Curiosidades de un mundo en conflicto poco conocidas



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    La frontera que divide Rusia y EE.UU

    Dos islas en el estrecho de Bering, a una distancia de solo 4 kilómetros separan a Rusia de EE.UU.
    Son las Islas Diomedes donde el pasado, presente y futuro se juntan en medio de la niebla, los bloques de hielo, las temperaturas bajo cero y los gruñidos de los osos polares. A menos de cuatro kilómetros de distancia, la Grande es Rusia y la Pequeña es Estados Unidos, y además las divide la línea internacional del cambio de fecha. Dos mundos infinitamente diferentes.

    Las Diómedes mayor (Isla Ratmánov), pertenece a Rusia, y la isla menor (Isla Krusenstern), pertenece a Estados Unidos. En unos de sus puntos geográficos se encuentra la distancia mínima que las separa a solo 3,8 kilómetros.

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    Históricamente, ambas estuvieron pobladas por familias esquimales de Alaska, que llamaban a la Mayor Imaqliq y a la Menor Ignaluk y transitaban entre ambas sin mayores problemas. Y lo hacían incluso a pie, aprovechando el hielo que cada invierno las conectaba.

    En invierno, con las aguas que fluyen desde el mar de Chuckchi convertidas en un bloque sólido de hielo, se puede caminar de la una a la otra, hacer el recorrido en esquís o en moto de nieve, aunque teóricamente sea ilegal. Era habitual hasta después de la Segunda Guerra Mundial y el levantamiento del telón de acero, cuando las dos islas estaban pobladas por esquimales iñupiat, con frecuencia pertenecientes a las mismas familias.
    Con el nacimiento de la guerra fría y el aumento de tensiones entre los dos países, los rusos decidieron evacuar a la población civil de la isla mayor en 1948 y trasladar a sus habitantes y fundar una nueva ciudad (Anadyr) deificada a orillas del mar en el norte de Siberia oriental y únicamente dejaron allí una estación naval de la Armada Rusa de observación para vigilar al enemigo. En el caso de EE.UU. decidió no evacuar a su población civil a un lugar mas resguardado y aún hoy residen allí. Al igual que Rusia, mantiene allí a una importante dotación naval de la armada americana, los que prácticamente se "miran las caras" en los días mas despejados y que la niebla lo permite...Las tensiones de la guerra fría...

    De esta manera, a la conocida cortina de hierro en Europa se le agregó así además un telón de hielo en el Estrecho de Bering.
    De cualquier manera mucha en la Diomedes americana, la población nativa del lugar a emigrado a ciudades de Alaska en busca de mejores condiciones de vida, aunque quedan allí una población civil de ochenta personas, concentradas en un pueblo al pie de un promontorio, relativamente resguardado (es un decir) de la furia del viento y del mar (las olas alcanzan con frecuencia los diez metros de altura), en el lado occidental. Por lo tanto mirando a Rusia, mirando al futuro como quien dice, porque allí, en la isla hermana, viven en el día siguiente o sea 24 horas más tarde. (curiosidades que tienen estos lugares)

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    El primer europeo que alcanzó el estrecho de Bering fue el navegante ruso Semion Dezhnev, en 1648, pero no está acreditado que avistara o pusiera el pie en las islas. Quien sí lo hizo fue el danés Vitus Bering el 16 de agosto de 1728, día en que los ortodoxos celebran la festividad del mártir Diomede. En 1867, el tratado de compra de Alaska por Washington estableció que una fuera rusa y la otra norteamericana, sellando así el destino de sus habitantes.

    Rusia es el país más cercano a Estados Unidos no separado por una frontera terrestre, debido al curioso fenómeno de las Diomedes. Desde que se trasladó la línea internacional del cambio de fecha, Kiribati, en el Pacífico, es el primer lugar del mundo que celebra la llegada del nuevo año, pero hasta entonces era un honor que compartía la isla Grande con partes de Siberia y Nueva Zelanda. En la Pequeña, sin embargo, faltaban casi veinticuatro horas para tomar las uvas (aunque no sea una costumbre de los esquimales, que prefieren un guiso de morsa fermentado y un pastel de sangre de foca, cada uno tiene su paladar, no todo es tortilla de patata).

    El escaso centenar de habitantes de la Pequeña Diomedes viven de la pesca del salmón y los cangrejos rey (una delicatessen muy cotizada, sometida a estrictas cuotas anuales), y de la caza de osos, focas y morsas (que le está permitida a los indígenas). En la población hay escuela, tienda de comestibles, oficina de correos y un centro comunitario donde se celebran las danzas tradicionales, con acceso a internet durante unas horas a la salida del colegio, para que los niños se conecten y se diviertan con sus videojuegos. El calentamiento global hace que las aguas se congelen cada vez más tarde, el deshielo llegue antes y la capa de permafrost se esté descomponiendo, lo cual ha inutilizado la mayor parte del año la pista de aterrizaje para las avionetas procedentes de Nome o Wales, en el continente, así que ahora la única comunicación es mediante un helicóptero, y una barcaza que periódicamente lleva suministros. Todo es carísimo. Un bote de detergente cuesta 45 euros. El alcoholismo y los abusos sexuales son problemas muy serios.

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    Los nativos celebran el Año Nuevo con sus delicias: estofado de morsa fermentada y pastel de sangre de foca

    Al final de la guerra fría, en 1987, una mujer llamada Lynne Cox nadó los 3,8 kilómetros que separan las Diomedes (Gvozdev en ruso), en medio de una niebla espesa y fuertes corrientes, con el agua a solo tres grados de temperatura y grave peligro de hipotermia (“el frío era como un vampiro que extraía el calor de mi cuerpo y hacía que los dedos se pusieran de color gris”, recuerda). Al principio los soviéticos se resistieron a dejarla pisar la isla Grande, pero finalmente Gorbachev accedió, e incluso envió una delegación de deportistas, dignatarios y agentes del KGB (por si acaso) para que le dieran la bienvenida. Poco después, el presidente ruso viajó a Washington para firmar con Ronald Reagan un tratado de reducción de armas nucleares.

    En pocos lugares del planeta el tiempo y el espacio se confabulan para erigir una barrera tan enorme y surrealista como en las islas Diomedes. Aquí es Estados Unidos, ahí es Rusia. Aquí es hoy, ahí es mañana. Desde aquí se ve el futuro, desde ahí se contempla el pasado.

    Fuetes: www.lavanguardia.com / ww.singularia.blog


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