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Reflexiones sobre el gasto militar

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    El gasto militar: Reflexiones sobre un tema complejo


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    El tema del gasto militar es uno que fácilmente logra consensos entre los políticos y también entre la población.


    Esa coincidencia suele plasmarse en términos como "gasto improductivo e innecesario" o "¿cuál es la razón del mismo cuando no hay amenazas en el horizonte?".


    Quienes siguen esta columna en NuevaMayoria.com, saben bien que el autor de la misma no es economista, y que su punto focal son los temas de la defensa y la geopolítica. Sin embargo, hemos decidido dedicar esta nota este tema que está plagado de esterotipos, aproximaciones simplistas y no poca liviandad a la hora de efectuar apreciaciones en relación al mismo.

    Nuestra mirada no estará colocada en los números relativos al mismo, sea en su relación al PBI o bien al presupuesto que anualmente se dedica al mismo, sino que trataremos de aportar reflexiones sobre las implicancias del mismo desde el punto de vista de la política general de un país.

    Pues por más que en ciertas realidades esto no sea comprendido, la defensa es una cuestión de la política, pues esta última se sirve de la primera y de otros medios para la consecución de sus fines. En modo alguno la defensa es un tema exclusivo de los militares.

    Ellos son a su vez uno de los medios de los que a su vez la defensa se sirve para atender las necesidades de la política. Y esta mirada, tan clásica, nos atreveríamos a decir rayana en lo básico, sigue teniendo plena vigencia en el Siglo XXI.

    Tal como venimos mencionándolo en diferentes trabajos previos, el estado en nuestra perspectiva, pese a todas las limitaciones y los intentos de crear instituciones supranacionales que los contengan; mantiene la calidad de actor principal en los asuntos de seguridad y defensa internacionales. Y en ese ámbito, los intereses, aun entre países que se ven como amigos, se contraponen en no pocas ocasiones.

    Esa contraposición de visiones e intereses puede que siempre se intente que se canalice por la vía de las negociaciones y la diplomacia. Ello es muy bueno y sin dudas deseable. Lamentablemente, tal búsqueda del diálogo como medio de salvar diferencias suele requerir no solamente de la voluntad pacífica de un actor sino que los dos la posean en un grado semejante; y la historia está plagada, y el presente Siglo también lo está de actores estatales y no estatales que están poco o nada dispuestos a resolver sus asuntos por medios pacíficos.

    Cuando ello sucede, existirán opciones: Aceptar lisa y llanamente la imposición del otro o buscar emplear las herramientas de la defensa de manera que coadyuven a lograr una solución aceptable.

    Si el lector es partidario de la primera opción, sea por profundas consideraciones que lo lleven a rechazar siempre el uso o la amenaza de la fuerza, creemos que puede dejar de seguir leyendo lo que más adelante escribiremos. Nada de lo que allí plasmemos podrá servirle, pues no pretenderemos influir en un cambio de postura sobre la cual tiene todo el derecho de creer que es la mejor. Si por el contrario, el lector considera que hay ciertos límites en que las situaciones se tornan inaceptables y requieren de alguna forma de interacción de la defensa en encontrar una solución a las mismas, en ese caso lo que sigue puede posiblemente ayudarlo a entender las implicancias que presupuesto y defensa poseen.

    Quisiéramos empezar expresando que todo lo relacionado con el presupuesto de Defensa está originado en una decisión de orden político. Esa disposición, es decir la manifestación de cuanto se está dispuesto a gastar en el rubro dedicado a esta área dependerá de muchos factores, entre ellos:

    •La situación estratégica de la región donde el país actúa.

    •La percepción de riesgos que pudieran afectar sus intereses generales y los vitales de la nación.

    •El nivel de interacción que en los asuntos globales relacionados con la seguridad y defensa el país vislumbre necesario cumplir.

    • La visión de largo plazo que la elite política posea.

    Todas estas circunstancias se encontrarán en la base de la decisión que se tome respecto al nivel de gastos a dedicar al área de Defensa. Decisión y gastos que tienen algunas particularidades que los distinguen de otros que puede llevar adelante una administración. Veamos:

    • Se hace para alcanzar un bien, el disponer de un instrumento militar apto para ejercer la violencia, que se espera no tener que emplear y que en no pocos casos resulta harto complejo de definir escenarios donde el mismo sea requerido; esto último fundamentalmente para la porción de la ciudadanía alejada de las cuestiones más complejas de un estado.

    • El gasto en defensa, los bienes físicos a adquirir y los niveles de capacitación necesarios para crear junto a los mismos la posibilidad de contar con una herramienta eficiente ante una crisis son tan onerosos, que resulta en la práctica muy difícil para la mayoría de las naciones, sino todas ellas, disponer de un instrumento militar que este apto para accionar en todas las circunstancias que pudieran presentarse. Ello hace que se requiera de previsiones muy fundadas y realistas, que pongan el acento en aquellas capacidades críticas necesarias para asegurar al país contar con un sistema flexible y en condiciones de ocasionar daños importantes en caso de emplearse; aunque asumiendo de antemano que esas capacidades podrán ser desarrolladas bajo circunstancias muy específicas y no se puede pretender que con ellas se atiendan otras muy distintas. Concretamente: El instrumento militar no puede prepararse para afrontar un número infinito de eventualidades, sino limitarse a algunas que la política, a través del planeamiento estratégico debe considerar.

    Las características antes mencionadas, tornan casi inasible para muchos políticos el encontrar las ventajas de enfrentar los gastos de defensa toda vez que ellos se aplicarán a un bien que se desea nunca emplear, que incluso es muy complejo poder imaginar las circunstancias en que su empleo podría darse, y que además aún su aplicación no es en sí misma una que provea garantías de resultado. Más bien pareciera que el recurso militar presenta algunas opciones al decisor político en tiempo de crisis, pero no promete resultados.

    En un escenario como el descripto, la tentación de evitar todo gasto relevante en el área de defensa aparecerá fuertemente, pues ofrece muchas ventajas, difíciles de no ser aprovechadas; y que básicamente se resumen en que se puede disponer de dinero para ser empleado en acciones que puedan ser percibidas por los ciudadanos como útiles por sus efectos inmediatos. Pero aún en esa circunstancia, será necesario dar una mínima explicación de la falta de inversión en la defensa, y debe ser una que al menos tenga cierto valor de credibilidad para la ciudadanía que como antes expresáramos se encuentra alejada de esas temáticas. Hay varias herramientas discursivas a las que apelar, y entre ellas figuran:

    • Evidenciar que existen necesidades muy urgentes que tienen mayor prioridad que los gastos en defensa.

    • Se puede hacer mención a que se pone el acento en la solución pacífica de cualquier controversia presente o futura, por lo que la apelación al uso de la fuerza queda descartado, y ello es presentado como una oportunidad de destinar a fines más valiosos a recursos que en otro caso hubieran sido dispuestos de ser aplicados sobre un gasto que se presenta como innecesario.

    • Se puede también apelar a que no se perciben amenazas que afecten los intereses vitales del mismo, y por lo tanto en ese marco no tiene lógica el gastar en defensa.

    También se puede tomar la decisión de disolver el instrumento militar de la defensa, suprimiendo directamente todo gasto en el mismo o si tal medida pudiera aparecer como extrema, existirá el recurso de convertir al instrumento militar en una suerte de gigantesca organización de ayuda humanitaria, aprovechando sus capacidades organizativas y para la administración de recursos en circunstancias críticas, a fin que estas organizaciones tengan como su centro de actividad el atender catástrofes naturales o antrópicas, sea en el país o bien en ciertas circunstancias en el exterior.

    Como hemos visto hasta aquí, existen varias razones que pueden llevar a encontrar fundamentos no menores a la aplicación de recursos económicos al área de defensa. Pero también, y como en no pocos órdenes de la vida, existen otras miradas sobre el gasto en defensa. Ellas tienen fundamentos diferentes, y en general están basados en ciertos hechos que hasta el presente aparecen como una constante. En nuestra mirada ellos son:

    • No existe instancia supranacional alguna que detente un poder real y oportuno para dirimir asuntos donde intereses vitales de los estados puedan estar en juego. Los mecanismos existentes, poseen procesos de aplicación de sus normas que en la mayoría de los casos son extremadamente prolongados, y además por lo general apenas alcanzan el nivel de declaraciones carentes de la capacidad de imponerse sobre los intereses en pugna.

    • No hay ningún estado en la Tierra, absolutamente ninguno, que tenga asegurado su continuidad histórica.

    • Por más que un estado declare que no apelará a la fuerza en la resolución de sus problemas, ello no es una garantía que en circunstancias especiales, otro estado o un grupo de ellos si decidan recurrir a la fuerza para imponer su visión sobre una diferencia con ese estado que declama su no empleo de la fuerza.

    Parece haber una correlación entre el logro del desarrollo socio-económico y simultáneamente retener una capacidad militar que no solamente pueda ser empleada en situaciones críticas de amenazas sino que la misma es empleada por lo general configurando diferentes coaliciones en asuntos que hacen a la seguridad internacional. Ello puede que se haga en el marco de operaciones de paz o bien en otros multilaterales que por lo general se organizan ad hoc ante una crisis internacional.

    Cuando se toma consciencia de estas circunstancias, la política por lo general busca alcanzar una solución que compatibilice las faltas de garantías que se acaban de mencionar con las necesidades más inmediatas de la administración estatal. Cuando ello ocurre, se busca que los recursos que se dedicarán a la defensa apunten a estos objetivos:

    • Desarrollar y mantener una fuerza militar mínima, compatible con las posibilidades de gastos del estado, pero que posea y mantenga a lo largo del tiempo capacidades eficientes en el uso de la fuerza letal.

    • Fomentar a nivel político un sistema colectivo de defensa que permita afrontar contingencias de crisis en situaciones de mayor ventaja, al tiempo que por esa vía se reducen las eventualidades del empleo del recurso militar en casos de conflicto con esos actores.

    • Lograr que esa fuerza militar posea un alto nivel de capacidad para interactuar con otras fuerzas militares, de manera de poder potenciar sus capacidades al integrar las que ellas poseen con las de esas otras fuerzas. Ello no solamente contribuirá a contar con mayores capacidades en caso de una crisis, sino que en sí mismo funcionará como un limitante en los gastos a efectuar, toda vez que al lograrse la integración con esos otros actores se reduce la necesidad de adquirir capacidades mayores, las que lógicamente se requerirían si todo dependiera de lo que el propio poder militar tuviera que aportar en caso de crisis.

    • Contar con una parte del instrumento militar que posea capacidades de proyección más allá de sus fronteras. Esta porción de la fuerza militar, relativamente pequeña y disponible en todo tiempo, será la que se empeñe en todo evento internacional donde el país desee evidenciar su presencia como un actor activo en los asuntos de seguridad internacional.

    El tema del gasto en defensa será siempre motivo de discusión en cualquier nación, en la medida que decida poseer un instrumento militar creíble. Las tensiones siempre persistirán. Básicamente entre un estamento militar y el político próximo a su agenda por pugnar por la mayor cantidad de recursos. Siempre se alegará que existen capacidades vacantes en el inventario del instrumento militar de la defensa. Por otro lado, las urgencias del día a día y en ciertas ocasiones las especulaciones de cortísimo plazo tendrán también demandas de recursos y la defensa es un sector donde fácilmente se pueden encontrar razones para recortar gastos sin que el gran público presente objeciones. Quien debe mediar en esa puja es la visión del hombre de estado. La mirada que tenga la suficiente amplitud para encontrar el equilibrio entre el presente próximo y no pocas veces apremiante. Y el futuro, que luce poco concreto, casi difuso. El primero requiriendo acciones que resuelvan el aquí y ahora. El segundo reclamando herramientas flexibles para casos no deseados pero tampoco imposibles de acontecer.

    Quizás los países Nórdicos sean un modelo de lo que estamos mencionando. En ellos el nivel de vida de la población es muy bueno, en la casi totalidad de los parámetros que miden el mismo. Esas naciones por lo general, tienen miradas mas bien de favorecer aproximaciones pacíficas a la solución de diferendos internacionales y en no pocos casos están en la vanguardia de posturas que hacen a las integración de minorías y el fomento de las diversidades culturales.

    Y simultáneamente, mantienen capacidades militares modernas y eficientes. Con un elevado nivel de integración con sus vecinos, logrando crear una sinergia con potencialidades de asestar un duro golpe a un agresor en una crisis, mientras simultáneamente se muestran como activos participantes en los asuntos relativos a la seguridad internacional.

    La defensa no puede ser un lastre para el desarrollo de un país. El ejemplo de la ex Unión Soviética o la actual Corea del Norte son buenos para evidenciar que un poder militar excesivo es logrado generalmente a costa del nivel de vida de la población.

    Por otro lado, estados que carecen de defensa alguna, tampoco aparecen en posiciones de privilegio de desarrollo humano. Los países más desarrollados del planeta, aquellos a los cuales millones de personas pugnan por acceder de manera legal o ilegal para encontrar condiciones que mejoren su calidad de vida, cuentan también cada uno de ellos con sistemas de defensa que están en relación con sus capacidades económicas. Muy posiblemente hagan esto por percibir aquellas condiciones de inseguridad que el mundo plantea.

    Comprender las características del gasto en defensa, colocando a las mismas en una perspectiva en sintonía con el desarrollo del país, junto con una mirada prudente sobre el futuro; sean las claves para evitar oscilar entre dos concepciones absurdas: el armamentismo y la carencia de defensa.


    Guillermo Laferriere (Nueva Mayoría)
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