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Guardia Nacional. Legado de gloria olvidado.

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    Guardia Nacional. Legado de gloria olvidado.

    Por el Dr Jorge Alejandro Suárez Saponaro

    En medios de prensa, haciendo referencia a los intentos de reforma militar de la actual gestión, hablan despectivamente de que las Fuerzas Armadas serán convertidas en “guardias nacionales”, haciendo un paralelismo con los cuerpos militares que existieron en América Central, cuando la institución de la Guardia Nacional en Argentina tiene un verdadero legado de gloria, hoy lamentablemente olvidado.

    En 1853 fue sancionada la Constitución Nacional, su reforma de 1860 mantuvo en su artículo 21 (presente también en la reforma de 1994), sujeta a los ciudadanos a la obligación de armarse en defensa de la Patria. En distintas partes de la norma, se fija un marco en materia de seguridad nacional. La Constitución, a diferencia de las leyes de defensa y seguridad, no hace distinciones como lo hacen dichas leyes. Mientras que el artículo 21 nos dice que la defensa del país y sus instituciones son obligación de todo argentino, el artículo 23 regula los casos para los casos de conmoción interior o agresión exterior. Los artículos 75 y 99 fijan atribuciones específicas al Congreso y Presidente de la Nación.

    En la Constitución previa a la reforma de 1994, en el artículo 67 (hoy articulo 75) inciso 24 facultaba al Congreso autorizar a las provincias, a reunir milicias, cuando lo exija la ejecución de las leyes de la Nación y sea necesario contener las insurrecciones o repeler las invasiones. Disponer la organización, armamento y disciplina de dichas milicias (….) dejando a las Provincias el nombramiento de sus correspondientes Jefes y Oficiales, y el cuidado de establecer en su respectiva milicia la disciplina prescripta por el Congreso. Estas milicias, cuyos orígenes debemos remontarnos a los tiempos del Virreinato, serían conocidas entre 1852-1901 como Guardias Nacionales. La idea de denominar “guardia nacional” provenía de Europa, promoviendo la idea de “ciudadano soldado” que había nacido en la Francia revolucionaria de 1789. No obstante ello, el sistema recordaba al sistema de milicias que creó Liniers en 1806 y en los reglamentos de la Primera Junta de 1810. Eran los primeros pasos hacia la idea de contar con un instrumento militar moderno, acorde a su época, con sus limitaciones por el contexto interno, los escasos recursos económicos y como los conflictos externos.

    En los tiempos de la llamada “Confederación Argentina”, las fuerzas militares fueron organizadas en “Ejército de Línea” compuesto por soldados voluntarios y “veteranos”, además de los llamados “destinados”, que eran los infractores al servicio en la guardia nacional, y quienes se les aplicaban viejas leyes sobre “vagos y mal entretenidos” que incluía a convictos. Las fuerzas de línea estaban sujetas a las viejas ordenanzas militares españolas del siglo XVIII, que se extendía a las milicias, sujetos todos a una disciplina implacable.

    Las guardias nacionales estaban conformadas por todos los ciudadanos aptos para el servicio, entre 17 a 60 años, recibiendo instrucción de carácter periódico hasta los 30 años. Una ley de 1857, sobre “Enrolamiento en la Guardia Nacional” fijó la obligación de todo argentino comprendido en las edades citadas, a enrolarse en la guardia, bajo penas muy severas, entre ellas ir a parar al ejército de línea, o sea a la peligrosa frontera con el indio. En cierto punto constituía un sistema de “leva” que fue modificado en parte por la presidencia Mitre que reglamentó aspectos según el estado civil del ciudadano, llevando la obligación de servir en la guardia nacional hasta los 50 años a los solteros.

    Finalmente la defensa militar contaba con una “marina de guerra” de existencia precaria, hasta la construcción de lo que sería la “escuadra de Sarmiento”, la primera fuerza naval permanente que tuvo el país. En esta etapa histórica de consolidación de la Unidad Nacional, de lucha contra el malón, además de las luchas intestinas, y la Guerra de la Triple Alianza, la Guardia Nacional tuvo un importante papel, no solo militar, sino político y social.

    La Guardia Nacional 1852-1872

    En 1854 en un discurso dado por el flamante presidente constitucional, Justo José de Urquiza, antes las Cámaras del Congreso señaló que la Guardia Nacional. “el notable rol de sostener y hacer respetar las leyes y autoridades” siendo “el verdadero baluarte de la inviolabilidad de nuestro territorio. El general Bartolomé Mitre, fue mas allá y la Guardia Nacional (de la provincia de Buenos Aires) la identificó con las milicias defensoras de Buenos Aires en tiempos de las invasiones británicas. Sarmiento también en 1872 ponderó el rol de las guardias nacionales en la defensa del país.

    Esta institución que tuvo un rol importante en las luchas por la unidad nacional, la defensa de las fronteras y en la guerra de la Triple Alianza, no fue objeto de importantes estudios históricos. En los años 70 comenzaron a realizarse estudios históricos, de la mano del Círculo Militar, y luego en los 80 los estudios tocarían aspectos sociales, políticos de esta institución en la vida de las provincias. En los primeros años de existencia de esta institución, en la presidencia Derqui, los informes hablaban de entre 120.000/160.000 ciudadanos en esta categoría.

    En la Provincia de Buenos Aires, la Guardia Nacional fue organizada por el gobernador Vicente López y Planes, decretando que los ciudadanos encuadrados en las milicias de la ciudad y campaña quedaban englobados como guardias nacionales. Distinguió entre la milicia activa de “mozos solteros con arraigo en el país, y por su falta en los casados, y de éstos, en los que tengan menos hijos”, para “suplir la insuficiencia del ejército permanente para la defensa y seguridad del territorio”; y la pasiva, de hombres “de 45 a 60 años”, convocada “cuando peligre la seguridad del Estado por invasión o rebelión. Los historiadores contemporáneos que han tocado el tema, definen a la guardia nacional como el ejemplo clásico de “ejército ciudadano” o “pueblo en armas”. El primer jefe de la Guardia Nacional porteña, fue el coronel Bartolomé Mitre. La Confederación – tengamos en cuenta que desde la revolución de septiembre de 1852, la provincia de Buenos Aires se había separado del resto del país – reglamentó la movilización y organizaciones de las guardias nacionales provinciales. Al mismo tiempo fue creada la Inspección General, donde fue incluida la responsabilidad de las guardias nacionales en materia de seguridad de fronteras contra los “bárbaros”. El entonces llamado “ejército de línea” era reducido y tenía serios problemas de reclutamiento, esto obligó a más de una ocasión a recurrir a guardias nacionales a prestar servicios de manera precaria en la frontera, asolada por constantes correrías y pillajes de los indígenas, que en más de una ocasión terminaron en verdaderas matanzas en las poblaciones de la Pampa.

    El rol de la guardia nacional en la frontera bonaerense, fue importante, dado que la presión de las incursiones indígenas generó importantes penurias económicas. Entre 1854-56, el coronel Álvaro Barrios estimó que el robo de ganado vacuno y caballar alcanzó las 400.000 cabezas. Que eran llevados a Chile, donde eran vendidos. Los ataques de los indígenas en 1855, llegaron a niveles de gravedad extrema, quedando en el olvido, la matanza de 300 vecinos de Azul. Los guardias nacionales, con limitados recursos, tuvieron que hacer frente a innumerables combates y batallas, incluso hasta el exterminio, como fue el caso del teniente coronel Nicanor Otamendi, con 185 milicianos, que en la estancia San Antonio de Iraola, donde solo sobrevivieron dos soldados. Muchos guardias nacionales perdieron la vida en la lucha contra los malones en la endeble frontera occidental de la Provincia de Buenos Aires. Mal armados, escasos siempre en número, fueron la primera línea de fuego para hacer frente a este problema que retrasó por décadas el progreso de la Argentina.

    La guerra del Paraguay, sorprendió a la Argentina sin fuerzas militares permanentes. Por medio de la ley 129, fue movilizada la guardia nacional, hondamente resistida por las provincias, dado que existía una fuerte oposición a ir a la guerra aliados con Brasil. Ello no impidió que fuera conformado un ejército de operaciones, siendo el grueso de sus unidades, batallones y regimientos de guardias nacionales, que formaron el grueso de las unidades de infantería. La guerra del Paraguay fue de gran importancia para la posterior modernización del ejército de línea, en materia de equipamientos, uniformes, y organización. Los batallones de guardias nacionales se cubrieron de gloria en aquellos parajes, siendo el último conflicto armado internacional que enfrentó Argentina hasta la gesta de Malvinas en 1982.

    Siendo Mitre presidente, fue debatido el uso de la guardia nacional para mantener la seguridad interna y externa del país. El ejército de línea era insuficiente para restablecer el orden ante las rebeliones armadas en el interior del país. Esto motivó la movilización de guardias nacionales para reforzar las unidades de línea, como fueron los ejemplos en la represión de las rebeliones de Felipe Varela, Ángel Peñaloza, y López Jordán. El control de las guardias nacionales, era objeto de diversas interpretaciones constitucionales y legales, dado que para las provincias, era un baluarte de su autonomía, además de una herramienta política.

    En 1867, el comandante de la frontera oeste de la Provincia de Buenos Aires, Nicolás Garmendia, resaltó los problemas que generaba la movilización constante de guardias nacionales en servicio de fronteras, solicitando el fortalecimiento del ejército permanente. La movilización de ciudadanos en áreas rurales, le quitaban mano de obra al creciente sector agropecuario y generaba inconvenientes económicos. A ello se unía la impopularidad del servicio en los fortines en las fronteras interiores. A ello se unía las carencias logísticas de los hombres que iban a los precarios fortines, donde la vida estaba condicionada por la extrema pobreza y la dureza. Los recursos destinados a las fuerzas militares siempre eran menguantes, además de la corrupción, que generaba mayores penalidades.

    En la Provincia de Buenos Aires, se observa en el período comprendido entre 1852-1870, un importante conjunto de normas, relativos a la organización de la Guardia Nacional. La figura del Inspector General de Milicias, era un nexo entre las unidades operativas, con el ministerio de guerra y marina de la Provincia (cargo que existió hasta que la provincia se incorporó al resto del país en 1860). A través del Inspector el gobernador impartía las directivas y órdenes a los diferentes comandantes de la campaña. Las tropas eran eminentemente locales. Los comandos de regimiento/batallón también recayeron en personajes locales, generalmente los vecinos destacados de la campaña, donde la capacidad y experiencia militar eran determinantes para acceder a cargos de conducción.

    Los abusos en el reclutamiento de milicianos, y la necesidad urgente de contar con fuerzas permanentes que proveyeran seguridad a las fronteras, dado que el avance indígena era notable, y constituían una seria amenaza al progreso del país, generaron intensos debates tanto en medios de prensa como en las cámaras del Congreso. Los debates parlamentarios pusieron en evidencia la necesidad de un ejército profesional de carácter permanente, y que la guardia nacional era una herramienta para casos de emergencia grave y no para un servicio permanente en las fronteras. Los siempre escasos recursos asignados a la defensa, limitaban avances en la reformas, hasta que finalmente durante la presidencia de Sarmiento, el sistema de leva de ciudadanos de la guardia nacional, sería reformado y se sentarían las bases para el “ejército moderno”. Durante su presidencia serían creados el Colegio Militar de la Nación y la Escuela Naval Militar. Hasta ese entonces los cadetes se formaban en los barcos y regimientos.

    La reforma de 1870 reemplazó el sistema de “regimientos” por el de “comandantes militar de partido” Esto tuvo repercusiones políticas, dado que tenían un rol importante en el control de sectores populares de la campaña, los enrolamientos de ciudadanos, transformando a la guardia nacional en una verdadera máquina electoral. Las papeletas que habilitaban a los ciudadanos para votar, requerían la firma del jefe militar de distrito, lo que transformó a estos personajes en actores claves, que permitió la gestación de liderazgos políticos, además de la influencia que tenían los jefes de milicia en los electores.

    La oficialidad de las guardias nacionales tenían los mismos rangos que el ejército de línea, pero los nombramientos estaban influenciados por los jefes de regimiento/partido de la campaña provincial, que recomendaban al gobernador las designaciones. Incluso hubo una experiencia marginal en la elección por parte de los milicianos de los jefes de la guardia nacional. Idea que fomentó el general Mitre, pero que no prosperó. En muchos casos, ser oficial de la guardia nacional implicaba prestigio social y para quienes llegaban a ser jefe de regimiento, en más de una ocasión significaba beneficios de tipo político. En las zonas de frontera los jefes milicianos tuvieron una importante cuota de poder, dado que en la práctica ejercían el poder delegado por el Estado en zonas de frontera.




    Ley de reclutamiento de 1872. La rebelión de Carlos Tejedor. Ocaso de la Guardia Nacional

    La reforma legal de 1872 significó un mayor nivel de centralización del Estado en materia militar, estableciendo un nuevo régimen que implicaba:
    • Mantenimiento del sistema de contingentes para complementar faltantes del ejército de línea, que seguiría siendo voluntario (los llamados “enganchados”);
    • Los contingentes serían determinados por sorteo, facultándose al Poder Ejecutivo a reclutar hasta 10.000 guardias nacionales;
    • El papel de la Guardia Nacional se reduce al de fuerza auxiliar, pero su rol en la seguridad de fronteras se mantuvo;

    La pacificación del país, el fin de la guerra del Paraguay, tuvo su impacto en la Guardia Nacional, que significó que el presidente Avellaneda relevara los batallones de guardias nacionales de servir en las fronteras, que fue objeto de más de una polémica. Esta decisión tuvo razones económicas, dado que los movilizados, eran precisos para el desarrollo de la creciente actividad agrícola ganadera a las tierras que se iban ganando al “malón”. Finalmente el apoyo al plan propuesto por el general Roca, permitió que se llevara a cabo la llamada “Campaña del Desierto” terminando con el drama del malón e incorporando millares de km2 al patrimonio nacional.

    En 1880, en un contexto de tensiones políticas, el gobernador Carlos Tejedor de la Provincia de Buenos Aires, elevó las cuotas de soldados por cada circunscripción, realizó nombramientos de jefes y oficiales afines a su proyecto político. Tejedor dejó en claro que no aceptaría la imposición de candidaturas desde el gobierno nacional, en referencia a su rival el general Julio Argentino Roca. La respuesta del presidente Avellaneda, en el entonces municipio de Avellaneda, declaró ilegal la reunión de milicias sin autorización del Congreso Nacional. Algo que era cierto, dado que la movilización de milicias era competencia provincial en situaciones excepcionales, previstos por el ordenamiento constitucional. El conflicto armado era cuestión de tiempo. El gobierno nacional movilizó las guardias nacionales de Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe, y Córdoba. Tejedor respondió con el “estado de asamblea” y la movilización de los guardias nacionales porteños para “defender la provincia de Buenos Aires”.

    El clima de insurrección era palpable como relatan las crónicas de la época, los “voluntarios” iban al llamado Tiro Nacional, donde recibían instrucción militar, agregándose el incremento de gastos para los preparativos bélicos del gobernador. El gobierno nacional recurrió al ejército de línea, además de guardias nacionales aludidas. La derrota de Tejedor, significó la federalización de la ciudad de Buenos Aires y el inicio de una nueva etapa histórica y el fin del conflicto sobre el control de las guardias nacionales, que quedaron bajo control efectivo del poder ejecutivo nacional. Esto quedo efectivizado en 1893, que causó protestas, por considerarlo como un avance del poder central sobre las autonomías provinciales.

    La crisis con Chile por la cuestión de límites, llevó al gobierno a realizar importantes inversiones en materia militar, con la compra de nuevos armamentos, el desarrollo de las fuerzas navales. En 1893 por ley, la guardia nacional fue organizada en activa con ciudadanos solteros entre 18 a 30 años, territorial con ciudadanos de 31 a 40 años, y una reserva compuesta por ciudadanos hasta los 50 años. En 1895, fue modificada la ley militar, habilitando la movilización de guardias nacionales para complementar las unidades de línea, sino había suficientes voluntarios. Esta ley facilito la movilización de 20.000 efectivos, que fueron protagonistas de las maniobras de “Curumalal” liderados por los generales Alberto Capdevila y Luis María Campos. En 1898, fue establecida la posibilidad que los guardias nacionales realizaran instrucción en unidades de línea por tres meses a un año si era necesario, como también la movilización de la guardia nacional activa por plazos de tres meses para ejercitaciones.

    Al terminar la presidencia de José E. Uriburu, el país contaba con 20.000 guardias nacionales y 60.000 efectivos en el ejército de linea, gracias a los cambios legales que incrementaron sustancialmente la cuota de ciudadanos que tenían la obligación de recibir instrucción militar en unidades de “línea”. En 1900, previo al debate del servicio militar obligatorio en el ejército, a instancias del ministro de marina, comodoro Rivadavia, fue aprobada la ley de servicio militar en la Armada. En 1901, fue aprobada la ley 4031 o ley “Ricchieri” de servicio militar obligatorio en el ejército que fijó que parte del personal movilizado, tendría un servicio de dos años. Esta norma sin ninguna duda permitió que durante bastante tiempo el ejército contara con un núcleo de fuerzas permanentemente instruidas.

    La ley Ricchieri no se olvidó de la guardia nacional, que pasaría a ser una suerte de “reserva activa” pero que con el tiempo, su existencia pasó a ser letra muerta, para desaparecer en leyes posteriores que reemplazaron la ley de servicio militar obligatorio de 1901.

    Los debates en torno a la ley Ricchieri, es sumamente interesante ver la propuesta que tuvo en su momento el general Alberto Capdevila, que era diputado al ingresar el proyecto del general Ricchieri. La propuesta de Capdevila era la de mantener un ejército de línea formado por voluntarios y una guardia nacional, al mejor estilo “ejército ciudadano” con un régimen de instrucción militar universal. Estos guardias nacionales recibirían instrucción de un núcleo de cuadros permanentes, con programas de entrenamiento a lo largo de sus años de permanencia en la guardia nacional activa. La idea del general Capdevila, sobre su experiencia profesional, era mantener un ejército voluntario destinado a la vigilancia de fronteras y disuadir a Chile, y que en caso de crisis, el sistema propuesto permitiría reunir rápidamente unos 160.000 guardias nacionales instruidos. Este sistema también sería de utilidad para que cuadros jóvenes puedan adquirir experiencia de mando y manejo de personal, adiestrando y conduciendo ejercitaciones con los guardias nacionales. Una verdadera “escuela” de cuadros.

    Es interesante leer los debates parlamentarios previos a la sanción de la ley “Ricchieri” donde queda en evidencia que el ejército ha sido tradicionalmente una fuerza de voluntarios, apoyado por una milicia con un sistema de instrucción militar universal. Es indudable que los cambios militares en aquellos años, el conflicto posible con Chile y en menor medida con Brasil, motivó a crear un ejército formado por conscriptos. Los tiempos de los guardias nacionales había terminado.

    Final

    En medios de comunicación dado la crisis que padecen las fuerzas armadas, se habla de reducirlas a una “guardia nacional”. Este concepto fue aplicado por los Estados Unidos en los países de América Central, que tras disolver sus débiles cuerpos militares, eran reemplazados por guardias nacionales, fuerzas militares con competencias de seguridad interior y de defensa territorial. Su diseño respondía a escenarios de control de fronteras, del proteger al poder local y lucha contrainsurgencia. Una imagen bien distinta, a lo que fue la guardia nacional en Argentina.

    La Guardia Nacional tuvo un papel olvidado en la historia reciente. Fue una herramienta de presencia del Estado, de promoción de cohesión e identidad local, de mantenimiento del orden y seguridad. Era símbolo de las autonomías provinciales, heredera de las milicias que lucharon contra las invasiones británicas, en la guerras de Independencia, contra intervenciones extranjeras en los tiempos de Rosas y en la guerra civil que duró décadas hasta consolidarse la Unidad Nacional. Los hombres que fueron parte, fueron protagonistas y a la vez víctimas de abusos del sistema de reclutamiento, de la vida dura del fortín, de la disciplina draconiana, de muchas penurias, dado que los gobiernos hacía uso y abuso de estos miliciano, pero poco dinero destinaban a su equipamiento. Fueron protagonistas de innumerables sacrificios, millares dejaron la vida en defensa de la frontera frente a los malones que asolaban las poblaciones de nuestra Pampa, de la Constitución, como también en las luchas protagonizadas por los últimos caudillos. Los guardias nacionales se cubrieron también de gloria en la campaña del Paraguay.

    La reforma constitucional de 1994, terminó con su existencia formal, quedando la facultad de las provincias de reunir fuerzas militares en caso de peligro inminente o ataque exterior, dando cuenta de ello al gobierno federal. Esto es un recuerdo de cuando las provincias contaban con sus milicias o guardias nacionales.


    Los años pasaron, el servicio militar obligatorio marcó a generaciones enteras, pero puso de manifiesto una falencia, que pocos han tratado, la carencia de una reserva activa. El sistema solo permitía que el ejército tuviera a sus soldados con instrucción completa un corto período de meses en el año. El viejo sistema de guardias nacionales, permitía contar con reservas instruidas, que podían ser movilizados en cortos períodos de tiempo, lo que permitió a los gobiernos de entonces hacer frente con eficacia a numerosas contingencias. Las falencias de no contar con un sistema de reservistas bien organizado, se hizo sentir en la guerra de Malvinas, que sorprendió la crisis con un ejército con reclutas con pocas semanas de instrucción.

    Los guardias nacionales fueron nuestro “ejército ciudadano” que de alguna manera escribieron varias páginas de la historia de nuestra Argentina. El “último combate” lo libraría en defensa de la autonomía de Buenos Aires en 1880. Vinieron luego cambios legales y la guardia nacional continuaría existiendo, pero será a partir de 1901, que esta entidad irá apagándose para desaparecer definitivamente. Pocos la recuerdan y conocen de su importante papel, quedando en el olvido los hombres que la formaron y el legado de gloria que dejaron.







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  • #2
    Creo…opino… que el autor comete un error al extrapolar a la Argentina actual o posterior a 1880, con el territorio anárquico y divido de provincias, anteriores a 1880 y aún peor antes de 1860 (Pavón)… Imaginen que aquello no era una nación como lo entendemos hoy, sino un rejuntado de territorios con sus propias milicias o montoneras que dio origen a esa “guardia nacional"...Creo además que al no existir una unidad como nación sus leyes solo obedecían a un carácter regional y particular (las mismas que también crearon las guardias nacionales) y no a la unidad de un Ejército que representara a una nación en su totalidad… En muchos casos no era mas que una leva forzada de civiles de a pie (milicias), donde Buenos Aires incluso llegó a ser un país independiente, con embajadores en Europa incluso…Donde Urquiza había decido nombrar a Paraná como capital de “SU” estado argentino…Yo creo que no se puede tomar en cuenta aquellas situaciones y tratar de aplicarlas a la realidad actual, porque a la vista esta que hubo dos Argentinas, una antes de 1880 y otra posterior pacificada, organizada y unificada como la conocemos actualmente…
    Pero creo que que en el foro hay algunas personas, que por formación pueden explicarlo mejor que yo…
    Editado por última vez por Teodofredo; https://www.aviacionargentina.net/foros/member/358-teodofredo en 07/05/2018, 04:06.

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    • #3
      Estimado, la Constitución de 1853 sentó las bases de la Unidad Nacional, el régimen de guardias nacionales fue sancionado por decreto y leyes del primer gobierno constitucional La Confederación Argentina no era un rejunte de regiones, sino que era consecuencia de una serie de pactos (como reza el preámbulo) donde los ¨Pueblos¨ acordaron sentar las bases definitivas para dar vida a la Nación Argentina y darle instituciones nacionales. El presidente Urquiza, primer presidente constitucional, tuvo como capital provisoria Paraná, por la sedición de Buenos Aires. Incluso el Congreso de la época sancionó una ley de capitalidad provisional. Dado que la Constitución de 1853 (vigente con sus reformas) sigue vigente.

      Las provincias no crearon las guardias nacionales, esto fue un decreto del Poder Ejecutivo de 1854, como señala tanto Ruiz Moreno como Miguel Ángel Scenna. Su movilización estaba sujeta a la aprobación del Congreso, como está demostrado en las sesiones de las Cámaras de aquellos años, además de ser tomada por diversos historiadores, especialmente recientes, dado que el tema ha sido poco estudiado.

      Existen trabajos académicos del CONICET, la excelente obra ¨Los Militares¨de Scenna, Isidro Ruiz Moreno reconocido historiador y profesor de la Escuela de Guerra y de reconocida trayectoria intelectual que hablan de las organizaciones militares entre 1852-1880, ahí hablan claramente las guardias nacionales, de su régimen legal. Además invito a leer la obra publicada por el Círculo Militar sobre la evolución orgánica del Ejército. La leva de civiles, terminó en 1872, por la ley de Sarmiento que estableció un régimen de sorteo, luego perfeccionado en sucesivas leyes durantes las presidencias de Juaréz Celman y Uriburu. Estos trabajos fueron fuente del articulo.

      No hubo dos Argentinas. Siempre fuimos un solo País, una sola Nación. Desde 1853 cuenta con instituciones nacionales permanentes. Esto esta plasmado en obras de importantes historiadores y maestros del derecho constitucional.

      Los conflictos entre la Confederación y Buenos Aires, formaba parte de luchas internas, que fueron zanjadas en el Pacto de San José de Flores, cuando la Provincia de Buenos Aires se incorporó a la Nación, lo que llevó a realizar mínimas reformas constitucionales, por una Convención Convocada al efecto.

      El comportamiento del Estado de Buenos Aires, fue de carácter sedicioso, y su separación obedeció a diferencias políticas, pero en ningún momento las elites locales pensaron en construir otro Estado separado, sino su separación fue consecuencia de diferencias políticas.

      El articulo tiene como objetivo y esta claro, que el concepto de Guardia Nacional, no debe ser empleado con tono peyorativo, cuando en verdad tuvo una importante gravitación en la construcción de la llamada Argentina moderna, como pone en evidencia interesantes trabajos del CONICET y otras entidades de investigación.

      Comentario


      • #4
        Interesante artículo Dr. Suarez Saponaro. Indudablemente sirve para ilustrarse.

        Estimado Teo. Como Ingeniero estás eximido de conocer la diferencia entre Nación y Estado así que por mi parte estás perdonado. Pero en realidad la Nación puede existir sin que necesariamente exista un Estado. El ejemplo mas típico es la Nación de personas de religión judía que recién en el año 1948 pudieron concretarlo en el Estado de Israel.

        En lo que hoy conocemos como latino américa, en realidad desde el Alto Perú hacia el sur existía una nación de ascendencia española pero conformada con los españoles y los criollos nacidos en la región (también algunos extranjeros) y con posterioridad a la independencia, una nación heredera de los españoles y como herederos de la Corona Española, con pretensiones de crear un nuevo Estado. Pero Nación ya éramos, aún con las particularidades de cada región: con características propias, de los montañeses integrados en ambos laterales de la Cordillera de los Andes (incluído nuestra región de San Juan, Mendoza y la región desértica al sur y por ello los hermanos chilenos reclaman que les pertenece) , de la región minera, desde el Alto Perú, pasando por Bolivia, Jujuy y Salta, la región mesopotámica, usufructuarios de los ríos navegables Paraná y Uruguay que explotaban el transporte de mercaderías inglesas ingresadas por contrabando del puerto de Buenos Aires hacia la región Amazónica (Misiones, Brasil, Paraguay) productora entre lo mas importante de maderas y el sector de la Pampa húmeda, donde Buenos Aires y la provincia oriental de Uruguay (con mayor territorio del actual) eran los grandes productores de productos agropecuarios que se exportaban a través de ambos puertos, principalmente el de Buenos Aires. La Patagonia prácticamente era un territorio hostil y desértico con poco valor económico para la época ( obviamente hoy es completamente distinto).

        Pero en todos los casos y aún con las diferencias del caso, eramos una gran Nación que las vicisitudes de la política nos llevaron a desmembrarnos en varios países.


        Por efecto de dicho desmembramiento, como digo fruto del egoísmo de intereses sectoriales, primero se crearon las diferentes provincias y luego se fueron integrando a conformar un Estado político único. En el caso de Argentina, los porteños nos hicieron creer que con motivo de Pavón, Buenos Aires se incorporaba a la Confederación Argentina pero en realidad y tomando en cuenta lo que históricamente sucedió, fue todo lo contrario : Quienes nos fusionamos y casi perdimos nuestra personalidad, fuimos los provincianos, ya que a partir de esos pactos pasamos a depender política y económicamente de la Provincia de Buenos Aires. Aunque el Preámbulo de Nuestra Constitución de 1853 diga lo contrario.

        Saludos.
        Editado por última vez por planeador; https://www.aviacionargentina.net/foros/member/4262-planeador en 07/05/2018, 14:59.

        Comentario


        • #5
          Originalmente publicado por WINDHOEK80 Ver Mensaje
          Estimado, la Constitución de 1853 sentó las bases de la Unidad Nacional, el régimen de guardias nacionales fue sancionado por decreto y leyes del primer gobierno constitucional La Confederación Argentina no era un rejunte de regiones, sino que era consecuencia de una serie de pactos (como reza el preámbulo) donde los ¨Pueblos¨ acordaron sentar las bases definitivas para dar vida a la Nación Argentina y darle instituciones nacionales. El presidente Urquiza, primer presidente constitucional, tuvo como capital provisoria Paraná, por la sedición de Buenos Aires. Incluso el Congreso de la época sancionó una ley de capitalidad provisional. Dado que la Constitución de 1853 (vigente con sus reformas) sigue vigente.

          Las provincias no crearon las guardias nacionales, esto fue un decreto del Poder Ejecutivo de 1854, como señala tanto Ruiz Moreno como Miguel Ángel Scenna. Su movilización estaba sujeta a la aprobación del Congreso, como está demostrado en las sesiones de las Cámaras de aquellos años, además de ser tomada por diversos historiadores, especialmente recientes, dado que el tema ha sido poco estudiado.

          Existen trabajos académicos del CONICET, la excelente obra ¨Los Militares¨de Scenna, Isidro Ruiz Moreno reconocido historiador y profesor de la Escuela de Guerra y de reconocida trayectoria intelectual que hablan de las organizaciones militares entre 1852-1880, ahí hablan claramente las guardias nacionales, de su régimen legal. Además invito a leer la obra publicada por el Círculo Militar sobre la evolución orgánica del Ejército. La leva de civiles, terminó en 1872, por la ley de Sarmiento que estableció un régimen de sorteo, luego perfeccionado en sucesivas leyes durantes las presidencias de Juaréz Celman y Uriburu. Estos trabajos fueron fuente del articulo.

          No hubo dos Argentinas. Siempre fuimos un solo País, una sola Nación. Desde 1853 cuenta con instituciones nacionales permanentes. Esto esta plasmado en obras de importantes historiadores y maestros del derecho constitucional.

          Los conflictos entre la Confederación y Buenos Aires, formaba parte de luchas internas, que fueron zanjadas en el Pacto de San José de Flores, cuando la Provincia de Buenos Aires se incorporó a la Nación, lo que llevó a realizar mínimas reformas constitucionales, por una Convención Convocada al efecto.

          El comportamiento del Estado de Buenos Aires, fue de carácter sedicioso, y su separación obedeció a diferencias políticas, pero en ningún momento las elites locales pensaron en construir otro Estado separado, sino su separación fue consecuencia de diferencias políticas.

          El articulo tiene como objetivo y esta claro, que el concepto de Guardia Nacional, no debe ser empleado con tono peyorativo, cuando en verdad tuvo una importante gravitación en la construcción de la llamada Argentina moderna, como pone en evidencia interesantes trabajos del CONICET y otras entidades de investigación.
          Gracias amigo WINDHOEK80, es un placer leerle y que nos traiga un poco mas de luz sobre nuestro pasado, que es siempre bienvenido, por lo menos para neófitos como yo… La historia es algo que siempre me apasiona y en especial si es una parte de nuestra historia argentina.

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          • #6
            Originalmente publicado por planeador Ver Mensaje
            Interesante artículo Dr. Suarez Saponaro. Indudablemente sirve para ilustrarse.

            Estimado Teo. Como Ingeniero estás eximido de conocer la diferencia entre Nación y Estado así que por mi parte estás perdonado. Pero en realidad la Nación puede existir sin que necesariamente exista un Estado. El ejemplo mas típico es la Nación de personas de religión judía que recién en el año 1948 pudieron concretarlo en el Estado de Israel.

            En lo que hoy conocemos como latino américa, en realidad desde el Alto Perú hacia el sur existía una nación de ascendencia española pero conformada con los españoles y los criollos nacidos en la región (también algunos extranjeros) y con posterioridad a la independencia, una nación heredera de los españoles y como herederos de la Corona Española, con pretensiones de crear un nuevo Estado. Pero Nación ya éramos, aún con las particularidades de cada región: con características propias, de los montañeses integrados en ambos laterales de la Cordillera de los Andes (incluído nuestra región de San Juan, Mendoza y la región desértica al sur y por ello los hermanos chilenos reclaman que les pertenece) , de la región minera, desde el Alto Perú, pasando por Bolivia, Jujuy y Salta, la región mesopotámica, usufructuarios de los ríos navegables Paraná y Uruguay que explotaban el transporte de mercaderías inglesas ingresadas por contrabando del puerto de Buenos Aires hacia la región Amazónica (Misiones, Brasil, Paraguay) productora entre lo mas importante de maderas y el sector de la Pampa húmeda, donde Buenos Aires y la provincia oriental de Uruguay (con mayor territorio del actual) eran los grandes productores de productos agropecuarios que se exportaban a través de ambos puertos, principalmente el de Buenos Aires. La Patagonia prácticamente era un territorio hostil y desértico con poco valor económico para la época ( obviamente hoy es completamente distinto).

            Pero en todos los casos y aún con las diferencias del caso, eramos una gran Nación que las vicisitudes de la política nos llevaron a desmembrarnos en varios países.


            Por efecto de dicho desmembramiento, como digo fruto del egoísmo de intereses sectoriales, primero se crearon las diferentes provincias y luego se fueron integrando a conformar un Estado político único. En el caso de Argentina, los porteños nos hicieron creer que con motivo de Pavón, Buenos Aires se incorporaba a la Confederación Argentina pero en realidad y tomando en cuenta lo que históricamente sucedió, fue todo lo contrario : Quienes nos fusionamos y casi perdimos nuestra personalidad, fuimos los provincianos, ya que a partir de esos pactos pasamos a depender política y económicamente de la Provincia de Buenos Aires. Aunque el Preámbulo de Nuestra Constitución de 1853 diga lo contrario.

            Saludos.
            Gracias amigo planeador, primero aclarar que no soy ingeniero y segundo agradecer por aclarar un poco esa parte de nuestra historia argentina, nuestros difíciles y primeros pasos como país independiente, una parte de nuestra historia no siempre bien documentada y controvertida… Dicen muchos historiadores, “la historia que Mitre nos contó” y posteriormente Levene plasmó en su gran obra. Es siempre un placer leerle porque como decía mas arriba, es usted abogado y por eso hacia mención a que me gustaría saber algo mas en este tema histórico y que seguramente es parte de su formación, tanto por sus comentarios como por los de Windhoe80, a quien agradezco por lo menos de mi parte…

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            • #7
              De nada Todofredo. Mas tarde subiré los enlaces sobre las fuentes bibliografícas,. Realmente es inédito y poco tratado en nuestro país. Existe todo un campo de la historia militar que poco o nada se trató. Investigadores jovenes estan observando el impacto social y político de esta institución extinta en la formacion y cohesión de la ciudadanía en diversas provincias de nuestro país y su rol a nivel federal.

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              • #8
                Originalmente publicado por planeador Ver Mensaje
                Interesante artículo Dr. Suarez Saponaro. Indudablemente sirve para ilustrarse.

                Estimado Teo. Como Ingeniero estás eximido de conocer la diferencia entre Nación y Estado así que por mi parte estás perdonado. Pero en realidad la Nación puede existir sin que necesariamente exista un Estado. El ejemplo mas típico es la Nación de personas de religión judía que recién en el año 1948 pudieron concretarlo en el Estado de Israel.

                En lo que hoy conocemos como latino américa, en realidad desde el Alto Perú hacia el sur existía una nación de ascendencia española pero conformada con los españoles y los criollos nacidos en la región (también algunos extranjeros) y con posterioridad a la independencia, una nación heredera de los españoles y como herederos de la Corona Española, con pretensiones de crear un nuevo Estado. Pero Nación ya éramos, aún con las particularidades de cada región: con características propias, de los montañeses integrados en ambos laterales de la Cordillera de los Andes (incluído nuestra región de San Juan, Mendoza y la región desértica al sur y por ello los hermanos chilenos reclaman que les pertenece) , de la región minera, desde el Alto Perú, pasando por Bolivia, Jujuy y Salta, la región mesopotámica, usufructuarios de los ríos navegables Paraná y Uruguay que explotaban el transporte de mercaderías inglesas ingresadas por contrabando del puerto de Buenos Aires hacia la región Amazónica (Misiones, Brasil, Paraguay) productora entre lo mas importante de maderas y el sector de la Pampa húmeda, donde Buenos Aires y la provincia oriental de Uruguay (con mayor territorio del actual) eran los grandes productores de productos agropecuarios que se exportaban a través de ambos puertos, principalmente el de Buenos Aires. La Patagonia prácticamente era un territorio hostil y desértico con poco valor económico para la época ( obviamente hoy es completamente distinto).

                Pero en todos los casos y aún con las diferencias del caso, eramos una gran Nación que las vicisitudes de la política nos llevaron a desmembrarnos en varios países.


                Por efecto de dicho desmembramiento, como digo fruto del egoísmo de intereses sectoriales, primero se crearon las diferentes provincias y luego se fueron integrando a conformar un Estado político único. En el caso de Argentina, los porteños nos hicieron creer que con motivo de Pavón, Buenos Aires se incorporaba a la Confederación Argentina pero en realidad y tomando en cuenta lo que históricamente sucedió, fue todo lo contrario : Quienes nos fusionamos y casi perdimos nuestra personalidad, fuimos los provincianos, ya que a partir de esos pactos pasamos a depender política y económicamente de la Provincia de Buenos Aires. Aunque el Preámbulo de Nuestra Constitución de 1853 diga lo contrario.

                Saludos.
                Qué buena síntesis! Chapeaux!..., porque lo bueno, si breve...

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