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Los problemas en Europa

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  • Re: Los problemas en Europa

    Estimado Don Teo, mis mas cordiales saludos! La inmigración a Europa de personas provenientes del Africa mediterranea e incluso subsahariana, y de los paises de medio oriente, no la van a poder parar, porque esa gente viene de países destruidos por guerras civiles, con los vecinos, sin oportunidades y me atrevo a decir, con hambre.-

    La única forma de detenerla es a la antigua usanza del Imperio Romano, con sus limes y legiones, que las detenían a espada limpia, sin distinción de sexo o edades. La solución militar hoy en día es imposible desde todo punto de vista.-

    Sin embargo, estoy convencido que Europa puede explorar otras soluciones si es que no quiere inmigrantes.-

    La solución es que en lugar de desestabilizar a los países de donde provienen los migrantes, cree condiciones para que la gente no se tenga que ir. Europa puede y hasta tiene una obligación moral con los países que colonizó.-

    Invertir en la educacion, la salud de esos pueblos, llevar algunas fábricas, no sé, hay muchas cosas que podrían hacer para que la gente se quede felizmente donde nació.-

    En la Argentina, tanto España como Italia establecieron una serie de beneficios a sus ciudadanos (doble nacionalidad), justamente para que se queden acá. Me refiero a pensiones, becas, ayudas, etc.

    En fin, hay alternativas que se pueden explorar, sin necesidad que la gente se traslade miles de kilometros.-

    Saludos, Jalil.-
    Argentinos conscientes y cansados de la penosa realidad que vive hoy nuestra Nación. Nos organizamos contra la vieja entrega, la degradación social, la ausencia del estado y la indiferencia de la mayoría de la gente. Formamos un Movimiento decidido a recuperar la Soberanía en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En total oposición al Sistema, con ferviente patriotismo y valores nacionales.

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    • Re: Los problemas en Europa

      Es que sería mas barato invertir en crear condiciones productivas en el lugar de origen (agricultura, minería, fábricas, manufacturas) que además y en un modo inteligente, pueden servir como suministros de Europa y en definitiva crear un negocio que sea rentable para esos países y no dejarlos morir y que se creen polos de desigualdad en la población, aprovechados por mafiosos (luego convertidos en gobiernos)...y luego (y como ocurrió en Libia) de un día para otro matarlos a "bombazos"...Luego claro (ya llevamos mas de 2 o 3 años) la inmigración de Libia hacia Europa es incontenible...

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      • Re: Los problemas en Europa

        Disculpe que los contradiga, pero ese no es el problema principal, el problema principal es la inseguridad que existe, los ataques terroristas perpetrados por mercenarios que siguen las ordenes de la OTAN...., dejando miles de muertos y miles de familias en la calle sin saber si los proximos en morir serán ellos, ataques perpetrados contra las escuelas y los jardines como ocurre en Palestina, donde murieron mas de 300 estudiantes y donde casualmente se les prohibe usar materiales de construcción, y todo esto con la finalidad de terminar de exiliarlos de su propia tierra, la gente se va por temor principalmente no por falta de condiciones laborales o falta de vivienda, esta es una de las formas en que se llevan adelante algunas guerras para dañar a un país sin necesidad de vencerlo militarmente.

        Abrazo.
        Editado por última vez por Zanetta Juan F; https://www.aviacionargentina.net/foros/member/4078-zanetta-juan-f en 10/09/15, 07:20:02.

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        • Re: Los problemas en Europa

          Juan fijate la nota que subí al foro "conflicto Arabe - israelí", los palestinos viven ahi hace miles de años, y hoy no solo no losdejan construir, le confiscan las tierras, les prohiben salir al menor despelote, toque de queda, no digo mas. Todo el mundo sabe lo q pasa!
          Argentinos conscientes y cansados de la penosa realidad que vive hoy nuestra Nación. Nos organizamos contra la vieja entrega, la degradación social, la ausencia del estado y la indiferencia de la mayoría de la gente. Formamos un Movimiento decidido a recuperar la Soberanía en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En total oposición al Sistema, con ferviente patriotismo y valores nacionales.

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          • Re: Los problemas en Europa


            ENTREVISTA A JOEL MILLMAN, PORTAVOZ DE LA ORGANIZACION INTERNACIONAL DE LA MIGRACION
            “Por ignorar un problema no desaparece”


            En el organismo intergubernamental que representa Millman participan 157 países. Dice que para superar la crisis hacen falta respuestas políticas, diplomáticas y hasta militares.

            Por Marcelo Justo

            Página/12 En Gran Bretaña

            Desde Londres

            La imagen de Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años muerto en las costas de Turquía, puso finalmente en movimiento una respuesta internacional a una crisis de refugiados que, dado el contexto económico-político de muchos países, viene para largo. El vice canciller alemán, Sigmar Gabriel declaró ayer que Alemania podría recibir unos 500 mil refugiados anuales durante varios años. Sin embargo, la respuesta europea es dispar. Mientras que Francia se mostró dispuesta a participar en la iniciativa de la canciller Angela Merkel para que los 28 países de la Unión Europea acepten alrededor de 1,2 millón de refugiados, el Reino Unido indicó que no lo haría porque eso incentivaría la inmigración y Hungría acusó a los otros miembros de actuar a ciegas sin una clara estrategia. Página/12 dialogó con Joel Millman, portavoz de la Organización Internacional de la Migración, organismo intergubernamental en el que participan 157 países dedicados a “promover una migración humana y organizada”.

            –¿Cómo evalúan la respuesta mundial a partir de la muerte del niño Aylan Kurdi?


            –Indudablemente activó la actitud de los europeos. Pero la ola de simpatía, que ahora está creciendo mucho, existía antes de la muerte de Aylan Kurdi. Hay familias que venían ayudando a los inmigrantes que estaban llegando de Hungría, estudiantes que hacían lo mismo, es decir, una consciencia creciente de que había que rechazar la xenofobia. En mi opinión ha sido muy importante que Alemania, Francia y Holanda estén mostrando un claro liderazgo para aceptar un importante número de refugiados sin usar la ley como escudo y pretexto para no recibir gente.

            –Al mismo tiempo hay una clara disparidad si uno considera la respuesta de Alemania en comparación con la del Reino Unido.


            –Disparidades siempre hay. Pero mejor que haya algo que nada. Australia, que tiene una política muy dura respecto a los inmigrantes que intentan llegar en barcas, ha dicho que aceptará a miles de sirios. Eso es positivo. No sé si el cambio se ha debido a la muerte de este niño o porque los refugiados no parecen tan extraños o diferentes de aspecto. En todo caso el paradigma está cambiando poco a poco. Claro que cada país tiene un perfil peculiar vinculado con su situación económica, política y social. En el caso del Reino Unido hay temas peculiares que van desde el referendo el año pasado por la independencia de Escocia, que dejó una sensación de amenaza sobre la identidad nacional, hasta años de quejas sobre la inmigración, y no solo sobre la inmigración “ilegal” sino también sobre la que proviene de otros países de la Unión Europea, como búlgaros, polacos, etc., es decir inmigrantes legales que muchos británicos sienten que están sacándoles sus empleos.

            –Mientras la población del Reino Unido se está incrementando, la de Alemania está cayendo. Si Alemania acepta más refugiados es porque los necesita, mientras que la situación del Reino Unido sería la inversa. ¿Se puede decir que la nueva reacción europea tiene un trasfondo más económico que humanitario?


            –Son las dos cosas, pero lo humanitario va primero. Europa tiene una bomba de tiempo demográfica. Está cayendo su tasa de natalidad y aumentando su necesidad de trabajadores capacitados y no capacitados. Al mismo tiempo están estos jóvenes tanto del Medio Oriente como de Africa, que no pueden trabajar en sus países por la situación existente, y que pueden suplir esta necesidad europea. En este sentido las dos partes, los migrantes y los receptores, deberían ser socios. Pero es cierto que al mismo tiempo hay una resistencia en muchos países intensificada por la cobertura que le han dado muchos medios a este tema.

            –Pero al mismo tiempo que puede haber una lógica estratégica desde el punto de vista demográfico, la realidad es que los problemas económicos de la Eurozona y de otros países de la UE en el aquí y ahora generan tensión.

            –Se ha creado mucho el temor de que los inmigrantes vengan a Europa para usar los servicios públicos y vivir del seguro de desempleo. No es la realidad de la enorme mayoría. Muchos inmigrantes quieren ir a países donde hay ya miembros de su familia que pueden integrarlos en su propia línea de trabajo. Esto a veces genera tensión porque los inmigrantes ofrecen servicios a menor precio que los locales. Es el temor que existe en algunos sectores del Reino Unido, aunque al mismo tiempo, al ofrecer servicios más baratos, ayudan a los consumidores también. De todas maneras creo que son tensiones puntuales y solucionables de un proceso que no debe oscurecer lo importante.

            –En América latina ha habido una respuesta de brazos abiertos. Venezuela, que está atravesando una difícil situación económica, indicó que aceptaría 20 mil refugiados, el mismo número que el Reino Unido, a pesar de que, según el gobierno de David Cameron, el país tiene una economía rebosante de salud. Argentina, Chile y Brasil son otros países igualmente receptivos. ¿Cómo evalúan esta respuesta?

            –Es una respuesta que ya estaba presente antes como se vio con el caso de Uruguay que hace unos meses indicó que aceptaban unos 200 refugiados, un número pequeño, pero una muestra de la voluntad de aceptar gente de otras partes del mundo. Venezuela ha tenido tradicionalmente esta posición, quizás por todos sus contactos con el Medio Oriente por el petróleo y la OPEP. Diría que en general la respuesta de América Latina ha sido positiva.

            –La cuestión es que si bien el mundo en general ha reaccionado luego de la muerte de Aylan Kurdi, la realidad política y económica de países que están en medio de una guerra civil como Siria no va a mejorar a corto plazo. Es decir, que va a haber más refugiados. Con lo cual esta respuesta llega tarde y no es suficiente. ¿Qué más se puede hacer?

            –Mucha gente en Europa piensa que se trata de todo o nada. O se aceptan todos los refugiados que vengan continuamente o se cierran las puertas y no se deja entrar a nadie más. Pensamos que se pueden explorar alternativas creativas como para tener un abanico de posibilidades para solucionar un problema que, como usted dice, es más que posible que se vaya a agravar. Le doy un ejemplo, la idea de suministrar trabajo temporal rotativo a familias de refugiados sirios en la frontera. En Suiza hay toda una época de trabajo agrícola que se podría solventar de esta manera. En Europa hay muchos trabajos para la tercera edad que los europeos no están tan dispuestos a hacer. Miembros de una familia podrían rotarse por períodos de tres o cuatro meses para hacerlos. No digo que sea una salida ideal. Digo que hay que explorar todas las posibilidades frente a una crisis de enormes proporciones.

            –Aun así, la fuente del problema sigue siendo la situación en Siria. En estos días se ha hablado mucho de intensificar la presión militar sobre Estado Islámico.

            –Nuevamente tenemos que evitar soluciones del tipo todo o nada, o enviar tropas o quedarnos con los brazos cruzados. Hay que extremar todas las vías diplomáticas y políticas para avanzar hacia una solución del problema. Seguramente se necesitará un componente militar, pero este podría ser un cese el fuego. Lo cierto es que un problema no desaparece porque uno lo ignore.

            Página/12 :: El mundo :: “Por ignorar un problema no desaparece”
            Argentinos conscientes y cansados de la penosa realidad que vive hoy nuestra Nación. Nos organizamos contra la vieja entrega, la degradación social, la ausencia del estado y la indiferencia de la mayoría de la gente. Formamos un Movimiento decidido a recuperar la Soberanía en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En total oposición al Sistema, con ferviente patriotismo y valores nacionales.

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            • Re: Los problemas en Europa

              La crisis de los refugiados obliga a Europa a replantear su papel en Siria

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              La Unión Europea está ultimando los planes para iniciar la segunda fase de las operaciones militares en el Mediterráneo contra las redes de tráfico de personas que traen a Europa a una parte de los refugiados de origen sirio.

              Toda la nota: La crisis de los refugiados obliga a Europa a replantear su papel en Siria

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              ¿y ahora que van a hacer con la crisis de la cual son cómplices? -los que pertenecen a la OTAN

              Tienen una avalancha de personas que huyen del país que ellos desestabilizaron. Querían sacar a Assad e incendiaron el país. Lo mismo que Libia, que no se si existe ya como país.

              Europa paga las consecuencias de las políticas norteamericanas, mientras ellos miran por CNN a ver que hace Europa
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              • Re: Los problemas en Europa

                Originalmente publicado por BND Ver Mensaje
                La crisis de los refugiados obliga a Europa a replantear su papel en Siria

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                La Unión Europea está ultimando los planes para iniciar la segunda fase de las operaciones militares en el Mediterráneo contra las redes de tráfico de personas que traen a Europa a una parte de los refugiados de origen sirio.

                Toda la nota: La crisis de los refugiados obliga a Europa a replantear su papel en Siria

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                ¿y ahora que van a hacer con la crisis de la cual son cómplices? -los que pertenecen a la OTAN

                Tienen una avalancha de personas que huyen del país que ellos desestabilizaron. Querían sacar a Assad e incendiaron el país. Lo mismo que Libia, que no se si existe ya como país.

                Europa paga las consecuencias de las políticas norteamericanas, mientras ellos miran por CNN a ver que hace Europa
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                Hay algunos que dicen que los empresarios europeos están frotándose las manos, ya que habrá mucha mano de obra barata en el corto plazo, en el largo, seguramente veremos atentados terroristas (de falsa bandera claro) para establecer algún estado policial en Europa, principalmente en la Eurozona, ya que para llegar a las "islas" deben cruzar el Tunel...veremos que pasa, pero los refugiados hoy por hoy son una espada de Damocles que nadie quiere tener encima, pero en la que todos tienen sus manos puestas.

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                • Re: Los problemas en Europa

                  EL MUNDO › EL PENSADOR ESLOVENO REFLEXIONA SOBRE LA CRISIS MIGRATORIA

                  La inexistencia de Noruega

                  Europa debe aceptar los nuevos refugiados hijos del capitalismo global y herederos del colonialismo, pero a la vez debe fijar reglas claras que privilegien el estilo de vida europeo.

                  Por Slavoj Zizek *

                  En su clásico estudio La muerte y los moribundos, Elisabeth Kübler-Ross propuso el famoso esquema de las cinco etapas de cómo reaccionamos al enterarnos de que tenemos una enfermedad terminal: la negación (uno simplemente se niega a aceptar el hecho: “Esto no puede estar pasando, no a mí”); ira (que explota cuando ya no podemos negar el hecho: “¿Cómo puede sucederme esto”); negociación (la esperanza de que de alguna manera podemos posponer o disminuir el hecho: “Déjame vivir para ver a mis hijos graduarse.”) depresión (desinversión libidinal: “Me voy a morir, así que ¿por qué molestarme con todo esto?”); aceptación (“No puedo luchar contra ella, más vale que me prepare para ella.”) Más tarde, KüblerRoss aplicó estas etapas a cualquier forma de pérdida catastrófica personal (falta de trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio, la adicción a las drogas), y también hizo hincapié en que no necesariamente vienen en el mismo orden, ni son experimentadas las cinco etapas por todos los pacientes.

                  ¿No es la reacción de la opinión pública y de las autoridades en Europa occidental al flujo de refugiados de Africa y Medio Oriente una combinación similar de reacciones dispares? Existe (cada vez menos) la negación: “No es tan grave, ignorémoslo”. Está la ira: “Los refugiados son una amenaza para nuestra forma de vida, entre ellos se ocultan los fundamentalistas musulmanes. ¡Deben ser detenidos a toda costa!”. Hay negociación: “OK, establezcamos cuotas y apoyemos los campos de refugiados en sus propios países!”. Existe la depresión: “¡Estamos perdidos, Europa se está convirtiendo en Europastan!”. Lo que falta es la aceptación, la cual, en este caso, significaría un plan consistente de toda Europa para tratar con los refugiados.

                  Entonces, ¿qué hacer con los cientos de miles de personas desesperadas que esperan en el norte de Africa, escapando de la guerra y el hambre, tratando de cruzar el mar para encontrar refugio en Europa? Hay dos respuestas principales. Los liberales de izquierda expresan su indignación por cómo Europa está permitiendo que miles de personas se ahoguen en el Mediterráneo –su idea es que Europa debe mostrar su solidaridad abriendo sus puertas de par en par–. En cambio los populistas antiinmigrantes afirman que debemos proteger nuestra forma de vida y dejar que los africanos resuelvan sus propios problemas. Ambas soluciones son malas, ¿pero qué es peor? Parafraseando a Stalin, los dos son peores. Los mayores hipócritas son los que defienden la apertura de fronteras: en secreto saben muy bien que esto nunca va a pasar, ya que daría lugar a una revuelta populista instantánea en Europa. Actúan el Alma Bella que se siente superior al mundo corrupto mientras secretamente participan en él.

                  El populista antiinmigrante también sabe muy bien que, abandonados a sí mismos, los africanos lograrán cambiar sus sociedades –¿por qué no?

                  Porque nosotros, los europeos occidentales, estamos impidiendo que lo hagan. Fue la intervención europea en Libia, la que arrojó al país en el caos. Fue el ataque estadounidense a Irak, el que creó las condiciones para el surgimiento del Estado Islámico (EI). La guerra civil en curso en la República Centroafricana entre el sur cristiano y el norte musulmán no es sólo una explosión de odio étnico, fue provocada por el descubrimiento de petróleo en el norte: Francia (vinculada con los musulmanes) y China (vinculada a los cristianos) luchan por el control de los recursos petroleros a través de sus representantes.

                  Pero el caso más claro de nuestra culpa es el Congo de hoy que está surgiendo de nuevo como el “corazón de las tinieblas” africano. El artículo de portada de la revista Time el 5 de junio de 2006 se tituló “La guerra más mortal en el mundo” –una investigación detallada sobre cómo como alrededor de cuatro millones de personas murieron en el Congo resultado de la violencia política durante la última década. Ninguno de los habituales alborotos humanitarios le siguió, como si algún tipo de mecanismo de filtración hubiera bloqueado esta noticia para que no alcanzara pleno impacto–. Para decirlo cínicamente. El tiempo había elegido a la víctima equivocada en la lucha por la hegemonía en el sufrimiento –debería haberse mantenido con la lista de sospechosos de siempre–: las mujeres musulmanas y su difícil situación, la opresión en el Tíbet... ¿Por qué esta ignorancia?

                  En 2001, una investigación de la ONU sobre la explotación ilegal de los recursos naturales en el Congo encontró que el conflicto en el país es principalmente sobre el acceso, el control y el comercio de cinco recursos minerales clave: coltán, diamantes, cobre, cobalto y oro. Bajo la fachada de la guerra étnica, discernimos el funcionamiento del capitalismo global. El Congo ya no existe como un Estado unido; se trata de una multiplicidad de territorios gobernados por los señores de la guerra locales que controlan su pedazo de tierra con un ejército que, por regla general, incluye niños drogados. Cada uno de estos señores de la guerra tiene vínculos comerciales con una empresa extranjera o corporación que explota sobre todo la rica minería en la región. La ironía es que muchos de estos minerales se utilizan en productos de alta tecnología, como laptops y teléfonos celulares.

                  Así que olvídense de la conducta salvaje de la población local, simplemente quiten las empresas de alta tecnología extranjeras de la ecuación y todo el edificio de la guerra étnica alimentada por viejas pasiones se desmorona. Aquí es donde deberíamos empezar si realmente queremos ayudar a los africanos y detener el flujo de refugiados. Lo primero es recordar que la mayoría de los refugiados proceden de los “estados fallidos”, donde la autoridad pública es más o menos inoperante por lo menos en grandes extensiones (Siria, Líbano, Irak, Libia, Somalia, Congo...). Esta desintegración del poder del Estado no es un fenómeno local, sino consecuencia de la economía y la política internacional, y en algunos casos, como Libia e Irak, incluso un resultado directo de la intervención occidental. Está claro que este aumento de “estados fallidos” no es una desgracia no intencionada, sino también una de las formas en que las grandes potencias ejercen su colonialismo económico. Uno también debería notar que las semillas de los “estados fallidos” de Medio Oriente hay que buscarlas en las fronteras arbitrarias dibujadas después de la Primera Guerra Mundial por el Reino Unido y Francia, que crearon una serie de estados “artificiales”: el Estado Islámico, al juntar a los sunnitas en Siria e Irak, en última instancia, está uniendo lo que fue desgarrado por los amos coloniales.

                  No podemos dejar de señalar el hecho de que algunos países no demasiado ricos de Medio Oriente (Turquía, Egipto, Irán, etc.) están mucho más abiertos a los refugiados que los realmente ricos (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos, Qatar...). Arabia Saudita y Emiratos no reciben refugiados, aunque son vecinos de la crisis, así como ricos y culturalmente mucho más cerca de los refugiados (que son en su mayoría musulmanes) que Europa. Arabia Saudita incluso devolvió algunos refugiados musulmanes de Somalia –todo lo que hizo fue contribuir con 280 millones de dólares como apoyo a la educación de los refugiados–. ¿Es esto porque Arabia Saudita es una teocracia fundamentalista que no puede tolerar ningún intruso extranjero? Sí, pero también hay que tener en cuenta que en lo económico esta misma Arabia Saudita está totalmente integrada a occidente. ¿O no son Arabia Saudita y los Emiratos, desde el punto de vista económico, puestos de avanzada del capital occidental, estados que dependen totalmente de sus ingresos petroleros? La comunidad internacional debería ejercer una fuerte presión sobre Arabia Saudita (y Kuwait y Qatar, y...) para que cumplan con su deber en la aceptación de un gran contingente de los refugiados, sobre todo porque, por la forma en que apoyó a los rebeldes antiAssad, Arabia Saudita es en gran parte responsable de la situación en Siria.
                  Nueva esclavitud

                  Otra de las características que comparten estos países ricos es el surgimiento de una nueva esclavitud. El capitalismo se legitima como el sistema económico que implica y promueve la libertad personal (condición necesaria para que funcione el mercado). Pero genera esclavitud, como parte de su propia dinámica: aunque la esclavitud fue casi extinta a fines de la Edad Media, explotó en las colonias desde la temprana modernidad hasta la guerra civil de Estados Unidos. Y uno puede arriesgar la hipótesis de que hoy, con el surgimiento del capitalismo global, una nueva era de la esclavitud está emergiendo. A pesar de que ya no existe la figura legal del esclavo, la esclavitud adquiere una multitud de nuevas formas: millones de trabajadores inmigrantes en la península de Arabia (los Emiratos, Qatar, etc.) están de facto privados de derechos y libertades civiles elementales; otros millones de trabajadores son explotados en fábricas asiáticas organizadas directamente como campos de concentración; en muchos estados del Africa Central (Congo, etc.) se hace uso masivo del trabajo forzoso para la explotación de recursos naturales. Pero no hace falta mirar tan lejos. El 1º de diciembre de 2013, al menos siete personas murieron cuando una fábrica de ropa de capitales chinos en una zona industrial en la ciudad italiana de Prato, a 10 kilómetros del centro de Florencia. Se incendió un domingo, matando a los trabajadores atrapados en un improvisado dormitorio de cartón construido en el lugar. El accidente se produjo en el distrito industrial Macrolotto de la ciudad, conocido por su gran número de fábricas de ropa. Riberto Pistonina, un sindicalista local comentó: “Nadie puede decir que está sorprendido por esto, porque todo el mundo supo durante años que, en la zona entre Florencia y Prato, cientos sino miles de personas están viviendo y trabajando en condiciones de casi esclavitud”. Sólo en Prato hay al menos 15.000 trabajadores registrados legalmente, en una población total de menos de 200.000, con más de 4000 empresas de propiedad china. Se cree que miles de inmigrantes chinos están viviendo en la ciudad de manera ilegal, trabajando hasta 16 horas por día para una red de mayoristas y talleres que producen ropa barata.

                  Por lo tanto no tenemos que buscar la vida miserable de los nuevos esclavos muy lejos, en los suburbios de Shanghai (o en Dubai y Qatar) e hipócritamente criticar a China –la esclavitud puede estar aquí, en nuestra casa, simplemente no la vemos (o, más bien, fingimos no verla). Este nuevo apartheid de facto, esta explosión sistemática del número de diferentes formas de esclavitud de facto, no es un accidente lamentable, sino una necesidad estructural del capitalismo global de hoy. Esta es quizás la razón por la cual los refugiados no quieren entrar en Arabia Saudita. Pero los refugiados que entran a Europa se ofrecen para convertirse en mano de obra barata, en muchos casos a costa de los trabajadores locales que reaccionan ante esta amenaza uniéndose a los populistas antiinmigrante. Para la mayoría de los refugiados, convertirse en mano de obra barata europea sería sueño hecho realidad.

                  Los refugiados no son sólo escapan de sus tierras asoladas por la guerra, sino que también están poseídos por un cierto sueño. Podemos ver una y otra vez en nuestras pantallas refugiados en el sur de Italia, que dejaron en claro que no quieren quedarse allí –que en su mayoría quieren vivir en los países escandinavos–. ¿Y qué hay miles que acampan alrededor de Calais que no están satisfechos con Francia, pero están dispuestos a arriesgar sus vidas para entrar en el Reino Unido? Y ¿qué pasa con las decenas de miles de refugiados en los países Balcánicos que desean llegar a Alemania, al menos? Declaran este sueño como su derecho incondicional, y exigen a las autoridades europeas no sólo comida adecuada y atención médica, sino también el transporte hasta el lugar de su elección. Hay algo enigmáticamente utópico en esta demanda imposible: como si el deber de Europa fuera realizar su sueño, un sueño que, por cierto, está fuera del alcance de la mayoría de los europeos (¿cuántos europeos del este y del sur también preferirían vivir en Noruega?). Se puede observar aquí la paradoja de la utopía: precisamente cuando las personas se encuentran en situación de pobreza, angustia y peligro, y uno esperaría que estarían satisfechas con un mínimo de seguridad y bienestar, estalla la utopía absoluta. La dura lección para los refugiados es que “no hay Noruega”, incluso en Noruega. Tendrán que aprender a censurar sus sueños: en lugar de perseguirlos, en realidad, deberían centrarse en cambiar la realidad.

                  Uno debe ser muy claro aquí: la idea de que la protección de una forma específica de vida en sí misma es una categoría protofascista o racista debe ser abandonada. Si no hacemos esto, abrimos el camino para que la ola antiinmigrante que crece en toda Europa y cuya señal más reciente es el hecho de que, en Suecia, el Partido Demócrata antiinmigrante por primera vez superó a los socialdemócratas y se convirtió en el partido más fuerte en el país. La reacción liberal de izquierda estándar para esto es, por supuesto, una explosión de moralismo arrogante: el momento en que demos alguna credibilidad al motivo “protección de nuestro modo de vida”, ya comprometemos nuestra posición dado que proponemos una versión más modesta de lo que los populistas antiinmigrante abiertamente defienden. ¿No es esta la historia de las últimas décadas? Partidos centristas rechazan el racismo abierto de los populistas antiinmigrante, pero al mismo tiempo afirman “entender las preocupaciones” de la gente común y promulgar una versión más “racional” de la misma política.

                  Pero aunque hay un momento de la verdad en esta reacción, se debe rechazar, sin embargo, la actitud humanitaria liberal de la izquierda predominante. Las quejas que moralizan la situación –el mantra de “Europa perdió la empatía, es indiferente hacia el sufrimiento de los demás”, etc., no es más que el anverso de la brutalidad contra los inmigrantes. Comparten la presuposición –que no es en modo alguno evidente por sí misma– que una defensa de la propia forma de vida excluye el universalismo ético. Uno por lo tanto debería evitar quedar atrapado en el juego liberal de “cuánta tolerancia podemos darnos el lujo de tener” -deberíamos tolerar si impiden que sus hijos vayan a escuelas públicas, si obligan a sus mujeres a vestirse y comportarse de una determinada manera, si planifican los matrimonios de sus hijos, si se maltratan a los gays en sus filas... En este nivel, por supuesto, nunca somos suficientemente tolerantes, o somos siempre –ya demasiado tolerantes, descuidando los derechos de la mujer, etc–. La única manera de salir de este punto muerto es ir más allá de la simple tolerancia de los demás: no limitarnos a respetar a los demás, ofrecer una lucha común, ya que nuestro problema hoy es común.

                  Otras formas de apartheid

                  Por lo tanto uno tiene que ampliar la perspectiva: los refugiados son el precio de la economía global. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas: están surgiendo nuevas formas de apartheid. El tema de las paredes porosas, de la amenaza de estar inundado por extranjeros, es estrictamente inmanente al capitalismo global, es una muestra de la falsedad en el discurso de la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la libre circulación global de materias primas también a las personas. Mientras que las grandes migraciones son un rasgo constante en la historia de la humanidad, su principal causa en la historia moderna son las expansiones coloniales: antes de la colonización, los países del Tercer Mundo consistían básicamente de comunidades locales autosuficientes y relativamente aisladas –fue la ocupación colonial, la que quitó los rieles a esta forma de vida tradicional y que llevó a renovadas migraciones a gran escala (también a través de la trata de esclavos).

                  La ola actual de las migraciones en Europa no es una excepción. En Sudáfrica, hay más de un millón de refugiados de Zimbabwe que están expuestos a los ataques de los pobres locales porque les quitan su trabajo. Y habrá más, y no sólo a causa de los conflictos armados, sino por nuevos “estados canallas”, las crisis económicas, los desastres naturales, el cambio climático, etc. Ahora se sabe que, después de la catástrofe nuclear de Fukushima, las autoridades japonesas pensaron por un momento en que la totalidad del área de Tokio –20 millones de personas– tendrían que ser evacuadas. ¿En ese caso, a dónde hubieran ido? ¿En qué condiciones? Se les debería dar un pedazo de tierra o simplemente dispersarlos por el mundo? ¿Y qué pasaría si el norte de Siberia se hiciera más habitable y apropiado para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se volvieran demasiado secas para que viva allí una gran población? ¿Cómo se organizará el intercambio de población? Cuando cosas similares ocurrieron en el pasado, los cambios sociales ocurrieron de manera espontáneamente salvaje, con violencia y destrucción –tal perspectiva es catastrófica en las condiciones actuales, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones.

                  Por lo tanto, la principal lección que hay que aprender es que la humanidad debería estar lista para vivir de una manera más “plástica” y de forma más nómada: cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de inauditas transformaciones sociales a gran escala. Una cosa está clara: la soberanía nacional tendrá que ser redefinida radicalmente e inventados nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué decir de los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de fuentes de agua y de energía? ¿A través de qué procesos de decisión se decidirán y ejecutarán esos cambios? Tendrán que romperse una gran cantidad de tabúes y llevarse a cabo un conjunto de medidas complejas.

                  En primer lugar, Europa tendrá que reafirmar su pleno compromiso de proporcionar medios para la supervivencia digna de los refugiados. No debe haber ninguna concesión aquí: las grandes migraciones son nuestro futuro, y la única alternativa a este compromiso es una barbarie renovada (lo que algunos llaman “choque de civilizaciones”).

                  En segundo lugar, como consecuencia necesaria de este compromiso, Europa debe organizarse e imponer reglas y regulaciones claras. El control estatal de la corriente de los refugiados debe reforzarse mediante una red administrativa vasta que abarque la totalidad de la Unión Europea (para evitar barbaridades locales como las de las autoridades de Hungría y Eslovaquia). Los refugiados deben ser reasegurados de su seguridad, pero también debe quedar en claro que ellos tienen que aceptar el lugar para vivir adjudicado por las autoridades europeas, además de que tienen que respetar las leyes y normas sociales de los estados europeos: ninguna tolerancia a la violencia religiosa, sexista, o étnica en ningún lado, ningún derecho a imponer a los demás la propia forma de vida o religión, el respeto a la libertad de cada individuo para abandonar sus / sus costumbres comunales, etc. Si una mujer opta por cubrir su rostro, su elección debe ser respetada, pero si no opta por no cubrirlo, su libertad tiene que ser garantizada. Sí, tal conjunto de reglas secretamente privilegia la forma de vida de Europa Occidental, pero es un precio por la hospitalidad europea. Estas reglas deben ser claramente expresadas y aplicadas, por medio de medidas represivas (contra los fundamentalistas extranjeros, así como en contra de nuestros propios racistas antiinmigrantes) si es necesario.

                  En tercer lugar, tendrá que inventarse un nuevo tipo de intervenciones internacionales: intervenciones militares y económicas que evitarían trampas neocoloniales. ¿Qué pasa con las fuerzas de la ONU garantizando la paz en Libia, Siria o el Congo? Los casos de Irak, Siria y Libia demuestran cómo el tipo incorrecto de la intervención (en Irak y Libia), así como la no intervención (en Siria, donde, bajo la apariencia de la no intervención, los poderes externos de Rusia a Arabia Saudita están totalmente comprometidos) terminan en el mismo punto muerto.

                  En cuarto lugar, la tarea más difícil e importante es un cambio económico radical que debería abolir las condiciones que generan refugiados. La causa última de la llegada de los refugiados en sí misma es el capitalismo global actual y sus juegos geopolíticos, y si no lo transformamos radicalmente, los inmigrantes procedentes de Grecia y otros países europeos se unirán pronto a los refugiados africanos. Cuando yo era joven, tal intento organizado para regular commons era llamado comunismo. Tal vez, deberíamos reinventarlo. Quizás sea, a largo plazo, nuestra única solución.

                  ¿Es todo esto una utopía? Tal vez, pero si no lo hacemos, entonces estamos perdidos.

                  * Filósofo y crítico cultural. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año. Traducción: Celita Doyhambéhère.

                  Página/12 :: El mundo :: La inexistencia de Noruega
                  Argentinos conscientes y cansados de la penosa realidad que vive hoy nuestra Nación. Nos organizamos contra la vieja entrega, la degradación social, la ausencia del estado y la indiferencia de la mayoría de la gente. Formamos un Movimiento decidido a recuperar la Soberanía en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En total oposición al Sistema, con ferviente patriotismo y valores nacionales.

                  Comentario


                  • Re: Los problemas en Europa

                    "Por lo tanto no tenemos que buscar la vida miserable de los nuevos esclavos muy lejos, en los suburbios de Shanghai (o en Dubai y Qatar) e hipócritamente criticar a China –la esclavitud puede estar aquí, en nuestra casa, simplemente no la vemos (o, más bien, fingimos no verla)."

                    Si claro, en los talleres de costura clandestinos que lamentablemente abundan en la Capital Federal.

                    Comentario


                    • Re: Los problemas en Europa

                      ¿Estará hablando en serio este señor Zizek?, ¿comunismo a estas alturas?, ¿supuestamente el capitalismo ya se cumplió y hay que pasar a la siguiente fase entonces?

                      Realmente es interesante cómo el autor hace las del pato pues el problema no es el capitalismo en sí mismo (como concepto) sino las repetidas acciones ilícitas de las corporaciones a la vista y paciencia de las autoridades de sus respectivos países a pesar de la existencia de leyes contra actos delictivos en el extranjero, lo cual se escapa de cualquier modelo socioeconómico. Si se viola la Ley y el funcionario a cargo de atajar esta conducta se hace el papo (por una módica comisión) entonces no es cosa de socialismo, capitalismo, comunismo ni ningún otro "....ismo": eso se llama afán de lucro desmedido, crueldad y corrupción.

                      Por eso el tema no se va a resolver, simplemente porque la plata que está de por medio y los intereses estratégicos que se juegan son mucho más poderosos que el número de muertos que dejan, porque los muertos los ponen otros países (¿qué pasaría los cinco millones de muertos fueran norteamericanos o españoles?) y porque las corporaciones psicópatas y los funcionarios ciegos vienen del mismo país que envía su embajador a la ONU, mil gurúes y dos mil ONG's a hablar y a hablar acerca de las barbaridades y las calamidades de esos países en desgracia.

                      Cuando el tipo de enfrente es juez, jurado y verdugo, no hay quién se salve.

                      Saludos

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                      • Re: Los problemas en Europa

                        Estimado el problema es que las corporaciones hoy pesan mas que los estados, entonces sol los que imponen las reglas de juego.-
                        Argentinos conscientes y cansados de la penosa realidad que vive hoy nuestra Nación. Nos organizamos contra la vieja entrega, la degradación social, la ausencia del estado y la indiferencia de la mayoría de la gente. Formamos un Movimiento decidido a recuperar la Soberanía en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En total oposición al Sistema, con ferviente patriotismo y valores nacionales.

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                        • Re: Los problemas en Europa

                          Interesante artículo de Arturo Pérez-Reverte sobre los problemas de Europa con las migraciones con una lúcida analogía con lo que le sucedió al imperio Romano con los godos. Recomiendo su lectura.
                          Los godos del emperador Valente
                          XLSemanal - 13/9/2015



                          En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.

                          Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.

                          Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.

                          A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.

                          Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.

                          Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual. Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar.

                          La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.
                          RCTAN8
                          "Vis pacem, para bellum"
                          "Proeliis parta sunt, ferro et viribus, sed bella parta caput"
                          (Las batallas se ganan con espadas y fuerza, pero las guerras se ganan con la cabeza, Publio Cornelio Escipión)

                          Comentario


                          • Re: Los problemas en Europa

                            Otra visión del mismo problema. Esta vez de Giovanni Sartori, un destacado académico italiano que ha publicado un nuevo libro con un sugestivo título: «Los musulmanes de tercera generación odian a Occidente». Del presente artículo me impactó muy especialmente el siguiente pensamiento: "Sartori critica el empeño de Occidente por exportar la democracia a algunos países árabes, con el resultado del fracaso de las «primaveras árabes»: «La democracia no es exportable, sobre todo en los países islámicos, porque sus regímenes son teocracias fundadas sobre la voluntad de Alá, no sobre la voluntad del pueblo. Dios y pueblo son dos principios de legitimidad opuestos».

                            Les copio el artículo publicado en ABC:
                            El politólogo italiano Giovanni Sartori

                            «Estamos viviendo una guerra de religión. Y yo digo que a la guerra se responde con la guerra, no con asambleas como hacen en las Naciones Unidas, que yo llamo desunidas». Así de rotundo se muestra el más brillante politólogo italiano, Giovanni Sartori (Florencia, 1924), profesor de asombrosa cultura, considerado uno de los máximos expertos en ciencia política. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005), acaba de publicar «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro», una especie de manual de supervivencia que viene a enriquecer su producción de 35 libros traducidos en todo el mundo. Para combatir el calor del verano en Roma, el profesor, que se autodefine como liberal moderado, se refugió en un pueblo toscano, donde conversó con ABC.

                            «Occidente y sus valores están en peligro», advierte Sartori, quien considera que «la guerra a la que asistimos es inédita, con cuatro características: terrorista , global, tecnológica y religiosa». «El extremismo islámico crece porque atrae a jóvenes de todo el mundo y su fuerza deriva de que se alimenta de fanatismo religioso. La guerra terrorista del EI es de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recordaba. Es secundario el componente militar. Solo se gana si sabemos reaccionar y no dudamos de nuestros valores y de nuestra civilización ético-política».

                            Cree el profesor Sartori que «Occidente no está dando la respuesta adecuada al EI» y desconfía de la capacidad de liderazgo de Barack Obama, al que se refiere con cierta ironía recordando que en sus años de profesor en Columbia, donde estaba inscrito el hoy presidente norteamericano, impartía dos cursos que hubieran sido «muy importantes para él, uno sobre teoría de la democracia y otro sobre el método y el lenguaje en política, pero no asistió a mis clases». Y con una sonrisa añade: «Si hubiera seguido mis cursos no habría hecho tantas estupideces». Sartori critica el empeño de Occidente por exportar la democracia a algunos países árabes, con el resultado del fracaso de las «primaveras árabes»: «La democracia no es exportable, sobre todo en los países islámicos, porque sus regímenes son teocracias fundadas sobre la voluntad de Alá, no sobre la voluntad del pueblo. Dios y pueblo son dos principios de legitimidad opuestos».

                            No solo es crítico con Obama, también con los lideres europeos «porque demuestran que comprenden poco y mal lo que está sucediendo en Europa». La ampliación de la UE a 28 países no le gusta: «Ha sabido expandirse, pero no es capaz de hacer una buena gestión», dice, explicando que «Europa ha sido concebida como una entidad sin defensas económicas y, por tanto, fácilmente conquistable». Sartori considera ridículo el intento de algunos países europeos de construir muros para defenderse de los inmigrantes y se muestra especialmente duro con la política sobre inmigración de la UE: «La gran sorpresa ha sido que los musulmanes de tercera generación no solamente no se han integrado, sino que son los más rebeldes, porque no tienen trabajo, el Islam fanático los atrae y odian a Occidente. Europa creyó que esos inmigrantes serían integrados en la tercera generación, como ocurrió en Estados Unidos. Pero allí eran todos de procedencia europea y con la misma religión».
                            RCTAN8
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                            Comentario


                            • Re: Los problemas en Europa

                              La verdad es que es muy interesante intentar entender lo que está pasando en el mundo en general y en especial en el medio oriente. Debo estar poniéndome muy senil porque me cuesta entender lo que quiso decir Arturo Pérez-Reverte. Probablemente me quede con su última reflexión: "..La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene...." porque seguramente el punto de partida para poder adiestrar a los jóvenes para afrontar con lucidez, valor, humanidad y sentido común, es entender al otro. La tan necesaria humanidad en el trato entre civilizaciones que seguramente hubiera evitado tantas guerras.

                              Respecto a Giovanni Sartori me parece de una posición extrema, quizás sea correcto combatir la guerra con la guerra, pero soy pacifista por naturaleza y me niego aceptar esta conclusión. Sí creo que la humanidad occidental tiene que entender que nos enfrentamos a una fuerza donde se mezcla la religión, con la desesperanza de los habitantes de muchos pueblos, lo que les lleva a creer solo en la solución armada y el terrorismo. No creo tampoco que el terrorismo se combata con terrorismo.

                              En lo que si estoy de acuerdo con Sartori es que occidente no ha sabido interpretar a a la cultura árabe, en sus diferentes concepciones religiosas. Y este es un conflicto que viene de muchos siglos y que hoy está aflorando, despertando de un letargo que por diversas razones se mantuvo dormido.

                              Es complicado el tema y muy difícil de compatibilizar si es que se parte de que el punto de partida es la desaparición del otro, cualquiera sea la parte que lo diga. ¿ Cuesta tanto entender que todos somos seres humanos ?

                              Comentario


                              • Re: Los problemas en Europa

                                Estimados RCTAN y Planeador muy buena la cita y el comentario. Quizas no haya que ir tan lejos, porque muchas veces las diferencias sobre como se estructura el poder en una sociedad no depende tanto de la religión, sino de tradiciones, costumbres, sistemas de producción, etc.-
                                Sin ir mas lejos, Rusia jamás será una democracia en los términos occidentales, y sin embargo el pueblo Ruso no ven mal el sistema político que construyeron.-
                                Es muy probable que tampoco lo será China cuando abandone el sistema de partido único.-
                                Argentinos conscientes y cansados de la penosa realidad que vive hoy nuestra Nación. Nos organizamos contra la vieja entrega, la degradación social, la ausencia del estado y la indiferencia de la mayoría de la gente. Formamos un Movimiento decidido a recuperar la Soberanía en todos los ámbitos de nuestra sociedad. En total oposición al Sistema, con ferviente patriotismo y valores nacionales.

                                Comentario

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