones públicas de responsables políticos de la defensa, ya sea en el ámbito del Gobierno, como del Congreso, centran sus discursos en la problemática militar, cuando la cuestión es mucho más compleja. La Defensa Nacional no se limita solo a las FFAA, sino también se relaciona con diversos elementos del quehacer nacional. Desde el desarrollo de determinadas industrias, infraestructura, alianzas políticas, desarrollo de regiones postergadas, etc. Las promesas siempre se reducen a mejoras de presupuesto, cambios en el despliegue, reducciones, pero los problemas de fondo parecen no ser atacados nunca. Por ejemplo, la necesidad de contar con una estructura de conducción operacional, que permita en situaciones de crisis y que estas puedan derivar en conflicto de mayor magnitud, en un comando de teatro de operaciones, nunca fue tomada en cuenta.  Ha sido creado un comando operacional, puede ser un comienzo, pero que precisa una profunda revisión.

 

Los cambios en materia de conducción militar, citados precedentemente no han sido acompañados con medios adecuados, que garanticen una eficaz conducción. Es sabido las carencias que tienen las FFAA en materia de comunicaciones, sistemas de C3I modernos, guerra electrónica, etc.  Esto impacta en la seguridad en materia de conducción de las FFAA. Por otro lado, el nuevo rol del JEMCO, potencia los conflictos interfuerzas, donde existe una natural competencia. Estados Unidos por ejemplo cuenta con una Junta de Jefes de Estado Mayor, donde el presidente de la misma, es una suerte de primus inter pares.  Este artículo viene a plantear una serie de cambios, sobre la base de la experiencia histórica y de naciones líderes, adaptados a la realidad nacional y el clima de escasez de recursos.

 

La estructura de conducción prevista por la ley de defensa

 

La ley de Defensa Nacional es clara en lo que respecta a la estructura de conducción estratégica.  En su artículo 10 indica claramente el rol que tiene el Presidente de la Nación como el principal responsable de la Defensa Nacional, al ser responsable de su dirección. La norma establece claramente que la conducción de la guerra es competencia del Presidente como conductor con asistencia por un lado del Consejo de Defensa Nacional y por otro del Comité de Crisis, formado por el Ministerio de Defensa, los Jefes de los Estados Mayores de las FFAA y el Jefe del Estado Mayor Conjunto.

 

El Consejo de Defensa Nacional tiene una serie de funciones específicas de asesorar al Presidente en la determinación de los conflictos, de las hipótesis de conflicto y de guerra así como también en la adopción de las estrategias, en la determinación de las hipótesis de confluencia y en la preparación de los planes y coordinación de las acciones necesarias para su resolución. El problema es que este organismo nunca fue convocado, a ello se une la necesidad urgente de reforma del sistema de inteligencia, con la finalidad que provea de elementos necesarios para la determinación de escenarios de crisis, tensión, posibles adversarios como aliados.

 

La prohibición de realizar tareas de inteligencia interior a organismos militares, puede ser considerada una contradicción a la luz de lo que dice la ley de Seguridad Interior, al prever en casos de emergencia grave, la movilización de medios de combate para restablecer el orden, dado que las fuerzas estarán condicionadas por la inteligencia que le provean organismos que le son ajenos. Esto demanda un debate, dado que existe un problema de seguridad interno latente, que en el mediano plazo pueda convertirse en una amenaza de mayor magnitud.

 

La ley define claramente el rol que cumple el Jefe del Estado Mayor Conjunto en el sistema de defensa. No tiene competencias de índole operativo y la ley al ubicarlo como órgano de trabajo del Comité de Crisis, lo mantiene en el plano estratégico.  La ley establece claramente la existencia una relación “funcional” entre los Jefes de Estado Mayor de cada Arma con el Estado Mayor Conjunto. En ningún momento hay subordinación.

 

Desde hace varios años, previo a las reformas de 2006, las FFAA centralizaban sus operaciones específicas en comandos únicos. Por ejemplo el Comando de Operaciones Navales en su momento, del cual dependían todos los medios operativos de la Armada.  El Ejército y la FAA tuvieron sus correspondientes comandos operativos, que teóricamente deberían conformar los llamados “comandos componentes” que integrarían un Comando de Teatro de Operaciones.

 

En el nivel operacional ubicamos al Comando de Teatro de Operaciones, que la ley de defensa prevé su creación en tiempos de guerra, y depende directamente del Presidente de la Nación en su calidad de Comandante en Jefe.  El Teatro de Operaciones es un concepto que viene de los Estados Unidos, que fue incorporado en la doctrina militar nacional en los años 60.  Desde la perspectiva de las normas de Estados Unidos, las fuerzas de teatro, son conformadas por elementos de combate y sus apoyos, tanto de Estados Unidos como de países aliados, que se hallan desplegadas o preparadas para el despliegue, generalmente en áreas terrestres, que llegado el caso junto a las llamadas fuerzas estratégicas y navales (concepto que engloba a la Armada y el Cuerpo de Infantería de Marina o Marines), están destinadas a la disuasión o empleo efectivo.

 

Lamentablemente un marco reglamentario incompleto y con serias falencias, ha impedido ordenar distintos componentes del sistema de defensa, como por ejemplo la relación de las FFSS (Prefectura Naval y Gendarmería Nacional) en caso de crisis/conflicto con las FFAA.  Los cambios de dependencia de las FFSS del Ministerio de Defensa al Ministerio del Interior en 1996, para luego depender del Ministerio de Seguridad desde hace varios años, no han contribuido a generar mecanismos de coordinación con la defensa nacional. Así observamos redundancias, competencia interfuerzas y duplicación de esfuerzos que generan gastos crecientes.

 

Los decretos y resoluciones vigentes, que han introducido diversos cambios en la conducción estratégica de la defensa y especialmente en las FFAA, deben ser revisados y son contrarios al sistema adoptado por la ley de defensa.  La razón que indica la necesidad de la reforma, deriva de la experiencia propia de la guerra de 1982, además de ejemplos históricos, donde una cadena de comando bien articulada, con un sistema moderno de comando y control tuvo su repercusión en el desempeño de las operaciones en el campo de batalla.  Es por ello que las organizaciones deben ser simples, donde debe haber una clara línea de comando, no ser improvisadas y responder a las estructuras de paz, para que la transición no sea intolerantemente brusca al iniciarse las hostilidades. No se conciben unas fuerzas armadas modernas operando bajo la sombra de rivalidades internas irreconciliables, sin doctrina para la acción conjunta y sin un adiestramiento que la sostenga.[1]

 

Operaciones Conjuntas. Sus alcances.

 

Dice Geoffrey Till nos dice no debe sorprender que haya tensiones entre las fuerzas armadas, debido a que operan en distintos ambientes y siendo los recursos finitos, sus necesidades entran con frecuencia en competencia. Más aún, la experiencia histórica de las fuerzas difiere y esto contribuye a que tengan distintos culturas estratégicas.[2]Es por ello que hablar de operaciones conjuntas, no es algo tan sencillo y su ejecución demanda el desarrollo de doctrina, estructuras, además de recursos y medios adecuados.

 

La competencia interfuerzas ha originado importantes debates y conflictos administrativos importantes, como quedó reflejado a fines de los 40 (y antes también) en los Estados Unidos, y entre 1950-1960 en Gran Bretaña, especialmente por la polémica en torno a los medios del Comando Marítimo o Comando Costero entre la RAF y la Armada Real.  En el marco de esta competencia, se presenta el la brecha “recursos – compromisos”  que para más de un caso, es difícil superarse, si se mantienen estructuras redundantes en un contexto de competencia entre los distintos servicios armados. El experto en temas navales, Geoffrey Till, considera que muchos problemas, podrían superarse al existir un comando o agencia conjunta, que pueda resolver equitativamente estos conflictos.  Cita como ejemplo los avances en materia de “conjuntez” por parte de Reino Unido, aventajando en este aspecto a los Estados Unidos.

 

En los 90 desde el Departamento de Defensa se ha ido trabajando en una serie de principios para mejorar las “operaciones conjuntas” por medio de una serie de instrumentos:[3]

  • Sistemas, procedimientos, y comunicaciones interoperables;
  • Personal experimentado y con conocimientos;
  • Confianza y respeto mutuo;
  • Doctrina conjunta;
  • Sistemas de comando y control que no entorpezcan las operaciones conjuntas;

 

 

Siguiendo a Till, cita a un experto, Pokrant, quien establece una suerte de jerarquía de conceptos para ser aplicado a las operaciones conjuntas:

  • Solución de conflictos: cuando el objetivo es simplemente evitar interferencias mutuas. Esto puede lograrse , por ejemplo trazando líneas geográficas;
  • Armonía en la acción: cuando la coordinación efectiva asegura que se baten todos los blancos y se cubren todas las contingencias;
  • Armas combinadas: donde hay una inspirada integración de esfuerzos. “en la guerra moderna es fácil superar cualquier sistema individual, la combinación de sistemas, donde cada enemigo para ser explotado por otros sistemas propios, se traduce en una fuerza de combate efectiva.

 

Till nos dice que no caben dudas que desarrollar operaciones conjuntas es algo complejo, pero considera que el éxito dependerá de cada fuerza armada continúe siendo experta y orgullosa de su desempeño en su propio campo particular (…)la medida del éxito  de las verdaderas operaciones conjuntas es que cada fuerza opere más exitosamente con lo que podría hacerlo por sí sola. [4]

 

La concepción de lo conjunto será una aspiración de carácter permanente que asegure que las fuerzas operativas se emplee, cada una es un ámbito específico, respondiendo las finalidades comunes de la estrategia militar. Nos dice el coronel Luis Riobó: la imprescindible necesidad de esa coordinación conjunta no debe llevar en los más altos niveles, a la conformación de estructuras que diluyan la responsabilidad, ni tampoco a crear estructuras ficticias que no guarden relación con la magnitud de los medios empleados por cada Fuerza.[5]

 

Generalmente lecturas simplistas, carentes de sustento o de carácter meramente economicista, pretenden en el caso argentino traer debates ya resueltos o que en otros países representaron un rotundo fracaso. En otras palabras estamos hablando por un lado de los llamados “astigmatismo estratégicos” definidos en su momento por el almirante argentino Fernando Milia,[6] que consiste en una visión distorsionada o verdaderas deformaciones, describiendo tres corrientes principales: el navalismo, el simplismo terrestre y el douhetismo. El primer caso,  con sus variantes, considera como factor central el dominio del mar (la Armada estuvo influenciada por esta corrientes entre fines del siglo XIX -1920); el simplismo terrestre, tiene que ver con la preponderancia del ejército, rechazando la importancia de otros componentes, convirtiéndolos o considerándolos meros auxiliares de las fuerzas terrestres. En su momento, por ejemplo, esta “visión” consideraba que no era necesario de la existencia de un Arma Aérea independiente. Finalmente el douhetismo, que sobre las bases de las ideas del general italiano Duillo Douhet, consideraba al poder aéreo como arma decisiva en la guerra.  A través de estas definiciones, Milia plantea de una manera práctica e ilustrativa como determinadas corrientes de pensamiento han contribuido alimentar problemas y conflictos, ya citados.

 

Estos llamados “astigmatismos” superados en gran parte por los países centrales, pareciera que vuelven a ser eje de debate en nuestro país. Así observamos planteos como que el país cuenta con “cuatro fuerzas aéreas” desconociendo las funciones que tienen los componentes aéreos de la Armada y el Ejército en sus funciones específicas. También observamos con preocupación que el concepto de conjunto, pareciera para algunos ser sinónimo de “unicidad” como fue realizado en Canadá, y que finalmente regresaron sobre sus pasos. [7]

 

Estos debates sobre de quien depende determinados medios o no, fue zanjado hace décadas en los Estados Unidos. El general John H Cushman nos explica que para la Armada de Estados Unidos, la Aviación Naval, los consideraba simplemente como otro medio empleado en el cumplimiento de su función (control del mar). En plena Segunda Guerra Mundial, la Armada y el Ejército tuvieron un conflicto en relación al control de aviación antisubmarina con base en tierra.  Finalmente triunfó la tesis naval,  la cual indicaba que la flota aeronaval estaba estrechamente con las funciones de la Armada en relación a la defensa de las comunicaciones marítimas y que por las características de lucha antisubmarina,  requería que las tripulaciones aéreas deberían estar compuestas por personal naval y bajo control operativo de las fuerzas navales.  A mediados de los 50, otro importantes conflicto se desarrolló entre el Ejército y la Fuerza Aérea (separada de este definitivamente en 1947 como arma independiente), en el marco del llamado Ejercicio Sagebrush, donde el alto mando del ejército quería llevar a cabo el concepto Caballeria del Cielo, lo que tiempo después sería conocido como Asalto Aéreo. Las objeciones de la Fuerza Aérea o USAF estaban centradas en cuestiones doctrinarias, considerando que el Ejército o US Army invadía áreas de competencia de la USAF. Esto fue refutado por el US Army en atención que impondría restricciones a las fuerzas terrestres, intolerables en el plano táctico y que las aeronaves previstas en el marco del concepto de Caballería del Cielo, estaba estrechamente ligado al combate terrestre.  El criterio del Ejército se impuso, pero las controversias en torno al tipo de aeronaves que debería usar el Ejército tiempo después. Especialmente durante la Guerra de Vietnam, dado que sectores del Ejército plantearon la necesidad de que las aeronaves de apoyo cercano fueran transferidas de la USAF al Ejército.

 

La Argentina, un  país que invierte muy poco en materia de defensa, con sus consecuencias con FFAA reducidas y escasas frente a los espacios de defender, determina como nos dice Luis Riobó, que los elementos conjuntos estén en el máximo nivel de la conducción y planeamientos militares, como eventualmente en operaciones tácticas en el lugar de la decisión. Asimismo esa conjuntez se conformará durante la paz, mediante la compatibilización del equipamiento y por aquellas medidas que apuntan a la economía de las servidumbres administrativas (pero en consonancia con las realidades operativas)

 

Los cambios a través de la vía reglamentaria de la conducción del Sistema de Defensa Nacional

 

En este artículo hemos indicado que el decreto 727/2006 es inconstitucional, y no solo eso hay serias falencias que deben ser subsanadas, a ello se agrega el decreto 1691/2006 de organización y funcionamiento de las FFAA. Sin entrar en detalles, sobre los cambios que son necesarios para reglamentar la ley de defensa (lo dejaremos para otro artículo), en materia de conducción estratégica consideramos pertinente mantener el espíritu de la Ley de Defensa Nacional y organizar la conducción del sistema:

  • Presidente de la Nación en calidad de Comandante en Jefe de las FFAA;
  • Comité Ejecutivo de la Defensa Nacional, integrado por el Presidente de la Nación, el Ministro de Defensa, JEMCO y JJEEMMGG[8]. El comité asistirá al presidente en todo lo concerniente a la conducción de las FFAA en escenarios de crisis o emergencia nacional. Llegado el caso, podrá convertirse en Comité de Crisis en caso de guerra;
  • Ministerio de Defensa de la Nación, las derivadas de la Constitución Nacional, ley de Defensa y ley de ministerios;
  • Jefe de Estado Mayor Conjunto, con funciones de asistencia y asesoramiento como prevé la ley de defensa, presidirá la Junta de Jefes de Estado Mayor o JUJEM;
  • Junta de Jefes de Estado Mayor o JUJEM su creación responde a fin de asegurar y facilitar la continuidad de las tareas de Planeamiento, Preparación, Evaluación y Perfeccionamiento del accionar conjunto, en tiempo de paz y que, además, por similitud con el Comité de Crisis permita pasar de una organización de tiempo de paz a una organización de tiempo de crisis sin mayores variantes. Asimismo la Junta entenderá en la integración y/o complementación de facilidades de Comunicaciones y Guerra Electrónica de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad a fin de asegurar el Comando, Control y Comunicaciones que se deriven del planeamiento militar conjunto, etc.
  • Comando Cuartel General Operaciones Conjuntas, sobre el que ampliaremos más adelante, dependerá del Presidente de la Nación;

 

A grandes rasgos puede observarse que se articulan niveles definidos de conducción, teniendo en el plano estratégico al Presidente de la Nación, asistido por el Comité Ejecutivo de Defensa en materia militar y teniendo como órgano de trabajo el Estado Mayor Conjunto.  La Junta de Jefes de Estado Mayor toma el ejemplo de Estados Unidos, a fin de evitar que alguna fuerza prevalezca sobre otra/otras, tiene como objetivo entre otras cosas promover un diálogo fluido entre las tres armas entre sí.

 

El Estado Mayor Conjunto deja de tener responsabilidades operativas, contrario a la ley y recupera sus funciones correspondientes de asesoramiento y planeamiento. El Comando Operacional, se convierte en una estructura que denominamos Cuartel General de Operaciones Conjuntas, lo que facilitaría llegado el caso, en su conversión en un Comando de Teatro de Operaciones. El tener designadas autoridades militares permanentes hacen que las relaciones político – militares sean más fluidas y con un mejor entendimiento a la hora de operacionalizar los lineamientos y restricciones para la guerra.[9]

 

Estos cambios no implicarán erogaciones sustantivas, sino que se pueden llevar a cabo con las estructuras y personal existentes, procurando siempre el mayor grado de economía de recursos, y un uso racional de estos.

 

Cuartel General de Operaciones Conjuntas (Comando CGOC)

 

En el artículo hemos explicado muy sintéticamente sobre los distintos niveles de conducción de la defensa nacional. La idea de crear un Comando CGOC responde a la necesidad de crear una estructura al nivel operacional, que en caso de crisis, podría convertirse en un Comando de Teatro de Operaciones, con sus comandos componentes específicos (terrestre, aéreo y naval).

 

Los comandos operacionales, corresponden precisamente al nivel de mayor jerarquía en la Conducción de Operaciones Militares. Representan el vínculo entre la Conducción Militar y la Táctica. Son, si se quiere, el intérprete de la voluntad militar del Gobierno, que responde a un comportamiento estratégico, y los encargados de traducirla a sus subordinados, que responden a un comportamiento táctico. De ahí que la estrategia operacional se origina en la estrategia y se continúa con la táctica.[10]  También podemos agregar que el  Arte Operacional, en cambio, es una amalgama entre ciencia y arte, ya que al ubicarse en el nivel operacional, se mueve entre la estrategia y la táctica. Básicamente, el Arte Operacional, interpreta los Objetivos Estratégicos y hace posible que la táctica ejecute las acciones para la obtención de ellos.[11] Estas palabras nos explican a grandes rasgos el papel que tiene el nivel operacional, y pone en evidencia los errores que venimos describiendo sobre el decreto 727/2006 de reglamentación de la ley de defensa.

 

El Comando CGOC o Comando de Alistamiento Conjunto, dependiente del Presidente de la Nación,  tendrá entre sus responsabilidades

  • conducir el adiestramiento conjunto de las FFAA,
  • conducir las operaciones necesarias para cumplir las misiones en tiempos de paz;
  • las previstas para el Comando Operacional actualmente;
  • mantener una estructura, que permita su transformación en un Comando de Teatro de Operaciones en caso de conflicto armado;

 

El Comando contará con su Estado Mayor y unidades operativas que estarán asignadas de manera permanente como la Fuerza de Despliegue Rápido (motivo de otro artículo), como de otras unidades operativas que sean asignadas de manera temporaria a los fines del adiestramiento conjunto. Asimismo el Comando contará con elementos de apoyo necesarios que faciliten su funcionamiento. Dichos elementos provendrán de las estructuras existentes de las FFAA, con el objeto de promover el uso racional de capacidades.

 

Consideramos pertinente la dependencia del Comando CGOC, el Comando de Operaciones Especiales Conjuntos, destinado para formar un elemento de FFEE para ser empleados en el nivel operacional  aprovechando los medios y unidades con que cuentan las FFAA, con el objetivo de promover el uso racional de recursos, generar doctrina conjunta en el empleo de estas unidades altamente calificadas, circunstancia que hemos observado que llevan a cabo países líderes, siendo ejemplo de ello el USSOCOM de Estados Unidos. Este organismo sería responsable de planificar las operaciones especiales, proporcionar fuerzas para llevar a cabo las misiones asignadas por la conducción nacional. En este esquema no debemos dejar fuera a las unidades especiales de las FFSS (Gendarmería Nacional y Prefectura Naval) lo que facilitaría su integración en caso de crisis o emergencia nacional, que requiera su empleo.

 

En síntesis, la creación del Comando GCOC, responde a un verdadero reordenamiento, donde los niveles de la conducción de la defensa nacional quedan debidamente articulados, sin las confusiones existentes con el decreto 727/2006 y que lamentablemente hasta el día de hoy no ha sido subsanado.

 

Final   

 

La estructura propuesta permitirá crear una cadena de comando, que facilite la “fluidez” y una “distancia menor” con la conducción política. Esto facilitaría la conducción de medios militares y dar una rápida respuesta ante cualquier contingencia. Observamos la existencia de una distancia importante entre el Presidente y las FFAA, por razones administrativas y burocráticas.  La readecuación de las organizaciones previstas por el decreto 727/2006 a lo que dice la Ley de Defensa Nacional.

 

El nivel operacional es pautado por la Estrategia Nacional, que en el caso de la Defensa Nacional, el Poder Ejecutivo determina la finalidad del conflicto y la expresa a través de objetivos estratégicos militares. Su destinatario la Estrategia Militar, a quien orienta. Una vez operacionalizado los objetivos, el Ministerio de Defensa, establecerá los objetivos de los comandos orgánicos y operacionales. En el caso de los primeros serán de carácter administrativo. En el caso de los segundos son objetivos operacionales o de guerra.  En este caso, el comandante del teatro de operaciones, diseña la maniobra operacional, compuesta por los “esfuerzos” para alcanzar los objetivos impuestos.  Generalmente los esfuerzos son conjuntos, pero ello no impide la existencia de acciones de carácter específico.  Es por ello que la organización prevista por el decreto mencionado en el párrafo anterior confunde niveles, responsabilidades.

 

En el pasado por no tener bien en claro las responsabilidades, la falta de una estrategia nacional, tuvieron sus consecuencias, que se hacen sentir hasta el día de hoy.  Estamos ante un Ministerio de Defensa, que busca llevar a cabo reformas, y que observamos que muchas ideas implican cometer los mismos errores. Este es el objetivo de este artículo, generar debate constructivo sobre la defensa nacional.

 

 

Bibliografía

 

CAL, Carlos Ernesto; Crítica de las Operaciones Aéreas Navales en el Conflicto Malvinas; Trabajo Final Tesis; Escuela de Guerra de la Armada Española; 1990

CUSHMAN, John H.: Comando y Control de las fuerzas armadas en el Teatro de Operaciones, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1995

GOSSELIN, Daniel: “Hellyer’s ghosts: unification of the Canadian Forces is 40 years old” Canadian Military Journa. Vol. 9 nro. 2, Ottawa, 2009

MILIA, Fernando: Estrategia y poder militar. Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1965

NAVAJAS SANTINI,  Ramiro: EL ARTE OPERACIONAL Y LA ESTRATEGIA CONJUNTA en Revista Marina 3/2006, Chile

PERTUSIO, Roberto: Estrategia Operacional, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1995.

RIOBO, Luis: Defensa Nacional y Genética de Fuerzas. Edición del Autor, Buenos Aires, 2011

SQUILLACI, Juan Manuel: “Las relaciones de Comando y dependencia de un Comandante de Teatro de Operaciones con el poder político” Trabajo Final Integrador. Escuela de Guerra Conjunta, Buenos Aires, 2014

TILL, Geoffrey. Poder Marítimo. Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 2007

 

 

 

 

 

[1] CAL, Carlos Ernesto; Crítica de las Operaciones Aéreas Navales en el Conflicto Malvinas; Trabajo Final Tesis; Escuela de Guerra de la Armada Española; 1990; p. 24.

[2] TIL, Geoffrey: Poder Marítimo. Una guía para el siglo XXI. Instituto de Publicaciones Navales. Buenos Aires, 2007, pág. 146.

[3] Idem, pág. 148.

[4] Ibídem, pág. 149.

[5] RIOBO, Luis: Defensa Nacional y Genética de Fuerzas. Edición del Autor, Buenos Aires, 2011, pág. 340

[6] MILIA, Fernando: Estrategia y poder militar. Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1965, pág. 89 y sggtes.

[7] Para ello recomendamos leer? GOSSELIN, Daniel: “Hellyer’s ghosts: unification of the Canadian Forces is 40 years old” Canadian Military Journa. Vol. 9 nro. 2, Ottawa, 2009.

[8] Jefes de estados mayors generales de las FFAA.

[9] SQUILLACI, Juan Manuel: “Las relaciones de Comando y dependencia de un Comandante de Teatro de Operaciones con el poder político” Trabajo Final Integrador. Escuela de Guerra Conjunta, Buenos Aires, 2014

[10] Ver PERTUSIO,  Roberto: Estrategia Operacional. Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1995, pág. 9

[11] NAVAJAS SANTINI,  Ramiro: EL ARTE OPERACIONAL Y LA ESTRATEGIA CONJUNTA en Revista Marina 3/2006, Chile.

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