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Los problemas de Estados Unidos

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  • Re: Los problemas en norteamerica

    Los planes de un Gobierno Clinton

    No basta con derrotar a Trump; la candidata demócrata necesitará de un Congreso favorable a su ambiciosa agenda

    EL PAÍS - PAUL KRUGMAN - 15 OCT 2016 - 00:00 CEST
    Esto todavía está lejos de acabarse, pero, como dicen los analistas especializados en temas de información secreta, es muy probable que Hillary Clinton gane estas elecciones. Los modelos basados en sondeos situaban sus opciones en torno al 90 % a principios de esta semana (y eso, antes de que la campaña se volviese no apta para menores).

    Pero ¿qué será capaz de lograr realmente nuestra primera mujer presidenta? Eso depende de lo grande que sea la victoria que obtenga. No me refiero a la magnitud de su “misión”, que no significa nada: a juzgar por los años de gobierno de Obama, los republicanos se opondrán a todo lo que Clinton proponga, por muy derrotados que salgan. La pregunta, más bien, es qué pasará con el Congreso.

    Piensen, primero, en las consecuencias de una victoria por la mínima: Clinton se convierte en presidenta, pero los republicanos se aferran a ambas cámaras del Congreso. Una victoria así no sería insignificante. Evitaría la pesadilla de una presidencia de Trump y también bloquearía el programa radical de privatización y bajada de impuestos que Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, ha dejado claro que impondrá si Trump se las arregla para ganar. Pero dejaría poco margen para acciones positivas.

    Las cosas serían muy distintas si los demócratas reconquistaran el Senado. Según los modelos basados en sondeos, la probabilidad de que eso ocurra es de solo el 50 %, pero quienes apuestan sobre las elecciones les dan muchas más posibilidades, dos o tres contra uno. Ahora bien, ni siquiera un Senado demócrata posibilitaría que Clinton aprobase leyes si en la Cámara se topa con una mayoría republicana de un obstruccionismo implacable. No obstante, le permitiría colocar a alguien en el puesto del Tribunal Supremo que quedó vacante tras la muerte de Antonin Scalia.

    Esto tendría enormes consecuencias, en especial para la política ambiental. Durante sus últimos años en el cargo, el presidente Obama ha dado un gran impulso a las medidas medioambientales recurriendo a sus poderes normativos; por ejemplo, haciendo mucho más estrictas las normas de emisiones de los camiones pesados. Pero la pieza más importante de su programa —el Plan de Energía Limpia, que reduciría en gran medida las emisiones de gases de efecto invernadero de las centrales eléctricas que funcionan con carbón— está parada actualmente, a causa de una suspensión impuesta por el Tribunal Supremo. La conquista demócrata del Senado eliminaría ese obstáculo.

    Y tengan presente que el cambio climático es, con creces, el problema más importante al que se enfrentan Estados Unidos y el mundo, aunque por alguna razón, la gente que escoge las preguntas de los debates presidenciales se niegue a sacarlo a colación. Dicho de forma bastante simple: si los demócratas conquistan el Senado, tal vez tomemos las medidas mínimas necesarias para evitar una catástrofe; si no lo logran, no las tomaremos. ¿Y qué hay de la Cámara de Representantes? Todos, y subrayo lo de todos, los logros legislativos del Gobierno de Obama tuvieron lugar durante el periodo de dos años en el que los demócratas controlaron las dos cámaras del Congreso. ¿Puede volver a suceder?

    Hasta hace unos días, la probabilidad de que la Cámara cambiase de manos parecía baja, aun cuando, como ahora parece casi seguro, los candidatos demócratas obtengan en total más votos que los republicanos. Ello se debe, en parte, a que los gobiernos estatales controlados por el Partido Republicano han emprendido una campaña de manipulación de las circunscripciones generalizada y, en parte, a que las minorías, que votan mayoritariamente al Partido Demócrata, se encuentran agrupadas en un número relativamente pequeño de distritos urbanos.

    Pero una victoria de Clinton lo bastante amplia podría cambiar la situación, sobre todo si las mujeres de clase acomodada dan la espalda a un Partido Republicano que se ha convertido en el partido de los sobones. Y eso permitiría a Clinton sacar adelante un programa mucho más ambicioso. En qué consistiría ese programa no tiene mucho misterio. No sé por qué hay tantos expertos que afirman que Clinton carece de una visión para Estados Unidos, cuando de hecho ha proporcionado una cantidad poco habitual de detalles en su página web y en sus discursos.

    En términos generales, reforzaría considerablemente la red de seguridad social, sobre todo en el caso de los niños y las personas muy pobres, haciendo hincapié en asuntos relacionados con la familia como la baja por maternidad o paternidad. Esos programas costarán dinero, aunque no tanto como afirman los detractores; Clinton propone, y es verosímil, recaudar ese dinero subiendo los impuestos a las rentas más altas, de modo que el resultado general sería una reducción de la desigualdad.

    El control demócrata de la Cámara también abriría la puerta a las inversiones a gran escala en infraestructura. Si resultase factible, sé que muchos economistas progresistas —entre los que me incluyo— instaríamos a Clinton a ir mucho más allá de lo que ahora propone.

    Si todo esto les suena a una segunda ronda de lo que hizo el presidente Obama en 2009-2010, es porque lo es. ¿Y por qué no? A pesar del obstruccionismo republicano, durante el mandato de Obama ha aumentado notablemente el número de estadounidenses con seguro médico, se ha reducido considerablemente la pobreza y se han creado más de 11 millones de puestos de trabajo en el sector privado.

    En cualquier caso, la conclusión es que, si piensan quedarse en casa el día de las elecciones porque el resultado está asegurado, no lo hagan. Salvo una catástrofe política equivalente al impacto de un meteorito, Hillary Clinton será la próxima presidenta, pero la magnitud de su victoria determinará la clase de presidenta que pueda ser.

    Los planes de un Gobierno Clinton | Economía | EL PAÍS

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    • Re: Los problemas en norteamerica

      Donald Trump se estrella contra el muro del voto femenino

      Hillary Clinton consolida su ventaja en los sondeos a 24 días de las elecciones presidenciales

      EL PAÍS - MARC BASSETS - Washington 17 OCT 2016 - 06:13 CEST
      Si en Estados Unidos sólo votasen los hombres, como ocurría hasta 1920, el republicano Donald Trump sería el próximo presidente. La victoria sería aplastante e inapelable. Si sólo votasen las mujeres, Hillary Clinton ganaría con facilidad. La división por sexos a la hora de votar no es nueva, pero se ha acentuado en la campaña para las elecciones del 8 de noviembre, la primera en la que una mujer está en condiciones de llegar a la Casa Blanca. Las acusaciones por agresión sexual contra Trump, y sus comentarios machistas, han dañado sus aspiraciones.

      La sucesión de testimonios sobre el comportamiento sexista y quizá delictivo de Trump ha ido en paralelo, en la última semana, con un goteo de sondeos que reflejan una ventaja cada vez más sólida de Clinton. La demócrata aventaja con un 5,5% al republicano, según la media que elabora la publicación Real Clear Politics. Los sondeos publicados el domingo por The Washington Post y The Wall Street Journal confirmar la tendencia.

      Si Trump no amplía sus apoyos más allá de la base de republicanos fieles, lo tendrá difícil para ganar. Es posible, como ha escrito Nate Silver, el especialista en estadística que dirige la publicación 538, que “las mujeres estén derrotando a Donald Trump”.

      Los sondeos dibujan dos países distintos en función de si se observa el voto masculino o el femenino. Clinton saca una ventaja media de 15 puntos sobre Trump entre las mujeres, casi el doble de la que el presidente Barack Obama le sacó a su rival republicano Mitt Romney en las elecciones presidenciales de 2012. Entre los hombres, Trump obtiene 5 puntos más que Clinton. Romney le sacó siete a Obama.

      “Sin fanfarria, casi en silencio, América se ha convertido en feminocéntrica, y esto ha alcanzado su máxima expresión en la primera década del siglo XXI. Una mayoría no silenciosa de mujeres —desde jubiladas a miembros del baby boom a las generaciones X e Y— afrontan el desafío singular de remodelar la nación a su imagen, y al hacerlo están sacudiendo a cultura en su núcleo”, escribieron hace una década las estrategas electorales Celinda Lake y Kellyanne Conway en el libro What women really want (Qué quieren de verdad las mujeres). Conway es hoy la mano derecha de Trump y día a día la realidad que describía en el libro es su principal problema.

      Hombres y mujeres votan distinto en las presidenciales desde 1980, pero la ventaja de Clinton sobre Trump en el voto femenino supera los precedentes y puede acabar siendo la clave del resultado en noviembre. Si sólo votasen las mujeres, la demócrata lograría 458 de los 538 votos electorales en juego, y el republicano 80 (cada estado tiene asignado un número determinado de votos electorales: quien obtiene 270 o más es presidente).

      Según el sondeo de The Washington Post, Clinton aventaja a Trump entre el segmento clave de las mujeres blancas con título universitario, grupo que optó abrumadoramente por Romney hace cuatro años. Que, entre las mujeres blancas sin título universitario, Trump siga siendo el favorito muestra que la división no es sólo de género, sino también de clase social y nivel educativo.

      La difusión de una grabación de hace 11 años con comentarios lascivos de Trump y la avalancha de mujeres que han revelado episodios pasados de acoso sexual por parte de Trump agrava su problema con el voto femenino. El machismo —y no las declaraciones contra los inmigrantes hispanos ni los planes para discriminar a los musulmanes— puede acabar siendo el muro en el que se estrellen sus ambiciones.

      Los musulmanes representan un 1% de la población de EE UU. Los hispanos, un 17%. Las mujeres representan el 53% de votantes y, ya en pasadas elecciones presidenciales, algunos comentarios desafortunados —mucho más suaves que los de Trump ahora— costaron un precio a los candidatos que los pronunciaban.

      Hace cuatro años Romney dijo que, al buscar personas para su gabinete cuando era gobernador de Massachusetts, le presentaron “carpetas llenas de mujeres”. Se refería a las listas de candidatas. Estalló un pequeño escándalo: parecía que las convirtiese en objeto. El incidente fue una minucia al lado la grabación de Trump donde alardea de su capacidad para agarrar impunemente los genitales de las mujeres, una frase que él defiende como típica bravuconada de vestuario deportivo, pero que se ha interpretado como una incitación a la agresión sexual.

      La defensa del actual candidato republicano ante las mujeres que dicen haber sido acosadas por él ha consistido en denigrarlas —incluso en el aspecto físico— y aludir a conspiraciones internacionales para destruir su campaña y amañar las elecciones.

      Debate sobre el acoso

      Las palabras y supuestos actos de Trump han abierto una discusión nacional, uno de estos debates que colocan al país en el diván. En las oficinas, en los programas de televisión, en las redes sociales se rompen un tabú y se empieza a hablar de las situaciones cotidianas de hostilidad y agresión sexual.

      Ha ocurrido algo similar con el racismo en los años de Obama, cuando los casos de violencia policial contra negros han sacado a flote la opresión soterrada en la que viven muchos afroamericanos y ha confrontado a los blancos con la situación de privilegio en la que viven.

      No es casualidad que esto haya sucedido con el primer presidente negro en la Casa Blanca. No es pese a Obama, sino, en parte, debido a él que Estados Unidos discute sobre la pervivencia del racismo.

      Con Obama la herida racial ha quedado expuesta en carne viva. Con Trump es la herida sexista la que aparece bajo los focos intensos de la campaña electoral, y en toda su crudeza.

      Porque no ha sido Clinton, la primera mujer nominada por un gran partido, la que ha suscitado este debate. Al contrario, contrasta el escaso entusiasmo por la posibilidad de una mujer en la Casa Blanca con la emoción que rodeó la victoria en 2008 del primer negro.

      Lo que ha colocado el sexismo en el centro de la campaña electoral ha sido Trump, sometido desde hace diez días a una batería de acusaciones que recuerdan a la que hace unos meses afrontó el actor Bill Cosby. Cosby todavía no ha sido condenado pero el jurado de la opinión pública ya lo ha sentenciado. A Trump puede ocurrirle algo similar.

      Elecciones Estados Unidos 2016: Donald Trump se estrella contra el muro del voto femenino | Estados Unidos | EL PAÍS

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      • Re: Los problemas en norteamerica

        14 años secuestrado y preso sin causa ni proceso alguno, será liberado y devuelto a su país

        Muchas veces tocamos en el foro el tema cuando hablamos de que no solo en Venezuela ocurren casos de violación y falta de libertad, ¿Cuántos presos políticos y cuanta gente existe en Latinoamérica presas sin causas que lo justifiquen, sin acusación alguna, solo por aberraciones políticas y jurídicas, de la que los gobiernos y funcionarios de turno se aprovechan.
        Este es el caso de mauritano Mohamedou Ould Slahi, secuestrado en su país y dado por desaparecido por las autoridades en el 2002. Finalmente ahora aparece en Guantánamo 14 años después… Y aparece porque se sabe que finalmente el Gobierno de EE.UU. dio a publicidad que lo va a liberar por falta de pruebas y al no recibir en 14 años de investigación (¡¡¡ casi 15 años???), ninguna acusación que prueben un delito en su contra.
        Mohamedou Ould Slahi, ha abandonado el centro de detención estadounidense en Guantánamo (Cuba) tras pasar 14 años encarcelado sin haber sido acusado de ningún delito. Slahi es un icono del limbo legal y los abusos de Guantánamo desde que el año pasado publicara el primer diario de cautiverio de un recluso que seguía en el penal militar.
        Con la marcha de Slahi, quedan 60 detenidos en Guantánamo, un tercio de los cuales han sido autorizados a ser liberados si se encuentra un país que quiera acogerlos bajo un régimen inicial de libertad vigilada. A tres meses del fin de la presidencia de Barack Obama, la Casa Blanca mantiene la voluntad de cerrar el penal, como prometió el mandatario demócrata hace casi ocho años.

        Estados Unidos libera al cronista de Guantánamo | Estados Unidos | EL PAÍS

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        • Re: Los problemas en norteamerica

          Donald Trump: "Las elecciones están amañadas"

          EL MUNDO - PABLO PARDO - Corresponsal Washington
          ¿Qué puede hacer el candidato Donald Trump si, como señalan la totalidad de las encuestas, pierde las elecciones que se celebran justo dentro de tres semanas?

          Aparentemente, dos cosas: decir que le han robado las elecciones, y, después, lanzar una cadena de televisión. La primera opción equivale a desencadenar una crisis política sin precedentes desde que Estados Unidos celebró sus primeras elecciones en 1789. Es algo que lleva diciendo desde agosto, cuando dijo: "Sólo puedo perder Pennsylvania si hay fraude", y que ahora ha convertido en uno de los ejes de su campaña.
          Trump sólo dice en voz alta y a nivel nacional lo que el Partido Republicano lleva afirmando de manera indirecta y a nivel estatal desde hace años: que los demócratas hacen que las minorías voten más de una vez. Es algo de lo que no hay ninguna prueba. Pero, como argumento electoral, es impecable. El 72% (según el diario The Wall Street Journal) o el 73% (según Politico) teme que los demócratas roben las elecciones.

          Las denuncias de fraude de Donald Trump tienen una relación inversamente proporcional a su situación en las encuestas. Así que ahora es el momento para ello. El republicano se mantiene entre cuatro y seis puntos por detrás de su rival Hillary Clinton. Su debilidad es tal que podría perder en uno de los Estados más republicanos de EEUU, Arizona, y, además, Trump podría arrastrar consigo a un número suficiente de republicanos del Senado y de la Cámara de Representantes como para que los demócratas recuperen la mayoría en ambos cuerpos legislativos. Eso, claro está, si las encuestas aciertan.

          Así que Trump ha retomado el argumento de "si pierdo, es porque han hecho trampa". El domingo colgó en Twitter un mensaje afirmando: "Estas elecciones están totalmente amañadas por Hillary La Mentirosa y por los medios de comunicación... pero también en muchos colegios electorales. ES TRISTE".

          El sábado, en un mitin ante varios miles de personas en una explanada situada frente a un concesionario de coches en New Hampshire, dijo: "Vamos a derrotar a un sistema fraudulento; vamos a ganar unas elecciones amañadas". El público respondió con una ovación.

          En EEUU no hay un organismo a nivel nacional que cuente votos. De eso se encargan los Estados. Y, paradójicamente, los Estados están, en su mayor parte, controlados por republicanos, que hacen lo posible para suprimir el voto de las minorías. Eso incluye desde reducir los días en los que se puede votar hasta exigir documentos adicionales para ejercer el derecho del voto (hay que tener en cuenta que en EEUU se puede votar hasta enseñando el recibo de la luz).

          La cuestión es que la retórica de Trump es demasiado agresiva, lo que ha provocado el rechazo de la plana mayor republicana. Eso incluye hasta a su candidato a la vicepresidencia, Mike Pence, que, sin embargo, ha sido acusado por la revista Time de haber lanzado una investigación sobre presunto fraude electoral en Indiana, el Estado del que es gobernador, que en la práctica supone que 45.000 personas de raza negra no van a poder votar.

          Si Trump se niega a aceptar un eventual triunfo de Hillary Clinton abrirá una crisis institucional y política. En EEUU no existen partidos políticos a la europea, y aunque los líderes republicanos accedan a declarar vencedora a la candidata demócrata, el proceso quedará cuestionado. Además, muchos republicanos van a tener la tentación de tirar de oportunismo y aprovechar las críticas de Trump. Al fin y al cabo, ningún líder republicano -moderado o no- ha declarado de forma explícita e inequívoca que el presidente Barack Obama no ha nacido en Kenia.

          Pero, aunque pierda, los 56 millones de dólares (51 millones de euros) que Donald Trump se ha gastado en su propia campaña hasta la fecha podrían, así pues, proporcionarle un hermoso retorno financiero. Porque, según el diario Financial Times, está planeando lanzar su propio canal de televisión para monetizar su campaña. Si en algunos países la gente trata de lograr un cargo público para enriquecerse, Trump puede darle la vuelta a la tortilla y hacer que, precisamente, perder unas elecciones sea un negocio. De la política a la televisión. Silvio Berlusconi en estado puro, pero a la inversa.

          Según el Financial Times, que da datos concretos sobre algo que lleva meses siendo objeto de especulación, el yerno de Trump, y propietario de la revista New York Observer, Jared Kushner (el marido de Ivanka), está negociando con la boutique de banca de inversión LionTree el lanzamiento de un canal de televisión tras las elecciones.

          La campaña electoral de Estados Unidos ha sido definida a menudo como el mayor espectáculo del mundo. En 2016, sin embargo, podría ser el preámbulo de un show mucho mayor, con el candidato republicano Donald Trump como estrella y, al mismo tiempo, como empresario de éxito.

          Donald Trump: "Las elecciones están amañadas" | Internacional Home | EL MUNDO

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          • Re: Los problemas en norteamerica

            ¿Bush vs. Gore 2.0?

            Saludos

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            • Re: Los problemas en norteamerica

              Escucho las animaladas que dice día a día Trump y espero con ganas que gane, porque cada vez me queda menos duda que va a hundira EEUU por unas cuantas decadas. Vamos Trump tu puedes.
              Si quiere saber como amañar elecciones que vea en la historia de Argentina que va a aprender unas cuantas. jajajaja
              Slds.
              San Martin: "Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados"
              "Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas."
              Por algo siempre San Martin tendra mi respeto y el sentirme orgulloso de este gran hombre.
              General S. Patton: “El objetivo de la guerra no es morir por tu país. Sino asegurarse de que el otro bastardo muera por el suyo”
              V de Vendetta: "El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo".

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              • Re: Los problemas en norteamerica

                Recuerden que a find e cuentas, las elecciones en EU son cosméticas: gobierna el sistema, dominado por una plutocracia. Ni Trump ni Hillary pueden salirse de ciertas líneas. Y eso si quisieran, que ninguno de lso dos está en eso.
                Blog:
                El Tablero de Cronos

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                • Re: Los problemas en norteamerica

                  La discreta revolución de Barack Obama

                  EL PAÍS - DAVID GREENBERG - 28 OCT 2016 - 20:34 CEST
                  Los historiadores saben lo bastante como para no pronunciarse sobre el legado de un presidente antes de que abandone el cargo. La reputación cambia como cambian los acontecimientos y las condiciones y el criterio con los que se juzga a los líderes. Harry Truman era visto como un presidente fallido cuando dejó la Casa Blanca en 1953, y ahora se le considera un visionario de la Guerra Fría y un luchador en línea con la mejor tradición del new deal. Por otro lado, hoy casi nadie se acuerda de Calvin Coolidge, quizá el presidente del siglo XX que gozó de mayor popularidad durante su mandato.

                  Pero esta humildad frente a los quiebros de la historia no tiene por qué impedir que se haga un inventario tentativo. Cuando los presidentes se preparan para dejar el cargo es normal que todos echemos la vista atrás para ver qué cambios, buenos o malos, trajeron. Con Barack Obama, la cuestión de su legado es acuciante. De hecho, mientras ha viajado estos meses por el país instando al electorado a votar a Clinton, el propio Obama ha dicho que el futuro de su legado está en esas papeletas. Los votos a Hillary no solo indicarían el deseo de continuar impulsando las líneas que han guiado sus políticas; sino que la victoria de Clinton es necesaria para asegurar que muchos de los cambios emprendidos den sus frutos.

                  En los libros de historia, lo primero que se dice sobre Obama es que superó la barrera de la raza. Ocho años después de que llegara a la Casa Blanca, muchos estadounidenses son ya insensibles a este logro, especialmente porque la excitante conversación sobre una sociedad “posracial” —desde el principio totalmente ridícula— se disipó rápidamente. De hecho, las tensiones raciales en EE UU atraviesan su peor momento desde los tiempos de Reagan y George Bush padre. Las polarizadoras peleas políticas sobre la acción policial, el encarcelamiento y las trabas electorales de las minorías demuestran que lo que hace 70 años Gunnar Myrdal denominó “el dilema americano” sigue sin resolverse. Y, sin embargo, si lo vemos con una mirada más fresca, que Obama lograra obtener la confianza de los votantes no una, sino dos veces, pasará a la historia como un punto de inflexión.

                  En el terreno de las políticas implementadas, Obama ha sido menos memorable. A diferencia de Reagan o de Bill Clinton, no ha encarrilado el país en una nueva dirección. Reagan y Clinton cambiaron las reglas del juego, lograron alterar de forma fundamental el debate político. Desde el senador Warren Harding, Obama probablemente haya sido el presidente que llegó al cargo con menos experiencia. No tenía una visión clara y bien pensada de lo que quería hacer. Su campaña de 2008 iba sobrada de retórica que subía los ánimos, pero falta de análisis económico y político, y él no ha sido capaz de construir el tipo de gran visión que marca las grandes presidencias.

                  Seguro que se le reconocerá el mérito de haber guiado al país durante la Gran Recesión. Impulsó valientemente un plan enorme de recuperación económica, la regulación financiera y las ayudas a la vital industria automovilística. Que lo lograra, a pesar de la intransigente oposición republicana, redundará a su favor. Pero si la economía estadounidense no sigue mejorando en los próximos años, su primer año en la Casa Blanca podría ser recordado como una oportunidad perdida. Puede que en retrospectiva se considere que Obama fue tímido a la hora de enfrentarse a Wall Street en los primeros meses de su presidencia. Bajo la tutela del secretario del Tesoro, Timothy Geithner, decidió no arriesgarse a agitar los mercados financieros — que ya empezaban a recuperarse cuando asumió el cargo— y no persiguió la implantación de medidas más duras. Este fallo tuvo como efecto secundario que toda la energía populista se escoró a la derecha. En lugar de un revitalizado populismo económicamente liberal, su mandato ha presenciado el auge del llamado Tea Party, al reclamar la derecha su alianza con aquellos que quedaron rezagados en la recuperación y se frustraron ante la lentitud de los cambios.

                  Obama también será recordado por conseguir hacer realidad el viejo sueño de una sanidad universal —o casi universal— proporcionada por el Gobierno. La batalla por Obamacare supuso un enorme gasto de capital político, y aunque el programa sigue teniendo flagrantes problemas (notablemente, la incapacidad para controlar el coste de las primas de las aseguradoras), ha marcado un importante hito en la lucha para que la sanidad sea aceptada como un derecho y no como un privilegio. Para que el plan funcione, probablemente será necesaria una reforma más radical que permita a los ciudadanos contratar su seguro directamente con el Gobierno.

                  La política exterior será el área en que la presidencia de Obama será más duramente juzgada. La apertura con Cuba ha supuesto un paso adelante; el acuerdo nuclear con Irán será tildado de astuto o naïve, en función de cuándo o de si ese país sigue los pasos de Corea del Norte. En un plano estratégico más amplio, Obama quiso revertir la cruzada nacionalista e intervencionista emprendida por George W. Bush, cuyo máximo exponente fue la desastrosa guerra de Irak. Pero Obama corrigió el curso en exceso. Estaba tan decidido a evitar el reproche del público por enredarse en el exterior que se replegó demasiado, permitiendo que Oriente Próximo, en particular, se sumiera en el caos. No podemos especular “¿y si…?” o asegurar que una intervención más temprana y astuta en Siria hubiera evitado necesariamente la catástrofe humana que se vive en la región, pero sí podemos declarar como un fracaso la política de Obama. Además de las muertes, la destrucción y la aparición de una crisis de inmigrantes, al ser incapaz de defender las líneas rojas que él mismo había marcado, Obama le ha dado alas a Putin y a una Rusia que resurge. La agresividad de Putin en Ucrania y, más recientemente, su interferencia en el proceso electoral estadounidense en parte son resultado de la seguridad que tiene de que puede salirse con la suya. El próximo presidente tiene un buen lío que resolver, tan grande como el que George W. Bush dejó como herencia.

                  En el futuro, tanto sus admiradores como sus detractores encontrarán argumentos para discutir sobre si la presidencia de Obama ha sido un éxito o un fracaso. Cuál de esos juicios prevalecerá dependerá de acontecimientos imposibles de prever.

                  David Greenberg, profesor de historia en la Universidad Rutgers, es autor, entre otros libros, del recientemente publicado: Republic of Spin: An Inside History of the American Presidency (República del Spin: La historia de la presidencia americana)

                  Elecciones Estados Unidos: La discreta revolución de un presidente | Internacional | EL PAÍS

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                  • Re: Los problemas en norteamerica

                    Elecciones en Estados Unidos

                    Estados Unidos mide la fuerza en las urnas del populismo mundial

                    EL PAÍS - MARC BASSETS
                    El populismo que sacude las instituciones a ambas orillas del Atlántico libra su batalla decisiva el martes en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Una victoria del republicano Donald Trump, el magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad que ha sabido conectar con el malestar de la clase trabajadora blanca, significaría la caída en manos de un insurgente de la fortaleza más preciada, la Casa Blanca. Un novato de la política con un mensaje estridente entraría en la sala de mandos de la primera potencia mundial. Una victoria de la demócrata Hillary Clinton, una veterana de la política identificada con el establishment, daría claves sobre la manera de responder a los movimientos que cuestionan el sistema.

                    Estados Unidos, país que se enorgullece de su carácter excepcional, sintoniza a veces con las corrientes de fondo del resto del mundo y en particular de Europa. Ocurrió a principios de los años ochenta, cuando la victoria del republicano Ronald Reagan coincidió con el Gobierno en Reino Unido de la conservadora Margaret Thatcher. Ambos captaron el espíritu de los tiempos. Su revolución económica todavía define el campo de juego de las sociedades occidentales. La sintonía se repitió en los noventa, cuando en EE UU, Reino Unido y Alemania llegaron al poder políticos de la tercera vía, pragmáticos de centroizquierda que querían adaptar la socialdemocracia al mundo posterior a la caída del Muro de Berlín.

                    Las elecciones del martes son otro de estos momentos. Tras la Gran Recesión, que golpeó a las clases medias, EE UU y Europa vuelven a coincidir. Desde el voto a favor del Brexit al ascenso del Frente Nacional de Le Pen en Francia, desde la irrupción de Podemos en España y Syriza en Grecia al fenómeno Beppe Grillo en Italia o los avances de los contrarios a la inmigración en Holanda o Alemania, es la hora del populismo.

                    Estados Unidos, país que se enorgullece de su carácter excepcional, sintoniza a veces con las corrientes de fondo del resto del mundo y en particular de Europa. Ocurrió a principios de los años ochenta, cuando la victoria del republicano Ronald Reagan coincidió con el Gobierno en Reino Unido de la conservadora Margaret Thatcher. Ambos captaron el espíritu de los tiempos. Su revolución económica todavía define el campo de juego de las sociedades occidentales. La sintonía se repitió en los noventa, cuando en EE UU, Reino Unido y Alemania llegaron al poder políticos de la tercera vía, pragmáticos de centroizquierda que querían adaptar la socialdemocracia al mundo posterior a la caída del Muro de Berlín.

                    Las elecciones del martes son otro de estos momentos. Tras la Gran Recesión, que golpeó a las clases medias, EE UU y Europa vuelven a coincidir. Desde el voto a favor del Brexit al ascenso del Frente Nacional de Le Pen en Francia, desde la irrupción de Podemos en España y Syriza en Grecia al fenómeno Beppe Grillo en Italia o los avances de los contrarios a la inmigración en Holanda o Alemania, es la hora del populismo.

                    Para los estadounidenses, la palabra populismo no tiene connotaciones positivas ni negativas. No es progresista ni conservadora. Como sostiene el historiador Michael Kazin en The populist persuasion (La persuasión populista), más que una ideología es una retórica que define el terreno en términos de enfrentamiento entre los de abajo y los de arriba, el pueblo y las élites.

                    "Desde hace ocho años, en Estados Unidos para el 80% de personas los sueldos no han crecido. Solo el 20% de arriba ha experimentado crecimiento económico", dice en Washington a EL PAÍS Arthur Brooks, presidente del American Enterprise Institute y uno de los intelectuales de peso en la nueva derecha estadounidense. "Cuando pasan estas cosas, y durante tantos años, hay más populismo. Ha pasado muchas veces en Europa. De vez en cuando, en EE UU. Ya somos Europa. Tenemos un candidato como Le Pen o como Nigel Farage o Beppe Grillo o cualquier otro".

                    "Y cuando la gente tiene que esperar tanto [a la recuperación económica] llega un momento de frustración en el que aparece un político que tiene explicaciones", continúa Brooks. "Y dice: 'Yo te puedo explicar lo que está pasando aquí. Los inmigrantes vienen de México y te quitan el trabajo. O los chinos. O las guerras chupan el dinero del país'. No es verdad, pero la gente dice: 'Por lo menos hay alguien con explicaciones'".

                    Cuando Trump asegura que el sistema está amañado, o que existe un complot de los medios de comunicación, los bancos y oscuros intereses internacionales en su contra, apela a los agravios de sus votantes ante un establishment que creen que les da la espalda. Pero sus mentirosas teorías conspirativas reflejan, quizá involuntariamente, una realidad: a las élites —la prensa, Wall Street, los viejos jefes republicanos, los laboratorios de ideas, el aparato de defensa, grandes instituciones internacionales— les asusta la posibilidad de verle en la Casa Blanca.

                    Un nuevo Frente Popular

                    Una victoria de Trump y su nacionalpopulismo políticamente incorrecto supondría una derrota de estas Élites, una sacudida al sistema en el país con el que se mide, por emulación u oposición, el resto del mundo. Y sería una prueba de que las salvaguardas de los sistemas democráticos son insuficientes para impedir la llegada al poder de un político con un discurso demagógico y autoritario. Si puede ocurrir aquí, puede ocurrir en cualquier lugar.

                    También puede haber lecciones en una victoria de Clinton, como su coalición con las minorías raciales insultadas por Trump. O la alianza con el senador por Vermont Bernie Sanders, afín al populismo de izquierdas. Y otra lección: la unión transversal con los republicanos anti-Trump.

                    "Que tengas a republicanos de siempre como George H. W. Bush apoyando a Clinton, significa que debes construir una especie de Frente Popular, por usar este viejo término inspirado por los comunistas", dice Kazin, codirector de la revista socialdemócrata Dissent. "Lo que Hillary no ha hecho es impulsar un programa atractivo", añade. "Ha decidido: Haremos campaña contra Trump. Esto bastar· para ganaría. Habría podido convencer a personas de clase trabajadora si hubiera hablado más de universidades gratuitas, de aumentar el salario mínimo. Los partidos socialdemócratas deben recordar a la gente lo que les gusta sobre el orden socialdemócrata. Y si no lo hacen, de alguna manera merecen perder".

                    Si en el mayor momento de furia contra el establishment gana Clinton, enviará un mensaje: aunque el malestar esté aquí para quedarse, el sistema es capaz de resistir.

                    Elecciones USA 2016: Estados Unidos mide la fuerza en las urnas del populismo mundial | Estados Unidos | EL PAÍS

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                    • Re: Los problemas en norteamerica

                      Leí el primer parrafó y deje de leer.

                      "Una victoria del republicano Donald Trump, el magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad que ha sabido conectar con el malestar de la clase trabajadora blanca, significaría la caída en manos de un insurgente de la fortaleza más preciada, la Casa Blanca. Un novato de la política con un mensaje estridente entraría en la sala de mandos de la primera potencia mundial. Una victoria de la demócrata Hillary Clinton, una veterana de la política identificada con el establishment, daría claves sobre la manera de responder a los movimientos que cuestionan el sistema."

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                      • Re: Los problemas en norteamerica

                        El gran gancho de Trump con el electorado es la promesa de que todos los norteamericanos que se consideran tales, tendrán laburo que les ha quitado los grupos capitalistas que solo les interesa la mejor renta y por tal trasladan sus industrias fuera del país. Y a esta promesa es difícil sustraerse.

                        Es volver un poco a la post II guerra.

                        En fin, tampoco creo que le dejen hacer mucho mas que lo que defina el stablishment financiero aunque creo que si gana, se llevarán una sorpresa.

                        Hay que esperar.

                        Saludos

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                        • Re: Los problemas en norteamerica

                          Creo que si se diera lo que promete Trump, "nacionalizar la mano de obra"... chocaría de frente con dos realidades, primero que la mayoría de la mano de obra extranjera realiza trabajos necesarios para la economía de un país (recolección de fruta, trabajos domésticos, etc) que muchos "nacionales" se niegan a realizar...o por lo menos a realizarlos en los precios que se pagan... Ya pasó aquí en España, que todo es muy lindo y que "mas trabajo para los españoles"...Claro que eso no incluía meterse a esos invernaderos cubiertos de plástico con 50º de temperatura y podridos de humedad...eso que lo sigan haciendo los inmigrantes...
                          "Nacionalizar" ese tipo de trabajos puede costarle a EE.UU. muchos millones a su economía y ahí entran a "bailar" los empresarios que invocarán sus intereses...Y cuando algo no es rentable, todos sabemos que caminos eligen las grandes multinacionales, irse a otro país (como ocurrió en España con la industria de la ropa: India, Bangladesh, Birmania, Nigeria, El Salvador....)
                          El otro tema... ¿Soportará la actualidad socio-política de EE.UU. la vuelta a 1930/40, con el Ku-Klux-Klan, la persecuciones raciales en la cales del país..? ¿que harían si la nacionalización de la "mano de obra" deja en la calle a millones de inmigrantes (15 o 20 millones) ??? ¿instalan fábricas en sus países, los deportan, los encierran en campos de concentración...?
                          Cualquier sea la solución que encuentren a las medidas que Trump "dice" que va a tomar, crearían un terremoto económico y financiero en EE.UU inimaginable.... Por eso creo que es pura demagogia nacionalista, para captar votos, el es empresario y sabe y conoce mejor que nadie como piensan y como se ganan "billetes" en un país...

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                          • Re: Los problemas en norteamerica

                            Me parece muy certera su opinión, don Teo, y curiosamente Putin decía lo mismo hace unos días, que Trump no habla así ni dice lo que dice solo porque sí. De hecho, hay abundante investigación que desde varios ángulos demuestra que los inmigrantes son un estímulo para la economía y que los empleos no se van para el extranjero sino que están siendo reemplazados por equipo cada vez más automatizado.

                            Sería raro entonces (aunque no imposible pues uno nunca debe subestimar a los idiotas ya que estos son muy ingeniosos) que Trump, siendo empresario, no estuviera al menos mínimamente enterado de estas realidades así que, pues, habrá que darle el beneficio de la duda en este sentido. En el otro sentido, de que el tipo es un patán, no cabe ninguna duda.

                            Saludos

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                            • Re: Los problemas en norteamerica

                              Aunque las críticas a Trump son válidas, la verdad es que no veo por qué votar por Hillary sería menos hipócrita (populismo viene de popular).

                              ¿Acaso no hemos visto la campaña actual de EU, hipócrita y nauseabunda por ambos lados? El mayor ataque contra Trump fue un asunto sobre que un día dijo que con dinero los ricos y famosos conseguían fácil a las mujeres. La campaña de Hillary incluso llamó a una exmissuniverso a declarar.

                              En cambio la lucha de los pueblos originales en Dakota, donde se apresó a periodistas y se apartó a la gente con perros, nunca fue tema de camapaña.

                              ¿Cómo se defendió Hillary de las filtraciones que probaban cómo ella y el partido habían hecho fraude a Bernie Sanders? Acusando a Rusia de la filtración. No negando el hecho, sino que "todo es cupa de los rusos". Y que Trump es agente de Putin.

                              Los dos candidatos son igual de malos, y Hillary en particular es muy peligrosa internacionalmente, y Trump probablemente se busque más lios dentro de EU.

                              *****************
                              Mejor harían votando por la candidata del partido verde. No para que gane, sino para que avance. Total, cualquiera de los otros dos es pésimo.
                              Blog:
                              El Tablero de Cronos

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                              • Re: Los problemas en norteamerica

                                Concuerdo en todo Jhr cronos. Creo que a nosotros (o a la política internacional), le afectará muy poco quien va a ser el jefe de la Casa Blanca, como lo hemos visto desde siempre históricamente.
                                Muchas guerras ha librado EE.UU. y muchas tensiones han subido a límites casi de conflicto (como el caso del desembarco en Bahía de Cochinos) y todos los casos da lo mismo si el presidente es republicano o demócrata...Una cosa esta clara, EE.UU. desde Corea para aquí, simpre los conflictos tuvieron un común denominador..."divide y reinarás", ocurrió en Corea, en Vietnam, en Yogoslavia, en Checoslovaquia...Lo intentaron en Afganistan, en Irak, en Libia y en Siria...Siempre estuvieron del lado de los "divisores" y no de la unidad....Dividir un país en pequeñas republiquetas y quitarle fuerza para hacerlos mas dependientes y previsibles, es algo que lo han venido llevando a cabo las distintas administraciones, da lo mismo el color...

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