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Crónicas de Malvinas

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  • Las arriesgadas misiones secretas de los aviones Hércules en Malvinas, los archivos clasificados, y una condecoración para los héroes que tardó 37 años


    Tres tripulaciones de Hércules que combatieron en Malvinas serán condecoradas por acciones cuyos detalles se habían mantenido en secreto. "Héramos felices haciendo esas misiones arriesgadas", dicen hoy los héroes que fueron como voluntarios a misiones imposibles

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    La tripulación del TC 68 luego de su primera misión del 2 de abril, cuando llegaron a Comodoro Rivadavia


    Para cualquiera, "Tigre" ,"Loco", "Picho" o "Tiza" pueden tener disímiles significados. Pero para los pilotos de los aviones Hércules que combatieron en la guerra de Malvinas, su sola mención hace poner la piel de gallina.

    Estos nombres en clave remiten a misiones muy arriesgadas, que fueron recientemente desclasificadas. A 37 años de la guerra, el coraje y el arrojo entonces demostrados motivaron que sus integrantes sean condecorados, el 27 de marzo a las 11 de la mañana en el Senado de la Nación, con la medalla "La Nación Argentina al Valor en Combate".

    Esta es la historia.

    Durante la guerra de Malvinas, las misiones que llevaron adelante los Hércules C 130 fueron dos: detección de blancos navales y de interdicción aérea.

    En las misiones de localización de buques enemigos, se volaba rasante sobre el mar, a una velocidad de 590 km por hora, y con su radar apagado, a fin de no ser detectados por el enemigo. Cuando se llegaba a un punto prefijado, se aceleraba a fondo, se elevaba la nariz del aparato 30 grados hasta llegar a los 10000 pies. En esos instantes en que el avión alcanzaba con su máxima potencia la mayor altura, se encendían sus radares para detectar la presencia de buques enemigos. En caso de identificar un blanco, se enviaban al Comando las coordenadas para dirigir un ataque. Cuando el avión comenzaba a caer, se apagaba el radar.Para las 10:25 el Hércules, luego de haber cumplido la primera parte de su recorrido, se acercó al Estrecho de San Carlos. Fue entonces cuando el radar del buque inglés Minerva lo detectó y dieron aviso a los Sea Harrier. Dos de ellos, piloteados por los tenientes Niguel Ward y Steve Thomas se dirigieron al blanco. Detectaron al Hércules a 10 km volando en dirección oeste al ras de las olas. Ward descendió mientras que Thomas quedó sobre el espeso manto de nubes, por si el Hércules decidía ascender.

    Del Hércules se captó: "IFF encendido, estamos en emergencia".

    Fue la última comunicación.
    Porque cada una de estas maniobras se realizaban cada 20 o 30 minutos. En el argot de los aviadores la conocen como "diente de perro", ya que las maniobras simulan a una "W".

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    El único apoyo con que contaban los Hércules era el radar de vigilancia aérea en las Islas Malvinas, que les podía advertir de la presencia de aviones enemigos. Tengamos en cuenta que en los días que se desarrollaron dichas misiones, los ingleses ya se habían consolidado en San Carlos.

    Estas misiones tuvieron lugar el 27 de mayo, con el nombre clave de "Picho"; el 28 y 29 de mayo fue "Loco"; el 30 de mayo, "Polo" y la última del 31 de mayo y 1 de junio, "Tiza". A todas ellas los tripulantes las llamaban "el loco". En la mayoría de los vuelos, se localizaron blancos ingleses.

    El Derribo del TC 63

    El 1 de junio, el Hércules TC 63 recibió la orden de realizar una de estas misiones, con el indicativo "Tiza". Debía explorar y reconocer la zona marítima del norte de las Malvinas. A las 6:30 horas, despegó de Comodoro Rivadavia, aunque debió volver por problemas técnicos. Finalmente lo haría a las 8:53.

    Estaba al mando el capitán Rubén Martel, secundado por el Capitán Víctor Krause; el navegador era el Vicecomodoro Hugo Meisner. Completaba la dotación los CP Miguel Cardone, Carlos Cantezano, Julio Lastra y Manuel Albelos. Como momentos antes otro Hércules, el TC 66 había aterrizado en Puerto Argentino, los ingleses se pusieron en alerta.

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    El Hércules TC63 estaba al mando del capitán Rubén Martel

    Comentario


    • Al Hércules -que llevaba el apelativo de "Tigre"- se le duplicó la autonomía de vuelo y se le adaptaron 12 bombas de 250 kilos, dispuestas debajo de cada plano.

      Cerruti le explicó a Infobae que "más allá que cada misión tenía su nombre específico, nosotros la conocíamos como 'el loco' porque era una locura volar sin superioridad aérea; ni paracaídas llevábamos porque volábamos muy bajo. No existía nada parecido en el mundo. Nuestra única defensa era escapar".

      Lo que hacía fácilmente identificable a su tripulación eran las bufandas rojas que lucían, que la esposa del comandante había tejido expresamente.

      Cerruti niega que llevaran adelante misiones suicidas. Recordó que "cuando la guerra terminó, en una de las charlas que brindó nuestro comandante, afirmó que 'éramos felices haciendo misiones arriesgadas'".

      Se le asignaba un área de búsqueda, a la que se tardaba en llegar entre cinco y seis horas. Si bien en el primer día no hallaron ningún blanco, al segundo averiaron a un petrolero inglés. Era el 29 de mayo. Fue ese ataque que determinó que el alto mando inglés dispusiera que la flota se corriese más hacia el Este.

      Un Hércules en pleno ejercicio de lanzando de bombas


      Dos días después encontraron otro buque, pero al no poder determinar bien su procedencia y por qué navegaba en esas aguas, no lo atacaron. Más tarde debieron escapar cuando cayeron en la cuenta que lo que habían identificado había sido una fragata inglesa.

      ¿Por qué la información estaba clasificada?

      El último ataque del TC 68 fue a superpetrolero, de 250 metros de largo que, paradójicamente, se llamaba "Hércules".

      El buque atinó a poner rumbo hacia la flota inglesa a toda velocidad, pero fue alcanzado por dos bombas, una arrojada del TC 68 y otra de un Canberra, pero que no explotaron.

      Cuando la guerra finalizó, el buque atracó en Río de Janeiro y, como se determinó que no se podían desarmar las bombas, fue hundido en medio del Atlántico. La empresa dueña del buque le inició acciones legales a la Argentina ante un tribunal de Nueva York, pero estas no prosperaron. Cuando el juicio comenzó, el gobierno argentino decretó el secreto, por tal motivo esos documentos fueron recientemente desclasificados y podemos conocer más acerca de esta historia. Por este motivo, también, los héroes recién ahora recibirán la condecoración por su coraje y entrega en defensa de la Patria. Tuvieron que esperar 37 años y que las misiones dejaran de ser secretas, para recibir este merecido reconocimiento.

      El TC 68 estuvo a punto de ser desguazado, otra víctima más de las políticas de desinversión de las fuerzas armadas. Está en la base aérea de El Palomar y todo indica que será convenientemente preparado para ser exhibido en un museo. Porque al fin de cuentas, es otro héroe de Malvinas.


      https://www.infobae.com/sociedad/201...tardo-37-anos/

      Comentario


      • Los documentos secretos de Malvinas: el día que la flota argentina cortó su comunicación con el continente y se preparó para la guerra

        Por Juan Bautista "Tata" Yofre
        Fue el 31 de marzo de 1982. Los informes confidenciales de los comandantes que revelan cómo se organizó la Operación Rosario, para recuperar la islas. El acuerdo entre el almirante Anaya y el teniente general Galtieri antes de echar al general Viola de la Casa Rosada. El "Nunca van a mandar la flota" del canciller Costa Méndez. Y la reacción de Videla cuando se enteró del plan militar: "Que Dios los ayude"

        Leopoldo Galtieri, el brigadier Basilio Lami Dozo y el almirante Jorge Anaya


        Tras la derrota de Malvinas los integrantes de la Junta Militar, integrada por Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo, con el respaldo documental del canciller Nicanor Costa Méndez, hicieron un largo relato sobre el desarrollo del conflicto que ellos desataron.

        Para algunos fue la base sobre la que trabajo la "Comisión Rattenbach" que los juzgó. No es así, porque su máxima figura, el teniente general (RE) Benjamín Rattenbach, les dijo "no lo vamos a leer".

        El relato de los tres ex comandantes se inició en diciembre de 1981 y se cerró tras la rendición de la Guarnición Militar de Puerto Argentino, el 14 de junio de 1982.

        El Informe de los comandantes está contenido en más de 1.070 páginas y tiene grandes lagunas, especialmente porque no explica por qué tomaron la decisión de "ocupar" Puerto Stanley.

        Por ejemplo, no se dice que el 18 de diciembre de 1981 llegó a Buenos Aires el contralmirante (R) Luís Pedro Sánchez Moreno, el embajador argentino en Lima, Perú. Según me relato, se tomaba una corta licencia porque venía a apadrinar la boda de su hija. Ya que estaba y como había una nueva Junta Militar fue a visitar a cada uno de los comandantes.


        El viernes 19, fue a la audiencia que le fijo su compañero de la Promoción 75 y comandante de la Armada, Jorge Isaac Anaya. La entrevista se realizó en el despacho que el jefe naval tenía en el piso 13 del edificio Libertad. Se saludaron con afecto y Sánchez Moreno comenzó a hablar de la situación peruana mientras Anaya mostraba una mirada desatenta. Poco rato después lo interrumpió:

        Anaya: -El proceso se ha deteriorado mucho y tenemos que buscar un elemento que aglutine a la sociedad. Ese elemento es Malvinas.

        Dicho esto se quedó mirando, esperando una respuesta.

        Sánchez Moreno: –He estudiado varios años en un colegio inglés. Conozco a los ingleses tanto como vos, Margaret Thatcher no se va a dejar llevar por delante por un gobierno militar. Los ingleses son como los bull dog, cuando muerden a la presa no la sueltan…

        Al instante, Anaya dio por terminada la reunión. Asumió su papel de Comandante y con un formal "es todo Sánchez Moreno" lo despidió. Sin embargo la cuestión no terminó ahí.

        El sábado 20, durante la fiesta de casamiento, el dueño de casa y el almirante Carlos Castro Madero –también compañero de Promoción de Anaya – intentaron disuadirlo al comandante en jefe de la Armada pero fue imposible.

        El 22 martes de diciembre de 1981, tras la asunción del presidente de facto Leopoldo Fortunato hubo un cambio de "atmósfera" en la Argentina a partir de la propia personalidad del jefe militar, a quien comparaban con George C. Patton, el mítico general norteamericano de la Segunda Guerra Mundial.
        “Esto se derrumba”, dijo el embajador Figueroa sobre el gobierno militar. “No se preocupe, el jefe tiene un plan”, respondió un hombre de íntima confianza de Galtieri. El plan era Malvinas
        Intentaba reflotar el Proceso pero pocos le creían. La indiferencia era evidente. "El efímero gobierno de Viola dejó una herencia de dificultades", dijo O Globo de Brasil. También afirmó: "Los signos de agotamiento del régimen discrecional saltan a la vista". Más contundente fue el corresponsal del Jornal do Brasil al afirmar que el "ciclo de intervenciones militares se revela agotado".

        "Esto se derrumba", palabras más, palabras menos, dijo el embajador de carrera Gustavo Figueroa a días de convertirse en jefe de gabinete del nuevo canciller Nicanor Costa Méndez.

        "No se preocupe, el jefe tiene un plan", respondió el coronel Norberto Ferrero, el hombre de íntima confianza de Galtieri, durante una cena a solas con Figueroa, el cónsul en Nueva York, en noviembre de 1981.

        “Dígame, ¿cómo no asesoró a los militares?”, preguntó Martínez de Hoz tiempo después de la guerra. “La condición era tocar, entrar e irse”, respondió Costa Mendez, el canciller argentino durante el conflicto armado

        En realidad Galtieri no tenía un plan sobre las Malvinas porque el Ejército nunca lo trabajó como hipótesis de conflicto. La que sí tenía un plan que se actualizaba permanentemente era la Armada. El desbarajuste del gobierno del general Roberto Viola (marzo-diciembre de 1981) fue amalgamando la relación personal entre Galtieri y Anaya y luego vino la conspiración que puso sobre la mesa una simple ecuación: Viola debe irse; Galtieri lo sucede con retención de la comandancia en jefe del Ejército (dejando de lado la figura de "cuarto hombre") y Anaya lleva adelante la ocupación de Malvinas.

        En el caso del nuevo canciller Nicanor Costa Méndez se presento una situación similar. Bastante tiempo después de la guerra de las Malvinas, José Alfredo Martínez de Hoz, el hombre más importante del "establishment" argentino de esa época, le preguntó:

        -Dígame "Canoro", ¿cómo no los asesoró? [a los militares].

        La respuesta fue:

        -La condición [para aceptar el cargo] era entrar, tocar e irse" [de las Malvinas].


        El vicealmirante Alberto Gabriel Vigo le envió el documento “Secreto” Nº 326/81 al vicealmirante Juan José Lombardo con la instrucción de que “deberá elaborar personalmente y entregarme a la mano, el Plan actualizado para la recuperación de Malvinas.”


        El 22 de diciembre –el mismo día que asumió Galtieri- el almirante Anaya le pasó a su jefe de Estado Mayor, vicealmirante Alberto Gabriel Vigo, una orden escrita a mano que contenía tres puntos, tal como se desprenden de su minúscula letra. Fue la primera orden del conflicto armado que se avecinaba:

        "1. MALVINAS
        1.1. El CON (Comandante de Operaciones Navales) presentarme un plan actualizado.
        1.2. Enviar personal seleccionado para reconocimiento.
        1.3. Plan después ocupación.
        1.3.1. Efectivos para permanecer en STANLEY.
        1.3.2. Apoyo a dichos efectivos.
        1.3.3. Logística para STANLEY.
        1.3.4. Defensa de STANLEY.

        2. SUPER ETANDARD
        Deben ser traídos al país con todo su armamento a medida que estén listos. Antes del 01 JUN 82.

        3. P-3. Antes 01 JUN 82."

        Sobre la base de esa orden, al día siguiente, el vicealmirante Alberto Gabriel Vigo le envió el documento "Secreto" Nº 326/81 al vicealmirante Juan José Lombardo con la instrucción de que "deberá elaborar personalmente y entregarme a la mano, el Plan actualizado para la recuperación de Malvinas."

        Los Reyes Magos

        Los diarios del martes 5 de enero de 1982 informaron que los tres comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas se reunirían para analizar distintas cuestiones. Entre otras, "la recomposición del cuadro de gobernadores" que secundarían la gestión de Galtieri, los nombramientos de algunos embajadores políticos, la situación de algunos oficiales de las Fuerzas Armadas que ejercían la presidencia en empresas estatales y a los que se les había solicitado la renuncia y algunas líneas generales del plan de austeridad, en particular los gastos de publicidad del Estado. Nada de todo esto era veraz.

        La reunión se llevó a cabo en el edificio Libertador, sede del Ejército, a partir de las 9 de la mañana. Previamente –así me lo relató el jefe aeronáutico- el jefe del Ejército le dijo al brigadier Lami Dozo, como al pasar, en un pasillo del tercer piso del edificio Libertador, antes del inicio formal de la reunión:

        -"Negro" (así lo llamaba Galtieri a veces al jefe aeronáutico) quiero hablar con vos sobre Malvinas. La cosa no anda bien" (ya se observaban las próximas reuniones de fines de febrero en Nueva York).

        En esa reunión se analizó la cuestión Malvinas en el contexto de la política exterior y se concluyó que debía adoptarse una política "agresiva". Según el informe de marras, "en esa reunión el caso Malvinas fue tratado fuera del temario de la Junta Militar. El análisis del caso partió de la trayectoria de las negociaciones desde 1965 hasta la fecha y los sucesos más recientes que hacían al tema". Además, el mismo día se consideró dar un paso militar en el caso de no progresar la vía diplomática.

        El martes 12 de enero la Junta Militar, reunida en el edificio Libertador a las 9 de la mañana, terminó de completar "un análisis político", según La Nación, y analizar las próximas designaciones de gobernadores y embajadores. Nada era cierto.

        Lo que no se dijo al periodismo fue que el 12 de enero "se trató la planificación militar de Malvinas como acción alternativa en caso de fracasar la solución negociada con Gran Bretaña y teniendo siempre el propósito de lograr el objetivo político a través de un acuerdo. Por Resolución no incorporada al Acta de la Junta Militar, se designaron -por consiguiente- a los señores General de División García, Brigadier Mayor Plessl y Vicealmirante Juan José Lombardo para analizar la previsión del empleo del poder militar para el caso Malvinas con un enfoque político-militar que especificara los posibles cursos de acción. Se planeó asimismo que el trabajo sería secreto y manuscrito, eligiendo distintos lugares de reunión; y que además de los miembros designados tendrían conocimiento del tema, en el momento oportuno, los jefes del Estado Mayor General de las tres Fuerzas Armadas y el Sr. Canciller".
        “Nunca van a mandar la flota”, dijo el canciller Costa Méndez. El funcionario pensaba que el Pentágono lo iba a apoyar
        Aprovechando la estadía del embajador argentino en Londres, Carlos Ortiz de Rozas, en Buenos Aires, Costa Méndez lo hizo dialogar con el Presidente. Durante la reunión (20 de enero a las 12.30 horas) se conversó sobre el diferendo con Chile, pero Galtieri se mostró más interesado en hablar de Malvinas. Años más tarde, Costa Méndez dirá que Ortiz de Rozas habló con el presidente sobre la situación interna del gobierno de Margaret Thatcher y de una eventual reacción británica si la Argentina invadía las Malvinas.

        Para la historia, no hubo documentos escritos. Los hay orales. Hasta ese momento, la evaluación que hacía el embajador Ortiz de Rozas, sobre la respuesta británica, frente a la posibilidad de ocupar Malvinas era la siguiente:

        * Ignorar el hecho.
        * Protestar o retirar el embajador.
        * Rompimiento de relaciones y sanciones diplomáticas.

        Costa Méndez se inclinaba por la primera alternativa. "Nunca van a mandar la flota", le dijo a su secretaria Laura Ayerza tras el 2 de abril de 1982. "'Canoro' pensó que el Pentágono lo iba a apoyar", me completo la funcionaria.

        El martes 26 de enero la Junta Militar se reunió a las 9 de la mañana en el edificio Libertad. Durante la reunión se resolvió "fuera de Acta" que el "Grupo Malvinas" conformado por Lombardo, García y Plessl "preparara la exposición de los planes de la alternativa militar a mediados de marzo de 1982".


        Anfibios en Cabo San Antonio


        A renglón seguido se produjo la nueva Directiva de Estrategia Nacional (DENAC) 1/82 y el Plan de Campaña Esquemático correspondiente a la Directiva de Estrategia Militar (DEMIL)1/82.

        En la DENAC 1/82 se explicita conceptos referidos al Poder Nacional:

        "a) Objetivo Político: Consolidar la soberanía argentina en las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y contribuir a afirmar su pleno ejercicio en el Atlántico Sur;

        b) Resolución Estratégica Nacional: El Comité Militar ante la evidente y reiterada falta de progreso de las negociaciones con Gran Bretaña para lograr el reconocimiento pleno de nuestra soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y convencido que la prolongación de esta situación afecta el honor nacional, el pleno ejercicio de nuestra soberanía en el Atlántico Sur y la explotación de recursos renovables y no renovables, ha resuelto prever el empleo del poder militar para el logro del objetivo político. Esta resolución deberá mantenerse en el más estricto secreto durante el planeamiento y circunscripta exclusivamente a los titulares de las áreas destinatarias".

        Hacia Malvinas con los anfibios para el desembarco (Foto: Revista Naval)
        La Directiva Estratégica Militar 1/82 era más explícita a los ojos de un lego: "La Operación desde el punto de vista militar es apta, factible y aceptable", y que "la Fuerza Conjunta estaría en condiciones de ejecutar la operación a partir del 15 de mayo de 1982".

        Lombardo sería el jefe del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS). El general de división García desembarcó en Puerto Stanley el 2 de abril y en los días de la guerra, como jefe del Teatro de Operaciones Malvinas, desplegó toda su fuerza mirando la frontera con Chile, porque los chilenos pusieron a sus espaldas más tropas que las que habían destinado en los días del conflicto del Beagle de 1978. El almirante Carlos Bussercomandó la fuerza conjunta de desembarco. El contralmirante Gualter Allara fue el comandante de la flota y el contralmirante Carlos Alfredo García Boll fue el comandante de la aviación naval.
        Para los que imaginaron la “Operación Rosario”, Margaret Thatcher no daría la orden de atacar a un blanco “no rentable”, eso les enseñaba la historia
        El plan de ocupación establecía un "D+5". Eso significaba que, una vez cumplida la misión, los buques y las tropas volvían a sus destinos en el continente, quedando solamente una dotación de alrededor de 400 efectivos cumpliendo tareas policiales, mientras se abría el escenario diplomático.

        Además de no generar víctimas fatales entre los británicos debía brindarse un buen trato a los pobladores isleños. Especulaban con la solución diplomática, pero al mismo tiempo llevaron carteles impresos con los nuevos nombres de las calles de Puerto Stanley. Eso significaba que iban para quedarse porque –especulaban– el Reino Unido nunca reaccionaría de la manera que lo hizo: muy simple, para los que imaginaron la "Operación Rosario", Margaret Thatcher no daría la orden de atacar a un blanco "no rentable", eso les enseñaba la historia.

        Rumbo al objetivo en Malvinas

        La flota de ocupación zarpó de la base naval de Puerto Belgrano el 28 de marzo y se encontraba navegando rumbo al sur seguida de cerca, a manera de protección, por el portaviones 25 de Mayo y otros navíos. Casi al mismo tiempo el clima se descompuso y se hizo necesario postergar el operativo durante 24 horas.

        -30 de marzo de 1982: El canciller convocó en el Salón Verde del Palacio San Martín a la primera línea de la Cancillería. Luego de tomarles juramento de mantener el secreto, expuso sobre la situación en Malvinas; recordó las distintas etapas de las negociaciones en los últimos años; recordó las magníficas relaciones con Sudáfrica; mencionó las excelentes relaciones con los Estados Unidos "grandes defensores de los pueblos jóvenes contra los colonizadores y su rol en el mundo contra el comunismo"; mencionó la decadencia del Reino Unido y del gobierno de la señora Margaret Thatcher (quien seguramente perdería las próximas elecciones); la difícil situación económica de su país que lo llevaría a vender su único portaaviones y otros barcos de guerra por no poder mantenerlos y finalmente, de que alguien tenía que tener el coraje de hacer algo por la recuperación de las Malvinas y no olvidó decir que todo esto facilitaría la difícil situación política con Chile.

        Luego de hablar formuló una pregunta: "Señores, ¿hay alguna pregunta?". El embajador Carlos Keller Sarmiento, jefe del Departamento Europa Occidental, pidió hacer unos comentarios, los que no fueron grabados. Aunque lo que pensaba lo volcó en un memorando titulado: "Malvinas", de cuatro carillas al canciller, con fecha 14 de abril de 1982.



        "Parto de la base -escribió Keller Sarmiento- que llevar el conflicto a un enfrentamiento militar de resultado dudoso para la Argentina es nuestra peor opción. (Total aislamiento, riesgo de una humillación, graves consecuencias económicas, institucionales y políticas, destrucción parcial o total de nuestra Fuerza Aérea, flota y efectivos militares, probable caída del gobierno, disminución de la capacidad para negociar con el Reino Unido el futuro status de las Islas, probable creciente intervención de Brasil o Chile como fuerza de paz y pérdida de credibilidad y prestigio en el ámbito internacional).
        Ante la eventualidad del ataque, una de las primeras decisiones de Thatcher fue enviarle un mensaje a su amigo Ronald Reagan para que intentara convencer a Galtieri de que no invadiera las islas
        -31 de marzo: a las 12.57, la flota cortó las comunicaciones con el continente, cambió el curso de navegación y se dirigió a Puerto Stanley, cambió el nombre de código: de "Operación Azul" pasó a "Operación Rosario".

        Ante la eventualidad del ataque, una de las primeras decisiones de Margaret Thatcher fue enviarle un mensaje a su amigo Ronald Reagan para que intentara convencer a Galtieri de que no invadiera las islas.

        Luego, Gran Bretaña pidió una urgente reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El mismo día, se le envió un largo cable "S" al embajador Eduardo Roca, instruyéndolo a solicitar el 1° de abril, "en hora que será determinada a vuestra excelencia telefónicamente", "a fin de llamar la atención del Consejo de Seguridad la situación de grave tensión existente entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte".

        En el mismo texto "Secreto" y "Muy Urgente" -cable 697- se le ordena a Roca que "simultáneamente con presentación nota a Consejo de Seguridad, sugiérese a V.E. entrevistar a representantes permanentes de China y de Unión Soviética fin de imponerlos situación. V.E. les señalará que Argentina confía en seguir contando con tradicional apoyo sus países sobre cuestión Malvinas". China y la URSS no votaron por la Argentina.
        El 1° de abril de 1982 los diarios ingleses informaban que dos submarinos británicos habían recibido la orden de dirigirse a las “Falklands” en estado de alerta
        -1º de abril de 1982: La Nación sacó a la calle la edición nº 39.642, tras 113 años de reconocido periodismo. El ejemplar de ese día costaba 5.000 pesos y en la tapa, a cuatro columnas, se leía el título "Agravóse la crisis con Gran Bretaña" y a dos columnas se mostraba una foto de los diarios The Guardian, The Daily Telegraph y The Sun de Londres, en los que se informaba que dos submarinos británicos habían recibido la orden de dirigirse a las Falklands en estado de alerta.

        El "consejo" de Jorge Rafael Videla para Galtieri

        El 1º de abril de 1982, a la mañana, el ex presidente Jorge Rafael Videla concurrió al Colegio Militar de la Nación del que había sido su director once años antes. Por invitación del general Alberto Carlos Lucena inauguraba un ciclo de conferencias para el cuerpo de cadetes sobre las virtudes militares.

        Según me confió años más tarde, llevaba un rato hablando cuando observó que el director del Colegio se levantaba para atender una llamada urgente en un despacho cercano. Cuando termino la conferencia Videla pasó a otro salón donde se sirvió un "refrigerio" (palabra preferida de los militares), ocasión en la que el general Lucena en voz baja le preguntó:

        -Mi Teniente General ¿usted ha escuchado algo sobre una invasión?

        -¿Una invasión? ¿Dónde? No sé nada.

        Cuando llegó a su casa tenía un mensaje: El general de división Antonio Vaquero, jefe del Estado Mayor del Ejército, vendría a visitarlo a las 20 horas.

        Con puntualidad castrense, Vaquero se presentó en su living y Videla lo esperaba vestido sobriamente con saco y corbata, impecable. Tras las palabras de circunstancias, Vaquero le dijo:

        -Mi general, le vengo a informar de una noticia que va a salir publicada en los diarios de mañana. Habrá un operativo conjunto militar y se ocuparán las islas Malvinas. El operativo sufrió un retraso por razones climáticas pero mañana a la madrugada se llevara a cabo.
        “El teniente general Galtieri me pide si tiene alguna sugerencia que hacerle”, le dijo Vaquero a Videla luego de informarle sobre la “invasión” de las islas. El ex presidente de facto respondió: “Que Dios los ayude”
        Jorge Rafael Videla se quedó helado. Seguramente habrá recordado cuando en julio de 1978 el almirante Eduardo Emilio Massera le propuso a la Junta Militar dar un "paso militar" sobre las islas, antes de que Videla se convirtiera en el "cuarto hombre". Estaba claro que el viejo zorro lo hacía para desafiarlos a Videla y Agosti. El almirante Massera -"el sonriente"- pasaba a retiro y estaba hablando para "la tribuna". También pidió publicar una lista de desaparecidos.

        A renglón seguido y antes de despedirse, Vaquero le dijo:

        -El teniente general Galtieri me pide si tiene alguna sugerencia que hacerle llegar que me la diga a mí.

        En segundos pasaron varios pensamientos por la mente del primer mandatario de facto del Proceso de Reorganización Nacional. ¿Sugerencia? ¿Ahora cuando todo está decidido?

        Fijó su mirada en Vaquero y solo le dijo:

        -Que Dios los ayude.





        https://www.infobae.com/sociedad/201...ara-la-guerra/

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        • Cuando los Tu-95 de la URSS espiaron a los buques de la Armada británica en Malvinas




          Durante la guerra de las Malvinas el destacamento de bombarderos Tu-95 de la Armada soviética, desplegado en Angola desde 1977, se encargó de seguir a la Flota británica, estudiar su composición y formación, tomar fotografías de sus buques y recoger inteligencia electrónica sobre estos.

          Misión en Angola


          Los Túpolev Tu-95 (designación OTAN: Bear) desplegados por el 392º Regimiento Aéreo Independiente de Reconocimiento a Larga Distancia de la Armada soviética en el aeropuerto de Luanda (Angola), contaban con excelentes radares y equipos electrónicos. Además, sus tripulaciones, tenían experiencia en interactuar con buques de superficie y submarinos. Algo normal, dado que una de sus misiones era la de buscar blancos para los misiles antinavío de largo alcance que estos portaban.

          Desde su base en Angola, los Tu-95 monitorizaban el tráfico mercante que, pasando por el cabo de Buena Esperanza, se dirigía al hemisferio norte. Sin embargo, el estallido de la guerra de las Malvinas hizo que este destacamento se volviese especialmente activo.

          Vigilados por los osos


          Algunos marinos británicos recuerdan todavía la figura de los imponentes Tu-95 pasando a gran altura sobre sus barcos mientras se acercaban a la zona de combate en Malvinas. ¿Pero de donde salían aquellos aviones rusos? Desde el año 1977, los veteranos aviones (el primer vuelo de este bombardero se produjo en 1952) operaban desde la antigua colonia portuguesa de Angola. El espionaje no llegaba sólo desde la órbita terrestre. ?????????? ??????????? ? ????????

          Y es que, según el libro Fidel, Fútbol y Malvinas del presentador y analista político Sergey Brilev, basado en la información extraída de entrevistas con militares de la URSS, el apoyo soviético a Argentina no se limitó a suministrar a sus militares datos obtenidos por los satélites Kosmos-1365, 1368 y 1372. Brilev afirma en su obra que los soviéticos utilizaron además a estos aviones de inteligencia Tu-95 para seguir a la Task Force enviada por Margaret Thatcher al Atlantico Sur, en el área entre el golfo de Vizcaya y el Ecuador.


          Espiando al Hermes


          A veces, los gigantescos aviones soviéticos volaban a una altura de tan solo 30-40 metros por encima de los buques de la Marina Real. El coronel soviético Gueorgui Bulbenkov confirmó su participación en estos vuelos bajos al medio digital Sovsekretno.ru. Bulbenkov describió, por ejemplo, como además de con fotografías aéreas, también se espió al portaaviones británico HMS Hermes mediante seguimiento radio-técnico, en el que se escuchaba, registraba, descodificaba y analizaba “todo lo que irradian los barcos al aire”.


          También se espió a los barcos británicos a su regreso al Reino Unido. “Se nos informó de que el portaaviones HMS Hermes había sido alcanzado por misiles argentinos y que podría tener que entrar en dique seco para ser reparado durante mucho tiempo”. Oficialmente, los británicos no reconocieron ningún daño causado a este buque por aviadores argentinos, si bien este entró en reparaciones durante cuatro meses, hasta noviembre de 1982.


          Interceptado


          Durante el vuelo de observación sobre el portaaviones británico HMS Hermes, mencionado por Gueorgui Bulbenkov, el avión espía ruso fue interceptado por un avión Phantom FRG.2 del Escuadrón 29 de la RAF, que despegó desde el aeropuerto Wideawake, en la isla de Ascensión.
          Al terminar el conflicto, los “Osos” volvieron a sus tareas habituales y, años después, dejaron de volar desde Angola.

          ¿Se transmitió la información conseguida por los Tu-95 a los escuadrones de ataque argentinos? ¿Si así fue, les sirvió de algo? Habrá que esperar a que se desclasifiquen todos los archivos que, casi 40 años después, siguen siendo material reservado.

          RBTH
          Editado por última vez por BND; https://www.aviacionargentina.net/foros/member/1180-bnd en 12/04/19, 18:20:17.

          Comentario


          • Y después dicen que por doctrina y demas yerba no nos conviene el material ruso!!! y seguimos comprando chatarra descafeinada y embargable!!! lamentable

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            • Malvinas: el aviador admirado por los ingleses que se negó a rendirse por respeto a sus compañeros caídos en combate

              Por Gustavo Córdoba (Infobae)


              El brigadier Ernesto Crespo (quinto desde la derecha) cuando era un joven piloto de los caza Calquin en su Mendoza natal. Entonces no intuía el desafío que enfrentaría muchos años después al mando del comando de la Fuerza Aérea Sur durante el conflicto de Malvinas.

              El memorable desempeño de los pilotos argentinos durante el Conflicto del Atlántico Sur debe gran parte de su éxito a la estrategia aérea planeada desde el continente por un hombre de bajo perfil, más tarde elegido por su compromiso democrático como Jefe de la Fuerza Aérea por Raúl Alfonsín. Aquel veterano de la Guerra de Malvinas, un mendocino parco inmune a los elogios, fue el brigadier Ernesto Crespo, fallecido hace un mes a los 89 años.

              Crespo fue el "silencioso" estratega al mando del Comando de la Fuerza Aérea Sur (FAS). Aquella legendaria cuadrilla de intrépidos cazabombarderos a bordo de A4, M3, M5 Dagger y Camberra MK62 operó albatros suicidas desde la base de Comodoro Rivadavia. En ominosos vuelos rasantes, los pilotos hundieron a los buques de la Royal Navy HMS Ardent , Antelope, Coventry, Sir Galahad, produjeron averías en otras 11 naves e inutilizaron a otros 9 más. Esa herida en orgullo británico llevó durante mucho tiempo su nombre.

              Las bombas que lanzaban los pilotos de la FAS sobre los objetivos navales
              Crespo lideró a los pilotos argentinos para que doblegaran a los buques enemigos e impidieran en un primer momento desembarcar en Malvinas. La corta pista del aeropuerto en Puerto Argentino restringía la operatoria de los cazabombarderos. Por eso se priorizó el ataque a los objetivos navales desde el continente y más tarde a los objetivos terrestres en febriles vuelos con un margen de 3 o 4 minutos para el ataque. El tiempo apremiaba y había que regresar a tierra con el último hálito de combustible.


              Esta es la historia "secreta"

              Era el 14 junio de 1982 cuando el Reino Unido despachó las actas de capitulación. El original estaba escrito en inglés, había una copia en español y cualquier modificación en los términos de la rendición debía ser supervisada en 10 Downing Street.

              Aquel día el brigadier Ernesto Crespo se encontraba en su puesto comando en Comodoro Rivadavia cuando recibió una llamada desde las islas Malvinas. Un integrante de la Fuerza Aérea Argentina le comunicó que los británicos exigían su rendición y que lo habían incluido en el acta de capitulación.

              Antes de cortar intempestivamente el teléfono, Crespo fue claro:

              –De ninguna manera nos vamos a rendir. Seguiremos atacando. Cargo ya con el peso de haber mandado a combatir a mucha gente. No puedo decir así como así "me rindo".

              A los pocos minutos el teléfono volvió a sonar.

              –Señor, los ingleses han cambiado de opinión y le piden su palabra de honor de que usted no va a atacar más.

              Pilotos de M5 Dagger en la sala de reunión de la base antes de emprender las misiones aéreas
              Crespo analizó el escenario con su Estado Mayor: el componente militar argentino en Malvinas se había rendido, entregado su armamento y todo elemento de interés para el enemigo. Continuar el combate, con el costo de vidas humanas, resultaba estéril.

              Con dolor, accedió y dio su palabra de honor de que no atacaría. Aquella promesa verbal fue la única palabra de honor que se dio para cesar las hostilidades.

              El almirante Sandy Woodward al mando de la Task Force durante el desembarco tenía la orden neutralizar a la Fuerza Aérea. Incluso si eso obligaba a bombardear las bases continentales.

              El brigadier Ernesto Crespo falleció hace un mes, a los 89 años
              Fue la Guerra de Malvinas la que forjó la reputación de prestigio de la FAA ante el mundo. Muchas potencias implementaron profundos cambios, reescribiendo sus manuales de doctrina, estrategia y táctica militar al estudiar la actuación de la aviación argentina.

              El A4C, con el armamento colocado, a la espera del despegue rumbo hacia la zona del conflicto en 1982 Sólo es posible dimensionar el papel que cumplieron los aviadores al contraponer los resultados obtenidos con las dificultades que enfrentaron en la etapa de alistamiento y adiestramiento de la fuerza de ataque además de las desventajas afrontadas durante las hostilidades por las carencias tecnológicas, técnicas y materiales ante la superioridad del enemigo.

              Esa asimetría sólo pudo ser subsanada con esfuerzo, ingenio y creatividad. Y se reflejó en el espíritu y valor que demostraron los pilotos y tripulantes que atacaron a los buques de superficie de la flota Británica: en 44 días se le infligió a la Royal Nayy un daño superior en proporción a cualquier daño infligido a las Armadas que intervinieron en la II Guerra Mundial.

              La flota británica sufrió la pérdida de 7 barcos de guerra, otros 5 quedaron fuera de combate y 12 resultaron con averías de consideración. En total, sobre 42 naves, 24 fueron hundidas o dañadas; es decir, más de la mitad de las que llegaron para combatir al Teatro de Operaciones del Atlántico sur (TOAS).

              Todo esto hizo retroceder a la Task Force causándole severos daños y obligando a los británicos a alejarse de las islas y pedir refuerzos.

              Armeros de A4 bautizaban las bombas MK17, de 1000 libras, destinadas a la flota británica
              Castro había dicho en su momento: "Si alguien creyó que la frase 'Defender la Patria hasta perder la vida' era sólo una declaración, esta es la hora de la verdad".

              Su juramento era de sangre, estaba basado en su formación y en su compromiso de honrar a la Patria. El jefe de las FAS sostenía que debía combatir "hasta el último hombre, incluso quien les habla". Ese ideario involucraba además un fuerte sentido de responsabilidad y compromiso hacia los hombres y mujeres que se desempeñaban bajo sus órdenes. Son incontables los testimonios que encomiaron su guía y su apoyo tanto en lo técnico y logístico como en lo moral y espiritual. En misiones con alto riesgo de vida, Castro no seleccionaba pilotos, pedía voluntarios. Y siempre los había.

              Pilotos, mecánicos, técnicos y soldados del Escuadrón M5 Dagger antes de una de las misiones en Comodoro Rivadavia


              A su regreso, aun hasta en los momentos más difíciles en los que había que lamentar bajas (hubo 37 pilotos fallecidos), bajaba a la pista para conocer las condiciones en que encontraban sus subalternos e los consolaba ante las pérdidas humanas.

              Había dado su palabra de que no iba a abandonar a nadie de la Fuerza Aérea bajo ninguna circunstancia, palabra que cumplió hasta el final. Incluso en los años posteriores al conflicto, acompañando a las viudas y familiares de los caídos en combate, haciendo previsiones para que no les faltara nada, para que sus hijos pudieran educarse y tuvieran dónde vivir.

              ¿Qué atributos y cualidades poseía Castro que llevaron a sus hombres a seguir combatiendo sin dudarlo hasta el final, aun sabiendo que las posibilidades de lograr una victoria militar eran ínfimas?

              Ernesto Horacio Crespo (1929-2019) egresó como aviador de la Escuela de Aviación Militar en 1952. Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona recta, estricta y de extrema dedicación al trabajo. De carácter pragmático, templado y a la vez firme para tomar decisiones, era un planificador meticuloso que respetaba y escuchaba al profesional en su trabajo. Incorporaba aportes ajenos, si estos contribuían, y sabía delegar responsabilidades. Sus subalternos lo recuerdan como un líder justo y accesible. Su reconocido estilo de ayudaron a consagrarlo, tras su actuación en las FAS, como Jefe de Estado Mayor General de la FAA.

              El llamado a la guerra

              El 1° de abril de 1982, mientras se desempeñaba como Jefe de la IV Brigada Aérea de Mendoza, recibió la orden de presentarse de urgencia en Buenos Aires con el preaviso de que debería permanecer fuera de su destino por un largo tiempo. A su arribo en el edificio Cóndor le informaron que una Fuerza de Tareas Anfibias argentinas había desembarcado en Puerto Argentino.

              Se lo nombró entonces Comandante del Componente Aéreo del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS): debía implementar todas las bases de operaciones y de despliegue establecidas por el Comando Aéreo Estratégico (CAE) en la Patagonia, además de recibir el material y el personal necesario.

              Le habían asegurado, en un principio, que si se desataba la guerra –él estaba convencido de ello-, la FAA no tendría que combatir porque no era su responsabilidad primaria.

              Según la Resolución Nº 01/69, el Ejército sería responsable del teatro terrestre, la Armada del marítimo y la FAA del espacio aéreo hasta las 12 millas de la costa.

              No deberían volar sobre el mar, salvo para realizar tareas de exploración lejana. En consecuencia, la Fuerza Aérea no debía adiestrarse, adquirir armamento, o aeronaves para combatir en el mar.

              Así, a pesar de haber volado intensamente por varios años, para los pilotos de la FAA el perfil de un barco en el mar era una incógnita: no sabían cómo estaban pintados, que largo tenían, con cuántos aviones se podía atacar, cómo influían en el océano la lluvia o la niebla. Con poco tiempo por delante, el Jefe de la FAS se puso de inmediato a organizar y preparar la nueva fuerza de ataque.


              El mayor Piuma les relata a sus compañeros el combate aéreo frente a un Harrier y su posterior eyección. Tiene los ojos con hematomas producto de la eyección a alta velocidad

              La Armada proveyó un destructor con modernas baterías de proyectiles antiaéreos y sistemas de radar similares a los de las naves de la flota británica para que los Mirage III, los M-5 Daggers y los Douglas A-4 Skyhawk de la FAA pudieran realizar ejercicios de adiestramiento.

              La tarea consistía en simulacros de bombardeo contra el destructor mientras que este fingía una defensa a base de misiles y efectuaban maniobras evasivas. Los resultados no fueron alentadores: a los pilotos se les dificultaba hallar a la flota nacional, a pesar de haberse establecido de antemano las coordenadas, ubicación y frecuencias a utilizar. Ante el golpe psicológico que todo produjo, se trabajó para revertir la situación anímica y generar la confianza necesaria para que los pilotos pudieran hacer frente a los desafíos impuestos en cada misión.

              El brigadier Crespo, también, planificó y ejecutó las tareas de apoyo logístico a las tropas destacadas en Malvinas, situación que analizó desde el punto de vista aéreo para que los pilotos pudieran divisar a las naves enemigas. Así fue como seleccionó tres posiciones: San Carlos, Darwin y Bahía Agradable.

              Consultados los asesores de la Armada en el Comando de la FAS, concluyeron que era imposible que sucediera un desembarco allí o que la flota utilizara esos lugares, ya que eran aguas poco profundas y pedregosas. No obstante, el Estado Mayor se quedó con aquellos lugares.

              Se confeccionaron las órdenes fragmentarias (OF) para los tres lugares, para que las unidades cumplieran determinadas misiones. Las OF fueron entregadas a las unidades a mediados de abril, de manera que los pilotos practicaran durante sus vuelos de reconocimiento sobre aquellos lugares que desde el punto de vista aéreo se presumía iban ser utilizados. Tiempo después se revelaría que los británicos habían determinado, a priori, una veintena de posiciones posibles de desembarco, quedándose luego con dieciocho y seleccionando por último tres: San Carlos, Darwin y Bahía Agradable.

              Antes de intervenir en el conflicto, el Brigadier Crespo y su Estado Mayor tuvieron que hacer frente a innumerables problemas:

              * La FAA tenía sólo dos aviones nodriza (KC-130s) para abastecer a todo el componente aéreo y aeronaval, por lo que la fuerza de ataque se vio limitada a realizar pequeños vuelos, generalmente de cuatro aviones a la vez, para los reabastecimiento requeridos.

              * Los Mirages III y los M-5 Daggers no estaban preparados para el reabastecimiento aéreo, lo que redujo dramáticamente su capacidad de ataque al momento de brindar cobertura de combate. La falta de autonomía de los aviones limitaba su permanencia sobre los objetivos a 5 minutos; además los aviones Mirages III y los Daggers se encontraban impedidos de utilizar su velocidad supersónica (Mach-2), dado que con tanto consumo de combustible no les alcanzaría para regresar a base, lo que hubiera resultado de gran ventaja contra los Harriers subsónicos británicos.

              * La carencia de observación de largo alcance era otra de las dificultades. Mientras que la eficacia de los ataques estuvo considerablemente disminuida por la cantidad de bombas que hicieron impacto y no explotaron, debido a que las bombas disponibles no tenían su tren de fuego preparado para blancos navales, ni para la forma de ataque empleada, única posibilidad que permitía lanzar las armas propias con alguna probabilidad de supervivencia ante las modernas armas antiaéreas enemigas.

              * Los aviones de la FAA contaban en general con una aviónica anticuada para la navegación de larga distancia pero, en Abril de 1982, solamente una tercera parte de los aviones habían sido modificados. En tanto, la longitud de la pista de aterrizaje en el aeropuerto de Puerto Argentino, única pista de superficie dura, era bastante corta y sólo apta para aviones de transporte como los C-130 (con capacidad para realizar aterrizajes y despegues cortos). Así, la totalidad del esfuerzo logístico y de refuerzo dependía de este aeropuerto.


              Después del 1º de mayo, cuando la Fuerza Aérea ya había entrado en el conflicto, Crespo ordenó evitar los ataques a gran altura y exhortó a los pilotos a utilizar la táctica de atacar en vuelo rasante, dado que esto les permitía aprovechar una de las debilidades más notables de parte de los británicos: la carencia de un sistema de alerta aérea temprana de largo alcance que pudiese identificar los aviones del enemigo que se aproximaban a baja altitud.

              Esto resultaba también de gran ayuda cuando los pilotos argentinos se aproximaban a las naves de la flota británica: los directores de tiro de las naves no podían detectar si los aviones iban hacia el ataque, y, si los detectaban, se los confundían con el eco que provenía de tierra y del mar.

              No obstante, esto tenía algo en contra: el CIC Malvinas -el sistema de vigilancia y control que tenía la FAA montado con el radar en Malvinas-, no podía protegerlos: los pilotos quedaban expuestos a todo riesgo posible y tenían que pasar literalmente por encima de los barcos, lo que devino en las pérdidas de vidas humanas y de material aéreo.

              La alegría y el recibimiento en la base San Julián cuando regresaban los pilotos de la FAS


              Esas bajas no impidieron que los pilotos de combate pelearan agresivamente hasta el final, como en la oportunidad en que los A-4 Skyhawks del Grupo 5 y los bombarderos Canberras desde Trelew intentaron volar misiones de apoyo de fuego aéreo cercano para el Ejército Argentino, cuando la resistencia en tierra se derrumbaba en Puerto Argentino. El Comando de Transporte también desempeñó un papel admirable. Durante el mes de abril se movilizaron casi 8,000 tropas y 5037 toneladas de equipos, armas, vehículos y abastecimientos.

              Aún después de la llegada de la flota británica y del bloqueo aéreo total, los transportes siguieron volando a Puerto Argentino por la noche llevando carga y evacuando a los heridos, operaciones que se realizaban en condiciones de gran riesgo para las fuerzas empleadas en estas tareas, pero que atendían a las necesidades vitales de los medios desplegados en Malvinas.

              Por su parte, tanto la artillería antiaérea como los operadores de radar desempeñaron sus trabajos de manera loable a lo largo de la campaña. Siete aviones británicos, cuatro de ellos aviones de combate, fueron derribados por las defensas antiaéreas de tierra.Los operadores de radar en Puerto Argentino fueron el único recurso eficiente para localizar los aviones y buques británicos. Durante los ataques de los aviones, los operadores vigilaban los movimientos del enemigo y mantenían informados de la proximidad de sus aeronaves. Muchas vidas y material aéreo se salvaron gracias a la gran actuación de quienes operaban el radar estacionado en Puerto Argentino.

              Un capítulo aparte merecería la utilización del improvisado escuadrón Fénix, que empleó aviones ejecutivos a manera de señuelos para distraer a las Patrullas Aéreas de Combate (PAC) británicas.

              El hangar de la FAS donde se preparaban a las naves
              En el balance final, como Jefe de la FAS en el Conflicto por las Islas Malvinas, el brigadier Crespo llevó a cabo un excepcional trabajo con los medios y fuerzas disponibles, sobre todo teniendo en cuenta que tuvo tres semanas para organizar y entrenar su fuerza de ataque para la campaña aeronaval, lo que no le impidió luego aprender de sus errores y realizar los ajustes necesarios para que quienes estaban bajo sus órdenes tuvieran las mejores posibilidades frente a las desventajas presentadas.

              Años después, cuando contaba con el grado de Brigadier General y se desempeñaba como Jefe del Estado Mayor General (JEMG), Crespo debería afrontar otro gran conflicto, esta vez de diferente naturaleza, pero en el que su firmeza y decisión resultarían claves al momento de brindar su apoyo al presidente Raúl Alfonsín, quien debió aplacar a las fuerzas militares sublevadas en Campo de Mayo durante la Semana Santa de 1987.

              En aquel momento se interpretó que amenazaban la consolidación de la democracia en la República Argentina. Ahí Crespo demostró su fuerte compromiso con las instituciones democráticas al acompañar al ex presidente de la Nación en el helicóptero presidencial para su encuentro con los sublevados en Campo de Mayo. Crespo le aseguró a Alfonsín que la FAA actuaría con todo su personal y sus medios en caso de fuera necesario.


              Finalmente, 1989 Crespo pasó retiro. Aunque continuó participando en el asesoramiento de la superioridad aeronáutica, con su sabiduría y experiencia sobre los temas de relevancia para el futuro de la FAA. Siempre con humildad y con respeto, sin pedir nada cambio. Lo empujaba seguir siendo parte de la institución de la cual estaba orgulloso de pertenecer.
              El desempeño de las FAS fue estudiado por las fuerza aéreas de muchos países del mundo


              https://www.infobae.com/sociedad/201...-en-combate-2/

              Comentario


              • Malvinas, documentos desclasificados: los partes de inteligencia del "amigo invisible" soviético y los satélites que "espiaron" a la flota británica

                Los informes confidenciales que la Unión Soviética le entregó a la junta Militar de la dictadura durante el conflicto armado de 1982 se convirtieron en el secreto mejor guardado de la guerra. Nadie debía saber que los soviéticos pasaban información clasificada. La intervención de la CIA, los espías rusos y cómo los satélites rusos detectaban a los barcos de la Royal Navy para que fueran atacados por los pilotos argentinos

                Los soviéticos ofrecieron armamentos, barcos, aviones y misiles, entre otras cosas, además de información de inteligencia. Las armas nunca llegaron, pero sí los informes de los espías

                No se puede definir mejor a la relación que mantuvo la Argentina con la Unión Soviética durante el Proceso, como lo hizo Tato Bores. El genial humorista señaló que la Junta Militar era "anticomunista prosoviética". Ningún analista internacional fue tan preciso.

                La dictadura que se inició en el año 1976 tenía una matriz ideológica de derecha, pero necesitaba de los países del Este como mercados alternativos para colocar la producción agrícola-ganadera del país, tanto que hasta motivó parcialmente la negativa del gobierno militar a plegarse al embargo cerealero que Estados Unidos realizó sobre la Unión Soviética con motivo de su intervención en Afganistán.

                Con estas contradicciones, el flujo comercial entre ambos países crecía, Argentina recibía a artistas e intelectuales del bloque del Este, las selecciones de fútbol de ambos países se visitaban, se permitía que existiera el Partido Comunista Argentino y que la agencia noticiosa TASS siguiera teniendo una corresponsalía.

                Pero, por otra parte, la Armada Argentina le disparaba a pesqueros soviéticos (en unos lamentables sucesos ocurridos en el Mar Argentino en 1977), el país se sumaba al boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú y condenaba ampliamente la invasión de Afganistán.

                Se trataba, realmente, de una relación agridulce entre ambos países.

                El primer contacto con diplomáticos de la Unión Soviética en lo que hace a la cuestión Malvinas ocurrió el mismo 2 de abril, día de la recuperación, cuando el embajador Serguei Striganov fue citado por el Canciller argentino Nicanor Costa Méndez. Ese día también hubo una reunión en Moscú entre el embajador argentino y altas autoridades soviéticas.

                En ese momento se intentaba explicar a las autoridades del bloque oriental los motivos de la recuperación y, principalmente, obtener un veto de la Unión Soviética en Naciones Unidas de cualquier resolución que intentara privilegiar los intereses británicos. Claramente, lo último no se logró por una excesiva cautela soviética en un problema que veía ajeno a su área de interés.

                Sin embargo, esas reuniones fueron también el punto de partida para contactos en altas esferas. A partir de ese momento, y en plena guerra fría, Argentina y la Unión Soviética compartieron algo especial: un enemigo.

                Poco después comenzaron a llegar variadas ofertas soviéticas, tanto de armamentos (barcos, aviones y misiles, entre otras cosas) como de información de inteligencia.
                La Junta consideró que si los soviéticos terminaban interviniendo directamente en el conflicto de Malvinas, también lo haría Estados Unidos a favor de Gran Bretaña. Y que eso posiblemente podría escalar hacia la Tercera Guerra Mundial
                La Cancillería argentina realizó un interesante análisis de la "alternativa soviética"durante ese mes de abril. Allí se indicó que "no resulta aconsejable, como estrategia principal", debido a los riesgos inherentes a la propuesta (se decía, perder la identidad nacional y posible falta de efectividad de cualquier apoyo de aquel país). Sin embargo, se indicaba que "no debía ser descartada ni desalentada", en tanto servía como contrapeso a las presiones de Estados Unidos y Gran Bretaña en el tema Malvinas.

                La lectura que hacía Estados Unidos del acercamiento argentino a la Unión Soviética, tanto por lo que se conocía a través de los medios de prensa como por lo que obtenía de sus canales de inteligencia, era que hacía peligrar la seguridad hemisférica.

                El 14 de abril, el presidente norteamericano Ronald Reagan ya había expresado: "Me gustaría que ellos (los soviéticos) dejen de entrometerse en el conflicto Malvinas".

                Al día siguiente, se reunía Lawrence Eagleburger, Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos y número tres de la Secretaría de Estado, con el embajador británico Nicholas Henderson. El estadounidense le señaló los temores de su país de una participación soviética más activa en el tema Malvinas. Es más, indicó que "temían que los soviéticos participaran de actividades militares", algo que conmocionó al interlocutor inglés.

                La situación en Argentina cambió el 1° de mayo de 1982, cuando los británicos dejaron en claro que combatirían por las islas, por lo cual se analizaron nuevamente los ofrecimientos de la Unión Soviética.




                A mediados de mayo el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Basilio Lami Dozo, le dijo a un interlocutor norteamericano que "los soviéticos ofrecían equipos militares y asistencia a precios moderados, pero el dinero es sólo parte del precio y la Argentina jamás pagará ese precio".

                El "precio" al que se refería Lami Dozo tenía que ver con la demanda final soviética para proveer armas, la cual había sido realizada al presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri a principios de mayo por el embajador Striganov.

                La misma consistía en:

                1) La inmediata retirada de los asesores argentinos de América Central.
                2) La abstención de vetar contra la Unión Soviética en Naciones Unidas, cuando se trataran temas como la ocupación de Afganistán.
                3) Se daría autorización a los soviéticos para construir pesquerías en Ushuaia.
                4) Argentina cesaría de apoyar a la junta militar de derecha del General Torello en Bolivia.

                El almirante Jorge Anaya, Jefe de la Armada, pensaba en términos similares. En abril había expresado que "nunca, repito, nunca volvería hacia la Unión Soviética. Traicionaría todos los sentimientos que mantuve durante toda mi vida".

                Así, la Junta no pudo más que reiterar la "imposibilidad política de recurrir a la asistencia militar soviética", agregando la percepción que si los soviéticos terminaban interviniendo directamente, también lo haría Estados Unidos a favor de Gran Bretaña. Y que ello posiblemente escalara hacia la Tercera Guerra Mundial.

                Más allá de todo, los equipos militares nunca llegaron. Como escribió el reconocido periodista moscovita Sergei Brilev: "Nunca llegaron armas soviéticas a Argentina, eso es un mito".

                Pero sí se aceptó, muy disimuladamente, cierta información de inteligencia.

                El "amigo invisible" y el "ojo mágico"

                El problema argentino no era menor, ya que se carecía de medios efectivos para hacer un seguimiento en alta mar de la flota británica, algo que resultaba vital para proceder correctamente tanto en el campo militar como en el diplomático.

                Tal es así que dos brigadieres de la Fuerza Aérea Argentina habían concurrido a Washington, el 12 y 13 de abril, para pedirle a los mismos norteamericanos que suministraran esa información. El argumento fue que sabían que estaban ayudando a los británicos y, en tanto resultaban neutrales, según afirmaban, debían de alguna forma compensar a la Argentina. Además dijeron que si no aceptaban -lo cual fue claramente de ese modo-, recurrirían a la oferta soviética. Y así fue.

                Documentos muestran cómo se detectó a lo largo de todo el conflicto a los principales buques británicos, y cómo algunas de las misiones de la guerra -incluso el ataque al portaaviones Invencible- se apoyaron en datos que la Unión Soviética suministró
                Poco después, se le suministró al Agregado Militar de la Embajada de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en Buenos Aires, coronel de tanques Valentín Livtonchicov, una de las escasas líneas de teléfono de la embajada para que pudiera establecer su vínculo con altas autoridades de la Fuerza Aérea.

                La información empezó a fluir.

                Desde un Centro de Control en Moscú la información llegaba al télex de la embajada soviética en Buenos Aires y, en sobres cerrados y previas coordinaciones dignas de películas de espías, disimuladamente se le enviaba a oficiales de la aeronáutica.

                No se entregaban imágenes (por razones técnicas, según los soviéticos), sino datos de objetivos de interés militar en cifras coordenadas.

                Las carpetas de la Dirección de Estudios Históricos de la Fuerza Aérea Argentina muestran hoy cómo se detectó a lo largo de todo el conflicto a los principales buques británicos, y cómo algunas de las misiones de la guerra -incluso el ataque al portaaviones británico HMS Invencible- se apoyaron en datos que la Unión Soviética suministró.

                30 de mayo de 1982 por la mañana. Posición real del PAL Invencible, posición del buque según el “Amigo Invisible” y posición de diversos buques pesqueros de la URSS y polacos (PL) en la zona de operaciones. Esos pesqueros también efectuaban tareas de inteligencia
                Pero no fueron todas las misiones: el Jefe de Inteligencia del Comando de la Aviación Naval (COAN) durante el conflicto, rebatió enérgicamente un artículo periodístico que indicaba que la información satelital soviética permitió ciertos hundimientos de buques británicos: "No hubo participación extranjera en la obtención de las posiciones de los buques Sheffield, Coventry y Atlantic Conveyor", los cuales terminaron hundidos.

                Para la Fuerza Aérea esta información la daba el "Amigo Invisible", mientras que en ciertos documentos navales se la cita como proporcionada por el "Ojo Mágico". Solo un círculo muy pequeño conocía esta colaboración y jamás se dejaba constancia sobre su origen.

                Más críptico aún, a los iniciados se les decía únicamente que la información provenía de "fuentes confiables". Y punto.

                Los satélites que "espiaban" a la flota británica

                La información recibida era recolectada por diversos medios que se encontraban muy disimulados en el Atlántico Sur, sea debajo del mar (submarinos), sobre el mismo (pesqueros), en el aire (aviones de reconocimiento de largo alcance) y, principalmente, en el espacio.

                La Unión Soviética realizó, durante 1982, 101 lanzamientos al espacio de satélites, algunos de los cuales fueron destinados a seguir el conflicto del Atlántico Sur.

                El mismo 2 de abril pusieron en órbita al satélite Kosmos-1347 y el día 15 el Kosmos-1350, ambos de la serie Yantar de satélites de reconocimiento, lo que llevó a la Casa Blanca a considerar que el "grado de cubrimiento fotográfico del área por los soviéticos era inusual".

                El 21 de abril fue puesto en una órbita adecuada para observar el Atlántico Sur el Kosmos-1352 y, más tarde, el 23 de abril el Kosmos-1353, ambos de la serie Zenit, con cámaras de alta resolución. Poseían una vida útil máxima de 14 días en el espacio, por tanto los últimos reemplazaban a los primeros.

                También debe mencionarse al Kosmos-1368, lanzado el 21 de mayo de 1982 y que pasó a 240 km de altura sobre Malvinas todos los días a las 11:00 horas hasta el 3 de junio, cuando se terminó su misión.

                Representación artística de un satélite radar soviético, realizada en 1982 (Ronald Wittmann, colección museo Smithsoniano)

                Pero la inmensa mayoría de los satélites soviéticos de reconocimiento espacial por imágenes de ese momento implicaban el uso de cámaras fotográficas con film, el cual era lanzado una vez que el satélite pasaba por territorio continental soviético. La demora en el procesamiento de los datos, entonces, hacía que no fueran especialmente aptos para seguir los dinámicos movimientos de un teatro aeronaval, amén que no eran ayudados por la siempre nubosa meteorología malvinense.

                Sin embargo, la mejor información la proveyó el sistema conocido como MKRTs (Leyenda), operativo desde el año 1975. Esta constelación de satélites incluía dos subsistemas, los dos pasando información a un centro de control en Moscú (o a buques en el mar).
                Los satélites proveyeron la ubicación de los buques ingleses. Con lo que sabemos hoy, la información no fue muchas veces certera. Pero allí estaba. Entregada a los argentinos. Y también robada para los británicos
                El primer subsistema incluía una red de satélites denominado US-P, que interceptaba señales de radio (de cualquier tipo) que pudiera emitir un buque enemigo (US significa "Upravlayemyi Sputnik" o satélite controlado, mientras que la P es por ser el sistema pasivo de recepción de señales). Es decir, eran satélites de inteligencia electrónica.

                El segundo subsistema estaba denominado US-A, siendo la A por activo, utilizando un radar para localizar buques en el mar. Estos últimos estaban alimentados por un pequeño reactor nuclear.

                De esta constelación y durante el conflicto fueron puestos con órbitas adecuadas a Malvinas el Kosmos-1355, de inteligencia electrónica (US-P), que fue lanzado el 29 de abril de 1982, y los Kosmos 1365 (14 de mayo) y 1372 (1° de junio), de reconocimiento radar (US-A).
                Informe 582, información suministrada por los soviéticos a las fuerzas argentinas. PAL HOTEL y PAL INDIA son los nombres dados a los portaaviones ligeros HMS Hermes y HMS Invencible


                El sistema se encontraba operativo en 1982 y, en uno de los escasos reconocimientos de su existencia por parte de los soviéticos, fuentes oficiales indicaron que "la alta efectividad del sistema fue demostrada durante el conflicto Anglo-Argentino por las Islas Malvinas en 1982. El sistema permitió una completa evaluación de la situación en el mar, y por la información recibida desde el sistema, el Estado Mayor (de la Armada) pudo determinar el momento exacto en el cual comenzó el desembarco británico".

                Estos satélites son los que proveían mayormente las cifras coordenadas con la ubicación de los buques ingleses. Con lo que sabemos hoy, la información no fue muchas veces certera. Pero allí estaba. Entregada a los argentinos. Y también robada para los británicos.

                La ayuda de Noruega al Reino Unido

                En Fauske, Noruega, cerca del círculo polar ártico, desde 1965 funciona la estación interceptora de señales "Cod Hook" (Anzuelo de Bacalao). La ventaja de la estación reside en que se encuentra situada en un lugar que, a través de enormes antenas, permite captar las emisiones de los satélites que desde el espacio envían señales al Centro Control Moscú.

                Dichas emisiones, en la medida de lo posible y durante la guerra fría, eran descifradas y/o enviadas directamente a la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de los Estados Unidos o a la estación de Chicksands en el Reino Unido, debiendo agregarse que el esfuerzo de los noruegos en recursos y personal para espiar electrónicamente a los soviéticos era subsidiado en gran parte por los Estados Unidos.
                La estación interceptora de Noruega en el círculo polar ártico captaba las emisiones de los satélites soviéticos e informaba a los británicos sobre la posición de los buques de guerra argentinos
                Los datos interceptados por dicha estación durante el conflicto habrían sido vitales para el Reino Unido, indicando un oficial de inteligencia: "Cuando la guerra empezó, nosotros no teníamos ningún tipo de información de inteligencia sobre el área. Es aquí cuando tuvimos ayuda de los noruegos, que nos dieron un flujo de información sobre la posición de los buques de guerra argentinos. La información venía a nosotros todo el tiempo y directamente a nuestro cuartel general en Northwood. La información era continuamente actualizada…".

                Esto es, los británicos utilizaban los datos satelitales que recogían los soviéticos y luego estos pasaban a las fuerzas argentinas.

                Dichas actividades se repitieron durante la Guerra del Golfo (1991), cuando la interceptación de satélites soviéticos permitió localizar el paradero de un piloto de la coalición que debió eyectarse sobre territorio iraquí y que no lograba ser ubicado por los satélites norteamericanos sobre la zona.

                Por tanto, puede entenderse que los soviéticos ayudaron también a sus enemigos, aun cuando involuntaria e inadvertidamente.

                Para equilibrar un poco, científicos argentinos hicieron buen uso de un satélite norteamericano que pasaba por el Atlántico Sur. Pero esa es otra historia.

                La CIA, el Parlamento inglés y las tres negativas soviéticas

                La colaboración de inteligencia de la Unión Soviética con Argentina pasó mayormente desapercibida en los círculos de las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses, si bien quedaba claro que aquel país estaba recolectando una cantidad de información de utilidad militar.

                En efecto, para el 26 de mayo de 1982, los analistas de la CIA indicaban que "no había evidencia que una cantidad sustancial (de inteligencia) esté siendo pasada a los argentinos", aun cuando se sugería que sería lógico que los soviéticos pasen "información con desinformación (por ejemplo, que tanqueros estadounidenses reabastecen a los bombarderos Vulcan)".
                El portaaviones británico HMS Invencible fotografiado por un avión TU-95RTs de la Aviación Naval de la Unión Soviética cuando se encontraba regresando de Malvinas
                Del otro lado del Océano Atlántico Norte, el 8 de junio de 1982, interrogado en el Parlamento británico, un alto funcionario del Ministerio de Defensa de aquel país Mr. Peter Blaker, señalaba que "no había evidencia que la Unión Soviética esté pasando información derivada de satélites a la Argentina".

                Hay que agregar que el embajador británico en Moscú inquirió directamente a los soviéticos si estaban pasando información de inteligencia a Argentina y, como era de esperarse, estos negaron cualquier contacto.

                No contentos con ello, días después insistieron con la pregunta: el Secretario de Relaciones Exteriores soviético respondió "enfáticamente" que no se estaba suministrando inteligencia a Buenos Aires.

                El 6 de mayo, dos fuentes oficiales de la Unión Soviética fueron nuevamente contactadas por el ya impertinente personal diplomático británico, para establecer si se estaba suministrando información o armas a la Argentina. Y, por tercera vez, los soviéticos negaron cualquier colaboración en dicho sentido.

                El "amigo invisible" fue uno de los secretos mejores guardados del conflicto. Que, aún hoy, es solo comentado entre susurros.


                https://www.infobae.com/sociedad/201...ota-britanica/

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                • En la señal TN. Programa "En el Camino" conducido por Mario Markic,
                  se presentará el especial “Malvinas en el corazón”, una mirada distinta de la guerra.
                  Se emitirá el viernes a las 22hs, el sábado a las 20hs donde recorrerá las bases de Río Grande, Río Gallegos y Puerto San Julián.



                  Saludos


                  "Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria".
                  Libertador de Sudamérica y Padre de la Patria Don José Francisco de San Martín y Matorras
                  (25/02/1778-17/08/1850)

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                  • Cuando Francia le dijo basta a Margaret Thatcher

                    En abril de 1982 los británicos descubrieron que se encontraban huérfanos de información sobre las fuerzas armadas argentinas. Ahora debían recolectar todos los datos posibles de sus aliados. Francia contaba con la información sobre los aviones Mirage, con misiles aire-aire Matra, y los Super Etendard, éstos con sus mortíferos misiles Exocet. En secreto, comenzó el flujo de información sensible sobre estos sistemas de armas y se realizaron ejercicios entre aviones británicos y franceses





                    "Alló, Monsieur President", fue el saludo de Margaret Thatcher a François Mitterrand al responder su llamado telefónico al anochecer del sábado 3 de abril de 1982. "Le estoy llamando para expresarle mi solidaridad. No deseo que piense que Francia, como amiga cercana y vecina, no está con Usted", le respondió el mandatario francés.

                    Luego de que la Primera Ministra británica le agradeciera la comunicación y le comentara sobre el difícil momento que atravesaba su país, Mitterrand expresó: "Quiero que usted sepa que si hay algo que podamos hacer para ayudar, nos gustaría hacerlo. Por supuesto, sé que Gran Bretaña es lo suficientemente grande para encontrar sus propias soluciones a este problema. Pero es importante que usted sepa que otros comparten su oposición a este tipo de agresión".

                    El ofrecimiento de ayuda francés fue como música para los oídos de Thatcher. Este parecía ser un primer paso promisorio en la relación entre ambos países durante el conflicto de Malvinas. Francia era proveedor de armas del régimen militar argentino, y la inteligencia militar se encontraba ansiosa en obtener la mayor información posible.

                    En sus memorias Los Años de Downing Street, Margaret Thatcher recordaría esta conversación: "Estuve especialmente agradecida al presidente Mitterrand quien, junto con los líderes del Viejo Commonwealth, estuvo entre los incondicionales de nuestros amigos y quien me telefoneó personalmente el sábado para comprometer su apoyo. (…) Nunca olvidé la deuda que teníamos con él por su apoyo personal en esta ocasión y durante la crisis de las Falklands".

                    Unos años después de finalizado el conflicto, el por entonces Ministro de Defensa británico, John Nott, describió en su libro Here Today, Gone Tomorrow la manera en que se materializaría ese apoyo: "De muchas formas, Mitterrand y los franceses fueron nuestros más grandes aliados. En años anteriores nosotros habíamos equipado a la Armada Argentina con destructores, mientras que los franceses les habían suministrado aviones Mirage y Super Etendard. Los buques, especialmente el Belgrano, y los aviones estaban equipados con modernos misiles Exocet". (Nota del autor: el crucero ARA General Belgrano no contaba con misiles Exocet, sino que en una acción de engaño en 1978 se habían instalado cajoneras de madera simulando los lanzadores de estos misiles).

                    En su informe del 30 de junio de 1982 al Foreign Office sobre la actitud de Francia en relación al tema Malvinas, el embajador británico en París, John Fretwell, señaló: "La reacción inicial del gobierno francés fue admirable. Mitterrand ordenó inmediatamente el apoyo total a Gran Bretaña, una orden que se tradujo en la ayuda francesa para establecer el embargo de armas y sobre el comercio de la Comunidad Europea, y en el apoyo francés en la Resolución 502. Recibimos valiosa información práctica de las fuerzas armadas francesas relacionada con la performance de los sistemas de armas franceses en servicio con las fuerzas argentinas. Mitterrand merece el crédito sustancial por esta reacción. Dudo si Giscard (o Chirac) hubieran respondido tan bien".


                    No pasó mucho tiempo desde la conversación entre los mandatarios para que el Ministro de Defensa francés, Charles Hernú, actuando sobre expresas instrucciones de Mitterrand, se pusiera en contacto con su colega británico para poner a disposición un avión Super Etendard y un Mirage, de modo que los pilotos de la Real Fuerza Aérea pudieran entrenarse y obtener información valiosa mientras que los buques de la Fuerza de Tareas se dirigía hacia el Atlántico Sur. Los británicos esperaban con ansiedad estos entrenamientos, como también toda la información técnica de detalle sobre el misil Exocet.

                    El 7 de abril por la tarde, uno de los agregados militares de la Embajada Británica en París fue recibido en persona por Hernú, quien dijo que "haremos todo lo que podamos para ayudarlos en cuanto a información dado que estamos de su lado", ratificando el compromiso asumido por Mitterrand. Luego de esta introducción, el oficial británico fue llevado a otra oficina por dos funcionarios civiles de jerarquía e invitado a formular preguntas. Textualmente fueron las siguientes:

                    A. ¿Podrían los franceses darnos la lista completa de ventas militares a Argentina y especificar cualquier modificación/limitación impuesta a los sistemas?

                    B. ¿Cuántos Super Etendard están modificados para portar el AM-39; cuántos misiles poseen y cuál es su estado operacional?

                    C. ¿Los argentinos, poseen Crotale y/o Roland, y en caso afirmativo, cuántos sistemas y misiles?

                    D. Radio de acción del Mirage 3 y 5, capacidad de armamento, sistema de navegaciónde ataque, índice probable de funcionamiento, consumo de repuestos y limitaciones conocidas, y aptitud de los pilotos argentinos si fueron entrenados por los franceses.

                    Al finalizar la entrevista los funcionarios enfatizaron que su gobierno apoyaba a "les anglais" y que las respuestas estarían listas para el día siguiente a las 19 horas. El oficial británico recalcó que toda la información provista sería tratada con la mayor discreción y que no se revelaría su fuente. Mensaje del 7 de abril de 1982 del Agregado Militar de Defensa en la embajada británica en Francia, dirigido al Ministerio de Defensa, dando cuenta de la reunión en donde se solicitó información sobre armamento suministrado a Argentina
                    Ese mismo día, el Ministro de Relaciones Exteriores francés, Claude Cheysson obtuvo la ratificación y respaldo del Consejo de Ministros a la decisión de imponer un embargo al suministro de armamentos a Argentina adoptada inmediatamente tras la invasión y que fuera aplicado en especial a los contratos en curso de ejecución en relación a aviones y misiles.

                    El 9 de abril, Cheysson telefoneó a su par británico, Francis Pym, para expresar su solidaridad con los británicos y comunicarle que estaría disponible en todo momento si se necesitaba llamarlo por teléfono. Pym agradeció el apoyo recibido de los franceses, mencionando especialmente la gratitud de la Primera Ministra por el llamado que había recibido del Presidente Mitterrand el 3 de abril.

                    Sobre la base de un ejercicio coordinado con anterioridad a la operación militar argentina sobre Malvinas, pero que ahora tomaba vital importancia, se realizó el encuentro entre los aeronaves de ambos países. Las tripulaciones británicas del 1° Escuadrón de Caza podrían entrenar contra los tipos de aviones que probablemente enfrentarían en pocos días. El Armée de l'Air envió dos aviones Mirage III BE a la Base Aérea Militar de Coningsby desde Dijon-Longvic durante la mañana del 22 de abril. Ese día y el siguiente, los Mirage biplaza realizaron varias misiones contra los Harrier GR3, mientras que tres pilotos británicos de Sea Harrier del Escuadrón Aeronaval 809lograron volar, por turnos, en el asiento trasero de uno de los Mirage. Al menos con ello se les otorgó una oportunidad para evaluar las capacidades de combate del Mirage antes de enfrentarse cara a cara con éste en el Atlántico Sur. También hubo involucrados aviones Super Etendard de la Aéronavale francesa en el entrenamiento, pero no aterrizaron en el Reino Unido, para evitar que ojos indiscretos se percataran de su presencia.

                    La relación comienza a tensarse

                    Todo parecía estar en orden entre los dos países. Fluía la información, se realizaban los ejercicios, se mantenían los embargos comerciales y de armamento. Sin embargo, pocos minutos después de las 11 de la mañana del 4 de mayo se produciría un evento que cambiaría la historia y las tácticas de la guerra aeronaval. Un misil Exocetimpactaba en la banda de estribor del destructor HMS Sheffield, provocando su hundimiento pocos días después mientras era remolcado hacia aguas más seguras.

                    Los franceses habían asegurado a los británicos que el mismo 2 de abril sus técnicos recibieron la instrucción de suspender la ayuda a Argentina, y que el sistema de armas Super EtendardExocet no se encontraba operativo. En Gran Bretaña, miembros del Parlamento y algunos medios periodísticos comenzaban a plantear dudas sobre la actitud y lealtad francesa, comenzando los primeros resquemores en la relación.

                    Con ello sucedió lo inevitable. Comenzó a filtrarse información a los periódicos en ambas márgenes del Canal de la Mancha.

                    El asesor de gabinete del Ministerio de Defensa francés, François Heisbourg, reclamó al agregado naval británico sobre el informe periodístico del The Mail on Sunday del 23 de mayo, titulado "Pilotos Británicos probaron aviones enemigos", detallando la ayuda militar francesa al Reino Unido. Insistió en que el artículo citaba que la información provenía de "una fuente de alto nivel en el Ministerio de Defensa británico", y que era probable que en Francia hubiera una tormenta con esto.

                    Por otro lado, con las acciones británicas en las islas Georgias del Sur sobre finales de abril, trascendió que el teniente de fragata Alfredo Astiz había sido tomado prisionero. Inmediatamente de conocida la noticia, los franceses solicitaron al gobierno británico su extradición para hacerlo comparecer en los juicios por su participación en la desaparición de las religiosas Alice Domon y Lèonie Duquet. Sin embargo, desde un primer momento, los británicos asumieron que no podrían cumplir con el pedido francés sin violar los Convenios de Ginebra referidos al tratamiento de prisioneros de guerra, por lo que decidieron dilatar su respuesta lo máximo que fuera posible. Carátula de la Carta Rogatoria librada por el Juez Philippe Texier al Gobierno británico con el interrogatorio para Alfredo Astiz en relación al arresto ilegal y secuestro de personas con las religiosas francesas como víctimas
                    Francia insistió requiriendo la entrega del prisionero, por lo que la demora en obtener una respuesta concreta solo logró tensar aún más la relación que comenzaba a transitar por un camino crítico. Finalmente, debieron conformarse con el envío de un cuestionariopara que el prisionero fuera interrogado por la policía militar británica en los cuarteles de Sussex.

                    Perú entra en escena

                    Si bien los franceses habían impuesto un embargo a la entrega de misiles Exocet a la Argentina, los británicos realizaron un inmenso despliegue de inteligencia y espionaje a escala mundial tendiente a impedir que más misiles llegaran a manos argentinas. Perú tenía una orden de compra de misiles AM 39 Exocet en firme y pendiente de entrega, y ahora exigía a la fábrica su entrega.

                    El 13 de mayo, el Agregado de Defensa en la Embajada Británica en París informó al Ministerio de Defensa, en respuesta a un pedido del día anterior, que había confirmado con el gabinete del ministro Hernú que el gobierno peruano había alquilado un avión para recoger en Chateauroux la orden de cuatro misiles AM 39 lista para su entrega.

                    Los funcionarios del ministerio confirmaron que habían logrado detener el embarque, pero preguntaron por cuánto tiempo se estimaba que duraría el conflicto, ya que se sentían incapaces para demorar la entrega por más tiempo o cancelarla en modo definitivo. Argumentaron que perderían credibilidad como proveedores de armas y que se arriesgaban a un posible aprieto político al mostrar que no confiaban en Perú. Si bien los certificados de usuario final impedían la transferencia de los misiles a otros países, estos funcionarios buscaban justificar que el gobierno peruano sabía bien que si desconocían las condiciones del certificado se arriesgarían a una completa suspensión de entrega de armas en el futuro. Además, aventuraban que con un Secretario General peruano en la Organización de las Naciones Unidas no habría posibilidad para ellos de pasárselos a los argentinos sin comprometer a su persona.

                    De todas formas, dieron a entender que los misiles serían enviados por vía marítima y que ello sería recién a fines del mes de mayo, lo que claramente justificaba la pregunta sobre la duración del conflicto.

                    En tanto, el 25 de mayo, el Exocet se cobraría una nueva victoria en el Atlántico Sur. Dos misiles impactaron en el buque portacontenedores Atlantic Conveyor, ocasionando el mayor desastre logístico de la campaña para los británicos. Y la perspectiva que Argentina recibiera más misiles franceses a través de Perú, resultaba inaceptable para Margaret Thatcher.

                    Un nuevo llamado de Mitterrand

                    El 29 de mayo el presidente Mitterrand llamó telefónicamente a la Primera Ministra para discutir el problema del contrato de Francia para suministrar misiles Exocet a Perú. Expresó que había demorado el asunto tanto como lo había prometido y que recientemente un buque peruano había llegado a Francia para recibir los misiles pero había sido despedido vacío. Ahora Perú estaba protestando a Francia por el incumplimiento de un contrato firmado, y anticipó que otro buque llegaría el próximo martes.

                    La Primera Ministra preguntó si había una condición en el contrato de que los misiles no fueran pasados a terceros países. Mitterrand confirmó que éste era el caso y que naturalmente Francia le haría el seguimiento. Thatcher le respondió que tenía buenas razones para creer que Perú estaba ofreciendo amplia ayuda a Argentina y que sería un tema muy serio si los Exocet fueran entregados a Argentina vía Perú. Mitterrand dijo que tenía poca fe en que Perú observara la prohibición de transferencia.

                    Mitterrand, por su lado, continuó explicando sobre el problema francés ante el incumplimiento de un contrato y sugirió que pasarían varios días antes que los misiles pudieran ser utilizados en contra de los británicos, asumiendo que los peruanos se los transfirieran. Insistió en tener una idea de cuán pronto podría tomar Puerto Stanley,esperando que ello fuera el fin de las hostilidades y que quería –en lo posible- retener la entrega hasta entonces.

                    Fue entonces que cambió el tono de la conversación. La Primera Ministra expresó su gran preocupación sobre la cuestión y que como estaban hablando por línea abierta, dijo que prefería enviarle al Presidente un mensaje por otros medios.

                    Concluida la conversación, Margaret Thatcher discutió el tema con varios de sus colegas del gabinete y con el Jefe de Estado Mayor de Defensa. Todos estuvieron de acuerdo en que era esencial que los misiles fueran retenidos por un plazo mayor.

                    Fue entonces que se decidió enviar un mensaje a París al embajador Fretwell para entregar en forma urgente a Pierre Bérégovoy, Secretario General de la Presidencia, con el pedido de que se pusiera inmediatamente en conocimiento de Mitterrand. La Primera Ministra había decidido que su mensaje fuera contundente de modo de convencer al presidente que los misiles no debían salir de Francia. El texto fue el siguiente:

                    Estimado Señor Presidente:

                    1. Se habrá dado cuenta de lo seriamente preocupada que estaba por su llamado telefónico sobre la posible entrega de misiles Exocet a Perú. Esta tarde discutí el asunto con mis colegas del gabinete más estrechamente involucrados en la disputa de las islas Falklands y con el Jefe del Estado Mayor de Defensa.

                    2. Debo decirle que todos quedaron consternados ante la perspectiva que Francia entregue estos misiles a Perú cuando, como usted reconoció, no puede dudarse que Perú los transferirá a Argentina. Usted habrá visto desde que hablamos sobre la resolución adoptada en la Organización de Estados Americanos, que específicamente requiere de los Estados parte brindar a la República Argentina el apoyo que cada uno considere apropiado para asistirla en esta seria situación. Perú lo tomaría como una completa justificación para pasar los Exocet que usted propone entregar. Ya han sido empleados con efecto mortífero contra nuestros buques.

                    3. Entiendo el problema que usted enfrenta en relación al contrato con Perú, pero debo solicitarle con todo el énfasis y urgencia a mi alcance, que encuentre un medio para demorar la salida de estos misiles de Francia al menos por un mes. Naturalmente, preferiríamos que no sean entregados, pero las próximas semanas van a ser particularmente cruciales: no podemos estar seguros de cuán rápido serán las operaciones hacia Puerto Stanley, o si Argentina aceptará un cese del fuego completo, aún si se vieran forzados a retirarse de las Falklands.

                    4. Quedé muy tranquila cuando usted me dijo en el N° 10 que había decidido que el cumplimiento del contrato de Exocet sería demorado todo lo necesario y, como usted sabe, hemos estado muy alentados por el apoyo incondicional de Francia tanto en público como en privado. Si esto se supiera, como seguramente lo será, que ahora Francia está entregando armas a Perú que seguramente serán pasadas a Argentina para usar en nuestra contra, un aliado de Francia, esto tendría un efecto devastador en la relación entre nuestros dos países. En verdad, tendría un desastroso efecto en toda la alianza. Esto es lo último que cualquiera de los dos desearíamos. En consecuencia, espero enormemente que por el momento usted pueda encontrar alguna forma para mantener estos misiles en Francia.

                    Con los mejores deseos, Margaret Thatcher.

                    El mensaje fue entregado inmediatamente, y la dura advertencia de Thatcher logró que Mitterrand se las ingeniara para demorar la entrega de los misiles a Perú hasta julio.

                    Entrenamiento para defensa de las "Falklands"

                    Producida la rendición argentina en Puerto Argentino, los británicos aceleraron la planificación de las medidas de defensa de las islas ante la negativa de la declaración formal del cese de hostilidades. Entre esas medidas se encontraba la reparación y prolongación de la pista de la base aérea para permitir la operación de los caza-bombarderos F-4 Phantom. Estos aviones habían sido desplegados a la isla de Ascensión, y ahora aguardaban la finalización de los trabajos en Malvinas para comenzar su despliegue.

                    La amenaza argentina seguía latente, y en la Real Fuerza Aérea previeron la necesidad de reeditar los entrenamientos con los aviones franceses, esta vez para los pilotos de los Phantom.

                    El 23 de junio se elevó un requerimiento al Ministerio de Defensa con la idea para calificar un grupo de 16 pilotos en la base aérea de Coningsby, con un mínimo de 8 salidas, idealmente 16, por cada tipo de avión. El avión debería ser representativo de aquellos de primera línea con la misma firma de radar y capacidades de las aeronaves de la Fuerza Aérea Argentina en el teatro. En la consulta al Foreign Office, el ministerio de Defensa solicitaba "opinión sobre las implicancias políticas de estas propuestas, ya que los franceses aún podrían estar algo sensibles como resultado de la nota en The Mail on Sunday sobre su asistencia en suministrar entrenamiento para los Harrier".

                    El 3 de julio, el Agregado de Defensa Británico en París se comunicó con el general Bernard Capillon, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea Francesa para consultarle "si era posible preparar un destacamento de F4 contra Mirage/Super Etendard en el futuro próximo para entrenamiento de combate aéreo". La respuesta del general francés fue alentadora, "pero debería tener aprobación política", y que tendría que solicitar a la Aéronavale por los Super Etendard, pero que estimaba no habría problemas para arreglarlo.

                    Tal vez por simple coincidencia, o cumpliendo el presagio de Thatcher en que se sabría públicamente si Francia entregaba armas, mientras que se preparaba la entrega de los misiles Exocet a Perú, el 25 de julio el The Sunday Times publicó un informe de Isabel Hilton en el que se afirmó que expertos franceses prosiguieron mostrando a los argentinos cómo utilizar los misiles Exocet aún después de comenzado el conflicto.

                    La noticia golpeó duro en la opinión pública y enfureció a las autoridades francesas. El informe revelaba que un equipo de nueve técnicos franceses de Dassault y Aérospatiale había ayudado a la Armada Argentina para preparar para el combate los Super Etendard, colaborando y supervisando los trabajos de alistamiento de los misiles Exocet. Más embarazosa resultaba la mención de que el presidente de Aérospatiale era el general Jacques Mitterrand, hermano del presidente de Francia. "Estoy seguro que el señor Mitterrand nunca se lo habrá dicho a la señora Thatcher, pero en el fondo de su corazón debe haber estado muy, pero muy feliz", declaró un oficial naval argentino a la periodista británica. “Equipo francés ayudó a ajustar los Exocet asesinos”, Informe publicado por “The Sunday Times” el 25 de julio de 1982, que provocó la furia de los franceses
                    En una entrevista radial el 26 de julio a Geoffrey Pattie, Subsecretario de Estado de Defensa, acerca de la controversia sobre los Exocet, el periodista Chris Lowe formuló una serie de preguntas cuyas respuestas por parte del funcionario comprometían a los franceses.

                    Pattie afirmó al aire que los franceses "enviaron aviones para que nuestros Harrier se entrenaran contra ellos antes que partiera la Fuerza de Tareas porque no estábamos familiarizados, particularmente con uno de los dos tipos de aeronaves que tenían los argentinos. (…) Bien, no estábamos particularmente familiarizados, en particular, con el Super Etendard, y la Fuerza Aérea Francesa estaba preparada para proveernos una de estas aeronaves para permitirnos familiarizarnos con la performance de ese avión, de modo que nuestros pilotos supieran exactamente qué hacer y qué no y, como digo, ese es el tipo de actividad que uno podría esperar de un amigo y aliado". Ante la pregunta de si los franceses habían trabajado para ambos bandos, Pattie respondió en forma evasiva, pero sin negar la información: "Bueno, esas son… esas son sus palabras, no las mías. Quiero decir, yo no… ah… repito que el gobierno francés ha manifestado su posición. Se rehusaron a enviar más armas a la Argentina o suministrar algún personal. Si hubo alguna gente en Argentina que permaneció allí, no estoy en posición de decirlo".

                    Fue entonces que Heisbourg, asesor del ministro de defensa francés, dijo a uno de los agregados militares británicos en París que Hernú se había sorprendido ante las recientes declaraciones del Sr. Pattie sobre la asistencia francesa a la Real Fuerza Aérea durante la crisis de Malvinas y consideró lamentable que un tema confidencial haya sido mencionado públicamente.

                    Heisbourg dijo que esperaba que el affaire del The Sunday Times ahora quedara cerrado y que la investigación realizada en Francia ya había terminado. Aun cuando su gobierno deseaba dar una vuelta de página al episodio, los fabricantes de armas franceses habían quedado señalados como los responsables, quienes sintieron que habían sido injustamente acusados. El funcionario francés advirtió a su interlocutor que los industriales comprometidos invocaban tener elementos que, si eran conocidos, desviarían la culpa hacia otro lado.

                    En privado alegaban que durante el conflicto, una firma italiana que fabricaba bajo licencia de una compañía británica había suministrado repuestos para los asientos eyectores de los Mirage argentinos; que un equipo de Rolls Royce ya había regresado a Argentina para discutir la venta de turbinas de aviones; y que la misión de adquisiciones argentina desplazada desde Londres se había establecido en Hamburgo y estaba muy ocupada en negociaciones con compañías de armas alemanas. Existía considerable rencor en la industria francesa de armamentos sobre lo que fue visto como un trato mezquino por la prensa británica después de todos los esfuerzos realizados.

                    El The Sunday Times volvió a la carga. El 1° de agosto publicó un nuevo informe señalando las omisiones y dudas que quedaban luego de la desmentida del gobierno francés, y que ésta no hacía más que confirmar el reporte original. Bajo el título "Cortina de humo en París" el editorial del diario señalaba: "La declaración oficial francesa sobre el informe, en realidad no resulta ser una negativa. En cambio, recurre a insultos,utilizando frases como 'erróneos' y 'tendenciosos', sin indicar los supuestos errores y prejuicios. Las autoridades francesas debieron actuar con mejor elegancia si hubieran admitido en ellos duplicidad o incompetencia. Esas son las dos únicas conclusiones para sacar".

                    Pero la paciencia tenía un límite. El Ministro de Defensa francés había decidido postergar sin fecha los entrenamientos con aviones de ambos países.

                    El 4 de agosto, el Vicejefe del Estado Mayor de Defensa francés, general del aire Jean Paul Arbelet, visitó personalmente al Agregado de Defensa en la embajada en París para explicar la decisión tomada por Hernú. Estaba directamente motivada en la saga de artículos del The Sunday Times sobre la ayuda francesa a los argentinos y el fracaso del gobierno británico en la negación de las afirmaciones allí contenidas.

                    Arbelet explicó que Hernú estaba muy molesto con las declaraciones del Sr. Pattie revelando que los Super Etendard habían estado disponibles para entrenamiento con los Harrier británicos antes de su partida para reunirse con la Fuerza de Tareas. Hernú lo consideró una ruptura de confianza y un intento deliberado para comprometer el comercio de armas de Francia con América del Sur.

                    El embajador Fretwell envió su sugerencia al Foreign Office: "No estoy seguro que podamos persuadir a Hernú de cambiar de parecer luego que nos ha comunicado formalmente su decisión a través del Agregado de Defensa, pero usted podría considerar con el Ministerio de Defensa si podría enviarse un mensaje ministerial explicando nuevamente el contexto en el cual habló el Sr. Pattie y expresando la esperanza de que el entrenamiento de combate aéreo pueda ser reestablecido en una fecha próxima".

                    El Comodoro del Aire J M A Parker, Agregado de Defensa y Aéreo en la Embajada Británica en París, remitió una copia de la carta entregada por el General Arbeletconfirmando la postergación indefinida del ejercicio, señalando que "la situación es sensible en este momento y considero que no se aplacará sino hasta que sea demasiado tarde para realizar este ejercicio antes que el escuadrón parta hacia el Atlántico Sur".

                    En el Ministerio de Defensa, el secretario R J Harding concluía el 6 de agosto que "esta es una peculiar reacción francesa a la situación y que nada se obtendrá continuando la discusión del asunto. En estas circunstancias, decepcionante como resulta ser, creo que debemos dejar que el tema descanse por un tiempo".

                    Una relación especial a punto de quebrarse

                    En su informe sobre la "Actuación de Francia sobre Malvinas", el embajador John Fretwell destacó que "la mayor presión sobre el gobierno para romper filas con el Reino Unido provino del lobby de la industria de armas. También debieron haber existido presiones de otros sectores del gobierno debido a la importancia de la venta de armas en la balanza de pagos de Francia", y que para evaluar la actitud de Francia durante el conflicto "también debemos tener en cuenta que en el momento de máxima preocupación británica durante la crisis de las Malvinas, Mitterrand eligió ponerse en contra nuestra algo despiadadamente en la Comunidad, sobre el tema de los precios agrícolas y el presupuesto; y siguió amenazándonos gratuitamente con una crisis sobre la naturaleza de la participación británica. Entonces, sin tener que ser groseros, deberíamos estar en guardia en contra que los franceses saquen ventaja indebida de nuestra gratitud por el apoyo que nos extendieron".

                    Tal vez de mayor relevancia, resultaba su apreciación sobre la posición francesa sobre la soberanía de las islas: "Los franceses no aceptan el reclamo británico sobre las Malvinas. Es probable que nuevamente nos soliciten negociar con Argentina si allí surge un gobierno estable. Probablemente no quedarán convencidos por los argumentos que les adelantaremos para justificar nuestra posición sobre la soberanía, pero podría responder a las advertencias sobre el peligro de socavar los acuerdos territoriales de larga data y el argumento simple que asumimos que los franceses no esperan que les digamos qué hacer con sus posesiones de ultramar".

                    La relación entre Gran Bretaña y Francia durante el conflicto, si bien parecía ser óptimaen abril, se fue deteriorando progresivamente a partir del funcionamiento operativo del binomio Super Etendard–Exocet. Con el hundimiento del destructor HMS Sheffieldcomenzaron los recelos que persistieron aún finalizado el conflicto, con los británicos presionando al gobierno francés para que suspendiera las entregas de misiles, primero a Perú, y luego a la Argentina, tras levantar el embargo de armas. Francia terminó frustrando esos deseos, cumpliendo –aunque tardíamente- con los contratos firmados.

                    A pesar de las protestas británicas, en el puerto de Saint-Nazaire se embarcaron secretamente nueve aviones Super Etendard, mientras que un cargamento de cinco misiles Exocet salía por medio aéreo hacia su destino en Argentina en la noche del 20/21de noviembre de 1982.



                    Los franceses lo hicieron con gran discreción a fin de "evitar interferencias británicas".


                    Infobae

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                    • Muy ilustrativo el artículos y con mucha información de primera linea.

                      Claramente demostrativo de como queda limitado un país cuando depende de un proveedor externo en sistemas de armas en el momento que más lo precisa, sin contar con proveedores nacionales, al menos en el equipamiento mas sensible.

                      No hemos aprendido de nuestras propias experiencias

                      Saludos.

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                      • Originalmente publicado por planeador Ver Mensaje
                        Muy ilustrativo el artículos y con mucha información de primera linea.

                        Claramente demostrativo de como queda limitado un país cuando depende de un proveedor externo en sistemas de armas en el momento que más lo precisa, sin contar con proveedores nacionales, al menos en el equipamiento mas sensible.

                        No hemos aprendido de nuestras propias experiencias

                        Saludos.
                        Muchos aún creen en los "cantos de sirenas" planeador...tema siempre vigente...
                        Desgraciadamente siempre fue así, porque aquellos que son nuestros principales proveedores, también fueron desde siempre nuestra principal fuente de conflicto y en muchos casos nuestros enemigos... Y aunque muchos ya conocen el tema desde hace rato, este informe es lapidario y no deja lugar a dudas...
                        Nosotros debemos saber que aquellos a los que les compramos armas para defendernos, también pueden llegado al caso inutilizarlas y dejarnos con el "traste al aire"... Pero aún así seguimos insistiendo en comprarles...

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                        • Doce bombas y el último Exocet: el ataque al Invencible, el buque insignia de la flota británica en Malvinas


                          Reunidos por primera vez, los cuatro sobrevivientes de la operación del 30 de mayo de 1982 narraron a Infobae los escalofriantes detalles de aquella misión suicida en la que aseguran, sin margen de duda, haberle infligido daños al legendario portaaviones inglés

                          El 27 de mayo fue un día de júbilo en el Centro de Información y Control de la Fuerza Aérea (FAA). El Radar Malvinas, relocalizado el 12 de abril desde su posición primigenia en el aeropuerto a un área lateral y guarecida de Puerto Argentino, había localizado "el" objetivo.

                          Tras intensos y esforzados monitoreos, el Alférez Hugo Mercau y sus radaristas habían auscultado una febril actividad 160 km al este —casi en línea recta— de Puerto Argentino.

                          Se trataba de un enjambre de ecos que se disipaban en un mismo punto en aguas abiertas, reaparecían súbitamente y enseguida se dispersaban en el fatigado monitor. Se presumía que aquel trajín provenía de aviones Sea Harrier que operaban desde una de las dos plataformas de la Royal Navy.

                          Las trayectorias sindicaban que allí, en aquel punto phi omega alejado del epicentro del teatro de operaciones se ocultaba la "Abeja Reina": el buque núcleo e insignia de la flota británica, el portaaviones HMS Invencible. El portaaviones HMS Invencible, símbolo del poderío naval británico
                          Había que neutralizarlo. Pero, ¿cómo? ¿Con qué? Tras la masacre del ARA General Belgrano, y el asedio depredador de los submarinos nucleares, el Comando Naval había retirado a la flota argentina.

                          (Veinticinco años después de la contienda, el Vicealmirante de la Royal Navy, Sir Tim McClement, aseveró que los sumergibles nucleares afectados en Malvinas fueron cinco: además del HMS Conqueror, escaneaban el Atlántico e interceptaban los vuelos de los cazabombarderos a 12 millas de las costas argentinas, los HMS Splendid, Spartan, Courageous, Valiant y el submarino convencional Onyx). Los sobrevivientes del ataque conjunto del 30 de mayo en Malvinas: Ernesto Ureta y Gerardo Isaac y los pilotos de SUE Alejandro Francisco y Luis Collavino, por primera vez reunidos por un medio de prensa (Foto: Santiago Saferstein)
                          Cuatro de los cinco Exocet ya habían zarandeado y enviado a pique al Sheffield y al carguero Atlanctic Conveyor y aquel último misil podía ser la "bala de plata". No solo para lacerar al más rentable de los objetivos navales; también para doblegar la moral de una Task Force que, envalentonada, avanzaba incólume desde San Carlos.

                          Sin dilaciones, ese mismo día por la tarde llegó la orden a la base de Río Grande, centro de operaciones del eficaz tándem Super Étendard (SUE)-Exocet (AM39). El Capitán de Corbeta Alejandro Francisco dispararía el misil subsónico de casi 6m de largo con una ojiva de 170 kg de explosivos, secundado en apoyo de radio e instrumentos por el Teniente de Navío Luis Collavino.

                          Los Ala, tal el indicativo, debían planificar la misión, maximizar el efecto sorpresa del ataque, permanecer indetectados ante la cortina antiaérea y arremeter en la estocada final con el último Exocet, entregado meses antes sin sus códigos operativos por la francesa Aérospatiale. Uno de los técnicos de la Base de Río Grande junto al misil Exocet mientras el piloto Francisco pone en marcha el Super Étendard el día de la misión: 30 de mayo de 1982
                          Había un obstáculo inicial entre la ristra de peligros: el Invencible navegaba en el límite del radio de acción de los SUE, posicionado 100 millas al este de Puerto Argentino y a unos 800 km de Río Grande. Se imponía asomar desde un punto inesperado, bien alejado del asedio aéreo de los misiles Sea Dart y de las avezadas PAC (Patrulla Aérea de Combate).

                          Encerrados en una sala durante horas de preparación, Francisco y Collavino planificaron la ruta de vuelo y pergeñaron la trampa de desconcierto: un desvío pronunciado a 250 millas (400 km) al sudeste de la posición del portaaviones, fuera del límite de los radares enemigos.

                          Esa ruta suponía un extenso reabastecimiento con el KC-130. Había que volar hermanados con el tanquero hasta aquel punto de viraje para luego iniciar desde allí el descenso y una aproximación sigilosa en el asalto final a 15 millas del blanco. Los pilotos de la Armada Alejandro Francisco y Luis Collavino
                          Al día siguiente, las camionetas que conducían a los Ala por la pista se detuvieron imprevistamente: "Misión cancelada", los anoticiaron. Los Hércules estaban abocados a otras faenas. Reeditaron el mismo trayecto el 29 de mayo y se introdujeron en las cabinas de los SUE, cuando otra vez los técnicos alertaron: "Misión pospuesta".

                          En la sala de prevuelo, les comunicaron la novedad: aquella sería la primera (y la única) misión conjunta entre la Armada y la Fuerza Aérea.

                          Los SUE lanzarían el Exocet el 30 de mayo y para potenciar el daño al Invencible otros 4 pilotos de A4-C Skyhawk, munidos con tres bombas de 250 kg cada uno, completarían el ataque un minuto después.

                          Algo así como intentar rematar al herido y una misión kamikaze para los A4-C. Cuatro "moscas" libradas a su suerte para fogonear a un dragón, dotado con misiles, artillería y aviones de última generación y defendido, además, por el grueso de la flota. Se daba por descontado que la tasa de derribos sería altísima. El plan de ataque al Invencible
                          En lo estrictamente técnico, el Comando de la FAA había dispuesto la intervención de los A4-C por su mayor potencia, mejor aviónica y capacidad de oxígeno líquido para la autonomía de vuelo. Pero, fundamentalmente, porque el trayecto era extenso, y sólo los A4-C contaban con raquetas con cinco puntos para cargas externas: dos para sendos tanques de combustible y otros tres para colgar las bombas de 250 kg, que descargarían exactamente tres minutos después del lanzamiento del AM39. Los técnicos cargando las bombas de 250 kg en uno de los A4-C
                          Mientras tanto, a 700 km de Río Grande, en la base de Puerto San Julián, el Vicecomodoro Carlos Lupiánez, jefe del Escuadrón I, reunía a seis de sus pilotos más experimentados y con tono circunspecto lanzaba un pedido inusual:

                          —Necesito dos voluntarios para una misión—dijo lacónico, sin ofrecer mayores precisiones.

                          Era la primera vez desde el inicio de las hostilidades que se demandaba algo así. Aquella elipsis discursiva permitía entrever que las chances de regresar con vida dependían del azar.

                          —Yo me ofrezco, señor—dijo al dar un paso al frente el 1er Teniente Ernesto Ureta.

                          Segundos después lo emuló su amigo y compañero de promoción, José "Pepe" Vázquez.La directiva del jefe apuntó a que fueran ellos los que seleccionaran a sus numerales en la misión cuyo indicativo era Zonda.

                          Ureta eligió al Alférez Gerardo Isaac y Vázquez al Teniente Omar Jesús Castillo. Esa misma tarde volaron los cuatro a Río Grande, se juntaron con los pilotos de SUE y estudiaron el ataque del día siguiente.

                          Al mediodía despegarían los Ala, inmediatamente después los Zonda. Volarían en altura hasta un punto de encuentro a 20.000 pies (6000 metros) de altitud con dos Hércules reabastecedores. Con las dos mangueras de uno de los KC-130, los SUE completarían la carga volando enganchados unas 150 millas (entre 30 a 40 minutos) al sur de Malvinas mientras los A4-C se reabastecerían por turnos de a dos en el mismo trayecto.

                          En el punto de desacople, a unos 320 km del blanco, Vázquez y Castillo formarían a la izquierda de los SUE (Francisco y Collavino) y Ureta e Isaac por la derecha. Desde allí habría un descenso suave hasta alcanzar posición rasante para la aproximación final y la localización certera del portaaviones inglés. El reabastecimiento en vuelo de uno de los A4-C
                          "Para confirmar la posición -describe Francisco- debíamos elevarnos, escanear con los radares de los SUE, intercambiar información con Collavino y volver a descender, para seguir aproximándonos. Al encender el radar, el ataque se hacía absolutamente indiscreto y desde ese momento en que nos detectaban hasta que lanzábamos el AM 39 pasaban 3,5 minutos. En ese lapso, el Invencible no tenía tiempo suficiente para interceptarnos con los Harriers y tampoco para evitar el ataque. El misil alcanzaba el blanco en unos dos minutos y los AC 4, que saldrían detrás del él, llegarían un minuto después. Es decir, que el preaviso que el Invencible y sus escoltas tenían para esperar a los cuatro Skyhawk era de entre 6 y 7 minutos. Tiempo más que suficiente para abatirlos desde cualquier buque".

                          La intimidad de un pacto

                          Días antes, y como atajando al destino y su fatalidad, Ureta y Vazquez habían sellado un pacto en el cuarto de hotel que compartían cerca de la base de San Julián. Allí mismo donde algún piloto día por medio debía juntar las pertenencias de otro.

                          "Si alguno de los dos no regresa –se dijeron–prometamos que sólo el otro se lo comunicará a la esposa". Buscaban evitar otros intermediarios, la información confusa, los rodeos, los consuelos piadosos sobre la recuperación de los cuerpos en aquella ruleta rusa de atacar a la supremacía británica en Malvinas.

                          Mendocino, de origen humilde y muy devoto, tras recibirse como cabo fotógrafo de la Fuerza Aérea (FAA), Vázquez quiso ir por más y se convirtió en piloto de caza de la IV Brigada Aérea. Sobresalía en su foja. Era el quinto de su promoción y el 11 de marzo de 1982, a sus 30 años, había sido padre por tercera vez. Ureta, de Avellaneda y un año mayor, también esperaba a su tercer hijo. Sus esposas, muy amigas, seguían juntas en Mendoza el devenir de la guerra. Mientras tanto, Isaac (porteño, de 23 años) y Castillo (oriundo de Cosquín, de 28 años) eran solteros sin ataduras. El piloto Ernesto Ureta fue el primero en ofrecerse como voluntario.
                          "Aquel gesto de Ureta y de Vázquez los convirtió en el acto en hombres distintos", señala a Infobae Isaac. "Tienen que haber tenido algo muy especial para presentarse como voluntarios, porque lo nuestro era mucho más fácil: nos designaban y listo".

                          Día D

                          El 30 de mayo a las 12 despegó la formación. El vuelo transcurrió según lo previsto en absoluto silencio instrumental. Los seis reabastecieron con los nobles tanqueros volando a la par. Era como una miríada de ocho aviones entrelazados preparándose para sobrevivir.

                          En aquel punto perdido en el extremo sudeste del Atlántico se desacoplaron y viraron a la par con rumbo norte. Cuando llegó el momento, los Ala se elevaron y encendieron sus radares. Un eco grande, flanqueado por otro mediano, unos 10 grados a la derecha, confirmaban en ambos monitores la posición phi-omega que cuatro días antes había trasmitido el Radar Malvinas. Algo insólito en lo táctico para un buque de esa envergadura e importancia capital. O quizá, la confiada convicción de John "Sandy" Woodward, comandante de la flota británica, de que aquella posición sería inalcanzable para los pilotos argentinos. 30 de mayo de 1982: el SUE de Francisco con el misil AM 39 se reabastece mientras los 4 Skyhawk se alternan de dos para cargar combustible.
                          A unos 150 metros sobre el nivel del mar, lo suficiente para la caída libre del AM39, Francisco comunicó el top de lanzamiento y disparó. Al ver desprenderse el misil como un peso muerto, sin propulsión, Collavino pensó: "Listo, sonamos. ¡Falló!".

                          Sólo después de una caída apreciable, el Exocet encendió su motor y navegó enhiesto y veloz, dibujando una estela blanca sobre el paisaje peltre y nuboso de un océano encrespado.

                          En ese instante, las contramedidas del SUE de Collavino detectaron una iluminación de radar enemigo en su cola. Si estaban a distancia de tiro, la muerte era cuestión de segundos. Sin margen para el miedo, lo informó por radio y los Super Étendard huyeron virando por izquierda a máxima potencia. El actual Capitán de Navío (RE) Alejandro Francisco lanzó el último Exocet contra el Invencible (Crédito: Santiago Saferstein)
                          En la maniobra Francisco alertó a los Skyhawk:

                          —Al frente, 20 millas—los guió hacia el Invencible en su tiempo de descuento.

                          Los 4 Zonda cerraron la formación como dos pares de siameses. Veinte, treinta metros separaban sus alas. Avanzaban en una misma línea como férreo tabique alado, al ras del mar: Vázquez y Castillo por la izquierda; Ureta e Isaac, a la derecha. Así, en bloque, al enemigo se le dificultaría determinar cuántos halcones se alistaban para aquel feroz ataque kamikaze.

                          Restaba poco más de un minuto para llegar al objetivo cuando la silueta del Invencible desprendía dos columnas de humo a cada banda, en el medio de la estructura del buque.

                          "Yo lo veía desde su popa y eran como dos bigotes negros a cada costado", grafica Isaac. Para los pilotos no hay dudas: el Exocet magulló a la "Abeja Reina".

                          A 900 km por hora, arañando el océano en el tramo final, en un milisegundo Ureta observó que el ala de uno de los A4-C a su izquierda se desprendía violentamente; luego se desguazaba la cola y, desestabilizado, el avión de uno de sus compañeros -no sabía cuál- exhibía su panza. "La última imagen de aquel A4-C es aquella panza con el ala derecha solamente", describe Ureta, intentando contener la emoción. El 1er Teniente José Daniel Vázquez trepando a su Skyhawk tras ofrecerse como voluntario para una misión sumamente peligrosa. Tenía 30 años y acababa de ser padre por tercera vez.
                          "Yo sentí la onda expansiva de la explosión en mi cabina", agrega Isaac. "Nunca vi el misil. Evidentemente no vino desde el Invencible, sino de otro buque en otra posición. Miré a mi izquierda y veo un A4-C que explota, se le vuela el plano, el triángulo del plano sale hacia arriba, el avión me muestra su panza e impacta contra el agua. Tampoco sabía quién era. No había margen para averiguarlo. No en ese momento. Aunque suene raro la atención estaba íntegramente posada sobre el blanco".

                          Ureta deseaba comenzar a disparar sus cañones de 20 mm para al menos distraer la lluvia de la artillería de defensa antiaérea que les lanzaba un Invencible humeante.Pero la distancia de tiro quedaba corta. Había que esperar unos segundos más. A medida que se aproximaban aquel humo negro que exudaba el Invencible se iba depositando sobre el agua, cubriendo el casco del navío. Volaban a la altura de la pista del portaaviones.

                          "El cielo estaba encapotado pero la visibilidad era buena y yo estaba esperando el instante para disparar mis cañones, por el sólo hecho que al apretar el gatillo sentía que nada podía pasarme", dice Isaac.

                          "Y en esa fase el vuelo, a unos 500 m del blanco, sentí adentro de mi cabina otra explosión, mucho mayor a la anterior. Miré nuevamente a mi izquierda y a unos 5 metros de mi ala vi a otro A4-C que explotaba en una forma totalmente distinta a la anterior. Tampoco sabía quién era. El avión se infló, tenía el doble de ancho y de largo y sus placas metálicas remachadas estaban todas separadas pero se mantenía la estructura del avión. Adentro todo era una bola naranja del fuego. Inmediatamente me separé. Lo que yo vi fue fuego de artillería antiaérea, cañones que tienen munición autoexplosiva. Son como pompones que explotan alrededor de uno o en la línea de ataque. Creo que el primer derribo fue con un misil que vino desde atrás. El segundo, estimo, fue producto de esa artillería, que podrían haber impactado en los tanques o en el sistema hidráulico del avión". Omar Jesús Castillo fue abatido por fuego de artillería a unos 500 metros del invencible. Su avión se convirtió en una bola de fuego.
                          Ureta nunca llegó a ver el segundo derribo. Estaba concentrado en la inminencia del ataque. Dos, tres disparos y se le trabó el cañon. Isaac en cambio descargó con furia el grueso de sus 200 municiones y al acercarse a la popa del Invencible lanzó sus tres bombas de 250 kg y bordeó su pista por derecha, volando por todo el lateral del portaaviones en su escape final.

                          A su turno, el otro Zonda, por lo bajo que venía, debió levantar la trompa para arrojar 50 metros antes y con un desvío de 30 grados en relación al eje del buque su racimo de bombas. La maniobra lo obligó a atravesar a baja altura la pista del portaaviones. Al girar a la izquierda para la huida, Ureta no tuvo dudas: sus bombas fueron efectivas. "Todo era ya una nube de humo que envolvía al Invencible. Habían pegado y habían explotado", afirma. Jorge Isaac y su jefe, Ernesto Ureta, los dos sobrevivientes del audaz bombardeo aeronaval, a su regreso a la base de Río Grande.
                          Cada uno por su lado, en la soledad de su ruta de regreso, tanto Isacc como Ureta creyeron que solo uno de los cuatro pilotos había sobrevivido. Isaac vio un punto hacia adelante, se acercó y observó por el traje naranja del piloto que los abatidos habían sido Vázquez y Castillo. Prendió su radio y el contó a su jefe de sección la secuencia de lo que había visto. Ambos confluyeron en el punto de encuentro con los dos Hércules, que esperaban la información del ataque para retrasmitirla a la base. Los leales CK-130 que operaron sin tregua durante toda la Guerra de Malvinas
                          —A Vázquez y a Castillo no los esperen— dijo Ureta y precisó el resultado de la misión.

                          Al aterrizar en Río Grande, tras cuatro horas de misión, el abrazo con los técnicos no logró aplacar el llanto. No hay consuelo. El abrazo fraternal entre los compañeros por la pérdida de dos héroes y mártires. Isaac, a la derecha, será inmediatamente conducido al interrogatorio de Inteligencia Militar.
                          "Sentía algo muy ambivalente -cuenta Isaac- la alegría de estar vivo y la tristeza por la muerte de mis dos compañeros".

                          "Yo cumplí con la promesa a mi amigo y la llamé a Liliana, la mujer de Vázquez, y al llegar a la Base San Julián debí contárselo también a su hermano, Pelucho, mecánico de paracaídas de nuestra escuadrilla. Hoy soy el padrino el Mariano, aquel hijo de entonces 50 días que el Pepe Vázquez prácticamente no llegó a conocer", dice con orgullo Ureta.

                          De los tres interrogatorios por separado a los pilotos tras el ataque con personal de Inteligencia quedó una certeza, que Inglaterra siempre negó: el buque orgullo de la Royal Navy había sido al menos averiado. Fue vencido primero por un Exocet y luego por bombas de 250 kg.

                          Los cuatro halcones reunidos por Infobae dicen comprender el por qué de esa negación, usual en la historia de las conflagraciones. "Nosotros sabemos muy bien qué vimos y cómo lo vimos. Lo que digan los ingleses nos tiene sin cuidado", repiten, cada uno a su turno. "Si el secreto de guerra es por 90 años, en algún momento la verdad saldrá a la luz". Héroes de Malvinas: los pilotos de A4-C Pepe Vázquez y Omar Jesús Castillo
                          El 1er Teneinte José Daniel "Pepe" Vázquez y el Teniente Omar Jesús Castillo fueron ascendidos post mortem al grado de Capitán y declarados Héroes Nacionales. Cosquín emplazó en la plaza "Héroes de Malvinas" un busto de su mártir e hijo pródigo mientras que la Base Aérea de Puerto San Julián añadió a su nombre el del Capitán José Daniel Vázquez. Los pilotos abatidos, el Comodoro (RE) Gerardo Isaac y el actual Brigadier (RE) Ernesto Ureta recibieron la máxima distinción del Estado Argentino: la Cruz al Heroico Valor en Combate. Reencuentro y hermandad: .Gerardo Isaac, Alejandro Francisco, Osvaldo Bilmesi, tripulante de un Hércules de reabastecimiento, Enesto Ureta, Luis Collavino y el Brigadier Litrenta, piloto de uno de los Hércules que participaron de la única operación conjunta entre las fuerzas

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                          • Memorias de la Dama de Hierro

                            Sola, engañada por su marido y con demencia, los últimos años de Margaret Thatcher

                            La guerra de los hijos de Margaret Thatcher: peleados por la herencia

                            Tras dejar Downing Street se encontró sola y perdida hasta el extremo de no ser capaz de llevar a cabo las tareas domésticas más básicas



                            EL MUNDO - ALBERTO MUÑOZ -LONDRES - 17 OCT. 2019

                            Margaret Thatcher, en una imagen de 2010. (GTRES)



                            Margaret Thatcher fue, en muchos aspectos de su vida, una mujer atrapada dentro de una dicotomía que desconcertó a todos los que la rodeaban. Capaz de ganarse el apoyo de las clases populares sin dejar de defender al poder económico, la Dama de Hierro vivió una vida de continuos contrastes que la llevaron de ser la mujer más poderosa del mundo a consumirse en la soledad de la demencia que la carcomió hasta su fallecimiento en 2013. Ahora, con la publicación de la tercera parte de su mastodóntica biografía, emergen nuevos detalles sobre uno de los personajes más fascinantes de finales del siglo XX.

                            Margaret Thatcher, Herself Alone, de Charles Moore, ex director del diario británico The Telegraph, presenta a la dirigente desde 1987, momento en que gana sus terceras elecciones generales consecutivas, hasta sus últimos días, donde aparecen historias acerca de los estragos que habían hecho en ella las enfermedades degenerativas que padecía. Thatcher, que un año antes de salir de Downing Street ya daba muestras de estar "muy pero que muy cansada" según palabras de su propio marido, Denis -que se fugó dos meses a Sudáfrica y del que se rumorea que se planteó el divorcio tras tener varias aventuras extramatrimoniales-, supuestamente salió del Gobierno por su cada vez más fatigada mente, que empezó a jugarle malas pasadas.

                            Fuera por eso o por una conspiración dentro del Partido Conservador, punto en el que las diferentes versiones difieren sin que quede descartado que ambas sean válidas, lo cierto es que la ex líder tory se encontró fuera de la residencia donde había vivido más tiempo en toda su vida adulta. La Dama de Hierro, que según esta nueva biografía habría sido por ejemplo una de las impulsoras de la liberación de Nelson Mandela, llegando a definir el apartheid como "erróneo, inmoral y contrario a la dignidad humana", se encontró sola y perdida hasta el extremo de no ser capaz de llevar a cabo las tareas domésticas más básicas.

                            Una de las historias que cuenta Moore en su libro relata cómo Thatcher, al poco de abandonar Downing Street, telefoneó a Charles Powell, su ex asistente privado, en la mañana de un sábado para quejarse de que no le funcionaba el agua caliente. Éste, que le sugirió que llamase a un fontanero de las páginas amarillas, a lo que ella le respondió que no sabía lo que eran, tuvo que acudir finalmente a arreglársela.

                            Margaret Thatcher, junto a su marido, Denis, y sus hijos, Mark y Carol, en 1976.EM


                            La ex líder conservadora no tenía un solo penique en el banco, no había dejado un mensaje en un contestador en su vida y ni siquiera entendía cómo se utilizaban los nuevos mandos a distancia para el televisor. Todo eso agrió aún más un carácter de por sí contradictorio que la llevaba, por ejemplo, a mostrar un respeto extraordinario por los miembros rasos de su personal, como sus asistentes o chóferes, mientras que se mostraba dura e implacable con sus enemigos políticos.

                            Esa personalidad tan complicada la llevó a que la relación con sus hijos no fuese buena, y solo su hijo Mark, con quien tampoco acabó bien, la visitaba de cuando en cuando en su residencia de Dulwich, donde terminó aislada. Acompañada casi exclusivamente por la reconfortante sensación de saber que pasaría a la Historia como una de las personalidades políticas del siglo, Thatcher era una mujer extremadamente difícil de contentar.

                            Amigos, como tal, tampoco llegó a tener muchos en su nueva etapa, pero algunos de ellos cuentan lo complicado que resultaba entretener a una mujer sin aficiones, que no practicaba ningún deporte y que tampoco tenía una buena situación familiar. Quienes la hospedaron aseguran en la biografía de Moore que sentían como si estuviesen recibiendo a un miembro de la realeza porque no sabían qué hacer con ella y se veían obligados a estar buscando continuamente actividades con las que ocupar su tiempo.

                            En el ocaso de su vida, la ex primera ministra gustaba, según cuenta una persona de su círculo, de visitar la residencia de uno de sus admiradores para contemplar uno de sus cuadros, el The Leamington Hunt de John Frederick Herring. Con él, Thatcher, una de las personalidades que más ha influido en toda una generación de políticos en el Reino Unido y fuera de sus fronteras, ejercitaba su cerebro contando los perros que aparecían en la escena de caza como uno de sus últimos actos de resistencia contra la demencia que poco a poco termino devorándola.

                            https://www.elmundo.es/loc/celebriti...08d8b4577.html
                            Editado por última vez por Teodofredo; https://www.aviacionargentina.net/foros/member/358-teodofredo en 26/10/19, 04:13:43.

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